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AMOR EN LA VERDAD, AGAPE Y LOGOS (Antonio Orozco)

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AMOR EN LA VERDAD Y LOGOS EN EL AGAPE

Antonio Orozco
Arvo.net, 08.07.2009

 Tiempos de crisis. Parece que todo depende de qué van a hacer los economistas, o los políticos inteligentes con los economistas inteligentes. En alguna parte debe de haberlos. La esperanza es lo último que se pierde. Se suele esperar en el futuro. Pero el futuro, ay, ¿qué es, quién es, es algo, es alguien? Todos esperando a Godot. Diógenes con una lámpara. Obama nos llevará al puerto de la esperanza. Pero Obama se ha apuntado de momento a la cultura de la muerte y difícilmente podrá aupar la cultura de la vida. Obama, morituri te salutant! Como los viejos gladiadores, ¡Los que van a morir te saludan! Que Dios te ampare, Obama, lo deseo sin reticencia. Por la cuenta que nos tiene.

 Si una cosa es clara, y hay muchas, en la tercera Carta Encíclica de Benedicto XVI, Caritas in veritate,  es que la Humanidad es, por origen, por naturaleza y destino, una familia. Y la familia tiene como alma el amor y el amor sin la verdad es inoperante, acaba negándose a sí mismo. «Sin verdad, la caridad cae en mero sentimentalismo. El amor se convierte en un envoltorio vacío que se rellena arbitrariamente. Éste es el riesgo fatal del amor en una cultura sin verdad. Es presa fácil de las emociones y las opiniones contingentes de los sujetos, una palabra de la que se abusa y que se distorsiona, terminando por significar lo contrario. La verdad libera a la caridad de la estrechez de una emotividad que la priva de contenidos relacionales y sociales, así como de un fideísmo que mutila su horizonte humano y universal. En la verdad, la caridad refleja la dimensión personal y al mismo tiempo pública de la fe en el Dios bíblico, que es a la vez «Agapé» y «Lógos»: Caridad y Verdad, Amor y Palabra.» (CiV, 3)

 Cada día está más claro, o nos convertimos en familia, o somos lobos, el hombre lobo para el hombre. Ahora bien, para ser familia se necesita un padre (y una madre, pero no es preciso ahora entrar en detalles). Hay un Padre y es Dios. Sin Dios no hay nada. De espaldas a Dios, el hombre creado a su imagen se torna irracional. El hombre lobo. Si se empeña en comportarse como si Dios no existiera, acaba aproximándose a las consecuencias de la hipótesis absurda de que Dios no existe: el hombre es una pasión inútil, el infierno son los otros, el niño un ser vomitado al mundo (J.P. Sartre). La existencia de Dios no es un problema de fe sobrenatural. Hay un conocimiento natural de Dios, asequible a todos. Conviene repetirlo una y otra vez, que se oiga más veces que la reiteración de lo contrario. Es asequible conocer a Dios y a la criatura como criatura de Dios. Es posible conocer verdades y su origen en una Verdad primera, la Verdad, sin la cual no habría verdades, ni universo, ni hombre, ni nada.  Sin la Verdad, no hay bondad, ni bueno ni malo, todo da igual. La lógica es aplastante. Dostoiewski tenía razón, lo prueba la Historia. El Papa se remite constantemente al Logos creador, origen de la lógica del universo, de la lógica matemática, de la lógica de la vida y, por negación, de la lógica de la muerte, del absurdo, del hambre y de la guerra.

 El Papa tiene siempre presente la equivalencia de los términos ser, verdad, bondad, libertad, amor, belleza. Lo que los clásicos han llamado trascendentales metafísicos, unidos a los que algunos llaman trascendentales antropológicos cuando se habla de la persona. La persona “es”, y es “verdad”, es “bondad”, es “amor”, es “belleza”, es “libertad”… Aislar alguno de estos términos es borrarlos todos. La unidad se cumple plenamente, sin lagunas ni fisuras en las Personas divinas. En las humanas, parcialmente, fragmentariamente y a menudo dispersamente.

 Esto es ver más que física, biología, matemáticas, etc. No diré que sea “ver más profundamente”, porque la “profundidad” es una metáfora problemática. Pero indudablemente es “ver más”, más radicalmente, más fundamentalmente, de un modo más abarcante al hombre y al ser de las cosas. Quien no entienda esta unidad de ser - verdad– bondad – libertad – amor, difícilmente sabrá de qué va la Encíclica. Se quedará en un títular: “Hay que reformar la ONU” (por ejemplo). Y no se fijará en que el Papa dice cosas como: « Cuando el único criterio de verdad es la eficiencia y la utilidad, se niega automáticamente el desarrollo. En efecto, el verdadero desarrollo no consiste principalmente en hacer. La clave del desarrollo está en una inteligencia capaz de entender la técnica y de captar el significado plenamente humano del quehacer del hombre, según el horizonte de sentido de la persona considerada en la globalidad de su ser. Incluso cuando el hombre opera a través de un satélite o de un impulso electrónico a distancia, su actuar permanece siempre humano, expresión de una libertad responsable»(CiV, 70)El desarrollo es imposible sin hombres rectos, sin operadores económicos y agentes políticos que sientan fuertemente en su conciencia la llamada al bien común. Se necesita tanto la preparación profesional como la coherencia moral.» (CiV, 71)

 Y para terminar, por ahora: «Todo conocimiento, hasta el más simple, es siempre un pequeño prodigio, porque nunca se explica completamente con los elementos materiales que empleamos. En toda verdad hay siempre algo más de lo que cabía esperar, en el amor que recibimos hay siempre algo que nos sorprende. Jamás deberíamos dejar de sorprendernos ante estos prodigios. En todo conocimiento y acto de amor, el alma del hombre experimenta un «más» que se asemeja mucho a un don recibido, a una altura a la que se nos lleva (CiV, 77)

 

 El futuro ¿qué es? ¿es algo, alguien? Es Alguien. Es Jesucristo. Es el Lógos hecho Ágape. Asequible, entendible, verdadero, bueno, libre, muerto y resucitado. Hace falta fe en él para admitir su divinidad. Pero su lógica humana es la lógica de la razón, de la verdad en la caridad y de la caridad en la verdad. «Sin Dios el hombre no sabe donde ir ni tampoco logra entender quién es. Ante los grandes problemas del desarrollo de los pueblos, que nos impulsan casi al desasosiego y al abatimiento, viene en nuestro auxilio la palabra de Jesucristo, que nos hace saber: «Sin mí no podéis hacer nada» (Jn 15,5). Y nos anima: «Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final del mundo» (Mt 28,20). Ante el ingente trabajo que queda por hacer, la fe en la presencia de Dios nos sostiene, junto con los que se unen en su nombre y trabajan por la justicia.» (CiV, 78)

 

¿No es ésta una clave esencial del mensaje para todos los hombres de buena voluntad? Muchos pueden entender.

 Etiquetas: Amor en la verdad, Benedicto XVI, Caritas in veritate, Doctrina Social, Encíclica, Verdad, libertad, trascendentales
08/07/2009 ir arriba


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