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Por César Casal González
LA mujer sufre más estrés que el
hombre, según un estudio. Un
ejemplo: ella se levanta a las 7.30.
Viste y da el desayuno a dos niños
pequeños. Él, por las mañanas, no
puede con el alma. Los lleva ella a
la parada. Atraviesa la ciudad para
llegar al trabajo. Fuma como una
carretera. Empezó por ansiedad y
ahora no puede dejarlo. Al mediodía,
vuelta a por los niños. Me da pena
que se queden a comer en el colegio,
dice, mientras se consume. A la
tarde, más trabajo y los abuelos
recogen a los pequeños hasta que
ella sale de la oficina. Hoy tocan
horas extras sin un euro (ellos
ganan más). El marido no le ayuda,
porque martes y jueves juega al
fútbol sala. Pasa por casa de los
abuelos (maternos o paternos, gran
discusión). Los niños están como
motos. A bañarlos, darles la cena y
acostarlos. Casi nada. Lo logra y, a
punto de dormirse, se le enciende
una luz: tengo que preparar la
comida de mañana. Él llega cascado
del fútbol y, como mucho, friega los
platos y lo vende mil veces. Si ella
cae enferma, es una histérica. Va
sola al médico. Si a él le duele un
dedo, el fin del mundo. Ella tiene
que acompañarlo. Él también cambia
bombillas. Le convenía a ella
cambiar bombillas y que él hiciese
lo demás. El estrés sería cosa de
hombres.
cesar.casal@lavoz.es
La Voz
de Galicia,
27 de
noviembre de 2005
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