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SECCIÓN «PROMESA» (Helena Ospina)

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EROS & AGAPÉ

EROS & AGAPÉ



Eros
& agapé ¡unidos! ¡Vertebrados! ¡En ascenso y descenso! Nítidamente explorados en la genial contribución de Benedicto XVI –en su primera encíclica Deus caritas est– a la realidad del amor humano.

Por Helena Ospina de Fonseca
Catedrática UCR

 

            Eros & agapé ¡unidos! ¡Vertebrados! ¡En ascenso y descenso! Nítidamente explorados en la genial contribución de Benedicto XVI –en su primera encíclica Deus caritas est– a la realidad del amor humano. Desmiente a Nietzsche. El eros no ha sido envenenado ni convertido en pócima amarga por el cristianismo. Más bien lo ha sanado y lo ha unido entrañablemente al agapé.

            El discurso de Benedicto es sencillo. Lo construye palmo a palmo. Afirma lo siguiente: existe una falsa divinización del eros que lo priva de su dignidad y lo deshumaniza. El eros ebrio no es elevación ni éxtasis hacia lo divino; es más bien caída y degradación del hombre.  El eros necesita purificarse para dar al hombre, no el placer de un instante, sino la pregustación de la felicidad a la que tiende toda criatura humana (Deus… 4))

            Establece diáfanamente la relación entre el amor y lo divino. El amor promete infinitud, eternidad, una realidad más grande, completamente distinta de nuestra existencia cotidiana. Para alcanzar esa meta, el amor no puede dejarse dominar por el instinto. Hace falta purificarlo. Madurar en el eros conlleva entrega,  sacrifico, renuncia. Esto no es reprimir, rechazar el eros ni envenenarlo. Es sanarlo para que alcance su verdadera grandeza (Deus… 5).

            La constitución del ser humano –cuerpo y alma– da la clave. El hombre es realmente él mismo cuando cuerpo y alma forman una unidad íntima. Ni la carne ni el espíritu aman. Es el hombre, la persona, la que ama como criatura unitaria, con su cuerpo y con su alma. Sólo cuando ambos se funden verdaderamente en una unidad, puede el hombre ser plenamente él mismo. Sólo así el eros puede madurar y llegar a su verdadera grandeza (Deus… 5).

            El eros degradado a puro “sexo” convierte al hombre en objeto, en mercancía que se compra y se vende. El cuerpo humano se degrada.  Deja de ser expresión viva de la totalidad de nuestro ser. Es relegado a lo puramente biológico. El hombre es uno, en cuerpo y alma. Espíritu y materia se compenetran recíprocamente y adquieren ambos así una nueva nobleza (Deus… 5).

El verdadero eros busca remontarse al éxtasis, hacia lo divino. Lleva inherentemente la exigencia de ascesis y de purificación. El cantar de los cantares es la más hermosa muestra de esta recuperación del eros: una experiencia de amor que lleva al descubrimiento del otro y a la preocupación por el otro. Ya no se busca a sí mismo sino que ansía el bien del amado. Se convierte en renuncia. En “ser para” el otro. Está dispuesto al sacrificio; es más, lo busca (Deus… 5).

Forma parte de la dinámica del amor aspirar a lo definitivo. Implica exclusividad: sólo esta persona y “para siempre”. Engloba la existencia entera de la persona y en todas sus dimensiones, incluido también el tiempo. Tiende a la eternidad. Es “éxtasis”, no de arrebatos momentáneos, sino camino permanente de búsqueda de su plenitud. Implica salir del “yo” cerrado en sí mismo. Lleva a la liberación en la entrega de sí. Ayuda al reencuentro consigo mismo y con Dios (Deus… 6). 

Para Benedicto XVI eros y agape nunca llegan a separarse. Cuanto más encuentran –eros y agapé– la justa unidad en el amor, tanto mejor realizan la verdadera esencia del amor. También advierte, de manera realista, que el hombre tampoco puede vivir exclusivamente del amor oblativo de una entrega que consiste en sólo dar. También debe recibir. “Quien quiere dar amor, debe a su vez recibirlo como don”. El eros es inseparable del ágape; el eros que busca a Dios, del agapé que transmite el don recibido (Deus… 7). El amor es una única realidad con diversas dimensiones. Si se separan –eros & agapé– se produce una falsificación, una caricatura, una forma mermada del amor (Deus… 8).    

14-II-2006

 

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BENEDICTO XVI
Primera Encíclica

Síntesis de la Encíclica Deus caritas

ARTÍCULOS DE HELENA OSPINA

Actualización Arvo Net, 14/02/2006

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Enviado por Arvo - Promesa - 14/02/2006 ir arriba
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