El corazón de la Iglesia
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El aporte de la
trilogía poética "Splendor"
AL TRABAJO DEL
ARTISTA
Y A LA PROYECCIÓN
SOCIAL
DE SU CREACIÓN
ARTÍSTICA

Helena Ospina
helenaospina@hotmail.com
Catedrática,
Facultad de
Letras
Universidad de
Costa Rica
Directora,
PROMESA
edicionespromesa@hotmail.com
Proyecto
Cultural de
Interrelación de
las Artes
XIII Congreso
Internacional
de Lingüística y
Filología de
América Latina (ALFAL)
Escuela de
Filología,
Lingüística y
Literatura
Instituto de
Investigaciones
Lingüísticas
Vicerrectoría de
Investigación
Universidad de
Costa Rica
18/23-II-2002
Abstract
En mi trilogía
estética sobre
el esplendor de
la belleza(1)
basada en tres
poemarios
escritos de 1990
a 1995 (Splendor
formae, Splendor
Personae,
Splendor gloriae)
se aborda el
tema del
compromiso del
poeta en tres
ámbitos: un
compromiso con
la lengua para
explorar todos
los resortes
expresivos de la
misma (Splendor
formae); un
compromiso
consigo mismo y
transformación
de sí mismo a
raíz del trabajo
poético (Splendor
Personae); y un
compromiso
social con el
entorno cultural
que debe
transformar y
elevar (Splendor
gloriae).
Splendor formae
–Hacia un
concepto de
poesía–(2) hace
la propuesta de
un Ars poética;
explícita el
acto creador
como Poiein
(construcción);
y explora la
génesis del acto
creador como
diálogo del
artista con el
Creador: El
Verbo y el alma.
Splendor
Personae
–Poética de una
vigilia–(3)
invita a los
artistas a
trabajar y
dejarse
transformar, al
convertir su
obra en morada
del amor.
Splendor gloriae
–Estética de una
belleza
esponsalicia–(4)
plantea la
poesía como
recreación
lúdica al
contacto con la
fuente de la
belleza.
_____________________________
Introducción
1. Experiencias
innovadoras
Propuestas que
generen cambios
Una primera
etapa: El
esplendor de la
forma
Una segunda
etapa: El
resplandor de la
persona
Una tercera
etapa: El
esplendor y la
gloria de la
creación
Conclusiones
Introducción
La invitación al
XIII Congreso
Internacional de
Lingüística y
Filología de
América Latina (ALFAL)
se presenta como
un convivium de
investigadores
involucrados en
las producciones
culturales de
América Latina.
Entre sus
objetivos
específicos
señala dos que
me llamaron la
atención y a los
cuales hará
referencia mi
ponencia:
“conocer
experiencias
innovadoras y
sus aportes
dentro del
contexto social
de cada país” y
“presentar
propuestas que
generen cambios
en las
concepciones
teóricas”.
1.
Experiencias
innovadoras
Es mi deseo
compartir con
ustedes una
experiencia
innovadora en el
campo de la
poesía y su
aporte social,
no sólo al país
sino también al
ámbito
hispanoamericano(5),
norteamericano(6)
y europeo(7).
Desde 1982
dirijo un
proyecto
cultural llamado
PROMESA(8) de
Interrelación de
las Artes. Para
la celebración
de su XX
aniversario
presentaremos,
durante la
clausura del
Congreso, un
espectáculo
representativo
de este esfuerzo
de la
imbricación de
la poesía con la
música y la
danza. Está
basado en el
poemario del
poeta de La
Antigua
Guatemala,
Gustavo González
Villanueva,
Canciones del
amor bien
pagado(9). La
fortaleza de
este proyecto
está en la
poesía. En la
poesía radica el
núcleo germinal
de su
expresividad
artística. En
las imágenes,
metáforas,
símbolos y
alegorías(10),
los artistas
encuentran la
fuente para su
creatividad en
la música y en
la danza. Con un
pequeño equipo
nuclear de
artistas
jóvenes,
talentosos, que
aman su
oficio(11), y la
guía veterana de
artistas ya
consagrados(12)
se van creando
espectáculos que
surgen de la
poesía. El
vínculo de la
poesía con las
artes es de
“interrelación”;
no de
yuxtaposición(13).
Es sustancial;
no
accidental(14).
Los artistas
trabajan el
poemario a una
–en equipo
colegiado–, y de
las imágenes
poéticas van
surgiendo las
inspiraciones
para la música y
la danza. Es un
trabajo de criba
donde los
artistas gozan
de una gran
libertad, pues
cuando el poema
se da al público
–como solía
decir Paul
Valéry– el poema
deja de
pertenecer al
autor y pasa a
ser patrimonio
de la humanidad.
Y cuando una
forma poética es
hermosa –y goza
de esa unidad
insoslayable que
quería Valéry
entre la
musicalidad
sonora y el
sentido–, la
creatividad
fluye porque la
belleza genera
siempre belleza,
invita a nuevas
creaciones y
recreaciones de
la belleza.
Propuestas
que generan
cambios
El segundo de
los objetivos
específicos del
Congreso se
refiere a la
presentación de
“propuestas que
generen cambios
en las
concepciones
teóricas”.
Presentaré para
ello mi trilogía
estética sobre
el esplendor de
la belleza.
Hablaré desde el
punto de vista
del artista que
incursiona en su
propia obra y
trata de
explicarse a sí
mismo y a los
demás, el porqué
de ciertas luces
medulares
–implícitas en
sus poemarios–
que constituyen
una ruptura con
algunas
concepciones que
el artista tiene
sobre su trabajo
y sobre la
proyección
social de su
creación
artística.
Refiriéndose a
mis poemarios,
el Dr. Jorge
Chen afirmó que
estamos en
presencia de
“meta-poemas”
que constituyen
una verdadera
indagación
estética. Me
animaré pues a
aclararme y
explicar en qué
consisten esas
aportaciones.
Explicaré la
génesis de esta
trilogía y lo
haré por etapas,
las etapas que
la vieron nacer
y que fueron
marcando un
ascenso en la
elevación de
miras de ciertas
concepciones
teóricas.
Una primera
etapa: El
esplendor de la
forma
Mi trilogía
nació poco a
poco. Nunca
pretendió
constituir una
propuesta.
Resultó serla a
los ojos de los
críticos,
obligándome a
reflexionar
sobre ella.
Comenzaré
hablando de la
visión que la
alimentó desde
la infancia, y
señalaré luego
la pincelada
teórica y
práctica que se
puede deducir de
ella, pincelada
que poco a poco
fui sustentando
y
explicitando(15)
con la finalidad
de luchar por
seguir siendo
fiel, a lo largo
de mi vida, a
una visión e
intuición de la
belleza,
presentes desde
la infancia.
Comenzaré por
afirmar lo
siguiente: todo
artista tiene
una visión del
arte y de su
expresividad. La
mía nació en el
entorno
familiar, en
Cali, Colombia,
gracias a unos
padres que
dieron lo mejor
de sí para la
educación de sus
cinco hijos. Mi
padre(16),
ingeniero civil,
sólo concebía
una sola
vocación para
sus hijos
varones: la de
ser ingenieros:
mi hermano
mayor, Eduardo
Antonio, se hizo
ingeniero
químico(17). Mi
madre(18), más
flexible,
habiendo
estudiado en
Inglaterra(19) y
Francia(20),
contemplaba la
vocación a las
artes como una
posibilidad
abierta también
a sus hijos
varones. Gracias
a su influjo, mi
hermano
Sebastián
estudió teatro
con Lee
Strasberg en
Nueva York; y mi
hermano menor
Luis, cine, en
la Universidad
de
California(21).
A las mujeres
–María del Pilar
y Helena– nos
correspondió, en
el reparto de
las vocaciones,
la de la música
y el ballet.
Un hecho
histórico
influyó
decisivamente en
esta visión
sobre el arte y
la belleza.
Grandes maestros
europeos
escogieron la
ciudad de Cali
para su exilio
después de la
segunda guerra
mundial. Mi
madre entró en
contacto con
ellos,
brindándoles
nuestra casa
para que
pudieran
continuar
ejerciendo sus
talentos y
ganarse la vida.
Se iniciaron las
clases de ballet
en el jardín de
atrás de la casa
con el profesor
ruso Wladimir
Woronzoff quien
decía haber
bailado con Anna
Pavlova. Su
imagen la tengo
grabada y la he
encontrado
inmortalizada en
el lienzo de
Degas, con su
palo de madera
marcando el
ritmo en el
suelo, palo que
también
utilizaba para
golpear a la
bailarina cuando
una posición de
ballet no estaba
del todo exacta
y limpia.
También se
iniciaron las
clases de música
y de piano con
el profesor
belga León Simar
(Prix de Rome) y
su esposa
Andrea. Con las
amistades de mi
madre se
llenaron las
clases de
alumnos.
¿Por qué es
importante este
detalle de la
infancia?
Volvamos a la
afirmación
inicial: toda
persona tiene
una visión del
arte, y esa
visión –en la
mayoría de los
casos– se fragua
en la infancia,
en el entorno
familiar y
cultural que
vive, el cual
define para la
persona unas
coordenadas bien
precisas que
marcarán
indeleblemente
su estilo.
¿Cómo
calificaría yo
ese entorno
familiar
cultural,
responsable de
la visión que
sustento del
arte y de su
cultivo? Era un
ambiente de
hogar, de
disciplina, de
exigencia, de
corrección en
los modales, de
aprender a
alternar
responsabilidades
de familia, de
trabajo, de
estudio, de
convivencia con
los alumnos que
llegaban a
recibir clases a
casa. Era un
ambiente de
respeto, de
aprender a vivir
la generosidad,
porque nuestra
casa se
convertía, en
las tardes, en
un "pasadiso"
para que otros
entraran y
salieran a
recibir sus
clases. El
tiempo era
aprovechado al
máximo.
El Prof. Simar
era un experto
en Historia del
Arte. La
apreciación de
lo bello en las
diferentes
civilizaciones
empezó a formar
parte de ese
aprendizaje con
la proyección de
diapositivas. Mi
padre nos había
suscrito a una
colección de
Historia del
Arte del
Metropolitan
Museum de Nueva
York que llegaba
por correo y por
entregas en
desplegables de
láminas a
colores; se
trataba de
reproducciones
de pinturas
famosas que
luego había que
ubicar en las
revistas por
autores,
escuelas y
estilos. Era una
motivación
hermosa para
aprender y
educar la retina
en la
apreciación de
lo bello.
¿Qué pincelada
teórica y
práctica puedo
deducir de esa
primera
infancia?
Teórica: la de
la belleza, la
de su primacía,
la de su
cultivo. Belleza
como armonía,
orden,
elegancia,
cultivo del
espíritu,
finura,
sensibilidad
exquisita del
alma. Práctica:
la de un
ambiente
acogedor,
familiar, de
exigencia, de
sacarle jugo al
tiempo, porque
el talento se
trabaja, se
cultiva en
horarios,
disciplinas que
se aprenden a
conjugar con
otras
ocupaciones.
Toda esta
exigencia vivida
en la danza y en
el piano se
encuentra
plasmada en los
poemas de mi
Cantata a las
artes(22).
Una cosa me
quedó clara de
niña: el
artista, en su
proceso de
formación, sigue
teniendo
obligaciones de
familia y de
estudio. El
talento no es un
“privilegio” que
te exima de tus
deberes; el
talento es un
don, como tal se
recibe, se
reconoce, se
trabaja, pero
sin descuidar lo
demás. Las
obligaciones
familiares
incluían los
pequeños
encargos de
enderezar un
cuadro torcido,
limpiar una
pared manchada,
arreglar un
gancho para que
la cortina
colgara recta…
Estos detalles
tan
insignificantes
enseñaban al
niño que hay dos
maneras de “ser”
y de “estar” en
el mundo: “recto
o torcido”,
“limpio o
sucio”, “bien
colocado o a
medias”; y si
pasamos estas
categorías a los
planos del
“hacer”
artístico, vemos
la repercusión
que tienen en la
perspectiva, en
la armonía, en
la nitidez y
limpieza de una
acuarela o de
una posición de
ballet. Las
obligaciones de
estudio incluían
la simultaneidad
de exámenes
finales del
colegio con los
recitales de
piano y las
presentaciones
de ballet en el
teatro; todo
tenía que salir,
salir bien, con
el mismo tenor
de calidad.
Había que
aprender a
esforzarse por
llegar a todo y
hacerlo bien.
Podría resumir,
en una sola
palabra, esa
experiencia
artística de la
infancia: ¡arte
cabal de
personas
cabales! (23)
Vislumbraba,
desde entonces,
la relación que
luego captaría y
explicitaría
entre arte y
persona(24),
entre el cultivo
de las virtudes
y su reflejo en
las obras de la
persona.
Podría afirmar
que en este
período de mi
vida se incubó
el poemario
Splendor formae.
El esplendor de
la forma… La
forma bella… La
forma bien
hecha, nítida,
sobria, pulida.
Luego vendrían
los años de
estudios
universitarios
–de Humanidades
en Bruselas(25),
de Arte en
Grecia,
Creta(26) y
Roma(27), y los
de Literatura
Francesa en
Georgetown
University con
el seminario
doctoral del
Profesor Jean
Bucher(28) sobre
Paul Valéry– que
darían contenido
(con su poesía y
sus estudios
sobre Leonardo
da Vinci,
diálogos sobre
la arquitectura
y la danza, y
ensayos sobre
poesía en
Variété) a esta
primera visión e
intuición de la
belleza.
En resumen, en
la infancia
encontré el
rumbo que luego
me haría
descubrir la
perennidad de la
forma clásica en
la expresividad
artística, y
cómo ésta estaba
íntimamente
entrelazada con
la exigencia
personal. No
podía haber un
arte cabal –con
la perfección
formal que
requiere– si no
había detrás una
persona cabal
que se exigiera
a sí misma en la
configuración de
esa forma
plástica. Años
más tarde
encontré en los
tratados de
estética del
filósofo español
Alfonso López
Quintás,
especialmente en
su obra La
formación por el
arte y la
literatura(29),
la confirmación
de esa intuición
de la infancia.
Para López
Quintás la
virtud es la
“fuerza” –virtus–
que nos permite
cumplir las
exigencias de la
creatividad(30).
Podría afirmar
que esta
propuesta –de la
relación entre
arte y persona–
sigue generando
cambios en
concepciones
teóricas, en una
época donde no
se da la
importancia
debida a la
formación de la
personalidad del
artista, para
que pueda rendir
“obras cabales”,
bien hechas,
fruto de
personalidades
recias,
enterizas y
trabajadoras.
2.2 Una
segunda etapa:
El resplandor de
la Persona
La juventud es
la etapa de los
ideales, de los
grandes amores,
los que
configuran el
arte y la
persona. El amor
puede llegar a
convertirse en
morada de la
poesía.
El poemario
Splendor
Personae, aunque
se escribe en el
otoño de mi
vida, hunde sus
raíces en las
pasiones
dominantes de mi
juventud, donde
la poesía es
efluvio del
verbo humano y
divino. Todo el
poemario está
bañado en esta
catarata. Una de
sus secciones
–Dardo divino–
plasma el vuelo
del amor en
saetas de fuego.
El poeta vive en
la criba
continua del
dolor y del
amor. El precio
de su lucidez es
el dolor. Pero
el dolor es
fuente de amor e
impulso fecundo
de creatividad.
En María Antonia
Labrada vine a
encontrar, años
más tarde, en su
obra Sobre la
razón
poética(31),
esta hermosa
afirmación: “La
poesía sufre el
martirio del
conocimiento,
padece por la
lucidez, por la
videncia.” (32)
Todo el poemario
de Splendor
Personae está
inmerso en esta
lucidez
acuciante que
lleva como “stigmata”.
Esta lucidez es
la que explica
el subtítulo del
poemario Poética
de una vigilia,
vigilia del
poeta que ve,
que sufre, que
ama, que plasma,
que busca
dejarse fundir
en el Amor por
el Amor, para
poder llegar a
decir que ya no
es él quien
resplandece a
través de su
poesía, sino
Aquél a quien
ama.
¿Qué pincelada
teórica y
práctica aporta
este poemario?
La de la madurez
de vida que
exige el arte
para poder
penetrar en el
misterio del
hombre, para
poder
convertirse en
resplandor de la
Persona que ama.
¿Qué
contribución
hace este
poemario? El
hacer ver la
futilidad del
“arte por el
arte”. La poesía
tiene que ser
poesía “con
hombre dentro”,
como afirmaba el
poeta y crítico
chileno José
Miguel Ibañez
Langlois(33). El
arte que no
lleva savia es
“mueca muda,
vacía”,
“malabarismo
formal”, y en
eso queda… Allí
yace su
sepultura; no
“renace
indefinidamente
de sus cenizas”
como quería
Valéry. No
traspasa el
corazón, no se
yergue como
conciencia
lúcida para
arropar al
hombre en su
indigencia; no
le aporta una
razón de
esperanza, de
lucha.
El arte vive de
la sinceridad.
El elogio que
más agradezco al
crítico
literario Carlos
Porras del
diario Tiempos
del Mundo(34),
cuando dedicó
una página
entera a PROMESA
en su XX
aniversario, fue
señalar que mi
poesía lleva el
sello de la
sinceridad –sin
“cera”, sin
cuento, sin
rodeos–; breve,
sobria, pulida:
“Esta cualidad
(la sinceridad)
sería la más
destacable del
libro. Divina
herida es un
poemario que se
siente sincero
de principio a
fin. Ya se trate
de poesía
mística,
romántica,
erótica o de
contenido
social, si hay
algo que el
lector de poesía
no soporta es la
sensación de
estar siendo
engañado. Es
algo extraño y,
en buena medida,
hasta
inexplicable,
pero en la
poesía es
palpable cuando
nos hablan con
franqueza y
cuando nos
engañan. Como
decía Alejo
Capentier, ‘no
se puede alabar
el sadismo sin
practicarlo y
sólo puede
hablar de
milagros el que
ha visto uno’”.
2.3 Una
tercera etapa:
El esplendor y
la gloria de la
creación
Este poemario –Splendor
gloriae– surge
de un solo tirón
bajo el impacto
de la lectura de
López Quintás.
El arte asciende
a un nivel de
compromiso, de
compromiso con
el pulchrum(35).
Splendor gloriae
plasma la
Estética de una
belleza
esponsalicia. El
arte abandona el
coto cerrado;
deja de agotarse
en sí mismo. Se
abre a la
trascendencia.
Busca los
esponsales con
el Ser de la
Belleza y
quiere, en
agradecimiento,
vivir toda su
creación como un
canto de
alabanza a Quién
le dio el don de
la visión y el
talento de la
creación
artística.
¿Qué pincelada
teórica y
práctica aporta
este poemario?
¿En qué sentido
genera cambios
en las
concepciones
teóricas? En
María Antonia
Labrada
encuentro la
respuesta: “Del
malestar de la
cultura sólo
puede hacerse
cargo una
conciencia
profundamente
desasida de sí
–en términos de
capacidad o
poder– y por
ello
radicalmente
ética. De hecho
este malestar
real de la
cultura se está
convirtiendo en
un factor de
crecimiento
cultural de
primer orden, en
la medida en que
está desplazando
al imperio de la
razón
tecnológica y
permitiendo el
progresivo
avance de la
razón poética en
todos los campos
de la vida
cultural” (36).
La razón
tecnológica tocó
fondo en el
siglo XX,
mostrando su
incapacidad
radical para
hacer feliz al
hombre. Sólo
queda la razón
poética. Labrada
concluye: “El
hombre tiene
como misión
destacar el
esplendor y la
gloria de la
creación. Esta
mirada sobre el
mundo es
fecunda,
creativa, porque
el
descubrimiento
de posibilidades
en la
naturaleza, que
sólo pueden ser
actualizadas
mediante el
concurso libre
del hombre,
mueve a su
realización. La
contemplación de
la realidad bajo
razón de belleza
es fecunda”
(37).
Conclusiones
Una trilogía
poética sobre el
esplendor de la
belleza… Vista
en perspectiva,
podría decir que
resume el andar
del hombre, del
poeta que poco a
poco, con la
ayuda de otros y
de la gracia
–todo estado
poético es, en
definitiva, un
estado de gracia
como diría
Valéry– va
aprendiendo a
elevar la mira
de su oficio,
para acometerlo
como tarea, como
proyecto vital,
aprendiendo a
ver su talento
como don,
esforzándose por
corresponder a
él. En este
trayecto
descubre el
sentido de su
misión y de su
vocación: el don
es recibido. El
poeta no se lo
da a sí mismo.
Descubre un buen
día que lo
tenía(38). Tiene
un origen y una
finalidad
“porque la
poesía es de
Dios, y es
lengua de Dios”
como afirma el
académico
colombiano de la
lengua David
Mejía
Velilla(39) . Y
en este trovar
en el amar
descubre la
razón de ser de
su poiein. En
esta tarea no
está solo. Puede
unirse a otros,
compartir sus
afanes y
desvelos, sus
vigilias por
descubrir el
rostro de la
belleza. Capta
la íntima
relación que
pueden tener las
artes entre sí.
Convoca a través
de su verbo a la
belleza,
buscando nuevas
expresiones de
la misma. Cuando
el arte se ve en
esta
perspectiva, la
forma bella
eleva a la
persona y a la
cultura, se
transforma en
resplandor del
Ser de la
belleza, y busca
a quienes
contagiar para
seguir
destacando
nuevos visos al
esplendor y
gloria de la
creación. La
formación para
esta visión se
gesta desde
temprana edad.
La
responsabilidad
de quienes deben
ayudar a dar los
primeros pasos
en este andar es
inmensa; habrán
de dar cuenta de
tantos “Mozart
asesinados”
–como decía
Saint-Exupéry en
Tierra de
hombres– que no
llegaron a
desarrollar la
plenitud de su
vocación y ser
felices, porque
no tuvieron
maestros que les
exigieran y
mecenas que les
impulsaran.
Helena Ospina
(40)
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con la
participación de
Carlos Meléndez
Chaverri y
Víctor
Valembois.
OSPINA, Helena.
La imagen
poética teatral.
Conferencia en
el Instituto
Femenino de
Estudios
Superiores,
Universidad del
Istmo, Guatemala
de la Asunción.
En Videoteca
Cultural de
PROMESA, 1998.
OSPINA, Helena.
Persona y
cultura. En
Actas del V
Congreso de
Cultura Europea,
Pamplona: Centro
de Estudios
Europeos, 1998.
OSPINA, Helena.
Preface in JOHN
PAUL II, Letter
to artists. San
José: PROMESA,
2001.
OSPINA, Helena.
Propuestas
estéticas para
el desarrollo
integral de la
cultura. En
Actas del V
Congreso de
Cultura Europea,
Pamplona: Centro
de Estudios
Europeos, 1998.
OSPINA, Helena.
Splendor formae:
Hacia un
concepto de
poesía. San
José: PROMESA,
1995.
OSPINA, Helena.
Splendor
gloriae:
Estética de una
belleza
esponsalicia.
San José:
PROMESA, 1998.
OSPINA, Helena.
Splendor
Personae:
Poética de una
Vigilia. San
José: PROMESA,
1997.
PORRAS, Carlos.
“Un canto de
alabanza
construido de
pequeñas
imágenes” en el
poemario Divina
herida de Helena
Ospina. Diario
Tiempos del
Mundo, Sección
Arte & Cultura,
14 de febrero
del 2002, pág.
A10.
PROMESA.
Proyecto
Cultural de
Interrelación de
las Artes. En
Videoteca
Cultural de
PROMESA, 2000.
RUIZ RETEGUI,
Antonio.
Pulchrum,
Reflexiones
sobre la Belleza
desde la
Antropología
cristiana,
Madrid: Rialp,
1998.
URBINA, Pedro
Antonio.
Incesante
clamor. San
José: PROMESA,
2002.
_________________________
Notas:
1 Esta trilogía
fue dada a
conocer en 1997
en el VII
Congreso de
Filología,
Lingüística y
Literatura de la
Universidad de
Costa Rica, en
un espacio que
se destinó al
estudio de la
estética
ospiniana.
Posteriormente,
en 1998 fue
analizada desde
el punto de
vista literario
en un Encuentro
Cultural en la
Universidad de
Costa Rica
llevado a cabo
por iniciativa
del entonces
Director del
Departamento de
Lengua y
Literatura de la
Escuela de
Lengua,
Lingüística y
Literatura, con
los ponentes Dr.
Jorge Chen Sham,
Dr. Víctor
Valembois y M.
L. Peggy Von
Mayer. En el
2000, la
estética
implícita en
esta trilogía
fue analizada
por la filósofa
Dra. Cecilia
Echeverría en el
VI Congreso de
Cultura Europea.
2 Helena OSPINA.
Splendor formae:
Hacia un
concepto de
poesía (Ars
poetica-Poiein-El
Verbo y el
alma). San José:
PROMESA, 1995.
3 Helena OSPINA.
Splendor
Personae:
Poética de una
vigilia (Poesía,
oh Espíritu
divino-Un trovar
en el
amar-Breviario
de la
Purísima-Dardo
divino). San
José: PROMESA,
1997.
4 Helena OSPINA.
Splendor
gloriae:
Estética de una
belleza
esponsalicia.
San José:
PROMESA, 1998.
5 En el ámbito
hispanoamericano:
desde 1991 en
Guatemala y
Costa Rica con
la apertura de
la Colección de
Poesía. Esta
Colección cuenta
con 44 títulos y
6 voces
hispanoamericanas:
el poeta de la
Antigua
Guatemala
(Gustavo
González
Villanueva), la
poetisa
cubano-guatemalteca
(María Rosa
Noda), la
poetisa
colombiano-costarricense
(Helena Ospina),
los poetas
costarricenses
(Antonio
Yglesias y
Victoria Garrón
de Doryan), el
poeta
español-mexicano-guatemalteco
(Javier
Suárez-Guanes),
el poeta español
(Pedro Antonio
Urbina). Y de
próxima
publicación: la
antología
poética de los
académicos de la
lengua
colombiana: el
P. Eduardo
Ospina, S. J. y
David Mejía
Velilla. Algunos
de estos
poemarios han
sido
galardonados con
premios
nacionales e
internacionales:
H. Ospina,
Cantata a las
Artes
(finalista,
Premio Literario
Joaquín
Gutiérrez
Mangel, XX
Aniversario de
la Facultad de
Letras,
Universidad de
Costa Rica
1995); H.
Ospina, Divina
herida
(finalista,
Premio Mundial
de Poesía
Mística Fernando
Rielo, Madrid
1998); H.
Ospina,
Eva-María: drama
del genio
femenino
(representa a
América Latina
en el Jubileo
del Mundo del
Espectáculo,
Roma 2000).
6 En el ámbito
norteamericano:
en 1998 en
California,
mediante la
presentación de
la ponencia del
Dr. Jorge Chen
Sham: “Las dos
columnas del
templo de
Salomón”. En el
2001 mediante la
investigación
del Dr. Luis A.
Jiménez:
“Andadura de
vida de Helena
Ospina:
Reclamando la
autoría en la
poesía
autobiográfica”
del Modern
Language
Department del
Florida Southern
College,
Profesor
Visitante de la
Facultad de
Letras de la
Universidad de
Costa Rica.
7Desde 1996 en
el ámbito
europeo,
mediante
comunicaciones y
work shops
(talleres) en
los Congresos de
Cultura Europea,
organizados por
el Centro de
Estudios
Europeos de la
Universidad de
Navarra (1996,
1998, 2000);
ponencias y
espectáculos
presentados en
el 7th
International
Interdisciplinary
Congress on
Women en Noruega
(1998); en los
Simposios
Internacionales
de Filosofía y
Teoría de la
Cultura en San
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Enviado por Promesa - Arvo Net - 28/06/2005 |
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