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Por Germán Bessa
El Doctor Raffaello Cortesini, Presidente
desde 1981 de la «Consulta Médica» que
dictamina sobre la autenticidad de los milagros presentados,
para las beatificaciones y canonizaciones, a la Congregación
para las Causas de los Santos. Es el Catedrático y
Director del Departamento de Cirugía de la Universidad
—La Sapienza— de Roma, doctor honoris causa por
muchas universidades de todo el mundo, presidente del Comité
Científico del Campus Biomédico de Roma, y un
larguísimo etcétera.
No se trata de un médico «de
oficina». El Doctor Cortesini realizó en Italia
los primeros trasplantes de riñón, de hígado,
de pulmón, y multiórganos (riñón
y páncreas; hígado, páncreas e intestino;
etc.); y sigue realizando esas intervenciones en los ocho
quirófanos universitarios que dirige, donde colaboran
con él 9 cirujanos profesores ordinarios, 25 agregados
y 80 internos.
A veces se tiene la impresión
de que los milagros fueran cosa de otros tiempos: de la época
evangélica, o de siglos remotos en los que la historia
se desdibuja con la leyenda piadosa. Pero el Dr. Cortesini
es testigo de que los milagros siguen ocurriendo, de modo
abundante y comprobado, también en nuestros días.
Todos los años el Papa eleva a
la gloria de los altares, beatificándolos, a un buen
número de personas; e incluye en el catálogo
de los Santos -canonización- a bastantes Beatos. En
la base de estas proclamaciones hay unos largos procesos,
entre cuyos elementos figura -salvo para la beatificación
de los mártires- la demostración de al menos
un milagro operado por la intercesión del Siervo de
Dios o del Beato.
Esto significa que, cada año,
la Iglesia reconoce la veracidad de aproximadamente una docena
de milagros irrefutables. Cabe suponer que esos casos, comprobados
rigurosamente, serán sólo la punta del iceberg
y que se dan muchos otros hechos sobrenaturales -no catalogados-,
realizados espontáneamente por Dios, o como respuesta
a las oraciones dirigidas a El: de modo inmediato o por intercesión
de la Santísima Virgen y de santos (ya canonizados,
o no).
--En qué consiste la Consulta
Médica de la Congregación para las Causas de
los Santos?
--Se trata de un organismo, formado por
más de cincuenta médicos, que tiene por cometido
estudiar las curaciones supuestamente milagrosas y definir
cuáles de ellas son científicamente inexplicables
(de forma que puedan ser calificadas como «milagros»
por los teólogos de la Congregación, por los
Cardenales y, en último extremo, por el Santo Padre).
-¿Intervienen también para
otros posibles milagros -apariciones, santuarios, etcétera
- aparte de las Causas de los Santos ?
--La Consulta esta constituida para las
Causas de los Santos. Pero nada impide que la Santa Sede pueda
pedir un dictamen científico-médico para otros
asuntos.
MÉDICOS ESPECIALISTAS
-¿Cuántos miembros componen
la Consulta y cual es su perfil?
-Hay más de cincuenta miembros,
nombrados por el Cardenal Prefecto, atendiendo diversos criterios:
se trata de cubrir el abanico de las distintas especialidades
médicas. La mayoría son catedráticos
universitarios o jefes de departamento en hospitales. Todos
ellos son católicos.
-¿Intervienen todos en todos los
casos?
-Para estudiar cada caso se determina
entre los miembros un equipo de cinco médicos. Si sucede
que falta algún especialista en la materia concreta,
se puede nombrar alguno que no pertenece a la Consulta.
-¿Actúan alguna vez no
católicos?
-La Consulta es un organismo técnico
y que dictamina sobre cuestiones científicas. Por eso,
cuando hace falta, se convocan especialistas de cualquier
parte del mundo -también no católicos- para
que intervengan como expertos. Su función es pericia:
el dictamen final, escuchados esos consejos, corresponde a
los miembros de la Consulta. Como es lógico, en muchos
expedientes hay testimonios de no católicos: por ejemplo,
de médicos que atendieron al «curado».
En todo caso, precisamente su condición de católicos
hace a los miembros de la Consulta especialmente rigurosos:
no pueden permitirse el lujo de comprometer alegremente la
credibilidad de la Iglesia.
CURACIÓN INSTANTÁNEA,
COMPLETA Y DURADERA
--¿Qué requisitos exigen
ustedes para considerar milagrosa una curación ?
--Los requisitos imprescindibles son
cuatro: 1) que sea instantánea; 2) que sea completa;
3) que sea duradera y 4) que sea científicamente inexplicable.
--¿Qué significa cada una
de esas características ?
--«Instantánea» significa
que se haya realizado en pocos minutos o, como mucho, en unas
horas. «Completa» significa la vuelta a una situación
de plena normalidad del organismo (normalidad comprobada por
todos los medios de exploración necesarios). «Duradera»
significa que se trate de una curación permanente durante
muchos años: así, en los casos de curación
de cáncer se exigen por lo menos diez años de
curación permanente.
-- ¿Qué garantías
existen sobre la veracidad de la documentación que
estudian ustedes?
--Toda la documentación -y se
trata de expedientes voluminosos: testimonios, historiales
clínicos, análisis, radiografías, TAC,
RMT, etc.- viene certificada por las autoridades eclesiásticas:
tanto de las diócesis donde se ha instruido el proceso,
como de la Congregación para las Causas de los Santos.
En algunos casos, cuando parece necesario, uno o más
expertos de la Consulta examinan a la persona curada; y a
menudo también suele pedirse documentación complementaria.
CIENTÍFlCAMENTE INEXPLICABLE
--Suele hablarse de cánceres que
se curan espontáneamente y es frecuente leer informaciones
sobre fenómenos parapsicoIógicos...¿No
pueden darse casos en que una curación sea debida a
causas simplemente naturales, pero desconocidas?
--Podrían darse. Pero estos casos
dudosos jamás son aceptados por la Consulta Médica,
que precisamente tiene la función de emitir un dictamen
científico. Algunos factores, como la instantaneidad,
garantizan que una curación nunca podrá explicarse
científicamente.
--Perdóneme que insista en lo
mismo. ¿No cabe que el estado actual de la ciencia
considere inexplicables algunas curaciones que, con el paso
del tiempo, lleguen a explicarse científicamente?
--Como le digo, la tarea de la Consulta
es, precisamente, la de analizar esas posibilidades que usted
señala. Ante todo, para juzgar un caso como científicamente
inexplicable se toma en consideración siempre el elemento
«objetivo»: por ejemplo, la regeneración
de unos tejidos quemados. No basta la desaparición
portentosa de unos dolores o de otros elementos subjetivos.
Y se considera la inexplicabilidad, digamos, quoad modum (en
cuanto al modo de producirse) de la curación, eliminando
todos los elementos que, en el futuro, podrían verse
modificados por un progreso científico: en este sentido,
por ejemplo, se considera determinante la instantaneidad de
una curación, de forma que sea tan extraordinaria que
se dé la certeza de que nunca pueda llegar a explicarse
científicamente. Si cabe decirlo así, no basta
con que no nos expliquemos una curación; sino que debe
demostrarse positivamente su inexplicabilidad.
--¿Cuáles suelen ser los
motivos más frecuentes por los que se desestiman presuntos
milagros?
--El motivo principal es que se pueda
explicar la curación como un fenómeno naturalmente
posible. Esto también ocurre, por ejemplo, cuando la
documentación del caso es insuficiente para certificar
su positiva inexplicabilidad. Como es lógico, eso no
excluye que pueda tratarse de un verdadero milagro: significa,
simplemente que nosotros no lo dictaminamos como tal.
--¿Han debido rectificar alguna
de sus propia sentencias, es decir, negar la condición
milagrosa de un caso que hubieran aprobado?
--No. Eso no ha sucedido nunca. Como
acabo de indicar, no me extrañaría nada que
-a la inversa- hubiese auténticos milagros que se hayan
rechazado, por no estar suficientemente documentados o por
otras razones análogas. Por otro lado, pienso que existen
muchos milagros que no llegan a la Consulta, que tiene una
función muy concreta (de cara a las Beatificaciones
y Canonizaciones); y también hay muchísimos
«favores» otorgados por intercesión de
la Virgen, o de los bienaventurados que, suponiendo una intervención
extraordinaria de Dios, no se ajustan a los requisitos que
nosotros exigimos. A fin de cuentas, Dios no tiene por qué
ajustarse a nuestras «normas» procesales.
NO RECIBIMOS PRESIONES
-¿Las sentencias se toman por
unanimidad o por mayoría?
--Por mayoría, aunque muy a menudo
son unánimes. Si alguno de los miembros no está
de acuerdo con la mayoría, debe redactar un voto particular
exponiendo sus razones. De todas maneras, esto suele ocurrir
sobre todo cuando alguno considera que debería aprobarse
un caso rechazado por la mayoría.
--¿Reciben ustedes, a veces, presiones
de la Congregación o de otras jerarquías eclesiásticas
para que sean «benévolos» en su dictamen?
--Nunca recibimos presiones de ningún
tipo. Quizá pueda darse que el Postulador de una Causa
manifieste su deseo de que prospere un caso. Pero resulta
muy fácil hacerle notar que, si Dios Nuestro Señor
desea la glorificación de un Siervo de Dios o la canonización
de un Beato, no tiene la menor dificultad en intervenir de
un modo incuestionablemente milagroso. El hecho, volviendo
a su pregunta, es que nosotros trabajamos con absoluta libertad
dentro de los criterios que le he señalado. Y examinamos
cada caso «en conciencia».
UNOS DOCE MILAGROS CADA AÑO
--¿Cuántos casos de milagro
vienen a entrar anualmente en la Consulta?
--Unos veinte o veinticinco cada año.
--¿Existe algún «tipo»
más habitual o frecuente?
--La verdad es que no. Suelen ser casos
muy distintos los unos de los otros.
--¿Y qué porcentaje de
ellos suelen ser sentenciados como verdaderos milagros?
--Pongamos entre un cincuenta o sesenta
por ciento.
--¿Según eso, ¿cuantos
milagros ha comprobado usted?
--Mas de cien.
--¿Alguno particularmente espectacular?
--Todos los milagros son espectaculares.
Pero, ya que se trata de una entrevista periodística,
le diré que hemos comprobado numerosos casos de paro
cardíaco prolongado (por ejemplo, personas ahogadas
que han permanecido largo tiempo debajo del agua): paros hasta
de dos horas, con recuperación de la vida cuando se
recurre al intercesor celestial.
--Esa familiaridad con lo sobrenatural
¿ayuda a la fe? ¿Qué valor apologético
tiene?
--Todos los que viven de cerca - parientes,
testigos, etc.- un milagro suelen experimentar un incremento
en su fe: como usted puede fácilmente suponer, la figura
misma de un «curado» constituye un testimonio
impresionante. Su pregunta, de todas maneras, se sale de mi
competencia médica. Pero, como creyente, le diré
que, frente al milagro, hay todo tipo de reacciones, como
leemos en los Evangelios: ya en ellos se ven personas que
creen y otras cuyo corazón se endurece ante lo sobrenatural,
ante la presencia de Dios. Pienso que el milagro pone de manifiesto
la voluntad que Dios tiene de mostrar, de hacer patente, su
presencia entre los hombres: por eso, entre los signos de
los tiempos, de los tiempos de hoy, figuran esos elementos
maravillosos. Dios se muestra también -digamos- por
la intervención de los intercesores: el principal de
todos, la Virgen María; por eso es el nuestro un tiempo
de tantos prodigios maternales marianos.
Publicado en revista PALABRA, X-95 (568-571) |