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CAMINO (Helena Ospina)

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El corazón de la Iglesia



CAMINO

Una guía de audición para los artistas. Concierto para piano no.1 en sol mayor, op. 999. Experimento un desfase entre lo que se espera de una perspectiva cristiana de la cultura y lo que acontece en el quehacer diario en este terreno.
 
Una guía de audición para los artistas
Concierto para piano no.1 en sol mayor, op. 999




HELENA OSPINA
Catedrática, Facultad de Letras, Universidad de Costa Rica
Directora, PROMESA, Proyecto Cultural de Interrelación de las Artes


 
Congreso Internacional
LA GRANDEZA DE LA VIDA ORDINARIA
Vocación y misión del cristiano en medio del mundo
Roma, 8-11 enero de 2002



Escrivá nos dice que nuestra vida puede ser santa.
Para mí fue importante oír a Escrivá decir
que se puede encontrar a Dios en la profesión.
En nuestro país muchos piensan que la profesión es un yugo,
unas cadenas de las que no te puedes liberar.
Pero Escrivá nos dice que la profesión puede ser
como una revelación de Dios a cada hombre.
Hacía tiempo que lo sentía así,
pero Escrivá lo había formulado de manera más precisa.
Después noté que mi encuentro con Dios
se produce aquí, sentado, junto a mi escritorio.
El poeta reza con su poesía,
el poeta reza en verso.
ALEXANDER IVANOVICH ZORIN
Poeta ruso
Documental “Es cuestión de fe” de Alberto Michelini
Hoja Informativa Nº 14, Año XXIII, I Semestre, Junio de 2000, p. 7



 
ABSTRACT
(Resumen)



CAMINO
, opera prima, en CONCIERTO PARA PIANO.
Autor, divino Artífice. Director, Josemaría Escrivá. Solista, todo artista. Orquesta, la sinfónica cultural del mundo. Guía de audición que se hace en cuatro movimientos. PRIMER MOVIMIENTO: ANDANTE, con la percusión de las notas del carácter, de la dirección, de la oración, y de la santa pureza. SEGUNDO MOVIMIENTO: ALLEGRO, con el enlace de los “grupetos” del corazón, de la mortificación, de la penitencia, del examen, de los propósitos, y de los escrúpulos. TERCER MOVIMIENTO: ADAGIO, con el Largo e pianissimo, de la presencia de Dios, de la vida sobrenatural, más de vida interior, y de la tibieza; con el Andantino, del estudio, de la formación y del plano de santidad; con el Allegro molto appassionato, del Amor de Dios, de la caridad, de los medios, de la Virgen, de la Iglesia, de la Santa Misa y de la comunión de los santos; y con el Larghetto de las devociones, de la fe, de la humildad, de la obediencia, de la pobreza, de la discreción, de la alegría, y de otras virtudes. CUARTO MOVIMIENTO: RONDÓ, el del ascenso vertiginoso, con brío, en las escaladas de las tribulaciones, de la lucha interior, de las postrimerías, de la voluntad de Dios, de la gloria de Dios, del proselitismo, de las cosas pequeñas, de la táctica, de la infancia espiritual, de la vida de infancia…; para cerrar, en finale spiritoso, el llamamiento del apóstol al apostolado que encuentra la perseverancia, gracias al Amor.

 

CONCIERTO PARA PIANO
 

PRIMER MOVIMIENTO: ANDANTE
Andante giusto
·Carácter
Presto ·Dirección
Cantabile ·Oración
Sostenuto ·Santa pureza

SEGUNDO MOVIMIENTO: ALLEGRO

Molto vivace

Corazón
Mortificación
Penitencia
Examen
Propósitos
Escrúpulos

TERCER MOVIMIENTO: ADAGIO

Largo e pianissimo

Presencia de Dios
Vida sobrenatural
Más de vida interior
Tibieza

Andantino
Estudio
Formación
El plano de tu santidad

Allegro molto appassionato
Amor de Dios
Caridad
Los medios
La Virgen
La Iglesia
Santa Misa
Comunión de los Santos

Larghetto
Devociones
Fe
Humildad
Obediencia
Pobreza
Discreción
Alegría
Otras virtudes

CUARTO MOVIMIENTO: RONDÓ

Con brío

Tribulaciones
Lucha interior
Postrimerías
La voluntad de Dios
La gloria de Dios
Proselitismo
Las cosas pequeñas
Táctica
Infancia espiritual
Vida de infancia

Finale spiritoso

Llamamiento
Apóstol
Apostolado
Perseverancia



CONCIERTO PARA PIANO


Camino en clave de sol. En Sol Mayor. En concierto para piano no.1, op. 999. Autor, divino Artífice. Director, Josemaría Escrivá. Solista, todo artista. Orquesta, la sinfónica cultural del mundo.

Retomaré esta partitura, paso a paso, tema por tema, desde el punto de vista del solista, del artista que se sabe llamado a cumplir una tarea insoslayable. Camino es una composición que invita a una visión de la cultura y revela al artista un método. La tonalidad particular que tiene es la que iré ejecutando, a través de la percusión de algunas notas y consideraciones que entresacaré de su pentagrama, por la relevancia que tienen para mi oficio y para el Arte. La razón que me motivó a hacer esta interpretación es el desconcierto que observo en el panorama actual, desconcierto existente tanto en la persona del artista como en su obra. Y puesto que el objetivo que pretendió el autor –cuando escribió Camino– fue el que aprendiéramos a ser almas “de criterio” , con esa meta en mente hago la audición para replantear mi trabajo como poeta y directora de PROMESA, un Proyecto Cultural de Interrelación de las Artes .
¿Qué importancia puede tener para un artista ser “alma de criterio”? Mucha. Así, como en la Economía se ha globalizado la pobreza, en la Cultura –en algunas de sus manifestaciones– se ha globalizado la zafiedad, lo grosero, lo tosco, lo desalmado. ¿Qué hacer entonces? Aprender a ser personas de criterio. Criterio que tiene que ver con la formación estética –el cultivo de lo clásico, del “pulchrum”– y con la forja del carácter. El artista ha de encontrarse primero consigo mismo; descubrir su talento como don ; reconocer al Dador de todo don ; empezar a cultivar una relación personal con el Dador de su don ; descubrir el campo ilimitado de creación artística al cual se le invita ; entender que sólo él –y en un tiempo concreto– puede y debe imprimir a la cultura, el sello irrepetible de su creatividad ; y acoger, en definitiva, su talento como “tarea”, como “proyecto personal de vida” , como invitación a continuar la obra de la creación –y en una perspectiva cristiana, la de la corredención– para acrecentar –con obras– a lo largo del tiempo, el resplandor de la Belleza, porque se sabe co-partícipe del divino Artífice en una nobilísima empresa .

En las Artes experimento un desfase entre lo que se espera de una perspectiva cristiana de la cultura y lo que acontece en el quehacer diario en este terreno. Capto un tremendo vacío en el mundo de la cultura que no puedo atribuir a la falta de creatividad. Hay talento. El talento existe; pero, no irrumpe en los foros con la estatura propia de la dignidad inherente a su oficio. Echo de menos ese ¡arte cabal de personas cabales!, como el que aprecié siempre en la prosa y poesía de la escritora norteamericana Anne Morrow Lindbergh y en la paleta de la pintora colombiana Blanca Sinisterra . No quiero entrar a analizar porqué sucede esto, ya que depende de las motivaciones más íntimas que el artista tiene para crear. Sólo me limito a decir que es imperdonable la ausencia de tanto talento que no se hace presente –con otras tonalidades– en los areópagos.

Juan Pablo II, en su Carta a los Artistas de 1999, replantea el diálogo entre la fe y la cultura. A quienes tuvimos la suerte de estar presentes en Roma –como peregrinos y como artistas – durante el último Jubileo del Mundo del Espectáculo, nos recordó que el artista está llamado a ser modelo de virtudes, de esperanza y de alegría para la humanidad . Esta invitación del Santo Padre tiene que ir tomando cuerpo, poco a poco, en pequeñas comunidades de artistas. Es lo que intento hacer con la ayuda de muchos colegas . Y es lo que a continuación iré marcando, con ritmo, en la ejecución de esta espléndida polifonía de temas que ofrece Camino.

En esta partitura encuentro el método para templar el alma y la visión para trazar las coordenadas de creatividad para una floración –de las letras y de las artes– abierta a un sentido trascendente de la vida. En esta composición hallo, a diario, una fuerte motivación para trabajar como artista en el mundo de la cultura. En Camino no voy a encontrar una definición de cultura; pero, sí todo un planteamiento de vida para el artista –protagonista de la cultura– que abre horizontes insospechados a su trabajo y lo convierte en un revolucionario, porque no existe rebeldía más noble y radical que la de no dejar achicar el medio y acortar el vuelo del espíritu que clama por ver su aleteo encarnado en toda forma expresiva de las Artes.

La relectura de Camino la hago a la luz de la persona del artista que busca forjarse un criterio que oriente su quehacer. Hablaré de todo lo que implica el pulir y formar la persona: –el carácter–. Y como el carácter se pule en el trabajo, iré desglosando esas características que ha de tener su oficio, para que sea medio y ocasión de transformación de su persona y del entorno cultural en el que se mueve.

A lo largo y a lo ancho de Camino campea un estilo, un concepto de cultura que podría definir como el “cultivo del alma” , para poder trabajar como se debe y prestigiosamente en todas las actividades humanas. En esta edificación de la cultura hay un aspecto medular para el artista: el de llevar –al ejercicio de su profesión– sus convicciones más profundas . Más adelante, para preparar el temple de carácter que se precisa, para poder dar esta tonalidad –a la persona y a la obra– en la cultura, da el consejo de no dejar abrevar los sentidos y las potencias en cualquier charca (n. 375). El aprovechamiento del tiempo aquí es capital (nn. 354, 357, 373) como medio para centuplicar el talento recibido, y ponerlo al servicio de los demás. Para el artista, el tiempo se convierte en ¡gloria! (n. 355), en oportunidad de trabajar, de merecer y dar gloria, con su trabajo, a Dios. He aquí, en síntesis, lo que en esta polifonía iré destacando, tema a tema, nota por nota, para el artista y para su obra.

PRIMER MOVIMIENTO
ANDANTE



ANDANTE GIUSTO


Camino abre el primer compás con precisión: hiere la inteligencia y la voluntad del artista para forjar su carácter (nn. 1-55) . Esa responsabilidad tiene una meta: la identificación del artista con la persona de Cristo . Su “compostura”, su “conversación” (n. 2) –y podríamos extender esta invitación a la manifestación en sus obras– ha de rebosar –en su ser y en su obrar– esa presencia de la Persona que ama. Constituye un aldabonazo a la responsabilidad del artista para que no deje vacante su don. Su talento no debe quedar a la merced de veleidades. Es un compromiso que ha de empuñar, día a día, con seriedad, para que el Espíritu le encuentre disponible, atento, “en forma”, cuando le roce con la fina brisa de su inspiración. El talento se da; se tiene; pero, el artista –que ha de trabajar dicho don– es una persona que ha de saberse en constante formación.
A lo largo de Camino el artista va decantando un estilo de esa gradual identificación con el ideal propuesto. Un aspecto fundamental –para esta sucesiva conversión y transformación– es el de la “gravedad” (n. 3), entendida como ponderación, como personalidad centrada que refleje “la paz y el orden de su espíritu”. Cuando el artista va aquistando este dominio de sí, sus obras irradiarán la armonía, el equilibrio y la paz propios de su espíritu. En este estilo, la virtud de la fortaleza es clave. “Sé varón –‘esto vir’” (n. 4) es el primer acorde que hay que dar. Acostumbrarse “a decir que no” (n. 5). Evitar el “espíritu pueblerino”(n. 7). Templar la voluntad . Estos acentos constituyen un aguijón, un “golpe de gracia” que empuja al artista a hacer lo que debe, porque sólo él lo puede hacer . Y cuando esta lucha por adquirir ese temple –que requiere toda obra de Arte– se ve interpelada por el grito de batalla –“Dios y audacia” (nn. 11, 401)– y un motivo soberano –“Regnare Christum volumus!” (n. 11)–, el artista aprende a trabajar frente a su destino eterno, cara a Dios, cuyo reinado quiere hacer resplandecer en la ciudad terrena. Esto no quiere decir que su obra tenga que ser “religiosa” –¡viva la libertad!–, sino que tiene que ser “cabal”, y estar a la altura de la dignidad de su vocación y de su misión.
El secreto de ese temple lo adquiere el artista, gracias a una serie de matices –llenos de un vivísimo realismo– que Escrivá va dando al alma en su partitura, que le animan a arremeter su tarea “contra corriente” . Es un crecer en las virtudes teologales de la fe, para creer en una visión del Arte; de la esperanza (n. 95), para esperar contra toda esperanza; y de la caridad, para afinar constantemente el porqué y para qué de su acción creadora. Estos vibratos animan todo el proceso creador del artista –lleno de altos y de bajos, de períodos fecundos y baldíos, de posibilidades y limitaciones–, y le instan a perseverar .
No falta tampoco en Escrivá, el consejo tajante que insta a cortar todo desperdicio del talento, cuando deja de ser fiel para venderse y “estar a la moda” . Juan Pablo II también dio este consejo a los artistas durante el Jubileo del Mundo del Espectáculo, cuando nos pidió que cultiváramos, de manera especial, “la interioridad”, porque nuestro trabajo está volcado “hacia afuera” –hacia el público–, y precisa, por lo tanto, cuidar nuestra relación personal con Cristo, para poder brindar al espectador, la riqueza del Espíritu.
Otra precisión que da Escrivá y que cobra gran importancia para el artista es la del “cuidado de las cosas pequeñas” que fortalecen y virilizan la voluntad (n.19). Todo esfuerzo pequeño cuenta, todo boceto preliminar es indicio y germen de la obra maestra. Ahí está el secreto del “–Sé hombre. –Y después… sé ángel” (n. 22). No se puede llegar a lo sublime, sin antes haber recorrido el trecho de lo ordinario en lo ordinario.
La virtud de la generosidad es imperativa en el oficio del artista, cuando le dice que no puede encerrarse en una “torre de marfil” (n. 29). Destaca una cualidad que nunca puede perder: la de la magnanimidad . Subraya el sentido profesional que el artista debe ir adquiriendo en la técnica de su oficio y en la captación de la verdad del mismo . Le exhorta a rechazar vehementemente todo eufemismo, cuando le hace saber que es “ocasión de que los enemigos de Dios, vacío de ideas el cerebro, se den tono de sabios y escalen puestos que nunca debieran escalar” (n. 35). Aquí está la raíz del vacío que experimento en el arte contemporáneo: la omisión de tantos talentos –como dice el poeta de la Antigua Guatemala –: “de poetas que no escribieron, / pintores que no pintaron, / músicos que se callaron / y santos que no lo fueron”.
Al templarse el carácter del artista, su obra irá adquiriendo un peso propio; valdrá por sí misma, sin ceder a veleidades, sin justificar lo injustificable . Al Arte podríamos también aplicar la pregunta que hace sobre la persona humana: “¿Será verdad –no creo, no– que en la tierra no hay hombres sino vientres?” (n. 38). Al desarticularse arte y persona de una integridad –donde el arte refleje, en su fondo y en su forma, la unidad espiritual y corporal de la persona–, todo se ha reducido a una expresión minimal del ser y de su potencialidad expresiva .


PRESTO

En el tema sobre dirección (nn. 56-80) encuentro las siguientes luces para entrever la actitud de disponibilidad que el artista debe tener frente a su don. Si el talento es un chispazo de la voluntad creadora de Dios, y si Dios ha querido asociar al artista a su obra, la docilidad a su Espíritu es imprescindible . También habla de no estorbar la obra del Paráclito (n. 58), consejo que el artista puede aplicar a su trabajo personal, para ser dúctil, estar atento y con la voluntad presta para ejecutar sus obras . Cuando aconseja que lleve la dirección de su nave, un Maestro (nn. 59, 60, 61, 62), viene bien recordar que “el gusto” –“el buen gusto”– no se forma de un día para otro. Se precisa la mano del experimentado, que aconseje, apuntale, haga descubrir las múltiples posibilidades de resolución de un problema artístico formal; que enseñe a calibrar el paso de la “maestría” a lo largo de los siglos; que le haga caer en cuenta que el Arte –después del dato de la Encarnación del Hijo de Dios– nunca volvió a ser el mismo… Todo esto se logra con paciencia, con tiempo, con la educación de la retina y del oído, en la degustación serena de lo bello, desde la infancia temprana hasta el ocaso de la vida. En Camino aparece reiteradamente el tema de la necesidad de la disciplina –horarios, hora fija, orden…(nn. 76, 77, 78, 79, 80)– para poder secundar las mociones del Paráclito .


CANTABILE

En el tema dedicado a la oración (81-117), los consejos que Escrivá da al solista (nn. 81, 82, 83, 92, 96) los supieron vivir los artistas embebidos y enamorados de su fe, a lo largo de la Historia del Arte: la oración como cimiento de la actividad artística. Basta pensar en los largos ratos de meditación, antes de la elaboración de sus obras, de Fra Angelico; de los artistas orientales frente a sus iconos; del arquitecto Gaudí; del pintor Chagall al final de su vida. El consejo que Escrivá da sobre la prisa que no hay que tener (n. 85), cuando se platica con Quien se platica –y en el caso del artista, cuando hace su obra para Quien la hace–, nos instruye sobre la calma, la paciencia y la perfección –dentro de las limitaciones propias de lo humano– a la cual debe aspirar la obra del artista. Aparecen también aquí una serie de acentos para enreciar su temple y ayudarle a perseverar en su tarea, cuando escasean los frutos o se hacen esperar (nn. 101, 102, 104). El trato asiduo –personalísimo– del artista con su Creador (nn. 105, 106, 107, 108, 109, 117) es el que le permitirá no sucumbir, ante el desfallecimiento propio y la adversidad del ambiente; y es el que le ayudará a rectificar, siempre que sea preciso, la intención en su quehacer artístico.


SOSTENUTO

En el capítulo dedicado a la santa pureza (nn. 118-145), el artista encuentra con nitidez el perfil de la obra que se espera de él, y la cruzada que ha de librar en el mundo de la cultura, para anular “la labor salvaje de quienes creen que el hombre es una bestia” (n. 121). Le reta en esta labor . Le descubre el anverso –la “corona triunfal” (n. 123)– de este dulce peso, al tener que domesticar a diario, al hombre viejo que todo mortal lleva dentro. Le muestra la radiografía del hombre “animal” –falsario, egoísta, cruel–, y la del hombre “casto” –¡íntegro!– (n. 124). El artista encuentra en estos consejos, advertencias prácticas para crecer en el dominio de sí, que tantas repercusiones tendrá para su obra y para transformar su entorno cultural . En esta ardua tarea, el autor recuerda al artista la altura, la hondura y la nobleza de su dignidad, comprada a gran precio (n. 135), para que se anime a glorificar a Dios, llevándole en su cuerpo y en su obra.


SEGUNDO MOVIMIENTO
ALLEGRO

MOLTO VIVACE


En el tema sobre el corazón (nn. 146-171), Escrivá advierte al artista las fuentes límpidas donde ha de abrevar el corazón su inspiración . Aquí es donde la labor –del entorno familiar y de los verdaderos maestros– juega un papel determinante en la formación estética del futuro artista.

En el tema sobre la mortificación (nn. 172-207) aconseja la guarda de la vista (n. 183), de la cual va a depender la nobleza o la iniquidad de su obra (n. 184). Le anima a mirar con los ojos de la fe, para descubrir el mundo insondable de su propia interioridad, que puede ser fuente de magnas obras. En esa escala de la interioridad, le invita a descubrir “el valor del sacrificio escondido y silencioso” (n. 185) de su labor artística. Le pide el todo por el todo (n.186) hasta hacerse oblación; y su obra, holocausto. En la lucha por bruñir la rectitud de intención, el ritmo es marcado: “Todo lo que no te lleve a Dios es un estorbo. Arráncalo y tíralo lejos” (n. 189) . En el esfuerzo por aquistar la perfección de la obra, Escrivá habla de “los tesoros” (n. 194) que han de acompañar su faena –“hambre, sed, calor, frío, dolor, deshonra, pobreza, soledad, traición, calumnia, cárcel…”–, para que nunca baje el listón de lo que conlleva su vocación –co-partícipe del Creador– para acrecentar la belleza en su creación. Le enseña que ese “morir a sí mismo” lleva en sí, la promesa de la fecundidad: “si el grano de trigo no muere queda infecundo . Sólo así se explica a un Miguel Ángel octogenario, coronando “El Último Juicio”; y a un Gaudí, viendo proyectada, a través del tiempo, la construcción de su “Sagrada Familia”.

En el tema sobre la penitencia (nn. 208-234), Escrivá sigue insistiendo en el dolor como fuente fecunda de la creación. Anima al artista a ver la fuerza que en sí encierra para el crecimiento de todo bien (n. 208). Y si hay alguien que sabe de cribas en su menester es el artista. Por eso, las consideraciones de Escrivá vienen como bálsamo a sus fatigas, incomprensiones, tribulaciones (n. 209) . El artista sabe mejor que nadie que está compelido al cumplimiento de su voluntad creadora. Esta obra no se lleva a cabo sin dolor. Escrivá asemeja este dolor al sufrimiento de Cristo (n. 213). Le espolea con este pensamiento, cuando la tentación de lo fácil le acecha (n. 214). Le dice que es el precio que ha de pagar por la felicidad (n. 217). Y le invita a ver la hermosura de ese trueque . Le abre los ojos en esta batalla, cuando le advierte: “Tu mayor enemigo eres tú mismo” (n. 225). Lleva su dolor más allá de lo personal, y le abre –en una perspectiva cristiana de la vida– los horizontes insospechados de la corredención (n. 232) en la “economía del espíritu” (n. 234).

En el tema sobre el examen (nn. 235-246), el artista es llevado a esta labor diaria (n. 235). El examen “despacio, con valentía” (n. 236) es el que le dará la fuerza y la determinación, para cortar con todo lo que estorbe. Le enseña a hacer fecundos sus yerros (n. 239). Insiste en la petición de luces (n. 240) que necesita, para dar con la raíz de su persona y de su obra. Le muestra la fidelidad en las cosas pequeñas .

En el tema sobre propósitos (nn. 247-257), aparece la vivacidad con que se han de escudriñar y poner por obra, para que llegue a feliz término su creación (n. 247). Muestra la sabiduría de “lo poco”, frente a la dispersión de “lo mucho” . Enseña la derrota del adverbio “¡mañana!” (n. 251). Descubre la “vana gloria” que se esconde tras todo aplauso, cuando no se dirige a la gloria de Dios (n. 252). Insiste en el “hoy, ahora” del trabajo creador, para deshacer los espejismos del “ayer” y del “mañana” (n. 253). Le interpela con el “condicional” de la invitación que el Creador hace al artista , asegurándole una felicidad sin límites.

En el tema sobre escrúpulos (nn. 258-264), le anima al gozo que la creación artística conlleva, para dejar de lado todo lo que le robe la paz a su espíritu (n. 258). Le apremia a no empequeñecer el Corazón amorosísimo del Creador, y le enseña a ver –en las derrotas– el “entrenamiento para la victoria definitiva” (n. 263). No resiste la desconfianza ni el titubeo. Insta enérgicamente a emprender de nuevo la tarea –“¡a trabajar!” (n. 264)–; acicate maravilloso, éste, que necesita todo artista, en los altos y bajos que le tiende arteramente su sensibilidad, porque la sensibilidad, si no la “enfunda” en la firmeza de “la masa de acero”, sensibilidad inerte se queda.


TERCER MOVIMIENTO
ADAGIO

LARGO E PIANISSIMO


En el tema sobre la presencia de Dios (nn. 265-278), la visión y el método se agudizan, porque Escrivá señala al artista el secreto para acrecentar las obras de su espíritu. Le embebe de la certeza, de que su persona y su obra están bajo la mirada amorosa de Dios Padre (nn. 267, 273, 274). Le acostumbra a elevar el corazón a Dios –en acción de gracias– muchas veces al día, mostrándole los mil motivos que pueden llevarle a hacerlo (n. 268). Le traza el A-B-C de su itinerario artístico .

En el tema sobre la vida sobrenatural (nn. 279-300), Escrivá da una tercera dimensión –altura, relieve, peso y volumen– (n. 279) espléndida –la que da la fe– a la creación artística. Si el artista pierde esta dimensión, no vacila en advertirle la esterilidad a la cual queda abocada su obra (n. 280). Le invita al recogimiento (nn. 281, 283). Le anima a las sucesivas conversiones (n. 285) que debe sufrir, día a día (nn. 290, 292), para que persona y obra alcancen su plenitud. Le enseña la hermosura de servir con voluntariedad actual (n. 293). Le descubre los frutos que vendrán, tras las noches oscuras del espíritu (n. 294). Le muestra el señorío de sí (n. 295), y la alegría que dan, al espíritu, estas “¡luces nuevas!” que le hacen descubrir otros Mediterráneos .

En el tema –más de vida interior (nn. 301-324)–, Escrivá descubre –al artista y a la cultura– un secreto: “estas crisis mundiales son crisis de santos”. Le muestra la responsabilidad que tiene: “–Dios quiere un puñado de hombres ‘suyos’ en cada actividad humana” (n. 301). Le enseña el sello de la perfección de la obra de arte: la sencillez (n. 305). Le entrena en la “milicia” de su oficio, que no ha de conocer tregua ni comodidad (n. 306). Le ayuda a adquirir el hábito de revestirse de Cristo en el Sacramento de la Penitencia (n. 310). Le hace soñar con ser “alma de apóstol”, fomentando incendios en su corazón y “hambres de almas” (n. 315). Le apremia a correr, para ganar el premio (n. 318) y coronar el edificio de su santificación, con la gracia de Dios y la correspondencia de su voluntad (n. 324).

En el tema sobre la tibieza (nn. 325-331), Escrivá le enseña a cazar las pequeñas raposas que destruyen su persona y su obra (n. 329). Le advierte del peligro en que se encuentran, si no buscan seriamente la perfección (n. 326). Le amonesta paternalmente . Le impele a buscar la magnanimidad, para erradicar todo cálculo o “cuquería” (n. 331), toda ociosidad y vanidad, todo obrar por motivos meramente humanos.

ANDANTINO

El compás, en este movimiento, se torna ahora más exigente, para perfeccionar la ejecución iniciada en el plano de las virtudes naturales.

En el tema sobre el estudio (nn. 332-359), Escrivá urge al artista a una formación profesional seria (n. 334). Le descubre el valor sobrenatural y la obligación grave de una hora de estudio (nn. 335-336). Le muestra la tarea de apologista de la Santa Fe que le espera (n. 338) en el campo de la cultura, para la cual necesita ciencia e idoneidad (n. 340). Le hace ver cómo no puede desentenderse de esa obligación. Sólo si trabaja con este sentido profesional podrá mejorar la vida de su alma y la de los demás (nn. 343-344).
Aparece explicitado el tema de la cultura como “medio” y no como “fin” . Le amonesta: “Sólo te preocupas de edificar tu cultura. –Y es preciso edificar tu alma...(n. 345) . Es fuerte cuando le recrimina: “no me explico que te llames cristiano y tengas esa vida de vago inútil. –¿Olvidas la vida de trabajo de Cristo? (n. 356).

En el tema sobre la formación (nn. 360-386), Escrivá revela la hermosura y exigencia del trabajo como servicio, advirtiéndole las coartadas que le tienden la ambición, la vanidad y la sensualidad (n. 364). Le regala su lema de apóstol: “Trabajar sin descanso” (n. 373). La obediencia es el acorde medular de toda la composición, para poder ser fiel a la partitura del divino Artífice y al conductor de la orquesta (nn. 362, 377, 381).

En el tema sobre el plano de tu santidad (nn. 387-416), Escrivá toca tres acordes fundamentales –para la fidelidad– en la ejecución de su tarea como artista protagonista en el mundo de la cultura: “la santa intransigencia”, “la santa coacción” y “la santa desvergüenza” (n. 387) .

ALLEGRO MOLTO APPASSIONATO

En el tema sobre el amor de Dios (nn. 417-439), Escrivá saca a relucir el leit-motif de toda su composición: “No hay más amor que el Amor!” (n. 417). Lleva al artista a la captación sublime del “dolor de Amor”, para infundirle una sed apasionada por vivir de amor , para desagraviar tanto desamor.

Le enseña la nobleza de la caridad (nn. 440-469) y del “construir” como labor que requiere maestros, con una imagen hermosa tomada de la Arquitectura: “Hacer crítica, destruir, no es difícil: el último peón de albañilería sabe hincar su herramienta en la piedra noble y bella de una catedral” (n. 456). Ayuda al artista a comprender la fecundidad de la fraternidad bendita, con las bellas imágenes –de la “ciudad amurallada” (n. 460) y del “hilo y otro y muchos, bien trenzados” (n. 480)–, para sostener su lucha en pequeñas comunidades de artistas, y acrecentar así la fuerza de sus ideales –ese “pan de buen trigo” (n. 467)– que el mundo de la cultura necesita.

Los medios (nn. 470-491) para llevar a cabo esta tarea son los de siempre: la fidelidad, la esperanza, la humildad, la docilidad, la entrega sin límites… (nn. 472, 473, 474, 475, 476, 477) . Para Escrivá la labor de todo artista es necesaria; todo instrumento es útil; cada uno tiene su misión propia (n. 484). “Trabajo… hay. –Los instrumentos no pueden estar mohosos” (n. 486). Le anima a no parar ante ninguna dificultad . Cierra el capítulo con dos acordes: “rectitud de corazón” y “buena voluntad”, y con la mirada puesta en cumplir lo que Dios quiere, para ver “hechos realidad”, sus ensueños de Amor (n. 490), en la edificación de la urdimbre espiritual de la cultura.

A partir de este momento, Escrivá súbitamente asciende su composición a un plano más sobrenatural, mostrando los enlaces que necesita el artista para su obra de arte. La Virgen (nn. 492-516) le dará la reciedumbre y la ayuda que necesita (nn. 508, 513, 515). La Iglesia (nn. 517-527) le mostrará la universalidad del espíritu (n. 525) al cual está llamado, y le llenará de júbilo: “¡Hay que romper a cantar!” (n. 524), para que se desborde en armonías, el agradecido entusiasmo por Dios. La Santa Misa (nn. 528-543) se convertirá en el centro y raíz de su vida y de su obra. La Comunión de los Santos (nn. 544-550) le

Enviado por Promesa - Arvo Net - 28/06/2005 ir arriba
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