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1-¿Qué se necesita para hacer una
nueva moda?
El “sueño” sobre la moda “como
debería ser” puede ser hecho realidad. Es posible
conseguirlo, aunque no es fácil. Pero se cuenta con
muchos factores positivos; entre otros, la condición
misma de la moda impulsa al cambio; el motor que mueve los
grandes engranajes de la industria del vestido es sobre todo
el afán de obtener ganancias, y éstas pueden
provenir de vender una moda digna; la libertad de los usos
y costumbres sociales permite que cada quien se vista “como
quiera”, y puede querer vestirse con dignidad; por otra
parte, es posible que incluso el paladar más estragado
ya esté cansado de impudor, y puede acoger –al
menos por la novedad– una moda digna.
Supongamos que alguien “sueña” esa nueva
moda, y quiere colaborar –en el nivel personal, familiar
y social– para que sea un hecho, en breve plazo. ¿Qué
podría hacer, para empezar?
1.1 Reflexionar: Construir una nueva moda es una
tarea eminentemente humana. Por eso requiere poner en juego
las dos facultades propias del hombre y la mujer: la capacidad
de conocer (enten-dimiento) y la capacidad de querer libremente
(voluntad). Pensar la moda, profundizar en el tema, es condición
previa para promover cualquier cambio positivo. Conocer el
campo de la moda, pero sobre todo profundizar en lo que es
el ser humano, de dónde viene, a dónde va, cuál
es su fin, qué tiene que hacer para conseguirlo, y
cómo la moda puede ayudarlo, o puede ser un obstáculo
para alcanzar ese fin. Sobre este fundamento, apoyar todas
las demás consideraciones: la posibilidad de crear
belleza a través de la moda, la ilusión de que
la manera de vestir trasluzca lo mejor posible la riqueza
interior y la dignidad inherente a la persona; el deseo de
ofrecer una imagen atrayente...
1.2 Convencerse: Ya con conocimiento de causa,
se necesita el convencimiento. Al enfrentar las reflexiones
antropológicas con el conocimiento del mundo de la
moda, se llega a la conclusión lógica (si se
parte de una recta antropología) de que solamente tiene
sentido la moda que concuerde con la dignidad del ser humano.
Al percibir que la moda actual –y la del pasado, muchas
veces, pero eso ya no puede remediarse– parece oponerse
frontalmente a esta dignidad, se llega a otra conclusión
lógica (si hay rectitud y buena voluntad): no tiene
sentido que continúe siéndonos impuesta por
personas que la ignoran o la desprecian. Y menos todavía
que sigamos haciéndoles caso. Por lo tanto, las cosas
deben cambiar en relación con la moda. ¿Quién
lo hará? Naturalmente, no lo harán los que hasta
ahora nos han ofrecido la moda indigna; lo tenemos que hacer,
uno a uno, los usuarios que no nos conformamos con esta situación;
en pocas palabras, la tarea de hacer realidad una moda digna
es deseable (o sea, algo bueno que vale la pena alcanzar)
y posible (o sea, algo que se puede conseguir). El convencimiento
es importante porque quien se decida a colaborar tendrá
que mantener esa ilusión ante cualquier obstáculo
que pueda presentarse.
1.3 Decidirse: Este es posiblemente el punto más
importante. Cualquier mejora que pretenda ser profunda y duradera
tiene que proceder de una decisión firme de alcanzarla,
cueste lo que cueste. Sin esta decisión, los inconvenientes
que naturalmente surgen (y que se pueden prever claramente)
pueden echar por tierra los mejores propósitos. Si
alguien desea que la moda mejore, tiene que disponerse a mejorarla
él mismo. Y tiene que llenarse de esperanza de que,
con la ayuda de Dios, se conseguirá, porque muchos
otros, personalmente, tomarán la misma decisión
y la mantendrán en medio de cualquier dificultad.
Una vez que se ha considerado detenidamente la necesidad de
que el mundo de la moda cambie y se tiene ya el convencimiento
de que es una tarea personal, e incluso se ha tomado la decisión
firme de hacerlo, es muy conveniente recordar una serie de
principios y afianzar un conjunto de actitudes que harán
posible que se trabaje con eficacia en conseguir esta nueva
moda: es ésta la función de la formación.
1.4 Formarse: La decisión de mejorar el
panorama de la moda, y de “vestirse mejor” personalmente
tiene que partir de una actitud de apertura a adquirir la
formación necesaria. No sólo se trata de vestir
bien, sino de dar un ejemplo que pueda provocar una “revolución”
buena. Como no se prevé que sea fácil, hay que
profundizar en los puntos fundamentales. En cualquier momento
habría que saber explicar la actitud propia ante la
moda. ¿Por qué me parece que ese vestido no
es digno? ¿Por qué defender la intimidad? ¿Qué
hacer para hacer valer el derecho al pudor?
¿Dónde se da y dónde se recibe esta
formación? En el hogar familiar, en la escuela, en
la relación social y profesional. Porque la primera
lección es el ejemplo, que muchas veces abre la puerta
a un diálogo en el que se intercambian ideas: la simple
conversación es ya otra manera de formar. Y, naturalmente,
cualquier centro académico o cultural puede organizar
actividades para promover esta formación específicamente
orientada a la moda.
2-Formar para “la nueva moda”
Esta formación tendría tres vertientes:
- Transmisión de contenidos
- Desarrollo de actitudes y convicciones
- Aprendizaje de técnicas
2.1 Transmisión de contenidos
2.1.1 Temas generales: En primer lugar, habría
que transmitir una serie de temas generales sobre los que
hay que tener nociones claras, porque constituyen el fundamento
para apoyar tanto los conocimientos específicos sobre
la moda como –muy especialmente– las convicciones
que conviene desarrollar:
La naturaleza humana y su dignidad.
Dimensión ética de la persona humana.
El pudor como defensa de la intimidad.
2.1.2 Temas específicos: Es necesario también
que la persona que recibe esta formación adquiera
conocimientos sobre temas específicamente relacionados
con el ámbito de la moda:
Qué es la moda.
Nociones de historia de la moda.
Actores y dinámica de la moda.
Criterios para calificar la moda.
Por qué la usamos.
Por qué es posible la “tiranía”
de la moda.
Medios para evadir esta tiranía.
2.2 Desarrollo de actitudes y convicciones
- Porque somos personas (seres inteligentes y
libres), hombres y mujeres tenemos una gran dignidad.
- El núcleo más profundo de la personalidad
es “la intimidad”.
- Existe también una intimidad corporal relacionada
con la capacidad de transmitir la vida.
- La protección de la intimidad corporal es el pudor.
- El pudor es un derecho que hay que defender.
- La moda puede proteger la intimidad o puede descubrirla:
no es “neutra”.
- La moda que no protege la intimidad tiene consecuencias
lesivas para la persona, la familia y la sociedad.
- Es posible una moda atractiva y respetuosa del pudor.
- Esta moda es compatible con la sobriedad.
- Esta nueva moda comienza por una recta preocupación
por la propia imagen.
- Hace falta creatividad para crear esta moda y “hacerla
propia”.
- Esta es una tarea que hay que afrontar con sentido positivo,
valentía, paciencia y profesionalidad, entre otras
actitudes.
2.3 Adquisición de técnicas
Todas las necesarias para “hacer la propia moda”
y para –en la medida de lo posible– no tener que
depender completamente de lo que el mercado ofrece. También
desde el punto de vista de la sobriedad es muy ventajoso estar
preparado para cuidar personalmente la propia imagen. Este
es un campo amplísimo y cada mujer tendría que
decidir cuáles técnicas le resultan más
atractivas, o para cuáles cree que tiene mejores aptitudes:
desde el diseño y confección de los modelos,
hasta el cuidado de detalles de presentación personal
como el arreglo de las uñas o el pelo, pasando por
el cuidado de los textiles y los pequeños o grandes
arreglos que pueden hacer que un vestido gane en modestia,
el conocimiento de los colores y líneas que son más
apropiadas para la propia figura, y otros similares. Sin olvidar
que aquí puede incluirse también nociones de
presupuesto y contabilidad.
3-Algunos obstáculos
De todos estos contenidos y actitudes se ha hablado con
mayor o menor detenimiento en los capítulos de este
libro, por lo que ya no es necesario hacerlo otra vez aquí.
Sin embargo, sí puede ser útil considerar ahora
algunos de los obstáculos que se pueden encontrar en
el esfuerzo por “hacer una nueva moda”: el relativismo,
el permisivismo y la frivolidad. Reflexionar sobre ellos puede
ser uno de los primeros pasos para superarlos.
3.1 Relativismo: ¿Es posible hablar de verdad
absoluta? Orlandis plantea claramente la cuestión:
“¿Existe la verdad absoluta, más allá
de las opiniones y disputas humanas, o por el contrario, todo
es relativo y mudable? ¿Existe una diferencia entre
el bien y el mal, lo lícito y lo ilícito, o
todo depende de los puntos de vista personales y de las mudables
alternativas de la moda?” (72) Y en la encíclica
Veritatis Splendor se nos recuerda que “esa irrefrenable
‘nostalgia de la verdad’ es imposible arrancarla
del hombre porque es un constitutivo esencial de la naturaleza
humana, tal cual ha sido creada por Dios”(73) . No es
una nostalgia vana: sí existe la verdad, y la mente
humana es capaz de conocerla.(74) El hombre y la mujer pueden
saber quiénes son, de dónde vienen y hacia dónde
se dirigen y también pueden conocer no sólo
el imperativo de la sindéresis (“haz el bien
y evita el mal”), sino los postulados de la ley moral
natural.
3.2 Permisivismo: En el momento en que algunos filósofos
en Occidente se plantearon la duda en relación a la
verdad (Guillermo de Ockam, Descartes...) se empezó
a resquebrajar el convencimiento sobre la objetividad de la
ley moral. En cierto modo es natural que ocurra así.
Si no se está convencido de que hay una verdad objetiva,
la conducta se desliga de toda ley. La enseñanza de
la ética, si existe, se basa en muchos casos en discutir
casos morales. Se pretende así que los alumnos desarrollen
su habilidad dialéctica y se acostumbren a defender
posturas diversas (relativismo): “No hay bien ni mal,
sólo argumentos buenos y malos”(75).
Este relativismo moral, que ha florecido ampliamente en
las últimas décadas y que se ha concretado en
diversas formas (“moral de compromiso”, “moral
de situación”, y permisivismo), en el terreno
de la moda conduce a pensar que nada en el vestido, en el
cubrir o descubrir el cuerpo, es bueno o malo. No tendría
sentido alguno decir que un vestido es “indecente”,
“inmodesto”, etc.
Según la famosa y relativista “Ley de Laver”(76)
nada en sí sería decente o indecente. Todo dependería
de la aceptación de la sociedad. Según este
autor, llamamos “indecente” a modas que aparecen
10 años antes de su tiempo; “desvergonzada”,
5 años antes; Audaz, a la que aparece 1 año
antes de su tiempo; “adecuado”, a la moda en su
tiempo; “anticuado”, a lo que se usa un año
después de su tiempo; “horrible”, 10 años
después; “ridículo”, 20 años
después; “divertido”, 30 años después;
“pintoresco”, 50 años después de
su tiempo, “encantador”, 70 años después;
y “bello”, 150 años después de su
tiempo. Desde esta postura relativista, se puede opinar que
una determinada forma de vestir es bonita, fea, cara, barata,
adecuada al momento, artística incluso… Pero
no tendría sentido pensar que tenga alguna connotación
moral, porque los conceptos de “bueno” o “malo”
necesitan una base de sustentación objetiva, y por
lo tanto “están fuera de lugar”. Sólo
tendría interés saber qué se usa, sin
pretender emitir ningún tipo de juicio ético.
Lo peor es que, dentro de esta línea de pensamiento,
cualquier tipo de valoración moral no sería
sólo inútil, sino también una muestra
de arrogancia por parte de quien se atreva a hacerla.
Pero estas ideas no por estar tan extendidas son menos falsas.
Si algo impide que la intimidad corporal quede adecuadamente
protegida, es indecente hoy y lo
será dentro de diez años. Son famosos los vestidos
de gasa delgada bordados de mostacilla que usaban las “flappers”
en los Locos Veinte. En su momento se consideraron indecentes.
Hoy en día también lo son. ¿Será
necesario entonces volver a vestirnos como lo hicieron nuestras
antepasadas –las que se vestían con modestia–
en la era victoriana, o incluso en la Edad Media? ¿Bañarnos
en el mar cubiertas hasta las rodillas y usar faldas que lleguen
hasta el tobillo? No parece ser así, porque dentro
del marco de la defensa de la intimidad corporal puede haber
una natural evolución. Puede cambiar la forma de entender
hasta qué punto hay que cubrir el cuerpo para proteger
su intimidad, y cambian las necesidades del vestuario en relación
al desempeño de la profesión, por ejemplo; pero
hay unos límites que el sentido común facilita,
teniendo en cuenta el lugar y las circunstancias.
3.3 Frivolidad: Es la actitud de quien “no
piensa”, y encuentra muchos argumentos para vestirse
a la moda o para animar a otros –amistades, hijas–
a hacerlo sin tomar en cuenta ninguna consideración
sobre el pudor, la dignidad, etc. Por lo general, cristaliza
en frases como las siguientes: “Me gusta”, “Se
te ve muy bien”, “Es joven: que se divierta”,
“Si es bonita, que se luzca”, “Así
conseguirá marido”, “No tiene nada de malo”,
“No conviene exagerar”, “No quiero verme
anticuada”, “Todo es bueno si es natural”,
“Todo el mundo se viste así”, “Nadie
me tiene que decir nada sobre mi forma de vestir”. “Está
en todas las revistas de moda, lo usan las artistas y las
modelos”...
Las presiones de la publicidad y del grupo en el que se
mueve la persona son fuertes y consiguen que muchas mujeres
no se cuestionen en ningún sentido el vestuario que
van a usar. Esa frivolidad, el “no pensar” o “no
tomarse demasiado en serio ninguna cosa” es probablemente
la que está detrás de la mayoría de decisiones
sobre vestidos faltos de pudor. La presión ejercida
por los medios se materializa en un enorme aparato publicitario,
que llega a crear una “superestructura” artificial.
Como es necesario vender, se invierten abundantes recursos
en modelar la opinión del público y animarlo
a comprar.
Las revistas de moda, las columnas sobre el tema en los
periódicos o en revistas de temas generales, la televisión,
los videos... presentan las imágenes que deben ser
seguidas por quienes deseen ir “a la moda”. Los
grandes almacenes ofrecen casi exclusivamente este tipo de
vestuario. De modo que por muchos flancos se presiona al usuario
para que “no piense, sino compre”, antes de que
la moda pase y tal vez no regrese. La frivolidad tiene en
toda esta estructura publicitaria un gran aliado. Ante la
tentación de la frivolidad, es bueno recordar que toda
mujer tiene una gran responsabilidad ante la moda. No es suficiente
“vestirse”, sino hay que considerar el efecto
que su manera de vestir tiene sobre otros.
4-Actuaciones sugeridas
La formación se ha ubicado antes de la acción,
pero esto no quiere decir, como es natural, que haya que esperar
hasta estar plenamente formado para empezar a actuar. Las
sugerencias que se recogen a continuación pueden servir
para encauzar los esfuerzos de quienes desean seriamente que
podamos contar con una moda auténticamente humana.
4.1 En el nivel personal
4.1.1 No transigir en lo más mínimo
en modas que no favorezcan el pudor. No es fácil,
si se depende de lo que puede comprarse en las tiendas,
pero es esencial si de verdad se quiere conseguir una mejora
real en el campo de la moda. Por otra parte, también
es muy importante usar cada prenda de vestir de acuerdo
con este criterio. Al ordenar las prioridades en este terreno,
ésta ocupa el primer lugar.
4.1.2 Cultivar la recta preocupación por la
propia imagen, sabiendo que es algo muy importante
para mejorar la moda. Toda mujer marca la pauta en la sociedad
en la que vive, pone el tono en los círculos en que
se mueve. Su aspecto, su presentación, su manera
de ser, sus gestos, su irradiación, su aroma, sus
detalles, su voz, se proyectan sobre todas las personas
en su entorno, marcando el tono, tanto en lo estético,
como en lo ético. Y esto causa un efecto reciproco(77).
4.1.3 Fomentar el “complejo de superioridad”:
una vez decidido lo que se ha de usar, no detenerse por
temor a no ser aceptado, a quedar como “anticuado”
y otros de ese género. Nadie será más
atractiva, a la larga y muchas veces también a la
corta, que la mujer que es consciente de su dignidad y actúa
en consecuencia con toda naturalidad.
4.1.4 Seguir la moda con libertad: adoptar ante
sus “mandatos” una actitud de “tomar distancia”
para aprovechar sólo lo que se quiera, sin someterse
a la tiranía. Por ejemplo, usar las líneas,
colores, materiales de moda, sobre todo como accesorios
durante períodos más largos. Sobre todo, tomar
la decisión acerca de lo que se quiera usar con toda
libertad. Esto es lo más inteligente. Lo que se opone
a la sensatez es la sujeción a la tiranía
de la moda: el deseo de llamar la atención por ir
“al ultimo grito” de la moda.
4.1.5 Fomentar la disposición de ayudar y a
dejarse ayudar: Aunque una mujer viviera rodeada de
espejos, no conocería a cabalidad la imagen que proyecta.
Quienes nos rodean son los que la conocen como realmente
es, y pueden ayudar a corregir y mejorar. A la vez, podemos
ayudar con delicadeza a los demás en este sentido.
4.2 En la familia
4.2.1 Formar el pudor desde la infancia. El respeto
a la intimidad es algo de tanto valor que necesita una formación
esmerada desde los primeros años. El ambiente familiar,
el ejemplo y la forma en que se trate este tema en el hogar
es sin duda el elemento más importante para la adecuada
formación del pudor.
4.2.2 Cultivar el buen gusto. Los niños
deben aprender en su casa a elegir con libertad según
un criterio estético y ético. Deben aprender
ciertas reglas acerca de qué se usa, cuándo,
cómo y dónde, qué combina, etc. Toda
adolescente debería ir desarrollando un individualismo
estético (“esto va con mi figura, esto va con
mi edad…”), y un individualismo ideológico
(“esto va con mis principios, esto va con mi forma
de pensar, esto va con la dignidad de mi persona…”)(78).
4.2.3 Fomentar la libertad y la sobriedad. También
desde pequeño cada niño puede aprender que
es alguien creado y querido por Dios: no es parte de una
masa (…) Esa lucha contra el espíritu gregario
y la pasividad ante la manipulación debe comenzar
desde la infancia, a fin de que no se pase toda una vida
como esclavo consumidor que inútilmente busca saciarse,
hoy con una cosa y mañana con otra.
4.2.4 Conseguir un ambiente de limpieza y respeto.
Entre otras cosas, no adquirir material impreso que presente
una moda indigna. Cuidar esmeradamente el uso de la televisión
y los videos, que pueden contrarrestar mucha de la formación
en aprecio al pudor que se intenta dar a los hijos.
4.3 En el nivel de la actuación social
4.3.1 Hacer valer las propias opiniones. Usar
los canales de comunicación que puedan existir –cartas,
correos electrónicos, llamadas telefónicas,
visitas– con los que crean, producen, difunden y venden
la moda. Alabar lo bueno, señalar lo que no es bueno,
pedir que se ofrezca a la venta una moda digna. Y unirse
a otras personas que tengan intereses similares, para conseguir
con mayor seguridad que los mensajes sean atendidos.
4.3.2 Unirse con otros. Para conseguir lo anterior
con más fuerza, constituir asociaciones, redes, grupos
para poder comunicar al establecimiento que, a no ser que
se ofrezcan modelos dignos, no se seguirá comprando
ahí. Y cumplirlo.
4.3.3 Entusiasmar a muchos en el esfuerzo de conseguir
una Nueva Moda. En el nivel local, o regional, animar
a los diseñadores noveles que ofrezcan modelos dignos;
de la misma manera, presentar esta posibilidad a quienes
producen, distribuyen, venden, anuncian; en resumen, a cuantos
se relacionan de alguna manera con el mundo de la moda.
4.3.4 Discernir, no difundir lo que no merece alabanza.
Es importante tener en cuenta que práctica-mente
todas las grandes casas de Alta Costura tienen modelos muy
acertados, pero suelen tener a la vez otros muy desacertados.
A la hora de seguir sus tendencias, de identificarse con
su estilo, y de hacerle publicidad, hay que emplear el discernimiento.
NOTAS
74. Cfr. ORLANDIS, José: La vida cristiana...,
p. 94
75. Cfr. TORRECILLA, Adolfo: “Comentario a la obra ‘Clara
y la Penumbra’”, de José Carlos Somoza.
Aceprensa, Servicio 24/10/2001.
76. LAVER, James: “Fashion: A detective story”,
en: Revista Vogue, Condé Nast Publications, Nueva York,
1 de enero de 1959.
77. Cfr. RESCHREITER de TRUJILLO, Eva María: Señora
de la Moda, p. 9.
78. Cfr. RESCHREITER de TRUJILLO, Eva María: Señora
de la Moda, p. 20.
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