|
Por Gustave Thibon ,
Gran Premio de Literatura de la Academia Francesa, 1964.
HAY una edad a partir de la cual la muerte es un fenómeno que empieza a concernirnos personalmente. Uno la siente madurar en sí. No se trata de pensar en ella de forma abstracta, sino de tomar una actitud ante esa realidad que nos arrebatará todo lo que vemos, todo lo que sentimos, todo lo que amamos, y que será, según la frase de Gabriel Marfcel, el exilio absoluto.
-¿Y mira la muerte con serenidad?
-Una parte de mí mismo la mira con horror sin mezcla. Otra parte la desea, primero por curiosidad y sobre todo por la sed de ver levantarse en su plenitud la Belleza y el Amor, que sólo me han visitado aquí en forma de relámpagos fugitivos. Pienso en un sol eterno que resumirá en él todos esos relámpagos de perfección que nos han atravesado en la tierra y que eran como un esbozo y su llamada. En este aspecto me siento atraído por la muerte.
Gustave Thibon, Entre el amor y la muerte, Rialp, Madrid 1977, pp. 138-139.
|