Por Ricardo Yepes Stork
En Palabra 295, XII - 1989 (640)
LO MÁS ATRACTIVO DE HEIDEGGER ES SU PLANTEAMIENTO DEL HOMBRE
COMO AUTORREALIZACIÓN PROPIA.
En 1989 se han cumplido cien años del nacimiento de Martin
Heidegger, considerado el filósofo más importante del
siglo XX. Su vida y su obra están llenas de contrastes y han
dado lugar a una larga polémica, en la que los intelectuales
europeos han vuelto a examinar nuestro pasado reciente y el
puesto que en él ocupa Heidegger. En cualquier caso, el centenario
ha servido para poner de relieve un hecho tal vez poco advertido:
que algunas ideas, que en su día aparecieron en las obras
eruditas del pensador alemán, hoy están en la calle.
La pluma de todos los filósofos europeos del momento (Derrida,
Vattimo, Lyotard, Finkielkraut, Habermas...) ha corrido
apasionada a esclarecer el punto central de la polémica: la
vinculación de Heidegger con el nazismo. Aunque era asunto
conocido desde antiguo, la cuestión adquirió nueva relevancia
cuando el chileno Víctor Farias publicó en 1987 su libro Heidegger
y el nazismo (1). En él se presentan los hechos biográficos
que le vincularon con el nacionalsocialismo y unas interpretaciones
sobre la vecindad de su filosofía con este régimen político.
Farias ha logrado levantar una gran polvareda. Se han publicado
ya cinco obras que toman postura frente a su tesis. Unos aceptan
la importancia de la opción política de Heidegger, y aun las
raíces que en su doctrina tiene esa opción (2), Otros, en
cambio, desacreditan a Farias e insisten en que la adhesión
de Heidegger al nazismo fue un tremendo error que no invalida
su pensamiento. Así piensa, por ejemplo, Otto Pöggeler,
uno de sus principales discípulos (3).
UNA AZAROSA BIOGRAFÍA
Para entender lo ocurrido conviene recordar algunos rasgos
de la biografía de Heidegger. Se educó en una familia humilde,
de religión católica. Estuvo cerca de dos años en el seminario
de Friburgo, entre 1909 y 1911, y decidió después dedicarse
a la filosofía. En 1914 obtuvo el doctorado y un año más tarde
la habilitación para enseñar.
A partir de 1919 se separó de la Iglesia católica, pues pensó
que las conclusiones de su teoría del conocimiento hacían
problemático e inaceptable el sistema del catolicismo.
En los años siguientes se alejó de toda religión. Aunque Heidegger
nunca hablaba de cuestiones íntimas, y muy difícilmente daba
a conocer sus sentimientos personales, su agnosticismo resulta
evidente: su sistema metafísico no muestra realidades trascendentes
al hombre. Resulta difícil negar que la decepción religiosa
de su juventud, y sobre todo su peculiar interpretación de
la historia de la filosofía, le obligó a instalarse en una
visión del mundo ajena al cristianismo.
Sin embargo, lo más llamativo de su biografía es su rápido
ascenso en la carrera académica. En 1923 es nombrado catedrático
de Marburgo. Cinco años después pasó a suceder a Husserl,
su maestro y el principal filósofo de la época, en la cátedra
de Friburgo. En 1927 publicó su obra más importante: Sein
und Zeit (Ser y tiempo). A partir de entonces creció su
fama y sus discípulos se multiplicaron. Un atractivo estilo
docente, un gran conocimiento de la antigüedad clásica y su
planteamiento radical de la tradición alemana atrajeron a
muchos jóvenes. Hannah Arendt ha dicho que entonces
era "el rey sin corona del imperio del pensamiento".
En abril de 1933, cuando los nazis ya estaban en el poder,
Heidegger fue nombrado rector de la Universidad de Friburgo.
Ingresó en el partido y desarrolló durante un año una política
universitaria sectaria y favorable al régimen. Cuando vio
que perdía influencia la facción del nazismo a la que él se
sentía próximo (las SA de Röhm) dimitió del rectorado
en abril de 1934 y, decepcionado, se retiró de la política
activa.
Al final de la guerra, las autoridades francesas le quitaron
el permiso para enseñar y se retiró a su casa de campo de
Messkirch, donde vivió a su gusto, como un campesino olvidado.
Nunca quiso hablar del pasado ni repudiar su actuación. Ni
siquiera lo hizo en la entrevista para Der Spiegel,
que concedió para que fuera publicada póstumamente. Este silencio
pertinaz ha sido desaprobado aun por sus más acérrimos defensores.
CEGUERA POLÍTICA
La polémica sobre Heidegger y el nazismo no es una
simple cuestión biográfica: pone al descubierto una vinculación
real entre una filosofía tenida por grandiosa y un compromiso
político que resultó ser radicalmente inhumano. Probablemente
Heidegger padeció una ceguera política que en
las agitadas circunstancias históricas del momento le impidió
ver a dónde llevaría el nazismo. Pero trivializar su compromiso
o relegarlo a un plano secundario podría ser miopía ante la
cruda verdad: el mayor filósofo del siglo se identificó con
un régimen que ha llevado a la humanidad al borde del abismo.
Semejante hecho es difícilmente defendible. Por eso algunos
han dicho que éste es un centenario amargo, en el que
la conciencia europea ha vuelto a sentir el escozor de un
pasado lleno de crímenes.
En el sistema de Heidegger hay un fuerte componente
nacionalista, que explica su postura política. Para él, Alemania
es "el corazón de los pueblos", y la realización de
su destino es la tarea histórica que le corresponde. El pueblo
alemán es el heredero de los griegos para la realización de
Europa. Se trata de un neopaganismo que entronca con la tradición
alemana antiliberal del siglo XIX La primacía de la nación
y de la cultura alemanas es una constante en su pensamiento.
Lo que subyace en el pensamiento de Heidegger es la
idea de que Platón y Aristóteles, y después la tradición
judeocristiana, olvidaron el inicio de la filosofía griega.
Platón comienza el "olvido del ser" y concede
primacía a la razón, que desde entonces se convierte en dominadora
de la naturaleza: es la técnica moderna, hecha fin de sí misma.
Heidegger es antimoderno porque, con Nietzsche,
piensa que la modernidad ha fracasado. En su lugar, propone
volver a los orígenes presocráticos y enfrentarse a la técnica,
en la que veía una creciente amenaza. La democracia y el sistema
económico occidental nunca gozaron de su simpatía.
Sin embargo, en sus meditaciones sobre la técnica se acerca
a la preocupación ecológica actual, que defiende la naturaleza
amenazada por la explotación desmedida de la tecnología. La
recuperación de la naturaleza tiene en Heidegger un
precedente importante.
LA BÚSQUEDA DEL SER
En el terreno metafísico, Heidegger llevó a cabo una
empresa más importante que sus derivaciones nacionalistas
o antitecnológicas. Consciente del fracaso de la metafísica
moderna, dedicó su vida a la búsqueda de ese ser perdido
desde Platón. La mayoría de su extensa obra está dedicada
a examinar con detalle esta compleja cuestión. La erudición
y profundidad de sus análisis, en especial del pensamiento
griego, le ha ganado un puesto de honor en la historia de
la filosofía.
Ahora bien, su actitud intelectual muestra un gran patetismo,
pues nunca logró encontrar respuesta a la pregunta por el
ser de la que arranca todo su pensamiento desde Ser y tiempo
y que se prolonga hasta sus últimas obras.
La razón de esa búsqueda infructuosa está en su deficiente
teoría del conocimiento, según la cual el único horizonte
de la vida humana es el tiempo, y por consiguiente la muerte.
No hay nada perdurable, la verdad escapa a todas las preguntas
y razonamientos. Como dijo una vez: "Las demostraciones
cansan a la verdad", o sea, la verdad escapa a la razón,
no hay verdades objetivas.
Lo que hay de permanente en Heidegger es su descomunal
esfuerzo por despejar el camino hacia la auténtica metafísica.
Es ahí donde hay que buscar su grandeza y su limitación. Ningún
otro pensador de este siglo se ha planteado con el mismo vigor
el eterno tema del ser, centro de la filosofía. Pero los supuestos
de que partió -la fenomenología de Husserl- no le permitieron
acertar con la solución tan deseada. Hubiera sido preciso
que aceptase el realismo. Pero, a pesar de conocer bien a
Aristóteles, no supo hacerlo.
Heidegger representa el espíritu de buena parte del
siglo XX. Su universo está lleno de erudición cultural y de
carga histórica, pero rezuma agnosticismo y frustración en
sus aspiraciones de ofrecer al hombre un modelo feliz de vida
y de sociedad.
GIRO ANTROPOLÓGICO
Heidegger tiene un universo lingüístico difícil, pero muy
sugerente. Es una de las razones de su atractivo. Sus oscuras
expresiones han corrido por todas las lenguas, pese a su complicada
traducción o incierto significado ("la nada vadea", "ser-en-el-mundo",
etc.). Su influencia ha llegado a estratos muy amplios de
la filosofía de los últimos decenios.
Incluso llegó a no pocos teólogos protestantes y católicos
-por ejemplo, Rahner- que vieron en su giro antropológico
un camino para armonizar la fe cristiana con el pensamiento
moderno, sin tener en cuenta las carencias de su teoría del
conocimiento, que cerraban la posibilidad de semejante síntesis.
Terminada la carrera de los que han sido sus discípulos principales
(el mencionado Pöggeler; Gadamer, el más importante,
etc.), en los últimos años los filósofos europeos han vuelto
a interpretar a Heidegger buscando perspectivas originales.
El resultado es un pensamiento desorientado e inconexo, de
escasa creatividad: no pasan de meras reinterpretaciones a
través de Nietzsche u otros pensadores.
(1) Heidegger et le nazisme, Verdier, París (1987). Edición
española. reciente: Heidegger y el nazismo, Muchnik,
Barcelona, 1989.
(2) Así, Philippe Lacoue-Labarthe, La fiction du politique,
Ed. Christian Bougois, París, 1989.
(3) Pöggeler ha escrito El camino del pensar de Martin Heidegger.
Ver también Luc Ferry y Alain Renault, Heidegger et les modernes,
Grasset, París, 1989.
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