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GARCÍA MÁRQUEZ Y EROS (Helena Ospina)

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SENTIDOS CLÁSICO Y MODERNO DE


GARCÍA MÁRQUEZ Y EROS


Es interesante comparar la vivencia del tema eros en la reciente novela, Memoria de mis putas tristes, de García Márquez (2004) y la concepción que otro latinoamericano tiene sobre el mismo.

                               

Por Helena Ospina
Catedrática, Facultad de Letras UCR
Costa Rica

En una ponencia, “El valor del cuerpo en Octavio Paz”, presentada en el Coloquio Internacional de Literatura Hispanoamericana y sus Valores en la Universidad de La Sabana, Colombia (setiembre 2004) por el Dr. Rafael Jiménez Cataño, se analiza, en la poética del mexicano, su antropología. Para Paz –dice el Dr. Jiménez Cataño- no se da persona sin cuerpo, pero la persona no se agota en el cuerpo. El cuerpo es trámite necesario para alcanzar a la persona, pero hay que trascenderlo; siendo del todo posible quedarse en el cuerpo, sin establecer una relación auténticamente personal. Encuentra, en una serie de textos de La llama doble de Octavio Paz, la unidad de alma y cuerpo como el carácter fundante de la noción de persona: “Cuando hablo de persona humana no evoco una abstracción: me refiero a una totalidad concreta. (…) El alma…no sólo es razón e intelecto: también es una sensibilidad. El alma es cuerpo: sensación; la sensación se vuelve afecto, sentimiento, pasión”. Paz es consciente del origen griego y judeo-cristiano de esta concepción de persona. Pero discierne la gran diferencia existente entre esos dos mundos: “el eros platónico busca la desencarnación, mientras que el misticismo cristiano es sobre todo un amor de encarnación, a ejemplo de Cristo, que se hizo carne para salvarnos. (…) En la contemplación platónica hay participación, no reciprocidad: las formas eternas no aman al hombre; en cambio, el Dios cristiano padece por los hombres, el Creador está enamorado de sus criaturas. (…) El amor humano, es decir, el verdadero amor, no niega al cuerpo ni al mundo” (La llama doble). En la “unidad alma-cuerpo”, característica de la persona, Paz cifra –afirma Jiménez Cataño- la diferencia entre erotismo y amor: entre puro erotismo y amor (porque todos los atributos positivos del erotismo pertenecen a la plenitud del amor; pero el “puro” erotismo es justo lo que lo cierra al amor). Paz ve al puro erotismo como un cúmulo de carencias porque “ni el concepto de alma ni el de persona y menos aún el de libertad aparecen en el erotismo. (…) En el erotismo lo fundamental es el placer y generalmente el placer sin procreación. El erotismo colinda con la muerte” (Paz, Pequeña crónica…). “La licencia sexual, la moral permisiva: ha degradado a Eros, ha corrompido a la imaginación humana, ha resecado las sensibilidades y ha hecho de la libertad sexual la máscara de la esclavitud de los cuerpos”. “El gran ausente de la revuelta erótica de este fin de siglo ha sido el amor. (…) verdadera quiebra que nos ha convertido en inválidos no del cuerpo sino del espíritu” (La llama doble). Una de las descripciones más elocuentes de frontera entre erotismo y amor que cita Paz es la del pasaje del Ulises de Joyce: “Hay una frase en el monólogo de Molly que no hubiera podido decir ninguna mujer enamorada: me besó bajo la pared morisca y yo pensé bueno tanto da él como otro… No, no es lo mismo con éste que con aquél. Y esta es la línea que señala la frontera entre el amor y el erotismo. El amor es una atracción hacia una persona única: a un cuerpo y un alma. El amor es elección: el erotismo: aceptación. Sin erotismo –sin forma visible que entra por los sentidos- no hay amor, pero el amor traspasa al cuerpo deseado y busca al alma en el cuerpo y, en el alma, al cuerpo. A la persona entera” (La llama doble).
 

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Enviado por Arvo Net - Promesa - 07/08/2005 ir arriba
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