Entre ellos:
- La problemática proliferación, particularmente en Estados
Unidos, de acusaciones de abuso sexual, rituales satánicos,
sacrificios humanos de niños y cosas por el estilo llevadas
a cabo por personas, muchas de ellas guiadas por terapeutas,
que súbitamente recuerdan lo que supuestamente reprimieron durante
años o décadas. Aunque con casi toda certeza Freud habría considerado
la mayor parte de esas acusaciones con un mordaz escepticismo,
su teoría de la represión y el inconsciente está siendo utilizada
-la mayoría de los freudianos dirían mal utilizada- para afirmar
la autenticidad de las mismas.
- El continuado éxito de las drogas en el tratamiento o alivio
de desórdenes mentales que van desde la depresión a la esquizofrenia.
Aproximadamente diez millones de estadounidenses, por ejemplo,
están tomando ese tipo de medicación. En honor de Freud hay
que decir que previó esta tendencia. En 1938, un año antes de
su muerte, escribió: "El futuro puede enseñarnos a ejercer una
influencia directa, por medio de sustancias químicas particulares".
No obstante, el reconocimiento de que algunas neurosis y psicosis
responden favorablemente al tratamiento mediante drogas hace
añicos el dominio originalmente reivindicado para el tratamiento
psicoanalítico.
- Una riada de nuevos libros que atacan a Freud y a su invento
del psicoanálisis por una extensa serie de errores, duplicidades,
pruebas amañadas y pifias científicas.
Este último fenómeno constituye la intensificación de una historia
que viene de lejos. Mientras Freud iba captando acólitos y legiones
de reclutas teóricos, él y sus ideas atraían regularmente violentos
ataques, a menudo de sectores influyentes (...).
La constante lluvia de argumentos anti-Freud sirvieron poco
para desalentar la presentación de sus teorías o para desanimar
el celo de sus seguidores. De hecho, Freud abrió un paraguas
aparentemente impermeable a las críticas de los principios psicoanalíticos.
Él caracterizó tales desacuerdos, de pacientes o cualesquiera
otros, como "resistencia", y luego afirmó que los ejemplos de
tal resistencia equivalían a "una real evidencia en favor de
lo correcto" de sus afirmaciones.
Esta ilógica defensa se ha desmoronado en gran parte. El reciente
descubrimiento de documentos relacionados con Freud y su círculo,
más la parsimoniosa autorización para publicar otros por parte
de los herederos de Freud, han proporcionado crecientes datos
sobre el hombre y sus obras. Algunos son inquietantes (...).
Ante el hecho de que las historias publicadas de casos clínicos
de Freud registran resultados poco convincentes o lamentables,
algunos seguidores se han batido en retirada: Freud puede no
haber sido muy bueno al practicar lo que predicaba, pero ese
lapsus no invalida en modo alguno sus teorías generales.
Esos defensores tienen ahora que enfrentarse a Validation
in the clinical theory of psychoanalysis (International
Universities Press), de Adolf Grünbaum, un eminente filósofo
de la ciencia y profesor en la Universidad de Pittsburgh. El
libro, basado en la crítica de Grünbaum de 1984 de los cimientos
psicoanalíticos, es una monografía, y una sobria, a veces exasperantemente
abstrusa, devastación del status del psicoanálisis como ciencia.
Grünbaum examina desapasionadamente una serie de premisas psicoanalíticas
claves: la teoría de la represión (lo que Freud denominaba "la
piedra angular sobre la que descansa toda la estructura del
psicoanálisis"), las capacidades investigadoras ofrecidas por
la asociación libre, la importancia del diagnóstico de los sueños.
Grünbaum no pretende que la idea de los recuerdos reprimidos,
por ejemplo, sea falsa. Simplemente, sostiene que ni Freud ni
ninguno de sus sucesores ha demostrado alguna vez la existencia
de un vínculo causa-efecto entre un recuerdo reprimido y una
neurosis posterior, o entre un recuerdo recuperado y una consecutiva
curación (...).
Hay que demostrar más: Grünbaum encuentra fallos similares en
la importancia que Freud atribuye a los sueños y a los actos
fallidos, tales como los denominados lapsus freudianos: "Los
tres principios -la teoría de la neurosis, la teoría de por
qué soñamos y la teoría de los lapsus- tienen el mismo problema.
Todos están socavados por el fracaso de Freud en demostrar una
relación causal entre la represión y la patología. Éste es el
motivo de que los cimientos del psicoanálisis sean muy movedizos"
(...). |