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LA POESIA MISTICA EN COSTA RIC (Helena Ospina)

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El corazón de la Iglesia



La poesía mística en Costa Rica


Ponencia Congreso Internacional de Literatura Centroamericana XI (CILCA) Universidad Nacional, Purdue Calumet University, Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes.

LA POESIA MISTICA EN COSTA RICA
¿Un género marginal?

HELENA OSPINA
Catedrática
Facultad de Letras
Universidad de Costa Rica

Ponencia
Congreso Internacional de Literatura Centroamericana XI (CILCA)
Universidad Nacional, Purdue Calumet University, Ministerio de Cultura, Juventud y Deportes
Marzo 5-7, 2003, San José, Costa Rica




Introducción

El pasado 27 de enero del 2003 se llevó a cabo en el Instituto de México en San José, una Tertulia sobre la Poesía Mística en Costa Rica. Cuatro poetas costarricenses fuimos convocados: Laureano Albán , Carlos Bonilla , Helena Ospina y Milton Zarate . La Tertulia fue organizada por el periódico Tiempos del Mundo, presidida por su Director, William Cook, y moderada por Carlos Porras, Premio Nacional de Crítica Literaria. Tres de los poetas habíamos enviado a Madrid, en años diferentes, nuestros poemarios, para concursar en el prestigioso Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística. El debate sobre el tema abrió una perspectiva amplia de opiniones donde se fueron perfilando los términos, las distinciones entre ellos, y la vocación del poeta a la mística.

1. Definición de poesía: creación, invención, ficción

Poesía viene de la voz griega poiesis y de la voz latina poésis, y se refiere a: creación, invención, ficción. El Diccionario de la Real Academia Española define poesía, en su acepción quinta, como: “fuerza de invención, fogoso arrebato, sorprendente originalidad y osadía, exquisita sensibilidad, elevación o gracia, riqueza o novedad de expresión, encanto indefinible, o sea, conjunto de cualidades que deben caracterizar el fondo de este género de producción del entendimiento humano, independientemente de la forma externa, o sea de la estructura material del lenguaje, de que resulta el verso”.

Fernando Rielo , creador del Premio Mundial de Poesía Mística, afirma que es difícil responder a la pregunta ¿qué es la poesía?, porque la poesía no es un qué; y si queremos saber lo que es, en verdad, la poesía, debemos saber preguntar a un quién, porque la poesía está en función de alguien que, con su presencia, inhabita constitutivamente el espíritu del poeta. La poesía se encarna, de este modo, en el poema, desbordando todo lenguaje, toda metáfora, todo símbolo. El poeta –constata Rielo–, descosificando la palabra, la metáfora, el símbolo, hace que éstos –transformados en imagen estética– puedan recibir la “acción prosopopéyica” de la inspiración divina. La poesía se hace, pues, poema –afirma Rielo– cuando los múltiples recursos de una lengua se ponen en función de las escogidas imágenes estéticas que evocan, la verdad, la bondad y la hermosura del llanto de amor. Debe darse, en efecto, una encarnación de la poesía en el poema; en caso contrario –dice contundentemente Rielo– tendríamos un “poema labrado” sin poesía. ¡Cuántos poemas se construyen con carestía de poesía! ¡Cuánta poesía deja opaco, en los poemas, el celeste vuelo de la experiencia mística! –exclama Rielo.

2. Definición de poesía mística: experiencia íntima de la unión del alma con Dios

Para Rielo, la poesía es apertura al misterio que es el hombre; y la trascendencia es lo que define al poeta.
Define la poesía mística como la expresión, con suficiente destreza poética, de los diversos modos de la íntima experiencia personal que –en amor y dolor– el alma tiene de su unión con Dios; bajo la razón de Santísima Trinidad (para el poeta cristiano); y bajo la razón de sólo Dios (para el poeta no cristiano). La plenísima atracción, exclusiva, al Amor (en lo que es posible en esta vida) es lo que diferencia a la poesía mística –para Rielo– de los demás géneros poéticos. También define la poesía mística como expresión, con suprema maestría, de la íntima experiencia de Amor, en los diversos modos de búsqueda que presenta el espiritual inquietum cordel ser humano.

En este sentido, Rielo considera la mística: “abierta”, “incoada”, en todo ser humano, por el hecho ontológico de que –más que animal racional, político o simbólico– es “ser místico”. Prosigue, diciendo que el ser humano es, por consideración de su status místico u ontológico, desposado, desde el primer instante de su concepción, con Dios; esto es: unido, constituido, relacionado. Y la vida mística –conforme a esta definición del hombre– es la incrementación, por vía de la gracia, de la inmanente presencia constitutiva de las tres personas divinas –Padre, Hijo y Espíritu Santo– en la persona humana: en esto consiste la elevación de la vida mística a su mayor intimidad posible.

En la poesía mística, la palabra humana –siendo imagen y semejanza de la palabra divina– debe trazar, con mística pincelada “un lenguaje de perfumadas esencias escondidas que evoque, sin ambages, el celeste destino humano”.

Rielo afirma que la poesía mística en ningún caso es reductiva; para él es eminentemente creativa y susceptible de engendrar nuevos recursos estilísticos, nuevas formas, y, en general, una riqueza inagotable para expresar –por medio de la imagen estética– la mística unión del alma con Dios. Para Rielo la poesía mística es también visión universal y trascendental de una humanidad que –en dolor y amor– camina hacia su celeste destino; y por eso se añade a esta mística, la naturaleza y el cosmos que se ofrecen al ser humano con el fin de lustrar el sentido más valioso de su unitiva experiencia de Amor.

3. Distinción entre poesía mística y poesía religiosa

Para Fernando Rielo, la poesía mística se diferencia de la poesía religiosa en que aquélla posee, a diferencia de ésta, un vasto horizonte por el cual recrea, con pasión, los valores multiformes de la espiritualidad humana. La llamada “poesía religiosa” –afirma Rielo– confundida, en muchas ocasiones, con la “poesía antimística o antirreligiosa” –de increpación, desgarrante, vituperante e incluso blasfema– exhibe, por lo general, los rasgos de una búsqueda y un sentir, más que de una creativa experiencia íntima de unión del alma con Dios.

¿Qué poeta no se ha planteado –se pregunta Rielo–, aunque sea sólo de forma tangencial, el tema religioso? Pero para él, la propiedad definitoria de la poesía mística no es el tratamiento de Dios como tema –como descripción “existenciaria”, como recurso estilístico, o como especie de elección ad experimentum–; antes bien, es elevación –a arte– de la unión de amor con el Amor, en tal grado, que la expresión poética debe evocar, en forma elevadísima, esta mística unión. Esta experiencia de unión de Amor con Dios es tan íntima –tan vital y tan definitiva– que el “poeta místico” –contrariamente al llamado “poeta religioso”– nunca se preguntará –ni siquiera como recurso estético– por la existencia o no existencia de Dios, lo mismo que nadie se cuestiona –afirma Rielo– la existencia o no existencia del aire.

4. El término “literatura espiritual”

Pedro Saínz Rodríguez, en su Antología de la literatura española prefiere utilizar el término “literatura espiritual” para referirse a obras que tratan el tema de Dios, porque “ascética” y “mística” –afirma él– es una división genérica que no pertenece al ámbito de la literatura, sino al de la teología.

También hace notar, después de documentar más de tres mil obras de literatura ascética y mística española hasta el siglo XVII, cómo a partir de aquí, los autores de espiritualidad abandonan el campo de lo literario. Es sólo hasta el siglo XX que se vuelve a encontrar una “literatura espiritual” que entronca con aquella tradición multisecular.

Miguel Ángel Garrido, Profesor de Investigación del Instituto de la Lengua Española del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (C.S.I.C. de Madrid), presta atención a esta floración de la literatura espiritual en el siglo XX , y afirma cómo siempre se necesitará el “texto literario” para expresar la experiencia de Dios, porque el “tratado teológico” es insuficiente ante un hecho –la experiencia de unión de amor del alma con Dios– que, por definición, es inefable.

Es en esta tradición multisecular de la literatura espiritual que se inscriben los poemarios presentados en la noche de la Tertulia sobre Poesía Mística, de Albán, Bonilla, Ospina y Zárate, abriendo un campo fecundo para la crítica literaria. Sólo queda esperar que aparezcan más cultores de esta poesía y que la crítica les brinde la atención que esta poesía tiene en la Edad de Oro, para no seguir considerando esta producción literaria como marginal, tanto a los ojos del escritor como del crítico. De ahí, la acertada iniciativa del periódico Tiempos del Mundo y de su crítico literario, Carlos Porras, en dar a conocer una muestra de esta poesía mística en su Tertulia mensual, “Entre líneas”.

Antes de abordar una breve presentación de los registros en que se da esta experiencia de Dios en los poemarios que fueron leídos durante la Tertulia, quisiera hablar sobre la vocación del poeta a la mística.

5. Vocación del poeta al Amor: el “ser místico”

Fernando Rielo eleva la vocación del poeta a la categoría de “ser místico”. Para Rielo, la revelación del homo mysticus por Cristo, es la más trascendente y sublime que, sobre el hombre, se ha dado en la historia del pensamiento.

¿Cómo entrevé Rielo esta vocación? Lo explica en estos términos: la persona humana, supuesto su elemento creado, es, a imagen y semejanza del éxtasis de Amor de las tres Personas divinas entre sí. Y la petición de Cristo al Padre –“que todos sean uno como nosotros somos Uno” (Jn. 17, 22)–, expresa este sentido: “que todos los seres humanos se extasíen, entre sí, su místico amor, como las personas divinas se extasían entre sí su divino Amor”. El éxtasis de Amor de las personas divinas entre sí es

apoteosis absoluta de su ser, estar y existir.

La esencia de la Santísima Trinidad –expresada por “Dios es Amor” (1 Jn. 4, 16)– consiste en esta divina apoteosis del éxtasis de Amor divino, del que es imagen y semejanza el ser humano.

Toda religión, toda ideología, todo actuar –concluye Rielo– que intente instrumentalizar o deteriorar esta altísima dignidad del hombre, se coloca fuera de lo que es más propio –en lo personal, histórico y social– de un hombre y de una mujer que caminan, en estado viador con sus semejantes, hacia un destino común.

Estamos conscientes que es bien alta la meta que se propone este homo mysticus. Desde el Concilio Vaticano II se viene proclamando la llamada universal a la santidad. Y qué es la santidad? “La santidad es la perfección de la caridad” . Lo Santo –la Santidad misma– es Cristo. Y La santificación –que es identificación con Cristo– es siempre obra del Espíritu Santo.

Manuel Belda y Javier Sesé, para dar luz sobre la “cuestión mística” para el siglo XXI, terminaron su estudio citando el CEC n. 2014 que dice: “El progreso espiritual tiende a la unión cada vez más íntima con Cristo. Esta unión se llama “mística”, porque participa del misterio de Cristo mediante los sacramentos –‘los santos misterios’– y, en Él, del misterio de la Santísima Trinidad. Dios nos llama a todos a esta unión íntima con Él, aunque las gracias especiales o los signos extraordinarios de esta vida mística sean concedidos solamente a algunos, para manifestar así el don gratuito hecho a todos” . En sus conclusiones, Belda y Sesé centran la perspectiva de la “cuestión mística” en dos aspectos: uno, la referencia expresa a los sacramentos, a Cristo y a la Santísima Trinidad (los “misterios” con los que entronca la experiencia “mística” cristiana); y dos, “la llamada universal a la santidad” que se encuentra en el mandato dado por Cristo a sus discípulos: “Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto” (Mt 5, 48), y recogida en la Lumen gentium, 40: “Todos los fieles cristianos, de cualquier estado o régimen de vida, son llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad”.

Una vez precisados los términos de “poesía mística”, “poesía religiosa”, “literatura espiritual”, la vocación del poeta cristiano al “ser místico”, y aclarado el contenido de la palabra “mística”, procederé a hacer un breve recorrido de los poemarios que fueron leídos durante nuestra Tertulia de Poesía Mística en Costa Rica.

6. Poesía mística en Costa Rica

Hablar de poesía mística es hablar del misterio de Dios y de su acción en el corazón del poeta. Este misterio de Dios tiene múltiples manifestaciones como estilos tiene el poeta para esculpir, en la palabra, la brisa de su paso.

6.1 Suma de claridades de Laureano Albán

“Suma de claridades de Laureano Albán –afirma Fernando Rielo– es mística poesía que, aunque no de carácter estricto, sí camina con intensa ansiedad trascendiendo este mundo a través de esa luz que, rompiendo las sombras de la dura corteza de esta cárcel de hierro, libera para siempre la carne de su carne…” .

¿Cuál entonces, la esencia de Dios para este poeta? – se pregunta Rielo. Claridad infinita, responde . Esta claridad la viene persiguiendo Albán desde su infancia. El paso de Dios, en el corazón de este poeta, es el de la lucha por rescatar e instalarse permanentemente en el “espíritu de infancia”. Así lo afirma el mismo poeta en el Prólogo: “Quizá la infancia no es sólo la primera vida, sino la única vida posible” y “toda evocación de la infancia será siempre una geografía mágica del asombro inagotable” .

Estos poemas nos descubren este asombro propio de la infancia que el poeta se resiste a perder:
 


Y yo bajo a su infancia
como un ciego a la luz,
alzo su cuerpo hecho
sólo de levedades,
y lo dejo a la orilla
del árbol que nos une
como una sed dorada.
…………………….
Porque esta transparente
devoción de palabra
es un don de la infancia.
………………………..
Madre, ahora mismo, aquí,
tan lejana y tan malva,
cuidas que mi poema
quede puro de sombra
como tu ropa clara.
Porque no hay diferencias
entre planchar camisas
o ganar las palabras.
Que todas las tareas
del amor son idénticas
a una luz en las manos.
Y la sabiduría
de continuar naciendo
es sencilla y es tuya
como un día soleado.


6.2 El espejo inicial de Milton Zárate

Este poemario, finalista en la XV edición del Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística es, en palabras del jurado, “una nueva interpretación religiosa sobre el mundo y su historia, llena de transparencia y sencillez, que intenta mostrarnos su diálogo personal con el Dios del Antiguo Testamento” . Zárate pertenece a esa generación sálmica de poetas que buscan recrear su palabra a la luz del relato bíblico, espejo inicial de su amor y de su búsqueda, para encenderlo con sus propias inquietudes. Basten como ejemplo estos poemas donde reverberan la transparencia y la sencillez del verbo en imágenes que asombran por su realismo:
 


Aguardo tu voz de llama,
llamándome,
el espejo inicial el alma
habita, con la estría arrebatada
de la muerte.
……………………………………..
Todo en el hombre, sin Ti,
es un ángel alejándose,
esfera sin nombre lanzada al infinito.
……………………………………..
La muerte es la herencia del árbol
elegido
en la mirada del hombre.
…………………………………..
Todo en tu creación
tiene su piedra,
ángel,
espejo de tu rostro inicial.


6.3 Puerta de los ciegos de Carlos Bonilla

Poemario breve, publicado en El Salvador por un poeta costarricense que trabaja con comunidades campesinas y migrantes nicaragüenses. Elige para la portada de su libro el Cristo de San Juan de la Cruz de Salvador Dalí. Conocedor de la obra de “el poeta más santo” y “el santo más poeta” –como definió Dámaso Alonso a San Juan de la Cruz–, ilustra sus poemas con versos del místico español. El yo lírico del poeta se encuentra disputado por dos fuerzas antagónicas: una sentida búsqueda de Dios, y un impulso iconoclasta, ciego, que pretende reformularlo todo al margen –y a veces en oposición– de la sentida búsqueda que, en ausencia del Amado, le inspiran al alma los requiebros del Doctor del Carmelo. Reproduciré aquí solamente jirones que reflejan con sentido lirismo esa primera fuerza de su búsqueda de Dios:
 


Te busco entre mi noche
cuando la luz se esconde en la pupila
peregrino
sin más constelación
que mi propia ceguera.
……………………………………….
Y el alba sólo es
sombra de tu ausencia.
……………………………………….
Te creo
desde la oscura luz de esta vigilia
desde la inasible nostalgia del futuro
desde el hilo que me une al universo.
 


6.4 Divina herida de Helena Ospina

Esta obra, finalista del XVIII Premio Mundial de Poesía Mística (1998), recibe la siguiente apreciación del jurado: “poemas breves en los que se refleja un sentimiento encendido y orientado al amor divino: un amor que se encuentra purificativo y esperanzado. Son a modo de glosas que tienen como marco de sugerencia la poesía de San Juan de la Cruz, y es en este marco donde la autora crea sus imágenes poéticas cargadas de sincera religiosidad” . En el Discurso del acto de entrega del premio, Fernando Rielo se refiere así a la “poesía mística”: “La poesía mística, poseyendo su propia autonomía, es verdadero género literario porque eleva a arte la expresividad de la experiencia de la unión personal con Dios, cincelada por el dolor humano… La poesía mística no es meditación a partir de la anécdota, por mucho que ésta quede trascendida, ni tampoco es vía de conocimiento de lo divino. Hago en este sentido paráfrasis de una conocida sentencia del Doctor del Carmelo: “…‘el místico conoce por Dios la poesía, y no por la poesía a Dios’… Todo saber comunicativo se reduce a un toque carismático que Dios produce en el ser humano con la libre respuesta de éste. Este místico toque es inspiración y es éxtasis” .

En el prólogo del poemario, Gustavo González Villanueva, el poeta de La Antigua Guatemala, hace la siguiente interpretación crítica del poemario:

Divina herida es una celebración. Se despliega bajo estos ángulos: “Dulce huésped”, “Fina herida”, “Deleite de amor”, “Mi gacela”, que la autora aúna en la mirada y palabra de San Juan de la Cruz, que pone como falsilla de su poemario:
 


El más puro padecer
trae más íntimo
y puro entender,
más puro y sabido gozar,
porque es de más adentro saber.


Con esta falsilla continúa, con su propia voz:
 


Y así de puro entender
tienes este amor
y este dulce padecer
que más no quiere
que de Ti saber.
Y a fuerza de ya no ser,
de nada tener ni poseer,
te tengo a Ti, mi bien,
por único enser.
 


Y se lanza jubilosa a la celebración de su “contento escondido”, “siempre escondido”:
 


Gózate y alégrate!
Ni más cierto,
ni más presto,
ni más cerca
que dentro.

Ahí, el deseo.
Ahí, el amor.
Que no encontrarás
–ni vayas a buscar–
que dentro.


Y se metamorfosea en gacela que “atisba corriendo”, “que no está quieta”:
 


Que sólo de ti, vive.
Que sólo por ti, obra.
Que sólo por ti, vela.
En este vuelo sin tregua.
En este desasosiego en tu sosiego,
por el cual anhela.
 


7. Valoración, conclusiones y perspectivas

¿Son la “poesía mística”, la “poesía religiosa”, la “literatura espiritual” un género marginal? ¿Un género de minorías?
Dámaso Alonso llegó hasta el extremo de decir que si la poesía no es religiosa, no es poesía, pues toda poesía –directísima o indirectísimamente– busca a Dios .

Octavio Paz, ante la relación entre poesía y religión, hombre y fe, siempre subrayó que el ánimo del poeta emprende una tentativa de revelar lo excepcional, lo sagrado, en la vida de todos los días. Además, en su opinión, decía que era inútil despegarse, de una cultura cristiana y católica, cuando de ella habíamos extraído las razones que conformaban nuestro diario acontecer vital y solidario, ante lo que nada vale la rebeldía o el silencio .

El ganador de la reciente XXII edición del Premio Mundial Fernando Rielo de Poesía Mística, el poeta español José Javier Aleixandre, hizo las siguientes declaraciones el pasado 31 de enero. Resumió en una frase lo que para él es la poesía mística: “es aquella en la que Dios está como único norte de su brújula”. Preguntado acerca de la distinción entre poesía religiosa y poesía mística, respondió: poesía religiosa es descripción; poesía mística es contemplación (descripción, por supuesto, de sentimientos espirituales; y contemplación, desde luego, del Bien Supremo). Preguntado acerca de las perspectivas que ve en la época actual para la poesía mística, respondió que puede ser un puente para el diálogo interreligioso, porque como en la poesía es más lógica la relación con lo espiritual que con lo material, resulta un idioma muy adecuado para interrelacionar movimientos espirituales que deben tener, precisamente, en la espiritualidad, su fundamento .

En esta Tertulia sobre Poesía Mística celebrada recientemente en Costa Rica, mencioné al final que mi poesía la define el Dr. Jorge Chen como “metapoética”, porque busca llegar al meollo del ser y de su actividad creadora. Y cuando lo he intentado, mi poesía ha desembocado en lo místico, al tomar conciencia del don del talento creador, de la brisa del suave roce del Dador del don, del deseo de corresponder a esta llamada de su Amor, con la tarea del escritor que se esfuerza por dar razón de su fe, de su esperanza, y del Amor que lleva dentro, para custodiarle y protegerle dentro de sí como el tesoro más precioso que lleva en botija de barro, y ofrendarlo a los demás como regalo –con gozo, con llanto, con alegría– de quien no quiere quedarse a solas con su don y busca enamorar a otros de su Amor.


BIBLIOGRAFIA


ALBAN, Laureano Albán. Suma de Claridades. Madrid: Fundación Fernando Rielo, 1989.

BELDA, Manuel, SESE, Javier. La “cuestión mística”: Estudio histórico-teológico de una controversia. Pamplona: EUNSA, 1998.

BONILLA, Carlos. Puerta de los ciegos. San Salvador: Libros Alkimia, 2001.

CHEN, Jorge. “Las dos columnas del Templo de Salomón: de la poesía pura a la poesía mística en Helena Ospina”, Revista de Filología, Linguística y Literatura, Universidad de Costa Rica, vol. XXVI, 2000, 47-54.

GARRIDO, Miguel Ángel (ed.). “La literatura espiritual ante el siglo XXI”, en La obra literaria de Josemaría Escrivá. Prólogo de José García Nieto. Pamplona: EUNSA, 2002.

OSPINA, Helena. Divina herida. San José: PROMESA, 1999.

PORRAS, Carlos. “De todo lo divino y lo literario”, Tiempos del mundo, Suplemento cultural, febrero 6, 2003, p.1.

RIELO, Fernando. Premio Mundial de Poesía Mística. Versión electrónica del 27 de enero de 2003, en http://www.rielo.com.

SAINZ RODRIGUEZ, Pedro. Antología de la literatura espiritual española. Madrid: Universidad Pontificia de Salamanca/Fundación Universitaria Española, 1980-1985, 4 vols.

VV. AA. Medio siglo de Adonais 1943-1993. Madrid: Ediciones Rialp, 1993.

ZARATE, Milton. El espejo inicial San José: Editorial Costa Rica, 2001.

 

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