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Por CARDENAL RATZINGER
5 setiembre 2000
CIUDAD DEL VATICANO, (ZENIT.org).-
Si todo es relativo, entonces no sólo
el cristianismo, sino incluso todas las religiones, no son
más que disquisiciones teóricas inútiles.
Esta es la conclusión a la que llegó el cardenal
Joseph Ratzinger, prefecto de la Congregación para
la Doctrina de la Fe, al presentar esta mañana a la
prensa la declaración «Dominus Iesus»,
redactada por el organismo Vaticano que dirige, en la que
además, se relanza el diálogo ecuménico
y entre las religiones sin ambigüedades.
Las religiones no son equiparables
«En el vivaz debate contemporáneo
sobre la relación entre el cristianismo y las demás
religiones --aclaró el cardenal alemán--, se
abre camino la idea de que todas las religiones son para sus
seguidores caminos de salvación igualmente válidos.
Se trata de una persuasión difundida hoy día
no sólo en ambientes teológicos, sino también
en sectores cada vez más amplios de la opinión
pública católica y no católica, especialmente
en los más influenciados por la orientación
cultural que prevalece hoy en Occidente y que se puede definir
--sin temor de ser desmentidos-- con una palabra: relativismo».
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Ahora bien, si todo es relativo, si todas
las religiones son equiparables, la consecuencia, según
constató el cardenal es lógica: «El rechazo
a identificar la figura histórica de Jesús de
Nazaret con la realidad misma de Dios, del Dios vivo».
Ratzinger, de 73 años, consideró
que la filosofía relativista lleva, en última
instancia, a la eliminación de la concepción
cristiana de Cristo y de la Iglesia. En efecto, una falsa
idea de tolerancia lleva «a marginar a quien se obstina
en la defensa de la identidad cristiana y en su pretensión
de difundir la verdad universal y salvífica de Jesucristo».
«Esta falsa idea de tolerancia
está ligada a la pérdida y a la renuncia a la
verdad, que hoy día es experimentada por muchos como
una cuestión sin relevancia y de segunda categoría»,
añadió. Esta tolerancia, que todo lo acepta,
y que se despreocupa por la verdad, se disfraza, según
desenmascaró el purpurado, por la malformación
de conceptos como el de democracia, diálogo o encuentro
con las culturas.
¿Religiones relativas?
Este es el punto débil de la cultura
contemporánea: al no existir una búsqueda de
la verdad, «la fe ya no se distingue de la superstición,
y la experiencia de la ilusión». De este modo,
aclaró el cardenal que dirige la Congregación
de la Doctrina de la Fe desde hace 19 años, «sin
una seria búsqueda de la verdad, el aprecio de las
demás religiones se convierte en algo absurdo y contradictorio,
pues no existe un criterio para constatar lo que es positivo
de una religión, distinguiéndolo de lo que es
negativo o fruto de la superstición y el engaño».
Diálogo
Por lo que se refiere al diálogo
con las demás religiones, el prefecto de la Congregación
para la Doctrina de la Fe, teólogo que alcanzó
prestigio mundial ya en el Concilio Vaticano II, precisó
que la idea, según la cual, las religiones del mundo
son complementarias a la revelación cristiana «es
errónea».
Ahora bien, «todo lo que hay de
bueno y verdadero en las religiones no debe perderse, es más,
debe ser reconocido y valorado. El bien y la verdad, allá
donde se encuentre, proviene del Padre y es obra del Espíritu;
las semillas del Logos están esparcidas por doquier.
Pero no se pueden cerrar los ojos ante los errores y engaños
que también están presentes en las religiones».
Por último, concluyó el
cardenal Ratzinger, «la estima y el respeto por las
religiones del mundo, así como por las culturas que
han ofrecido un enriquecimiento objetivo a la promoción
de la dignidad del hombre y al desarrollo de la civilización,
no disminuye el carácter único y original de
la revelación de Jesucristo y no limita ni mucho menos
la tarea misionera de la Iglesia».
Magisterio de la Iglesia
Monseñor Tarcisio Bertone, secretario
de la Congregación para la Doctrina de la Fe, aclaró
en la rueda de prensa que cuando el Vaticano publica una «declaración»
«no está enseñando nuevas doctrinas, sino
que más bien reafirma y resume la doctrina de la fe
católica definida o enseñada en documentos precedentes
del Magisterio de la Iglesia, indicando su recta interpretación,
ante errores o ambigüedades doctrinales difundidos en
el ambiente teológico y eclesial de hoy».
Por lo que se refiere a la autoridad
de la declaración, monseñor Bertone explicó
que «al tratarse de un documento doctrinal de la Congregación
para la Doctrina de la Fe, expresamente aprobado por el sumo
pontífice, forma parte del magisterio universal. Por
este motivo, aunque no es un acto propio del magisterio del
sumo pontífice, refleja sin embargo su pensamiento,
pues ha sido aprobado y confirmado explícitamente por
el Papa, e indica también su voluntad de que su contenido
sea considerado por toda la Iglesia, pues él mismo
ha ordenado su publicación».
«Por tanto --concluyó--,
a los fieles se les pide su asentimiento de carácter
definitivo e irrevocable».
Artículo tomado de la página WB
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