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«Lo femenino. Género y diferencia» (Carlos Goñi Zubieta)

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Lo femenino. Género y diferencia

 

 

«Lo femenino.
Género y diferencia»

 

 

3ª Edición

Autor: Carlos Goñi

ISBN: 978-84-313-2517-6

Nº de Páginas: 160

Colección: Astrolabio Ciencias Sociales

Cuando apareció este libro, a mediados de los 90, la ideología de género se encontraba en Europa en estado de gestación. Ahora, sin embargo, la nueva tendencia ha irrumpido con fuerza en todos los ámbitos: social, cultural, intelectual y político, de manera que puede considerarse como la ideología dominante en nuestro tiempo. Para esa forma de pensar no existen lo masculino y lo femenino, sino diversidad de orientaciones afectivo-sexuales, y las diferencias entre el hombre y la mujer son meramente culturales y esencialmente opresoras, por lo que deben ser diluidas. En tales circunstancias, lo femenino adquiere una actualidad imprevisible, porque, contra viento y marea, sigue reivindicando el género y la diferencia. Carlos Goñi consciente de que este libro -«Lo femenino. Género y diferencia»-, escrito hace diez años, choca frontalmente con la llamada “ideología de género” que intenta confundir lo genuinamente masculino y lo genuinamente femenino, ha actualizado su obra, cuyas tesis cobran hoy, si cabe, mayor relevancia. Por lo demás, Carlos Goñi - desde hace años colaborador de Arvo.net -, nos facilita para nuestros lectores uno de los capítulos del libro, el «3. El feminismo masculino»:

 

[3.]
El feminismo masculino

 

    Estas diferencias entre lo masculino y lo femenino no han sido tenidas en cuenta por los diversos movimientos feministas. De tal modo que se puede afirmar que el feminismo radical desfeminiza a la mujer. Aunque parezca lo contrario, su ideal es el hombre que domina a las mujeres, fuerte, independiente, mujeriego... El feminismo radical desposee a la mujer de todo lo que tiene de femenino y la convierte en un “hombre débil”. El feminismo radical no es femenino, sino un machismo cambiado de género.

No cabe duda de que durante los últimos tiempos la mujer –gracias a los movimientos feministas– ha obtenido logros importantes en cuanto a su autoafirmación respecto al hombre. Que la sociedad ha sido y es machista se ha convertido en un tópico, pero es verdad. Que las mujeres se quieran parecer cada vez más a los hombres no es sino una muestra más de que estamos muy lejos todavía de una sociedad no machista.

Los movimientos feministas que tanto han proliferado desde el siglo pasado se han limitado, casi exclusivamente, a copiar actuaciones, modos de vida y, cómo no, errores de los hombres. Yo creo que ésta es la razón por la que, en cierto modo, han fracasado. Han conseguido mucho, pero la sociedad sigue siendo machista, o quizás más machista que antes, porque parece que el comportamiento machista es deseable incluso por algunas mujeres.

Respecto al feminismo, existe una paradoja que no acabo de categorizar: parece que los logros feministas han favorecido más al hombre que a la mujer. Las feministas han puesto sus fuerzas casi exclusivamente en la imitación de lo masculino, y yo diría más, en la imitación de los defectos masculinos. Han cifrado su ideal en un “igualitarismo” que olvida lo genuinamente femenino. Ello, lejos de conseguir la dignidad para la mujer, la masculiniza y la empobrece. Si se deja llevar por ese ingenuo espíritu de imitación, se estará condenando a sí misma a permanecer en un plano de inferioridad que de ninguna manera le corresponde.

La mujer no ha de renunciar a sí misma para situarse en condiciones de igualdad con el hombre; al revés, debe enarbolar con orgullo su propia feminidad. Ya lo decía el periodista Ángel Ganivet: “La mujer tiene un solo camino para superar al hombre: ser cada día más mujer”.

La historia del feminismo se ha escrito en tres fases. La primera se inició a finales del siglo XIX y dio lugar a un movimiento fundamentalmente de orden político y encaminado a conseguir, como algo esencial, el derecho al voto de la mujer. La segunda se sitúa en los años 1960 y 1970 y tiene como objetivo la igualdad con el hombre; su lucha se lleva a cabo ya en el plano social y hace hincapié en la “liberación sexual” de la mujer. Esta fase es de máxima radicalización, lo que se conoce como feminismo del “género” y yo he denominado feminismo radical. Creo que se puede corroborar con relativa facilidad que en esta fase el feminismo ha echado piedras sobre su propio tejado, puesto que al haber llevado al extremo los temas relacionados con la familia y la sexualidad, ha difuminado la identidad femenina. Curiosamente, el feminismo radical ha conseguido que los hombres escriban ensayos y estudios sobre la dignidad de la mujer, pero no que escriban más poesías.

A partir de los años 1980 se fue fraguando una nueva idea del feminismo que poco a poco ha ido cogiendo fuerza y que resulta más conforme con la dignidad de la mujer. Este nuevo feminismo resalta lo que es propio de la mujer, compromete al hombre en la construcción de un orden más justo y equilibrado, y defiende la familia como el ámbito de entrega, amor y solidaridad entre el hombre y la mujer. El antiguo feminismo enfrentaba la tribu de las mujeres contra la tribu de los hombres; el nuevo, en cambio, no busca el enfrentamiento, sino la colaboración, porque el problema femenino no sólo afecta a la mujer, sino también al hombre.

El nuevo feminismo va por el camino de feminizar al hombre, de implicarle en los problemas de la mujer, de contagiar a la sociedad toda de una nueva sensibilidad. Busca la igualdad, por supuesto, no la mera uniformidad, pues sabe que ésta diluye la diferencia, mientras que aquélla la respeta. Estoy convencido de que si el mundo fuese más femenino, tendría menos sombras.

Carlos Goñi
Lo femenino. Género y diferencia
,
(3 ed.) Eunsa, Pamplona, 2008.

 

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Ideología de Género


 

©Arvo.net, 13/01/2008
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Enviado por ArvoNet - 22/01/2008 ir arriba
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