| Escribe: Pilar Cambra
Redactora-Jefe del diario Expansión
Os saludo con efusión, colegas de ansiedad, angustia y neura.
Nos conocemos bien, ¿no, colegas? Formamos parte de esta Santa Compaña de almas y cuerpos agitados que recorre el mundo superdesarrollado con el mordisco de los nervios en el estómago y la nuca cual piedra de granito, endurecida por una tensión que no pueden deshacer ni los dedos del más hábil fisioterapeuta.
Sé cómo son vuestros días y vuestras noches porque yo corro, tiemblo, me despepito y sueño también con el genio de la lámpara que invente de gragea de la paz permanente antes de que vosotros y yo arribemos a la paz de los cementerios… Sí: tengo caladas nuestras jornadas de lengua fuera y gastritis crónica. Son así, más o menos: El despertado. ¿Sonará o no? Sí, sonó; pero, maldita sea, con un cuarto de hora de retraso: quince minutos de oro menos para el desayuno. El café con leche se vuelca en nuestro estómago en plan manguera de gasolinera mientras hacemos juegos malabares con la tostada, el yogur desnatado y el primer pitillo del día. ¡Maldita sea, tengo que dejar de fumar!
Ducha… ¡Las mujeres y los niños primero al cuarto de baño, por favor! Pero no: él, “él” se nos ha colado. Y con la radio a todo volumen que aúlla las primeras gratas del noticias de la mañana: “Un hombre armado se atrinchera en una guardería”, “la guerrilla de… secuestra a…”, “enfrentamiento político en…” Esssstupendo: ya estamos toda la familia con los nervios como la cuerda de un funámbulo.
Vestirse: ¡Maldita sea mi tripita! ¡Pero si esta falda me estaba perfecta hace un mes y ahora parezco una morcilla de Burgos!… Pues, nada, a la calle, que ya es hora y al que no le guste que no mire. ¡Al abordaje al coche!… ¡No, no es posible: el depósito en la reserva! ¡Mecachis en la mar con el niño que se llevó el coche el fin de semana y me lo ha dejado hecho unos zorros, como siempre! Vale, tranquilos: al autobús. Que no llega, que no llega, que no llego. ¡Maldito sea: el bonobús caducado, cuarenta duritos, por compasión! Vamos, vamos que nos vamos. ¿Qué nos vamos? Sí, al atasco de cabeza. ¿Cómo es posible? ¿Es que todos los habitantes del planeta han decido darse un garbeo por mi ruta? Tacatá-tacatá: gratísimo hilo musical de apisonadora como música de fondo.
Estoy como una moto y esto no ha hecho más que empezar: el trabajo. ¡Ay, ay, ay! Contestador automático: “He recogido para usted quince llamadas” Y en el ordenador de agolpan veinte e-mails; siento una kafkiana metamorfosis: me estoy convirtiendo en un pulpo que teclea, habla, abre cartas, da órdenes, las recibe. ¿Comer hoy?: un sandwich de plástico mientras repongo existencias alimentarias y cosméticas en ese gran almacén que tanto me recuerda a un hormiguero…
Por la tarde, más de lo mismo. O peor: hay que llevar a Carmen a la ortodoncia; o acompañar a mi madre a hacerse la gammagrafia ósea; comprar el regalo para Conchi; llamar al tío del lavavajillas que prometió pasar por casa hace veinte días; ordenar los papeles de la declaración de la renta; cena para veinte en casa; partido de fútbol de las ocho y perderemos…
Se acabó: la cama me llama con un irresistible canto de sirena. ¡Maldita sea: la jaqueca! Tengo la cabeza como un grupo de rumberos. Una aspirina, mi reino por una aspirina… Pues no: me he olvidado de pasar por la farmacia. Nada: ajo y agua y mañana será otro día, ¡y qué día!
Hay jornadas mejores, claro. Y también peores, queridos y lastimosos colegas de estrés: aviones que se retrasan, vacaciones que fracasan, amigos que nos hacen la pirula, enfermedades, duelos, quebrantos, paro, el hijo que se tuerce y el Parkinson de la abuela…
Sin pausa, sin tregua, sin un momento para meditar o para orar –que buena falta nos hace, ¿saben?- Esta es la vida que nos hemos -¿nos han?- montado y que nos desmonta hueso a hueso, nervio o nervio, golpe a golpe…
Os saludo, colegas de ansiedad, angustia y neura. Y os recomiendo que llevéis en la agenda una foto de esas mujeres etíopes con el pecho seco como un leño viejo que llevan de la mano a un niño todo vientre, mocos y moscas. ¿Angustia, lo nuestro?… No: poco más que malestar porque la vida no es la revista Hola! Sencillamente.
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