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VIKTOR FRANKL Y LA FRUSTRACIÓN (Rafael Guijarro)

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VIKTOR FRANKL Y LA FRUSTRACIÓN EXISTENCIAL

“Señoras y señores, vengo de Viena, la ciudad de Sigmund Freud, pero no vengo de los tiempos de Sigmund Freud”. Frankl considera que hoy los neurólogos deben preocuparse sobre todo de las frustraciones existenciales.

DESCUBRIR EL SENTIDO DE LA VIDA *
Por Rafael Guijarro

El curso pasado, los estudiantes de la universidad americana de Georgia invitaron al psicólogo vienés Viktor Frankl a pronunciar una conferencia sobre el tema “¿Está loca la nueva generación?” Durante el trayecto hacia la universidad comentó con el viejo taxista negro el tema de su conferencia. Y no pudo ocultar su sorpresa ante la carcajada del negro y su contestación: “Desde luego que están locos; se suicidan, se matan unos a otros y se drogan”. No se puede evocar con mayor precisión el trío de fenómenos de neurosis colectiva: depresión, agresividad, uso de drogas. Frankl lo cuenta en un reciente articulo de la revista Studi Cattolici (1).
El taxista no dudó ni por un momento. Esas eran manifestaciones de locura y le parecía una actitud algo sofisticada discutir sobre un tema tan evidente. En una investigación sobre 60 intentos de suicidio en la Idaho State University se comprobó que el 85% daban como razón de su acto: “Life means nothing to me”. La vida no tiene sentido para mí. El 93% de los que contestaban así gozaban de buena salud, tenían una situación socioeconómica desahogada, satisfactorios expedientes académicos y no sufrían conflictos familiares. En un estudio realizado entre los estudiantes vieneses, Alois Habinger encontró que la proporción de los que sufrían frustración existencial había pasado en dos años del 30 al 80%... ¿Por qué aumentan las manifestaciones de neurosis?

Sensación de inutilidad

Viktor Frankl piensa que la frustración existencial es hoy más importante que la sexual. Al comenzar una conferencia en la Universidad de Oslo señaló: “Señoras y señores, vengo de Viena, la ciudad de Sigmund Freud, pero no vengo de los tiempos de Sigmund Freud”. Frankl considera que hoy los neurólogos deben preocuparse sobre todo de las frustraciones existenciales. “Alfred Adler, en su tiempo, puso el centro de sus investigaciones en el complejo de inferioridad; ahora, por el contrario, es necesario subrayar la sensación de inutilidad”. Un complejo que se manifiesta en la carta que le escribió un estudiante norteamericano: “Tengo 22 años, soy licenciado, tengo un automóvil de lujo, no dependo económicamente de nadie y gozo de más prestigio y satisfacciones sexuales de las que necesito. No obstante, ¿qué sentido tiene todo esto?”. Diane Young, de la Universidad de California, ha señalado en una investigación reciente el predominio de la sensación de inutilidad en los jóvenes. Los resultados divergen notablemente respecto a los encontrados en personas de mediana edad o en los ancianos.

Sin embargo, hablar hoy del sentido de la vida es un tema tabú. La novela de Nicolás Mosley Natalie, Natalie, aparecida el pasado año en los Estados Unidos, tiene un párrafo significativo: “Existe hoy una materia tan tabú como la sexualidad lo fue en otro tiempo. Hoy nadie se atreve a hablar de la vida concediéndole algún sentido”. Para Frankl esto va unido al desarrollo de las teorías conductistas y psicoanalíticas. Un psicoanalista ha publicado su conversación con una enferma incurable de cáncer. Ella no se resignaba a la idea de que su vida no sirviera ya para nada y sólo pudiera esperar en su lecho la muerte. El psicoanalista le comentó: “Usted se equivoca si piensa que antes su vida tenía sentido y ahora no. Su vida nunca lo ha tenido. Mucha gente, los filósofos, los teólogos, se esfuerzan por demostrar lo contrario. Pero la vida no tiene ningún sentido. No lo ha tenido nunca. No compensa lamentarse No hay absolutamente ninguna diferencia entre su vida de antes y la de hoy”.

Una tensión necesaria

Cuando a una persona se le enseña que la vida nunca ha tenido sentido, en el fondo demuestra ser coherente si se suicida. “Si se le hace creer al hombre —dice Frankl— que no actúa con libertad, sino como consecuencia de condicionamientos internos y externos, que es una marioneta que se mueve cuando tiran de ella, en este caso no tiene ninguna responsabilidad y tiene toda la razón para hacer lo que quiera. Y puede ser entonces hasta un criminal. Y si, además, se le engaña diciéndole que el hombre vive sólo para satisfacer sus propios deseos y para encontrar así la paz interior, ¿qué puede impedirle buscar una paz inmediata, ahora y aquí?”.

Viktor Frankl ha difundido en Europa y América la práctica médica de la “logoterapia”, que se basa en el convencimiento de que la mayor parte de las neurosis tienen sus raíces en la pérdida del sentido de la vida. Este es el aspecto que diferencia al hombre de los demás animales. Ningún animal se interroga por el significado de su existencia: sabe por instinto qué cosas debe hacer. Sólo el hombre puede llegar a dudar hasta de que su vida tenga sentido. “No se llega a comprender las miserias de nuestra época si se parte de un modelo motivacional teórico que se basa en experimentos realizados con topos. Ningún topo se pregunta si su vida tiene sentido... Y mucho menos una de las ocas pardas de Konrad Lorenz”.

Según este modelo motivacional, al hombre le basta satisfacer sus deseos y sus estímulos para liberarse de la tensión y llegar a un equilibrio interior. Para Frankl esta no es una verdadera actitud humana, sino una visión reductiva que fomenta la neurosis en vez de curarla. “El ser humano se trasciende siempre a sí mismo hacia algo distinto de sí, hacía algo o alguien a quien ser útil o a quien amar”. Un cierto desfase entre lo que se es y lo que se desea ser enriquece la personalidad.

El sentido del sufrimiento

En el artículo de la revista Studi Cattolici, Frankl habla del valor del sacrificio para transformar en actitudes profundamente humanas algunas situaciones que no encuentran salida cuando se busca ante todo la satisfacción personal.

“Ha sido para mí una amarga experiencia —escribía un colaborador del psicólogo vienés— no haber podido usar nada de cuanto había aprendido en siete largos años de estudio de la psicología para aliviar a mi madre que se estaba muriendo. Me ha servido, por el contrario, lo que aprendí durante mi especialización en logoterapia sobre el significado del sufrimiento y sobre la riqueza escondida en el pasado”. Von Eckartsberg, de la Universidad de Harvard, ha examinado la situación de cien profesionales que se habían diplomado en Harvard veinte años antes. La mayoría tenían carreras brillantes: abogados, jueces, industriales, cirujanos, psicoanalistas. Pero muchos de ellos no sabían todavía qué sentido tenía todo aquello veinte años después y algunos vivían desesperados.

A ellos les podría contar Frankl su experiencia, como judío enviado por el régimen nazi a los campos de exterminio. Su vida en Auschwitz y Dachau, que ha narrado en el libro Un psicólogo en el Lager (2), le obligó a descubrir que quienes tenían más posibilidades de supervivencia eran los que deseaban vivir para desarrollar en el futuro la tarea que habían elegido. Buscar el modo de satisfacer los deseos para liberarse de la tensión y llegar al equilibrio interior, resultaba allí una tarea perfectamente inútil.

Ahora bien, cuando habla del sentido de la vida, dice que debe ser encontrado, no que se pueda inventar. No es una tapadera que justifique a cualquier precio cualquier actitud. Siguiendo a Max Wertheimer y a Kurt Lewin, fundadores de la moderna teoría de la forma, Frankl atribuye al significado una cualidad objetiva. Por eso hay que encontrarlo cada uno por si mismo y no se puede dar arbitrariamente. “El significado es una forma objetiva sobre el fondo de la realidad, una posibilidad que se atisba y una necesidad”. Una posibilidad única e irrepetible que permanece después de cada actuación.

Necesitamos la conciencia

“Lo que ya ha sucedido no puede ser anulado. Nadie nos podrá robar lo que hemos visto, sufrido, soportado legalmente. No se puede anular nada de lo que hemos hecho. Todo permanece único e irrepetible: la situación y el significado intrínseco y latente en la situación misma. Del mismo modo, única e irrepetible es la persona que se encuentra frente al significado de esta situación. El significado es siempre ad personam y ad situationem”.

Esta unicidad e irrepetibilidad comportan que cada vida tiene su propio sentido. Los significados universales, que se podrían definir como valores, sí pueden ser transferidos, pero el significado irrepetible debe ser comprendido por cada hombre singular. Y aquí hace Frankl una llamada a la conciencia personal que es para él el órgano que procura este significado. En este tiempo en el que desaparecen las tradiciones, la educación debe ser, con mayor motivo, educación de la conciencia personal para no verse obligado a hacer lo que otros quieren (totalitarismo) o querer lo que otros hacen (conformismo). “Verdaderamente —concluye Frankl— necesitamos la conciencia para permitir al hombre de hoy encontrar también mañana el significado de las situaciones, a pesar de la desaparición de las tradiciones y de los valores transmitidos con ellas”.

Rafael Guijarro (ACEPRENSA)
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(1) Viktor E. FRANKL, “Nevrosi & senso della vita” en Studi Cattolici 178 (XII-75) pp. 737-747.
(2) Viktor E. FRANKL, Uno psicologo nei Lager, Ed. Ares, (Milano).

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Contacto: webmaster@arvo.net
Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

04/08/2005 ir arriba
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