Helena Ospina
Catedrática,
Facultad de
Letras, UCR
Congreso
Internacional
“Investigar para
transformar los
procesos
educativos”
Instituto de
Investigación en
Educación INIE
Facultad de
Educación
Universidad de
Costa Rica
San José
2.II.2005
Introducción
1. El inicio
de una aventura
cultural
El 22 de julio
de 1993, el
Instituto
Femenino de
Estudios
Superiores (IFES)
de Guatemala de
la Asunción me
invita a
impartir la
Lección
Inaugural de su
Seminario: La
mujer y la
cultura hoy.
Se me pide
hablar sobre la
experiencia
personal de
interrelación de
las artes. Como
el “quicio” para
esta
interrelación es
la poesía, la
conferencia
lleva como
título: “Hacia
un concepto de
poesía: una
experiencia
personal de
interrelación
entre la
Literatura y las
Artes” (H.
Ospina,
Repertorio
Americano,
1996, no. 2,
128-140). La
conferencia
ilustra esta
interrelación
con un recital
de poesía,
flauta y canto,
y con
exposiciones de
la relación de
la poesía con la
pintura y la
fotografía. Esta
fecha marcó el
inicio de una
aventura
cultural. La
imagen poética
vino a
convertirse en
fuente fecunda
de exploración
en las artes.
Dio origen a lo
que luego
denominaría:
Interrelación de
las Artes.
¿Cómo fue que se
dio en 1993 esta
invitación para
impartir la
Lección
Inaugural en el
Seminario sobre
La mujer y la
cultura hoy?
Hacía poco menos
de tres años, el
poeta de La
Antigua
Guatemala,
Gustavo González
Villanueva, me
había hecho
llegar su obra
inédita. Al
empezar la
edición crítica
de la misma,
clasificando sus
versos y
agrupándolos en
poemarios de
poesía mística (Una
rosa encendida),
de poesía pura (Almendras
de oro), y
de poesía
costumbrista (Luna
de cristal),
este trabajo
poético fue
despertando en
mi interior todo
un caudal de
poesía que yacía
latente en mi
corazón desde la
época de mis
estudios
literarios en la
Universidad de
Georgetown,
marcados
fuertemente por
el seminario
doctoral sobre
Paul Valéry,
impartido por el
Profesor Jean
Bucher.
Comprobé,
entonces, lo que
afirma el poeta
colombiano y
académico de la
lengua, David
Mejía Velilla,
en Canto
continuo: la
poesía no nace,
¡surge!, de las
profundidades
del alma. Y así
fue como se fue
dando una
catarata mansa,
suave, de
poemarios que se
fueron
publicando, año
tras año: Ars
poetica
(1991),
Diario de un
Mediterráneo
(1992), El
Cantar de los
Cantares
(1993),
Poiein: Génesis
del verbo
poético
(1993),
Diálogos,
paréntesis y
silencios
(1993)… La
interrelación de
la poesía y las
artes ya estaba
en germen en mi
poemario
Cantata a las
Artes
(1995).
2. Un
concepto de
cultura
Entiendo por
cultura aquello
a través de lo
cual la persona
humana, en
cuanto persona,
se hace más
persona; es más;
accede más al
ser, porque la
persona vive una
vida
verdaderamente
humana gracias a
la cultura (Juan
Pablo II,
Discurso en
la sede de la
UNESCO, París
1980). La
cultura es un
modo específico
del ser y del
existir del
hombre. De ahí
la importancia
que tienen sus
diferentes
formas de
expresión para
que contribuyan
al
enaltecimiento
de la dignidad
de la persona
humana, y puedan
presentar otras
formas de verdad
artística que
contrarresten
algunas que no
reflejan toda la
hondura y
belleza del ser.
La cultura
moderna
atraviesa una
crisis. Ya no se
presenta como
principio
animador y
unificador de la
sociedad capaz
de hacer crecer
interiormente al
hombre en toda
la línea de su
verdadero ser.
Esta pérdida de
vigor y de
influencia en la
cultura tiene
como base una
crisis de la
verdad. Se
trata, en el
fondo, de una
crisis de
metafísica (José
Miguel Ibáñez-Langlois,
1979), a lo cual
sigue la
devaluación de
la expresión
artística en
todos los
campos.
Existe hoy un
desconcierto
tanto en la
persona del
artista como en
su obra. Así,
como –en el
plano de la
Economía– se ha
globalizado la
pobreza, en la
Cultura –en
algunas de sus
manifestaciones–
se ha
globalizado lo
zafio, lo
grosero, lo
tosco, lo
desalmado.
Aprender hoy, en
el campo de la
cultura, a ser
personas de
criterio,
tiene que ver
con la formación
estética –el
cultivo del
“pulchrum”
(Antonio Ruiz
Retegui, 1998)–
y con la forja
del carácter
(López Quintás,
2003).
3. La cultura
como cometido
especial de la
mujer
En el Seminario
La mujer y la
cultura hoy,
hablé de la
cultura como
cometido
especial de la
mujer. El
progreso de la
cultura está
unido al
crecimiento
moral y
espiritual de la
persona humana.
Es por medio del
espíritu que
ella se realiza
en cuanto tal.
Este progreso
encuentra en la
mujer un
cometido
especial, porque
Dios ha querido
confiar la
humanidad a la
mujer: “la
fuerza moral de
la mujer, su
fuerza
espiritual, se
une a la
conciencia de
que Dios le
confía de un
modo especial el
hombre, es decir
el ser humano”
(Juan Pablo II,
Mulieris
Dignitatem,
n. 30).
En el siglo XX,
los éxitos de la
ciencia y de la
técnica
significaron
muchas veces una
pérdida de lo
humano. Este
nuevo milenio
aguarda
impacientemente
“la
manifestación
del genio de la
mujer” que
asegure en toda
circunstancia
esa nueva
sensibilidad por
la persona y de
todo lo que es
esencialmente
humano (MD,
Ibid.). Esta
revelación del
“genio de la
mujer”, se
necesita en
todos los
campos, y ha de
producirse con
las
peculiaridades
de su ser
femenino, de sus
propias
virtualidades,
las que tiene en
su singularidad
y las que tiene
como mujer: “su
delicada
ternura, su
generosidad
incansable, su
amor por lo
concreto, su
agudeza de
ingenio, su
capacidad de
intuición, su
piedad profunda
y sencilla, su
tenacidad…. La
femineidad no es
auténtica si no
advierte la
hermosura de esa
aportación
insustituible, y
no la incorpora
a su propia
vida” (J.
Escrivá,
Conversaciones…
n. 87).
En las Artes
experimento un
desfase entre lo
que se espera de
la cultura y lo
que acontece en
el quehacer
diario en este
terreno. Capto
un tremendo
vacío en el
mundo de la
cultura que no
puedo atribuir a
la falta de
creatividad. Hay
talento. El
talento existe;
pero, no irrumpe
en los foros con
la estatura
propia de la
dignidad
inherente a su
oficio. Echo de
menos ese
¡arte cabal de
personas
cabales!,
como el que
aprecié siempre
en la prosa y
poesía de la
escritora
norteamericana
Anne Morrow
Lindbergh, y en
la paleta de la
pintora
colombiana
Blanca
Sinisterra. No
quiero entrar a
analizar porqué
sucede esto, ya
que depende de
las motivaciones
más íntimas que
el artista tiene
para crear. Sólo
me limito a
decir que es
imperdonable la
ausencia de
tanto talento
que no se hace
presente –con
otras
tonalidades– en
los areópagos.
Juan Pablo II,
en su Carta a
los Artistas
de 1999,
replantea el
diálogo entre la
fe y la cultura.
A quienes
tuvimos la
suerte de estar
presentes en
Roma –como
peregrinos y
como artistas–
durante el
último
Jubileo del
Mundo del
Espectáculo,
nos recordó que
el artista está
llamado a
cultivar su
interioridad
para poder
llegar a ser
modelo de
virtudes, de
esperanza y de
alegría para la
humanidad. Esta
invitación tiene
que ir tomando
cuerpo, poco a
poco, en
pequeños grupos
de artistas. Es
lo que intento
hacer desde hace
varios años con
la ayuda de
muchos colegas.
Abordaré ahora
las tres
vertientes en
que se está
dando esta
expresión
artística en los
campos de la
reflexión,
gestión y
creatividad
personal.
I. Reflexión
sobre propuestas
estéticas para
el desarrollo
integral de la
cultura
La creatividad y
la reflexión
sobre la misma
son dos
fenómenos
distintos. No
necesariamente
van unidos.
Algunos
artistas, sin
embargo,
experimentamos
la necesidad
imperiosa de
reflexionar
sobre nuestro
fenómeno
creativo
personal. En la
historia de la
Estética existen
los casos del
poeta colombiano
Eduardo Ospina,
del francés Paul
Valéry, del
anglosajón T. S.
Eliot, del
chileno José
Miguel Ibáñez-Langlois,
por citar
algunos. Esta
reflexión se
hace urgente
cuando el
artista constata
que su creación
surge “contra
corriente” de lo
que impera en
los círculos
donde se mueve.
Aparece,
entonces, para
el artista un
dilema: ¿Qué
hacer? ¿Replegar
velas?
¿”Adocenarse”
para estar a la
moda? ¿O
rebelarse?
Escogí la vía de
la rebelión.
Proseguí mi
“canto
continuo”, el
que llevaba
dentro, desde
siempre, y
empecé,
simultáneamente,
a agudizar las
herramientas
críticas del
Arte, para
estudiar la
perennidad y la
continuidad, a
través de los
tiempos, de una
manera de hacer
Cultura. Así fue
como surgieron
algunos ensayos
y su proyección
en los Congresos
de Cultura
Europea. Esa
tarea se ha
hecho también
gratísima y
enriquecedora, a
lo largo de mi
docencia
universitaria,
gracias al
aporte de
colegas y mis
propios
estudiantes, en
las cátedras de
literatura,
estética, teoría
y crítica
literaria en la
Facultad de
Letras de la
Universidad de
Costa Rica.
En mi ensayo
sobre “Arte y
Persona” (Actas
del IV Congreso
Cultura Europea,
1996), propuse
la necesidad de
un “principio de
unidad” entre la
obra del artista
y su persona.
Utilicé la
analogía de la
unidad existente
en la persona
humana entre el
cuerpo y el
alma, para
referirme a la
unidad
insoslayable
entre fondo y
forma –tan
buscada por
Valéry– en la
expresión
artística.
Riqueza interior
personal, unida
–en el caso de
la poesía– a un
manejo del
lenguaje, para
que su unidad de
fondo y forma
–sello del
verdadero poema–
sea
transparencia de
la persona del
artista. La
poesía como
resplandor de la
persona (H.
Ospina,
Splendor
Personae,
1997). Poesía
con “hombre
dentro”, como
afirma Ibáñez-Langlois.
En mi segundo
ensayo sobre
“Persona y
Cultura” (Actas
del V Congreso
Cultura Europea,
1998),
reflexioné en
torno a unas
afirmaciones que
hace Juan Pablo
II: “el destino
del hombre se
juega en la
cultura”; y “una
fe que no se
hace cultura es
una fe muerta”.
Aclaré que, no
por ello, la
expresión
artística ha de
ser
exclusivamente
religiosa, sino
que ha de
traducir lo que
hay de noble, de
verdadero y de
hermoso en el
ser humano,
respetando el
legítimo
pluralismo de
las diferentes
expresiones
culturales de
esas realidades.
En mi tercer
ensayo, “John
Paul II’s
Letter to
Artists: The
Cultural
Implications”
(Actas del VI
Congreso Cultura
Euroepa, 2000),
al hilo de los
comentarios de
este poeta y
dramaturgo, tejí
las resonancias
que su diálogo
entre fe y
cultura han
suscitado en mi
experiencia
personal como
artista y en mi
gestión
cultural. Lo
escribí como
testimonio de
gratitud para
decirle que
existen artistas
que sintonizamos
en este milenio
con su epifanía
de la belleza.
En los talleres
(workshops)
llevados a cabo
durante los dos
últimos
Congresos de
Cultura Europea
presenté –con
colegas que
colaboran en
este empeño
cultural– videos
para dar una
idea de cómo se
puede potenciar
la interrelación
de las artes. En
1998 proyectamos
el Auto
Sacramental,
Stabat Mater,
y en el 2000 el
Documental de la
Interrelación de
la poesía con la
música, la
danza, la
pintura, la
fotografía y el
teatro
desarrollada
entre 1990-2000.
En mi libro,
Mujer, valores
permanentes
(H. Ospina,
1994)
recopilación de
ensayos de la
década de los
setenta y
ochenta, se
encuentra el
embrión de lo
que
paulatinamente
fue
desarrollándose
a lo largo de mi
vida como
fidelidad a unos
valores y su
proyección en el
campo de la
familia, de la
educación y de
la cultura.
En el reciente
ensayo: “La
cultura de lo
femenino” (www.arvo.net)
hago ver la
transparencia de
“la vida en la
obra”, y de la
“obra en la
vida”, en cuatro
mujeres llamadas
Teresa a lo
largo y ancho de
cuatro siglos:
Teresa de Avila,
Teresa de
Lisieux, Teresa
Benedicta de la
Cruz (Edith
Stein), y Teresa
de Calcuta.
Vislumbro allí
–en la
perspectiva de
la igualdad de
“género”– la
hermosura de la
coherencia entre
“vida vivida” y
“vida plasmada”
–en la vida y en
obras–, para
concluir que la
obra más
soberana no es
necesariamente
la que se
escribe, sino la
que se vive en
plenitud.
La preparación
para el
centenario del
nacimiento de
Josemaría
Escrivá
(1902-2002),
hizo aflorar en
mi el deseo de
hacer una
“re-lectura” de
su primera obra,
Camino, a
manera de una
guía de audición
para los
artistas, y que
llamé:
“Concierto para
piano y orquesta
no. 1, en sol
mayor, op. 999”
(Hans Thomas, ed.,
Creatividad
artística,
2003). Este
ensayo –escrito
a manera de
vademécum-
me sirve de
confirmación de
una opción
elegida, hace
muchos años,
como
protagonista de
la cultura, e
intenta ser un
aldabonazo a los
artistas para
llenarlos de
esperanza en el
trabajo del don
recibido y
seguir llenando
el mundo de
belleza.
II. Gestión y
fundación de una
empresa cultural
llamada PROMESA
PROMESA nace en
1982, gracias a
la iniciativa de
mi esposo, como
un servicio al
mundo cultural,
buscando ser
fermento de
iniciativas de
intelectuales,
artistas y
críticos que
conciben su
quehacer
profesional como
un ámbito de
encuentros,
abierto a un
sentido
trascendente de
la vida. Su
labor editorial
inicial se
dirige a los
campos de la
Familia y de
la Educación.
En 1991 abre sus
puertas al mundo
del Arte,
lanzando la
Colección de
Poesía que
cuenta con más
de 50 títulos de
11 voces
hispanoamericanas.
El poemario
Cantata a las
Artes
inaugura en 1996
la plasmación
escénica de la
interrelación
existente entre
las artes, en un
intento de
visualizar el
verbo poético en
la música y en
la danza,
representando
una experiencia
estética de la
Literatura que
invita a vivir
creativamente,
descubriendo
toda la riqueza
que encierra el
Arte como
resplandor de la
persona.
Su Consejo
Editorial
cuenta con
personalidades
del ámbito
nacional e
internacional
que orientan e
inspiran las
políticas
editoriales de
la empresa a fin
de enriquecer el
contenido y la
forma de la
dinámica
cultural. Su
producción
editorial
manifiesta un
interés
constante por
diversificar la
línea temática,
la proyección
institucional y
la calidad de
los servicios
que brinda al
entorno
cultural. En el
año 2005, la
Editorial cuenta
con 21
colecciones y
Directores para
las mismas; ha
publicado más de
100 títulos y
llevado a cabo
una docena de
Performances.
El lanzamiento
de cada obra
constituye un
verdadero
Encuentro
Cultural en
el cual se
involucran las
distintas
disciplinas
artísticas y las
ponencias de
humanistas,
científico-sociales
y filósofos. Más
de 80 humanistas
y 40 artistas
han colaborado
en sus
actividades
culturales con
sus
investigaciones
y talento
artístico.
La
Interrelación de
las Artes
cuenta con un
núcleo germinal
de artistas que
exploran las
imágenes de los
poemarios, y en
un trabajo de
equipo van
definiendo la
modalidad de la
interrelación
que se quiere
para cada
performance.
Así fue como
surgieron: la
escenificación
de Cantata a
las Artes,
presentada en el
Teatro Eugene
O’Neil en 1996;
la
representación
del Auto
Sacramental
Stabat Mater
en Costa Rica y
en La Antigua
Guatemala; las
Suites de
Ballet:
Eva-María,
presentada en un
Congreso
Internacional de
la Mujer en la
Universidad de
Trømso, Noruega,
y luego en San
Petersburgo
(Rusia), Austria
e Italia;
Divino Artífice,
presentado como
parte de la
Trilogía de la
Creación en San
Petersburgo;
Divina herida,
presentada en el
Centro Cultural
de México. La
escenificación
del poemario para la clausura del XIII Congreso ALFAL en la Universidad de Costa
Rica. Y el
Collage Poético
representativo
de la
musicalización
de varios
poemarios
presentado
durante la Feria
Internacional
del Libro en
Costa Rica.
III. Creación
personal en el
campo de la
poesía
¿Cómo surge la
vocación
poética? En el
reciente XIII
Congreso
Internacional de
la Asociación de
Lingüística y
Filología de
América Latina
ALFAL (Costa
Rica 2002), mi
comunicación
versó sobre el
origen de esa
vocación y el
papel capital
que juega la
formación
familiar en el
desarrollo del
talento
artístico: “El
aporte de la
trilogía poética
Splendor
al trabajo del
artista y a la
proyección
social de su
creación
artística”.
Hablo allí de un
estilo de hacer
cultura que se
hunde en el
tiempo, vivido
en el hogar,
gracias a una
madre, verdadera
mecenas de las
Artes, en mi
ciudad natal de
Cali, Colombia.
Ella acogió en
el exilio, al
finalizarse la
II Guerra
Mundial, a
artistas
europeos,
brindándoles la
posibilidad de
ejercer su
profesión y
ganarse
dignamente la
vida. En la
parte de atrás
de nuestra casa
se inició una
escuela de
ballet y de
música con los
profesores
Wladimir
Woronzoff
(bailarín ruso
quien afirmaba
haber bailado
con Anna Pavolva),
y el matrimonio
belga Simar
(León, Prix
de Rome, y
su esposa
Andrea). En casa
se alternaron
las clases de
ballet clásico,
piano, solfeo e
historia del
arte. Mi
adolescencia
–etapa por
excelencia de
captación y
vivencia de los
grandes ideales
de la belleza,
de la verdad y
de bien– se vio
nutrida de toda
esta atmósfera
que nunca
abandonó mi
retina ni mi
oído. Retina
del alma la
llamo.
Percepción
auditiva de todo
un tono, de toda
una categoría,
unido todo ello
a una forja del
carácter, en la
exigencia que
requería seguir,
a la vez, desde
la escuela
primaria, tres
disciplinas de
estudio, en un
hogar de familia
numerosa,
incondicionalmente
abierto al
trajín diario
del ir y venir
de alumnos y
padres de
familia.
¿Cómo fue que
tomé conciencia
de nuevo de esta
vocación? La
maternidad, el
nacimiento de mi
única hija,
Helena María en
1967, fue el
detonante
emotivo que
reinició la
creación
poética: Sail,
Sail, My Love
surgió en
inglés, durante
nuestra
residencia en
Washington D. C.
Cada poemario
trae una
musicalidad.
Exige un
vehículo
idiomático
específico. Mi
poesía, a veces
surge en
español; otras,
en francés.
Coincido con la
explicación que
da Ibáñez-Langlois
cuando afirma
que cada lengua
posee unas
características
expresivas
particulares.
Los idiomas son
herramientas, y
a veces el “yo
lírico” se
adapta con más
facilidad a los
resortes
poéticos de un
idioma, porque
los requiere
–exige– el tono
de la canción
que tiene entre
pecho y espalda.
El yo lírico es
quien elige el
idioma donde se
siente “más a
gusto” –si
pudiéramos
decirlo así–
para cantar su
canción.
Estas creaciones
poéticas
esporádicas,
desde 1967,
encontraron,
bajo el impulso
definitivo del
poeta de La
Antigua
Guatemala, el
arcaduz seguro,
al abrirse en
1991 la
Colección de
Poesía en
PROMESA. A
partir de esa
fecha, era
cuestión de
estar atenta a
la canción que
todo vate lleva
dentro: de
acunarla, de
recrearla y
brindarla a los
demás por medio
de la palabra. Y
cuando esta
actitud,
contemplativa y
activa a la vez,
se une a la
conciencia de
que todo talento
es un don, y que
el don ha de
trabajarse, la
floración
maravillosa de
toda la riqueza
que el Creador
tiene prevista
para la
manifestación
del genio de la
mujer se hace
inevitablemente
presente.
Conclusión
La cultura está
íntimamente
ligada a la
vida. Su
privilegio
consiste en dar
el “ser” a lo
que no existe de
hecho. En esto
consiste la
responsabilidad
social del
artista y del
gestor de la
cultura: medirse
con una realidad
sui generis que
es capaz de
inventar, de
descubrir y
desvelar para la
humanidad. Para
llevar a cabo
esto, el artista
ha de
encontrarse
primero consigo
mismo, descubrir
su talento como
don (H. Ospina,
Ars poetica
1991); reconocer
al Dador de todo
don (H. Ospina,
El Verbo y el
alma en
Splendor fomae,1995);
empezar a
cultivar una
relación
personal con el
Dador de su don
(H. Ospina,
Divino Artífice,
1998; descubrir
el campo
ilimitado de
creación
artística al
cual se le
invita (H.
Ospina,
Cantata a las
Artes,
1995); entender
que sólo él –y
en un tiempo
concreto– puede
y debe imprimir
a la cultura, el
sello
irrepetible de
su creatividad
(H. Ospina,
Poiein,
1993); y acoger,
en definitiva,
su talento como
“tarea”, como
“proyecto
personal de
vida” (H.
Ospina,
Andadura de vida,
2000), como
invitación a
continuar la
obra de la
creación y –en
una perspectiva
cristiana– la
del
desvelamiento
del rostro del
Creador,
presente en la
creación, para
acrecentar –con
su obra– a lo
largo del
tiempo, el
resplandor de la
Belleza, porque
se sabe co-partícipe
del divino
Artífice en una
nobilísima
empresa.
La conclusión de
esta experiencia
artística de
reflexión,
gestión y
creatividad es
que es posible
ser fiel a un
principio de
verdad artística
como el
defendido por mi
tío abuelo,
Eduardo Ospina,
en 1927 en la
Universidad de
Munich: “el arte
como expresión
de la vida”. Y
cuando la
concepción de la
vida lleva
inherente su
dignidad, la
expresión
artística busca
ser cauce de esa
dignidad, aún en
paisajes
claro-oscuros
donde el artista
se debate entre
las tinieblas y
la luz, y donde
su grito
desgarrador de
la condición
humana es ya un
reflejo de una
llamada hacia la
plenitud. Y las
recomendaciones
que daría es que
es posible hacer
este tipo de
arte, forjar y
plasmar en las
obras este ideal
de cultura;
existen artistas
que están
sedientos de
vivir y de
expresar este
ideal de belleza
y de verdad
artística.
Bibliografía
REFLEXIÓN sobre
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Faith: Creation,
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- GONZALEZ
VILLANUEVA,
Gustavo.
“¿Poesía pura?
¿Poesía nueva?”
en Splendor
Personae.
San José:
PROMESA, 1997.
- IBAÑEZ
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- JUAN PABLO II.
Letter to
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Colombianos,
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Persona:
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la realidad
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la vida
ordinaria,
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la Santa Cruz,
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aporte de la
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artista y a la
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XIII Congreso
Internacional de
la Asociación de
Lingüística y
Filología de
América Latina
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Costa Rica 2002.
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Helena. “El
concepto del
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Hacia una
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Europea”,
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Encuentros
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Universidad
Nacional -
Jornadas de
Reflexión Omar
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Español,
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- THOMAS, Hans,
ed.
Creatividad
artística.
Congreso
Internacional
“La grandeza de
la vida
corriente”.
Roma: Edizioni
Università della
Santa Croce,
2003.
II GESTIÓN y
fundación de una
empresa cultural
llamada PROMESA
A. EDITORIAL
21 Colecciones:
100 títulos
disponibles
Antropología,
Arte,
Biografías,
Centenario,
Cine, Cuento,
Educación,
Encuentros
Culturales,
Espiritualidad,
Familia,
Filosofía,
Historia,
Literatura,
Milenio, Moda,
Orientación
Familiar,
Pensamiento y
Creatividad,
Poesía, Poética,
Teología, Temas
de Actualidad.
B.
INTERRELACIÓN DE
LAS ARTES
Documental:
PROMESA: La
Interrelación de
las Artes
(1990-2000).
Interrelación de
la poesía con la
Música/Pintura/Teatro/Danza.
Performances:
Auto
Sacramental:
Stabat Mater.
Suites de
Ballet:
Divina herida,
Divino Artífice,
Eva-María.
Teatro:
Cantata a las