| Francisca R.
Quiroga
Después de leer este libro, quien era feminista, se
sentirá orgullosa, y quien nunca se había sentido
atraída por este tipo de ideas, quizá descubra
que era feminista sin saberlo. Su autora, Janne Haaland Matláry,
que participa plenamente de la tradición feminista
escandinava, vive en Oslo, nació en 1957, está
casada y tiene cuatro hijos. Desde hace años enseña
Relaciones Internacionales en la Universidad de Oslo y recientemente
ha sido nombrada viceministro de Asuntos Exteriores de su
país.
Por eso su propuesta no es superficial ni ingenua. Tiene
la agudeza intelectual del profesor universitario, el poder
de convicción del político y el calor de quien
tiene la experiencia de una maternidad vivida intensamente.
La sustancia de su tesis es ésta: hay que cambiar las
condiciones sociales de modo que las mujeres puedan aportar
en todos los campos del trabajo y la política siendo
lo que son, sin que esa participación les obligue a
renunciar a nada de lo que es valioso y les es propio; en
concreto, sin renunciar a ser madres.
Janne Haaland Matláry, parte de la experiencia del
feminismo escandinavo, y la desarrolla tomando como puntos
de referencia la conexión entre maternidad y feminidad,
entre familia y trabajo. Considera propias las instancias
más válidas del feminismo: hacer a las mujeres
más libres y conseguir la paridad respecto a los varones,
eliminando todo lo que las coloque en una situación
de inferioridad. Está orgullosa del camino recorrido
en las dos direcciones. Sin embargo, los problemas que ha
tenido que afrontar, compartidos con tantas colegas y conocidas,
le hacen ver que es largo el trecho que queda por recorrer.
Defiende una doble tesis: siendo los dos sexos diversos entre
sí, las mujeres nunca podrán ser libres si no
son fieles a su naturaleza femenina; y no alcanzarán
la paridad con los hombres hasta que no estén abundantemente
presentes en todos los ámbitos de la vida profesional
y pública y a todos los niveles.
Cada mujer ha de poder sentirse libre de ser ella misma,
sea cual sea el trabajo que desarrolle. No debería
encontrarse nunca forzada a elegir entre maternidad y carrera;
es más, precisamente porque es madre debería
ser todavía más apreciada en su ambiente de
trabajo y en política.
Se han de crear las condiciones culturales y sociales que
permitan que ninguna mujer se sienta obligada a imitar a los
varones para obtener un trabajo o para conservarlo y progresar
en él. Igualmente, se han de dar los presupuestos para
que ninguna se vea forzada a ocultar o su condición
de madre o a fingir que esta circunstancia es irrelevante
para su vida profesional.
En el capítulo 1 se desarrollan los elementos de un
nuevo feminismo. Se analiza en qué modo las mujeres
son distintas de los hombres y qué implica esa diversidad
desde el punto de vista de los derechos a intervenir en el
campo laboral y en el mundo político. Empieza con la
exposición de una antropología —una visión
del ser humano y de la mujer— que define como "radicalmente
realista". Sostiene que la maternidad es mucho más
importante, tanto en términos existenciales como prácticos,
de lo que admitía el viejo feminismo. Todo esto tiene
que ver con los derechos de las mujeres en la vida profesional
y en la actividad pública.
El capítulo 2 se propone averiguar cual es la situación
actual de la política respecto a las mujeres, a nivel
mundial. Elige para ello analizar el desarrollo y las conclusiones
de la Cuarta conferencia mundial de la ONU sobre la mujer,
que tuvo lugar el año 1995 en Beijing, en la que la
Autora tuvo una participación directa.
En el capítulo 3 se explica por qué ser padres,
y especialmente ser madres, sea algo de extrema importancia,
y qué derechos se derivan de la paternidad y la maternidad.
Examinando las condiciones sociales de hoy, advierte que de
hecho se trata a las madres de una manera equivocada, y se
pregunta qué es lo que deberían pretender del
estado, de los dadores de trabajo y de la sociedad. Cuáles
son las condiciones políticas y económicas de
la maternidad en el mundo occidental de hoy, es el tema del
capítulo 4.
La situación actual del trabajo retribuido de las
mujeres es objeto del capítulo 5: en qué condiciones
se desarrolla, si sufren discriminación por el hecho
de tener hijos, si el estado interviene para garantizar los
derechos de las madres que trabajan, si tiene la posibilidad
real de elegir trabajar en casa a tiempo parcial o a tiempo
pleno o se ve n la práctica obligada a trabajar fuera
a tiempo completo; finalmente, si es todavía verdad
que las mujeres tienen que elegir entre maternidad y carrera.
Los capítulos 6 y 7 tratan de las mujeres como «dueñas»
de la vida. En ellos se hace una análisis riguroso
del significado de la legislación actual sobre el aborto
para la evolución de la democracia occidental y para
la situación de la familia. Queda patente la responsabilidad
de las mujeres: respecto al actual estado de cosas y de cara
al futuro.
El capítulo 8 sostiene la importancia de que las mujeres
participen más en la vida política y ejerzan
influencia en el ámbito público. No propone
que sustituyan a los hombres en el poder, ni presenta la obtención
del mando como un fin en sí mismo, sino como una oportunidad
de ofrecer a la sociedad lo que sólo ellas pueden dar
y todos y todas necesitan.
El estilo del libro es cercano al de la crónica: directo
y concreto; la lectura resulta interesante porque plantea
preguntas sobre muchas cuestiones calientes relativas a la
familia, y el trabajo en el mundo de hoy. A la vez es un libro
profundo, porque se analizan los hechos de modo que se llega
a individuar algunas de sus causas más hondas.
Con ocasión de los temas que se tratan, se van individuando
las raíces ideológicas que alimentan las fuerzas
sociales que tienden hoy a destruir la familia. Entre ellas
destaca, en primer lugar, el individualismo, que se define
como rechazo de la dimensión relacional de la vida
humana. Vista la maternidad desde esta óptica, se la
concibe como "un derecho individual" de la mujer,
y se la desvincula de la paternidad, como se hace patente
en la lógica que se pone en juego al defender el aborto
como una reivindicación femenina.
En segundo lugar, el antinaturalismo, entendido como exclusión
apriorística del concepto naturaleza y del adjetivo
correspondiente, natural, en cualquier discusión razonable
sobre un problema o en la explicación de una situación.
Dentro de este contexto mental, no tiene sentido hablar de
realidades naturales, porque todo es construcción humana;
por eso, no habría razón de privilegiar a la
familia por ser una realidad natural, ni hacer de las exigencias
de la vida familiar puntos de referencia que den lugar a una
valoración del comportamiento válida para todos.
Va perdiendo así sentido hablar de «la familia»
y se abre el paso a una variedad de «modelos»
que van vaciando el concepto mismo de familia.
En tercer lugar, el materialismo, que lleva a eludir cualquier
afirmación sobre valores éticos. Sólo
serían valores universales, compartidos por todos,
los de carácter económico.
Hay un punto en el que estas tres líneas convergen:
la negación de cualquier tipo de reglas en materia
sexual, porque se considera el ejercicio de la sexualidad
como un derecho individual irrestricto que ha de ser defendido
y salvaguardado a toda costa. Y efectivamente, se procede
así con una rigurosa coherencia, en todos los grupos
ideológicos que presionan en contra de la familia.
Este planteamiento supone una visión instrumental del
ser humano, que no es considerado como alguien con un valor
absoluto, sino que puede ser usado y explotado por quien tiene
el poder, la voluntad y los medios para hacerlo.
En diversas ocasiones se llega a la conclusión de
que, para ver claro en muchas de las cuestiones que plantea
nuestra sociedad a los hombres y mujeres de hoy, necesitamos
una antropología verdadera: que nos explique la diferencia
y la igualdad de las personas de ambos sexos, que nos muestre
el fundamento de la dignidad humana, de cada uno de los hombres.
El lector encuentra en este libro explicaciones de hechos
y tendencias que vemos en nuestra cultura, que operan en nuestra
sociedad y que se nos presentan como contradictorios o paradójicos.
¿Por qué siendo el aborto un atentado evidente
contra la vida, los países democráticos han
aprobado leyes que lo permiten, lo tutelan y lo promueven?
¿Qué pasa en la cultura política occidental
para que se haya podido legitimar legalmente la supresión
de los más débiles? ¿Puede ser el estado
neutral respecto a los valores? Se explica también
por qué algunas cuestiones del máximo interés
práctico para millones de mujeres, no suelen aparecer
en las agendas de trabajo de las feministas clásicas.
El libro se dirige a todos; principalmente a las mujeres,
pero teniendo muy presentes a los hombres. Se habla de la
maternidad mostrando que sólo es auténtica cuando
no se disocia de la paternidad. Se afirma que la tarea del
padre exige gastar tiempo con los hijos en la casa; pero se
asume con sentido positivo la realidad de que la dedicación
materna tiene una consistencia mayor, sobre todo mientras
los niños son pequeños. Janne Haaland manifiesta
una gran confianza en la aportación de las mujeres
en la vida laboral y política; pero no pretende que
tomen el relevo de los varones. Tampoco supone que su influjo
sea necesariamente benéfico: es consciente de que las
mujeres son también capaces de ejercitar una acción
perversa. No basta que tengan poder: hay que ver para qué
lo quieren y en favor de quien lo usan.
La exposición resulta amena y convincente porque se
combina el análisis intelectual e histórico
de los problemas con experiencias vividas: hechos significativos
que iluminan la realidad que se pretende explicar. El tono
es objetivo: se analizan hechos, se buscan causas y se descubren
motivaciones y razones. A la vez, no es impersonal ni abstracto:
interpela al lector porque le hace entender mejor qué
pasa en su vida y a su alrededor; y le lleva a comprender
también que no es un sujeto pasivo de los acontecimientos:
es posible intervenir e imprimirles un rumbo.
A lo largo de todo el libro, desde la introducción
hasta el último capítulo, se hacen propuestas
concretas; pocas y claras. Intencionadamente se repiten en
contextos diferentes y con algún matiz nuevo. Y resulta
patente que no son ingenuas; son difíciles, exigirán
un empeño denodado; pero son posibles.
11-X-99
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