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NIÑA DE LOS OJOS DE DIOS (Antonio Orozco Delclós)

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NIÑA DE LOS OJOS DE DIOS


Por Antonio Orozco Delclós

ESCRITOS ARVO, Nº 130. 
Diciembre 1992. 
Actualizado: 9.5.2007

 

 

    La Iglesia ha entendido que puede poner, como ha hecho desde antiguo, en labios de la Virgen Madre estas palabras del Libro de la Sabiduría: "Antes de los siglos, desde el principio me creó, y por los siglos subsistiré" [Siracida 24, 9]. No es éste un principio de orden cronológico, sino de lógica divina, trascendente al tiempo. Antes de la  creación, Dios guarda en lo eterno de su memoria a la criatura de insuperable belleza, compendio de toda humana perfección, la que puede decir con Proverbios, 8, 22-36:

 

 « Yahveh me creó, primicia de su camino,

antes que sus obras más antiguas.

 

 Desde la eternidad fui fundada,

desde el principio, antes que la tierra.

 

 Cuando no existían los abismos fui engendrada,

cuando no había fuentes cargadas de agua.

 

 Antes que los montes fuesen asentados,

antes que las colinas, fui engendrada.

 

 No había hecho aún la tierra ni los campos,

ni el polvo primordial del orbe.

 

 Cuando asentó los cielos, allí estaba yo,

cuando trazó un círculo sobre la faz del abismo,

 

 cuando arriba condensó las nubes,

cuando afianzó las fuentes del abismo,

 

 cuando al mar dio su precepto

- y las aguas no rebasarán su orilla -

cuando asentó los cimientos de la tierra,

 

 yo estaba allí, como arquitecto,

y era yo todos los días su delicia,

jugando en su presencia en todo tiempo,

 

 jugando por el orbe de su tierra;

y mis delicias están con los hijos de los hombres. »

 

 « Ahora pues, hijos, escuchadme,

dichosos los que guardan mis caminos.

 

 Escuchad la instrucción y haceos sabios,

no la despreciéis.

 

 Dichoso el hombre que me escucha

velando ante mi puerta cada día,

guardando las jambas de mi entrada.

 

 Porque el que me halla, ha hallado la vida,

ha logrado el favor de Yahveh.

 

 Pero el que me ofende, hace daño a su alma;

todos los que me odian, aman la muerte. »

 

     Por eso, un clásico que le canta:

 Fuera de Dios no hay quien sea

tan antigua como vos.

 

     Y Quevedo pone en su boca:

Soy más antigua que el tiempo (...)

Infinitos siglos antes

que criara el firmamento,

ya él me había criado

en mitad de aquel silencio.

 

     Es muy frecuente ver en la Madre de Dios una belleza eterna; en términos de Juan Pablo II, "Esa Belleza única que se llama María";"Esa belleza que sólo Dios conoce plenamente, pero que, al mismo tiempo, dice tanto al hombre". "Esa belleza que Dios mismo preparó al comienzo del misterio de la Encarnación" (JP II, Angelus 8-XII-79).

 

Toque mariano de la Creación

 

     Indudablemente la creación es cristocéntrica: por El, con El y en El han sido creadas todas las cosas; pero no es menos cierto que el misterio de Cristo no se explica sin María. Ella es como la Abreviatura de la fe católica. Sólo Ella y el Padre Dios pueden decir a Jesús: ¡Hijo mío! Por eso, Ella ocupa, después de Dios, el primer lugar en el corazón de los hijos de Dios y la creación entera contiene un sello, un vigoroso toque mariano. Cabe una lectura mariana del mundo. Tienen fundamento los versos de Lope:

 

Vos sois aquella Niña

con que el Señor del cielo y tierra mira.

 

     También Calderón de la Barca llama a la Virgen niña, Niña de los ojos de Dios. Y un pequeño filósofo aseguraba:

 

      -Yo quiero, Madre mía, que tú seas la Niña de mis ojos; ver las cosas todas a tu luz. Y así, ¡cuánto más hermoso se ve el Niño! Y José, qué espléndido, qué bien plantado, qué bien trabaja, qué bien habla y qué bien calla; qué santazo es José: no hay otro como él. ¿Y el establo? ¡no huele sino a clavel! ¡si es un palacio lleno de Ángeles, Príncipes del Cielo! ¿Y el sudor de la frente cuando se trabaja recio? Son perlas que se engarzan en la corona del Rey de reyes. La fatiga ya no enoja, es medio y fuente de santificación. Incluso las mayores contrariedades, incomprensiones, calumnias, persecuciones, son piedras preciosas que fulgen y adornan la Cruz victoriosa del Niño y Señor Jesucristo. ¿Y el infierno? ya no son "los otros", como acontece en el angustiado mundo sartreano. El infierno es lo que vio Paul Claudel, tras su fulgurante conversión: "pocas horas me bastaron para enseñarme que el Infierno está allí donde no está Jesucristo". ¡Qué mal se pasa si Él no está! Y si se pasa "bien", qué vacío, luego.

 

     El encuentro con los demás es siempre un encuentro con Cristo. Cristo, que sufre en los enfermos del cuerpo. Cristo, que sufre más en los enfermos del alma. Cristo, que triunfa en las almas que están en gracia de Dios y caminan hacia la santidad. Cristo, en la lectura mariana del Evangelio, aparece en toda su belleza, sencilla y magnífica, humana y divina. Cada detalle de cada gesto, de cada palabra y de cada silencio de Jesús, adquiere un relieve de intensidad conmovente. Se desvanecen los temores infundados: la época azul resulta la más cristocéntrica que pueda pensarse. Nunca se está más cerca de Jesús que cuando se está con su Madre: ¡El Señor es contigo!

 

     Leer los grafismos del mundo, siendo María la Niña de nuestros ojos, es descubrir siempre nuevas bellezas en lo creado y redimido, abrirse a la posibilidad apasionante de hacer de la prosa de cada día, endecasílabos, verso heroico (san Josemaría Escrivá). Una mañana de octubre, de 1967, que esplendía bajo el manto azul de Navarra, en el campus de la Universidad, con millares de personas embebidas, millares de mujeres y hombres escuchábamos con emoción contenida estas palabras antológicas: Os aseguro... que cuando un cristiano desempeña con amor lo más intrascendente de las acciones diarias, aquello rebosa de la trascendencia de Dios. Por eso os he repetido, con un repetido martilleo, que la vocación cristiana consiste en hacer endecasílabos de la prosa de cada día. En la línea del horizonte, hijos míos, parecen unirse el cielo y la tierra. Pero no, donde de verdad se juntan es en vuestros corazones, cuando vivís santamente la vida ordinaria.

 

     Qué gozoso resulta andar, con la Niña de Nuestros Ojos, descubriendo ese algo divino que en los detalles se encierra. ¡Los detalles! Ahí está sobre todo la Madre de Dios: en los detalles. Cualquier momento es óptimo para comenzar o recomenzar a vivir en el encanto de una nueva, definitiva e insuperable época azul. Ya no se ansía otra, porque ésta está siempre abierta a nuevas y mayores maravillas.

 

Piropos a la Madre Virgen

 

     A todo hijo de Dios, hijo de María Santísima, le encanta encontrar más piropos -antiguos y nuevos- a la Madre de Dios Hijo. Por ejemplo, este de Gómez Manrique: "Toda eres toda bella". No es poco lo que afirma Jerónimo del Río, que debió de ser un excelente jugador de ajedrez: "Dama con que el Rey mata al diablo", ¡al grancornúpeta! En el Cancionero general de Hernando del Castillo, se encuentra una letanía espléndida:

 

Clara lumbre

luz del día

espejo de Dios

templo santo

perla

zafiro

vaso blanco cristalino

paraíso

huerto precioso

planta de fértil rosa

Rosa

flor de flores

rosa de rosas

madre preciosa

madre cristalina

la rosa entre las flores

lucero amado

 

Y en el "Poema de la Bestia y el Ángel", se dice que éste es el dogma de María:

...que tiene

finura de cristal,

hipérbole de amores y gracias de requiebro.

 

     Todo es muy razonable si se tiene en cuenta que Ella es "el Sol que da a luz al Sol hermoso" (Lope), "Madre de fremosura" (Alfonso X, Cantiga X), Madre del Amor hermoso...

 

     Y como es a la vez Madre de Dios y Madre nuestra, bien dice Calderón cuando en El cubo de la Almudena explica la universal experiencia de los buenos hijos de Dios:

 

Si trabajando vosotros

aclamáis a María bella,

cuidando nosotros della,

Ella cuida de nosotros

 

     Por su parte, Hernando de Talavera, allá por el siglo XVI, canta:

 

Llena de inmensidad

De aquel Dios inmensurable,

Dios de Dios;

 

Llena de sonoridad

Del Verbo eterno inefable.

 

     Y ahora nos sorprenden unos versos de lección inesperada, en el "Tratado de la Asunción", del sin par Juan del Encina:

 

Dame tu gracia graciosa,

gracia de gracia de Dios,

pues, anquél y tu soys

dos

 

en querer soys una

cosa,

¡o Madre de Dios y Esposa!

ven, Señora, ven a mí,

que no ay fuerça tan forçosa

que pueda ser poderosa

de escrivir de ti y sin ti.

 

     Es obvio, pues, que Ella está con nosotros, los que de Ella escribimos y, por ende también, con los que de Ella leemos. En fin, leamos lo dicho por Fray Pedro Manrique de san Alonso de Orozco: "lo más de la vida gastó en alabanzas suyas (de María Santísima): perdía el seso en la consideración de esta Señora, de lo que fué y de lo que merecía" .

 

     Oh, si esto pudiera decirse de cada uno de sus hijos... Perder el seso, querer con locura a la Madre de Dios. Esta es una expresión muy de san Josemaría Escrivá: «Te daré un consejo, que no me cansaré de repetir a las almas: que ames con locura a la Madre de Dios, que es Madre nuestra».

Una Niña y un Niño

Vengo de ver,

Que Dios ve con ellos

Todo cuanto ve.

En sus ojos santos

Por niñas los tiene,

Y con ellos mira

Cuanto puede y quiere;

Dichoso mil veces

Quien verlos merezca

Con tanta belleza,

Luz, gloria y poder;

Que Dios ve con ellos

Todo cuanto ve.

      Lope juega bellamente con las palabras. «Niña», mujer en ciernes. «Niña», pupila donde se reflejan las cosas y en ella se ven, se miran y se admiran. Jesús y María, «Niñasde los ojos de Dios». En la Escritura Santa Dios es El Que Ve. Ve como Dios. Pero Dios se hace hombre sin ficción. La divinidad se une entrañablemente a la humanidad sin suplantarla. Dios Niño ve con ojos de Dios y con ojos de niño, desde que nació en Belén. Ya nada humano le es ajeno. Salvo el pecado. Ve de tejas arriba y de tejas abajo. Pretende que sus hermanos los hombres aprendamos a ver de un modo humano y a la vez divino, de tejas abajo y de tejas arriba, ¡nunca solo de tejas abajo!Hacer como Dios, que tiene porniñas los ojos de Jesús Niño y los de su Madre Niña.

 

     ¿Cómo se hará esto? Mirando, admirando, tratando, pidiendo, como rogaba san Josemaría: «¡que yo vea con tus ojos, Cristo mío, Jesús de mi alma!». Cabe añadir: «¡que yo vea con tus ojos, Niña de los Ojos de Dios!

 

    Dios nos ve y nos mira «desde» siempre, desde fuera, pero sobre todo desde lo más íntimo de nosotros mismos. Es más íntimo a mí mismo que yo mismo, dice san Agustín. Los ojos de Dios no nos son ajenos. Sólo puede airarse su mirar cuando huimos del ámbito en que Jesús, María y José se hallan. Pero para quien lleva siempre en su corazón, en su mirada, la Noche Santa de Belén, Dios será siempre Amor, Amor enamorado y enamorante.

 

    Las personas tenemos la facultad de situarnos en el punto de vista de los demás. Los grandes escritores, narradores de fábulas y cuentos, novelistas, poetas, lo han hecho. Identificados con innumerables personajes los han recreado en el papel o en el escenario. La intersubjetividad del «nosotros» es el resultado de la natural apertura de la persona que no se no se encapsula, no se encierra en su torre de marfil.

 

    Ver con «los ojos de Dios» no es una empresa imposible. Con su Gracia, la persona humana es capaz de entender a Dios y de ponerse en «su lugar». No, de un modo absoluto, claro es, pero sí relativo, que es mucho. Entonces se comprende todo, aun lo que no se comprende. Hasta se comprende que no nos comprendan. Porque se ve desde la intimidad del otro. ¿Cómo podría decirse, si no, en lo alto de la Cruz: «¡Padre, perdónalos, porque no saben lo que se hacen!?». Mirada humana divinizada, mirada divina de Dios humanado.

 

    Dios «ve» con los ojos de Jesús y de María. ¡Soy conocido y comprendido hasta en los más ocultos  entresijos de mi alma!. Mirada que también ve con nitidez lo mismo que yo veo, tal como yo lo veo, solo que en una luz más poderosa, en un contexto de eternidad. ¡Dios también ve con mis ojos!. Mi conversación de tú a Tú con Dios no tiene comparación en hondura, claridad, comprensión, amor, ternura, con ninguna otra posible.

Un Niño y una Niña vengo de ver

Que Dios ve con ellos

Todo cuanto ve.

 

 

Enviado por Arvo Net - 24/12/2009 ir arriba

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