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CAPITULO VI: HACER UNA NUEVA MODA (María Rosa Noda)

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Capítulo VI: Hacer una nueva moda

CAPITULO VI: HACER UNA NUEVA MODA
Quién podrá enfrentarse con los imperios que manejan los billones de dólares generados por la industria de la moda? ¿Quién tendrá acceso a los oídos de los diseñadores para sugerirles modelos más dignos? ¿Quién le dirá a las revistas de moda que muchas lectoras esperan otro tipo de vestuario? ¿De qué manera explicar a las niñas, adolescentes, jóvenes y mujeres maduras de hoy que la custodia de la intimidad corporal –y psíquica– las hace realmente atractivas, no sólo físicamente atrayentes? ¿Quién podrá enseñarles que esa capacidad real de atraer noble y limpiamente es lo que los hombres, en el fondo de su corazón, persiguen al pensar en la futura esposa y madre de sus hijos? En resumen, ¿quién tendrá la fuerza suficiente para cambiar la moda? Y sobre todo, ¿cómo hacerlo? La respuesta a la primera pregunta es simple: cambiarán la moda quienes realmente quieran hacerlo, entre todos, a base de “muchos pocos”. ¿Cómo lo harán? Tal vez con algunas de las sugerencias que se ofrecen a continuación...

 

1-¿Qué se necesita para hacer una nueva moda?

El “sueño” sobre la moda “como debería ser” puede ser hecho realidad. Es posible conseguirlo, aunque no es fácil. Pero se cuenta con muchos factores positivos; entre otros, la condición misma de la moda impulsa al cambio; el motor que mueve los grandes engranajes de la industria del vestido es sobre todo el afán de obtener ganancias, y éstas pueden provenir de vender una moda digna; la libertad de los usos y costumbres sociales permite que cada quien se vista “como quiera”, y puede querer vestirse con dignidad; por otra parte, es posible que incluso el paladar más estragado ya esté cansado de impudor, y puede acoger –al menos por la novedad– una moda digna.

Supongamos que alguien “sueña” esa nueva moda, y quiere colaborar –en el nivel personal, familiar y social– para que sea un hecho, en breve plazo. ¿Qué podría hacer, para empezar?

1.1 Reflexionar: Construir una nueva moda es una tarea eminentemente humana. Por eso requiere poner en juego las dos facultades propias del hombre y la mujer: la capacidad de conocer (enten-dimiento) y la capacidad de querer libremente (voluntad). Pensar la moda, profundizar en el tema, es condición previa para promover cualquier cambio positivo. Conocer el campo de la moda, pero sobre todo profundizar en lo que es el ser humano, de dónde viene, a dónde va, cuál es su fin, qué tiene que hacer para conseguirlo, y cómo la moda puede ayudarlo, o puede ser un obstáculo para alcanzar ese fin. Sobre este fundamento, apoyar todas las demás consideraciones: la posibilidad de crear belleza a través de la moda, la ilusión de que la manera de vestir trasluzca lo mejor posible la riqueza interior y la dignidad inherente a la persona; el deseo de ofrecer una imagen atrayente...

1.2 Convencerse: Ya con conocimiento de causa, se necesita el convencimiento. Al enfrentar las reflexiones antropológicas con el conocimiento del mundo de la moda, se llega a la conclusión lógica (si se parte de una recta antropología) de que solamente tiene sentido la moda que concuerde con la dignidad del ser humano. Al percibir que la moda actual –y la del pasado, muchas veces, pero eso ya no puede remediarse– parece oponerse frontalmente a esta dignidad, se llega a otra conclusión lógica (si hay rectitud y buena voluntad): no tiene sentido que continúe siéndonos impuesta por personas que la ignoran o la desprecian. Y menos todavía que sigamos haciéndoles caso. Por lo tanto, las cosas deben cambiar en relación con la moda. ¿Quién lo hará? Naturalmente, no lo harán los que hasta ahora nos han ofrecido la moda indigna; lo tenemos que hacer, uno a uno, los usuarios que no nos conformamos con esta situación; en pocas palabras, la tarea de hacer realidad una moda digna es deseable (o sea, algo bueno que vale la pena alcanzar) y posible (o sea, algo que se puede conseguir). El convencimiento es importante porque quien se decida a colaborar tendrá que mantener esa ilusión ante cualquier obstáculo que pueda presentarse.

1.3 Decidirse: Este es posiblemente el punto más importante. Cualquier mejora que pretenda ser profunda y duradera tiene que proceder de una decisión firme de alcanzarla, cueste lo que cueste. Sin esta decisión, los inconvenientes que naturalmente surgen (y que se pueden prever claramente) pueden echar por tierra los mejores propósitos. Si alguien desea que la moda mejore, tiene que disponerse a mejorarla él mismo. Y tiene que llenarse de esperanza de que, con la ayuda de Dios, se conseguirá, porque muchos otros, personalmente, tomarán la misma decisión y la mantendrán en medio de cualquier dificultad.
Una vez que se ha considerado detenidamente la necesidad de que el mundo de la moda cambie y se tiene ya el convencimiento de que es una tarea personal, e incluso se ha tomado la decisión firme de hacerlo, es muy conveniente recordar una serie de principios y afianzar un conjunto de actitudes que harán posible que se trabaje con eficacia en conseguir esta nueva moda: es ésta la función de la formación.

1.4 Formarse: La decisión de mejorar el panorama de la moda, y de “vestirse mejor” personalmente tiene que partir de una actitud de apertura a adquirir la formación necesaria. No sólo se trata de vestir bien, sino de dar un ejemplo que pueda provocar una “revolución” buena. Como no se prevé que sea fácil, hay que profundizar en los puntos fundamentales. En cualquier momento habría que saber explicar la actitud propia ante la moda. ¿Por qué me parece que ese vestido no es digno? ¿Por qué defender la intimidad? ¿Qué hacer para hacer valer el derecho al pudor?

¿Dónde se da y dónde se recibe esta formación? En el hogar familiar, en la escuela, en la relación social y profesional. Porque la primera lección es el ejemplo, que muchas veces abre la puerta a un diálogo en el que se intercambian ideas: la simple conversación es ya otra manera de formar. Y, naturalmente, cualquier centro académico o cultural puede organizar actividades para promover esta formación específicamente orientada a la moda.

2-Formar para “la nueva moda”

Esta formación tendría tres vertientes:

  • Transmisión de contenidos
  • Desarrollo de actitudes y convicciones
  • Aprendizaje de técnicas

2.1 Transmisión de contenidos

2.1.1 Temas generales: En primer lugar, habría que transmitir una serie de temas generales sobre los que hay que tener nociones claras, porque constituyen el fundamento para apoyar tanto los conocimientos específicos sobre la moda como –muy especialmente– las convicciones que conviene desarrollar:

La naturaleza humana y su dignidad.
Dimensión ética de la persona humana.
El pudor como defensa de la intimidad.

2.1.2 Temas específicos: Es necesario también que la persona que recibe esta formación adquiera conocimientos sobre temas específicamente relacionados con el ámbito de la moda:

Qué es la moda.
Nociones de historia de la moda.
Actores y dinámica de la moda.
Criterios para calificar la moda.
Por qué la usamos.
Por qué es posible la “tiranía” de la moda.
Medios para evadir esta tiranía.

2.2 Desarrollo de actitudes y convicciones

- Porque somos personas (seres inteligentes y libres), hombres y mujeres tenemos una gran dignidad.
- El núcleo más profundo de la personalidad es “la intimidad”.
- Existe también una intimidad corporal relacionada con la capacidad de transmitir la vida.
- La protección de la intimidad corporal es el pudor.
- El pudor es un derecho que hay que defender.
- La moda puede proteger la intimidad o puede descubrirla: no es “neutra”.
- La moda que no protege la intimidad tiene consecuencias lesivas para la persona, la familia y la sociedad.
- Es posible una moda atractiva y respetuosa del pudor.
- Esta moda es compatible con la sobriedad.
- Esta nueva moda comienza por una recta preocupación por la propia imagen.
- Hace falta creatividad para crear esta moda y “hacerla propia”.
- Esta es una tarea que hay que afrontar con sentido positivo, valentía, paciencia y profesionalidad, entre otras actitudes.

2.3 Adquisición de técnicas

Todas las necesarias para “hacer la propia moda” y para –en la medida de lo posible– no tener que depender completamente de lo que el mercado ofrece. También desde el punto de vista de la sobriedad es muy ventajoso estar preparado para cuidar personalmente la propia imagen. Este es un campo amplísimo y cada mujer tendría que decidir cuáles técnicas le resultan más atractivas, o para cuáles cree que tiene mejores aptitudes: desde el diseño y confección de los modelos, hasta el cuidado de detalles de presentación personal como el arreglo de las uñas o el pelo, pasando por el cuidado de los textiles y los pequeños o grandes arreglos que pueden hacer que un vestido gane en modestia, el conocimiento de los colores y líneas que son más apropiadas para la propia figura, y otros similares. Sin olvidar que aquí puede incluirse también nociones de presupuesto y contabilidad.

3-Algunos obstáculos

De todos estos contenidos y actitudes se ha hablado con mayor o menor detenimiento en los capítulos de este libro, por lo que ya no es necesario hacerlo otra vez aquí. Sin embargo, sí puede ser útil considerar ahora algunos de los obstáculos que se pueden encontrar en el esfuerzo por “hacer una nueva moda”: el relativismo, el permisivismo y la frivolidad. Reflexionar sobre ellos puede ser uno de los primeros pasos para superarlos.

3.1 Relativismo: ¿Es posible hablar de verdad absoluta? Orlandis plantea claramente la cuestión: “¿Existe la verdad absoluta, más allá de las opiniones y disputas humanas, o por el contrario, todo es relativo y mudable? ¿Existe una diferencia entre el bien y el mal, lo lícito y lo ilícito, o todo depende de los puntos de vista personales y de las mudables alternativas de la moda?” (72) Y en la encíclica Veritatis Splendor se nos recuerda que “esa irrefrenable ‘nostalgia de la verdad’ es imposible arrancarla del hombre porque es un constitutivo esencial de la naturaleza humana, tal cual ha sido creada por Dios”(73) . No es una nostalgia vana: sí existe la verdad, y la mente humana es capaz de conocerla.(74) El hombre y la mujer pueden saber quiénes son, de dónde vienen y hacia dónde se dirigen y también pueden conocer no sólo el imperativo de la sindéresis (“haz el bien y evita el mal”), sino los postulados de la ley moral natural.

3.2 Permisivismo: En el momento en que algunos filósofos en Occidente se plantearon la duda en relación a la verdad (Guillermo de Ockam, Descartes...) se empezó a resquebrajar el convencimiento sobre la objetividad de la ley moral. En cierto modo es natural que ocurra así. Si no se está convencido de que hay una verdad objetiva, la conducta se desliga de toda ley. La enseñanza de la ética, si existe, se basa en muchos casos en discutir casos morales. Se pretende así que los alumnos desarrollen su habilidad dialéctica y se acostumbren a defender posturas diversas (relativismo): “No hay bien ni mal, sólo argumentos buenos y malos”(75).

Este relativismo moral, que ha florecido ampliamente en las últimas décadas y que se ha concretado en diversas formas (“moral de compromiso”, “moral de situación”, y permisivismo), en el terreno de la moda conduce a pensar que nada en el vestido, en el cubrir o descubrir el cuerpo, es bueno o malo. No tendría sentido alguno decir que un vestido es “indecente”, “inmodesto”, etc.

Según la famosa y relativista “Ley de Laver”(76) nada en sí sería decente o indecente. Todo dependería de la aceptación de la sociedad. Según este autor, llamamos “indecente” a modas que aparecen 10 años antes de su tiempo; “desvergonzada”, 5 años antes; Audaz, a la que aparece 1 año antes de su tiempo; “adecuado”, a la moda en su tiempo; “anticuado”, a lo que se usa un año después de su tiempo; “horrible”, 10 años después; “ridículo”, 20 años después; “divertido”, 30 años después; “pintoresco”, 50 años después de su tiempo, “encantador”, 70 años después; y “bello”, 150 años después de su tiempo. Desde esta postura relativista, se puede opinar que una determinada forma de vestir es bonita, fea, cara, barata, adecuada al momento, artística incluso… Pero no tendría sentido pensar que tenga alguna connotación moral, porque los conceptos de “bueno” o “malo” necesitan una base de sustentación objetiva, y por lo tanto “están fuera de lugar”. Sólo tendría interés saber qué se usa, sin pretender emitir ningún tipo de juicio ético. Lo peor es que, dentro de esta línea de pensamiento, cualquier tipo de valoración moral no sería sólo inútil, sino también una muestra de arrogancia por parte de quien se atreva a hacerla.

Pero estas ideas no por estar tan extendidas son menos falsas. Si algo impide que la intimidad corporal quede adecuadamente protegida, es indecente hoy y lo
será dentro de diez años. Son famosos los vestidos de gasa delgada bordados de mostacilla que usaban las “flappers” en los Locos Veinte. En su momento se consideraron indecentes. Hoy en día también lo son. ¿Será necesario entonces volver a vestirnos como lo hicieron nuestras antepasadas –las que se vestían con modestia– en la era victoriana, o incluso en la Edad Media? ¿Bañarnos en el mar cubiertas hasta las rodillas y usar faldas que lleguen hasta el tobillo? No parece ser así, porque dentro del marco de la defensa de la intimidad corporal puede haber una natural evolución. Puede cambiar la forma de entender hasta qué punto hay que cubrir el cuerpo para proteger su intimidad, y cambian las necesidades del vestuario en relación al desempeño de la profesión, por ejemplo; pero hay unos límites que el sentido común facilita, teniendo en cuenta el lugar y las circunstancias.

3.3 Frivolidad: Es la actitud de quien “no piensa”, y encuentra muchos argumentos para vestirse a la moda o para animar a otros –amistades, hijas– a hacerlo sin tomar en cuenta ninguna consideración sobre el pudor, la dignidad, etc. Por lo general, cristaliza en frases como las siguientes: “Me gusta”, “Se te ve muy bien”, “Es joven: que se divierta”, “Si es bonita, que se luzca”, “Así conseguirá marido”, “No tiene nada de malo”, “No conviene exagerar”, “No quiero verme anticuada”, “Todo es bueno si es natural”, “Todo el mundo se viste así”, “Nadie me tiene que decir nada sobre mi forma de vestir”. “Está en todas las revistas de moda, lo usan las artistas y las modelos”...

Las presiones de la publicidad y del grupo en el que se mueve la persona son fuertes y consiguen que muchas mujeres no se cuestionen en ningún sentido el vestuario que van a usar. Esa frivolidad, el “no pensar” o “no tomarse demasiado en serio ninguna cosa” es probablemente la que está detrás de la mayoría de decisiones sobre vestidos faltos de pudor. La presión ejercida por los medios se materializa en un enorme aparato publicitario, que llega a crear una “superestructura” artificial. Como es necesario vender, se invierten abundantes recursos en modelar la opinión del público y animarlo a comprar.

Las revistas de moda, las columnas sobre el tema en los periódicos o en revistas de temas generales, la televisión, los videos... presentan las imágenes que deben ser seguidas por quienes deseen ir “a la moda”. Los grandes almacenes ofrecen casi exclusivamente este tipo de vestuario. De modo que por muchos flancos se presiona al usuario para que “no piense, sino compre”, antes de que la moda pase y tal vez no regrese. La frivolidad tiene en toda esta estructura publicitaria un gran aliado. Ante la tentación de la frivolidad, es bueno recordar que toda mujer tiene una gran responsabilidad ante la moda. No es suficiente “vestirse”, sino hay que considerar el efecto que su manera de vestir tiene sobre otros.

4-Actuaciones sugeridas

La formación se ha ubicado antes de la acción, pero esto no quiere decir, como es natural, que haya que esperar hasta estar plenamente formado para empezar a actuar. Las sugerencias que se recogen a continuación pueden servir para encauzar los esfuerzos de quienes desean seriamente que podamos contar con una moda auténticamente humana.

4.1 En el nivel personal

4.1.1 No transigir en lo más mínimo en modas que no favorezcan el pudor. No es fácil, si se depende de lo que puede comprarse en las tiendas, pero es esencial si de verdad se quiere conseguir una mejora real en el campo de la moda. Por otra parte, también es muy importante usar cada prenda de vestir de acuerdo con este criterio. Al ordenar las prioridades en este terreno, ésta ocupa el primer lugar.

4.1.2 Cultivar la recta preocupación por la propia imagen, sabiendo que es algo muy importante para mejorar la moda. Toda mujer marca la pauta en la sociedad en la que vive, pone el tono en los círculos en que se mueve. Su aspecto, su presentación, su manera de ser, sus gestos, su irradiación, su aroma, sus detalles, su voz, se proyectan sobre todas las personas en su entorno, marcando el tono, tanto en lo estético, como en lo ético. Y esto causa un efecto reciproco(77).

4.1.3 Fomentar el “complejo de superioridad”: una vez decidido lo que se ha de usar, no detenerse por temor a no ser aceptado, a quedar como “anticuado” y otros de ese género. Nadie será más atractiva, a la larga y muchas veces también a la corta, que la mujer que es consciente de su dignidad y actúa en consecuencia con toda naturalidad.

4.1.4 Seguir la moda con libertad: adoptar ante sus “mandatos” una actitud de “tomar distancia” para aprovechar sólo lo que se quiera, sin someterse a la tiranía. Por ejemplo, usar las líneas, colores, materiales de moda, sobre todo como accesorios durante períodos más largos. Sobre todo, tomar la decisión acerca de lo que se quiera usar con toda libertad. Esto es lo más inteligente. Lo que se opone a la sensatez es la sujeción a la tiranía de la moda: el deseo de llamar la atención por ir “al ultimo grito” de la moda.

4.1.5 Fomentar la disposición de ayudar y a dejarse ayudar: Aunque una mujer viviera rodeada de espejos, no conocería a cabalidad la imagen que proyecta. Quienes nos rodean son los que la conocen como realmente es, y pueden ayudar a corregir y mejorar. A la vez, podemos ayudar con delicadeza a los demás en este sentido.

4.2 En la familia

4.2.1 Formar el pudor desde la infancia. El respeto a la intimidad es algo de tanto valor que necesita una formación esmerada desde los primeros años. El ambiente familiar, el ejemplo y la forma en que se trate este tema en el hogar es sin duda el elemento más importante para la adecuada formación del pudor.

4.2.2 Cultivar el buen gusto. Los niños deben aprender en su casa a elegir con libertad según un criterio estético y ético. Deben aprender ciertas reglas acerca de qué se usa, cuándo, cómo y dónde, qué combina, etc. Toda adolescente debería ir desarrollando un individualismo estético (“esto va con mi figura, esto va con mi edad…”), y un individualismo ideológico (“esto va con mis principios, esto va con mi forma de pensar, esto va con la dignidad de mi persona…”)(78).

4.2.3 Fomentar la libertad y la sobriedad. También desde pequeño cada niño puede aprender que es alguien creado y querido por Dios: no es parte de una masa (…) Esa lucha contra el espíritu gregario y la pasividad ante la manipulación debe comenzar desde la infancia, a fin de que no se pase toda una vida como esclavo consumidor que inútilmente busca saciarse, hoy con una cosa y mañana con otra.

4.2.4 Conseguir un ambiente de limpieza y respeto. Entre otras cosas, no adquirir material impreso que presente una moda indigna. Cuidar esmeradamente el uso de la televisión y los videos, que pueden contrarrestar mucha de la formación en aprecio al pudor que se intenta dar a los hijos.

4.3 En el nivel de la actuación social

4.3.1 Hacer valer las propias opiniones. Usar los canales de comunicación que puedan existir –cartas, correos electrónicos, llamadas telefónicas, visitas– con los que crean, producen, difunden y venden la moda. Alabar lo bueno, señalar lo que no es bueno, pedir que se ofrezca a la venta una moda digna. Y unirse a otras personas que tengan intereses similares, para conseguir con mayor seguridad que los mensajes sean atendidos.

4.3.2 Unirse con otros. Para conseguir lo anterior con más fuerza, constituir asociaciones, redes, grupos para poder comunicar al establecimiento que, a no ser que se ofrezcan modelos dignos, no se seguirá comprando ahí. Y cumplirlo.

4.3.3 Entusiasmar a muchos en el esfuerzo de conseguir una Nueva Moda. En el nivel local, o regional, animar a los diseñadores noveles que ofrezcan modelos dignos; de la misma manera, presentar esta posibilidad a quienes producen, distribuyen, venden, anuncian; en resumen, a cuantos se relacionan de alguna manera con el mundo de la moda.

4.3.4 Discernir, no difundir lo que no merece alabanza. Es importante tener en cuenta que práctica-mente todas las grandes casas de Alta Costura tienen modelos muy acertados, pero suelen tener a la vez otros muy desacertados. A la hora de seguir sus tendencias, de identificarse con su estilo, y de hacerle publicidad, hay que emplear el discernimiento.

NOTAS

74. Cfr. ORLANDIS, José: La vida cristiana..., p. 94
75. Cfr. TORRECILLA, Adolfo: “Comentario a la obra ‘Clara y la Penumbra’”, de José Carlos Somoza. Aceprensa, Servicio 24/10/2001.
76. LAVER, James: “Fashion: A detective story”, en: Revista Vogue, Condé Nast Publications, Nueva York, 1 de enero de 1959.
77. Cfr. RESCHREITER de TRUJILLO, Eva María: Señora de la Moda, p. 9.
78. Cfr. RESCHREITER de TRUJILLO, Eva María: Señora de la Moda, p. 20.

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Contacto: webmaster@arvo.net
Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós
 

 

19/10/2005 ir arriba
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