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NO SE DEJABA MIRAR (Antonio Orozco)

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NO SE DEJABA MIRAR

Este Niño celestial
tiene unos ojos tan bellos,
que se va el alma tras ellos
como a un centro natural.

No se dejaba mirar
envuelto en nubes y velos;
ahora en pajas y hielos
se deja ver y tocar.

Y como mira a los que son
la causa por que suspira,
con unos ojuelos mira
que penetra el corazón.

***

                Este villancico es  un obsequio de don Félix Lope de Vega

 ***

              Era durante milenios "Dios escondido": no se dejaba mirar. Habitaba solo en una "Luz inaccesible", tanta es su Luz. Envuelta en nubes y velos. Moisés hablaba con Dios como un amigo, pero solo pudo ver en parte la "gloria" del Señor en el Sinaí. Con esto el rostro de Moisés resplandeció y los ojos del Pueblo no podían sostener tanta claridad.  A Dios nadie le ha visto nunca. Pero el Hijo Unigénito, el que está en el seno del Padre. El lo ha revelado, dice san Juan.

           Ahora en Belén, entre pajas y hielos, la Luz inaccesible se asoma al mundo desde los ojos del Niño Dios. Brillan en la noche. Dios-Hijo-del Padre, Luz de Luz, ha nacido de María Virgen y ve su Creación de un modo nuevo, como todos los niños que nacen. Dios ha adquirido rostro humano verdadero, no solo apariencia. Su llanto es llanto de Dios. El rostro de la Madre Virgen se imprime en su alma de hombre como primera hermosura sonriente. El rostro cercano de José, la segunda imagen del cuadro esencial. La Sagrada Familia, espejo de la Trinidad. Entre pajas y hielos el Niño se deja ver y tocar. Las manecitas menudas se aferran a los dedos grandes del Patriarca. El despliegue de la nueva sonrisa se abre al universo. Con unos ojuelos mira que penetra el corazón Y cómo mira a los que son la causa por que suspira… ¿Los dioses también suspiran? No, los dioses son ídolos de barro, de piedra, de metal, de papel, o un manojo de pasiones desmesuradas. Es Dios Hijo el que suspira. ¿Y qué hará el Padre Dios si su Hijo Dios suspira? ¿Y qué el Espíritu del Padre y del Hijo? ¿Y qué yo? Dante aseguraba que una lacrimetta, una lagrimilla basta para salvar un alma. El Crisóstomo afirma que «un suspiro que exhales, una lágrima que derrames, El lo arrebata al instante para tener un pretexto de salvarte». El tiempo se compone de multitud de instantes evanescentes. Cada uno de ellos se salva de la fugacidad al ritmo de los suspiros acordados del Niño-Dios y del niño-hombre o mujer: una lacrimetta, una sonrisa, una conversión, una cruz, una resurrección, una fusión de voluntades, se reiteran momento a momento, consolidan el Amor que penetra el corazón y nada ni nadie, ni la vida ni la muerte podrán arrebatar.

        Estudiar, aprender a Los Tres. Mirar al Niño, estudiarle en cada uno de sus pasos, de principio a fin. San Josemaría: «Que busques a Cristo: Que encuentres a Cristo: Que ames a Cristo».

«Descubramos los auténticos valores de la Navidad, dejando de lado todo lo que ensombrece su genuino significado. En estos días santos, los cristianos no conmemoramos el surgir de un gran personaje, y menos aún el comienzo de una nueva estación. La Navidad recuerda un hecho fundamental: en la oscuridad de la noche de Belén se hizo una gran luz. El Creador del universo se encarnó uniéndose indisolublemente a la naturaleza humana y, sin dejar de ser realmente Dios de Dios y luz de luz, se hizo al mismo tiempo verdadero hombre. El Verbo encarnado es una Persona que se interesa por cada persona, es el Hijo de Dios vivo, que se hizo pequeño para vencer nuestra soberbia y hacernos auténticamente libres, libres para amarlo.» (Benedicto XVI, Aud. gen. 17.12.2008)

¡Feliz Navidad y Año Nuevo!

Antonio Orozco

www.arvo.net
 


Dibujo: A.O.D.

Enviado por Arvo.net - 24/12/2009 ir arriba

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