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Por Víctor
Mani
Profesor de Filosofía y de Teoría del conocimiento
del Bachillerato Internacional
1. CARACTERÍSTICAS DEL EMPIRISMO BRITÁNICO
Toda esta corriente de pensamiento se interesa por el problema
de las facultades cognitivas y las posibilidades y limitaciones
del conocimiento humano.
a) Escepticismo de la razón.
Yo aventuraría aquí una proposición que considero general
y sin excepción: que no puede citarse ni un solo caso en el
que el conocimiento de la relación que hay entre la causa
y el efecto pueda obtenerse a priori; sino que, al contrario,
este conocimiento se debe únicamente a la experiencia, que
nos muestra ciertos objetos en una conjunción constante.
Presentad al mejor razonador que haya salido de las manos
de la naturaleza un objeto que le sea enteramente nuevo; dejadle
examinar escrupulosamente sus cualidades sensibles; yo lo
desafío, después de este examen, a que pueda indicar una sola
de sus causas, o uno solo de sus efectos. [86]
b) Dogmatismo de la experiencia sensible (sólo las
impresiones de los sentidos son fiables).
No hay ni un solo caso en el que, sin la ayuda de la experiencia,
puedan determinarse los acontecimientos e inferir su existencia,
ya en calidad de causa, ya en calidad de efecto. 87
c) Menos atención a la metafísica y crítica de la metafísica
racionalista.
Si procediéramos a revisar las bibliotecas convencidos de
estos principios, ¡qué estragos no haríamos! Si cogemos cualquier
volumen de teología o metafísica escolástica, por ejemplo,
preguntemos: ¿Contiene algún razonamiento abstracto sobre
la cantidad y el número?. No. ¿Contiene algún razonamiento
especial acerca de cuestiones de hecho o existencia?. No.
Tírese entonces a las llamas, pues no puede contener más que
sofistería e ilusión. [88]
Principios asumidos confiadamente, consecuencias defectuosamente
deducidas de esos principios, falta de coherencia en las partes
y de evidencia en el todo: esto es lo que se encuentra por
doquier en los sistemas de los filósofos más eminentes; esto
es, también, lo que parece haber arrastrado al descrédito
a la filosofía misma. [89]
d) Temas preferentes de esta corriente de pensamiento son:
teoría del conocimiento, filosofía natural y política.
Es evidente que todas las ciencias se relacionan en mayor
o menor grado con la naturaleza humana, y que aunque algunas
parezcan desenvolverse a gran distancia de ésta, regresan
finalmente a ella por una u otra vía (..), pues están bajo
la comprensión de los hombres y son juzgados según las capacidades
y facultades de éstos (..) Aquí se encuentra, pues, el único
expediente en que podemos confiar para tener éxito en nuestras
investigaciones filosóficas (..) En vez de conquistar de cuando
en cuando un castillo o una aldea en la frontera, marchemos
directamente hacia la capital o centro de estas ciencias:
hacia la naturaleza humana misma; ya que, una vez dueños de
ésta, podremos esperar una fácil victoria en todas partes
(...) Y como la ciencia del hombre es la única fundamentación
sólida de todas las demás, es claro que la única fundamentación
sólida que podemos dar a esa misma ciencia deberá estar en
la experiencia y en la observación.90
e) El empirismo británico es una corriente filosófica que
parte de Descartes y discurre paralela al Racionalismo Continental
(Malebranche, Spinoza y Leibniz).
2. PRIMEROS EMPIRISTAS BRITÁNICOS
A) FRANCIS BACON
En su Novum Organum propone un nuevo método: 1ª fase de experiencia:
Sine experientia, nihil sufficienter sciri potest.[91]
2ª fase de inducción (guiados por tablas de presencia, ausencia
y grado).
Hay que estar alerta, advierte Bacon, para no dejarse dominar
por los prejuicios, que falsean la experiencia y ocultan la
verdad. Esos prejuicios o conceptos erróneos -ídolos (idola)
les llama-, se adueñan de la mente y distorsionan nuestra
visión de la realidad, y son de cuatro clases: ídolos de la
tribu, como la tendencia de todos los humanos a ver leyes
y reglas generales, que siempre se cumplen, donde no hay tal.
ídolos de la caverna, tendencias y preferencias individuales
a hacer las cosas siempre de igual manera; como ocurre en
los hombres que se inclinan siempre por los enfoques demasiado
teóricos. Idolos del foro, estriban en la fuerza de las palabras
y son los más peligrosos, porque logran confundir nuestra
inteligencia. Ídolos del teatro, procedentes de las falsas
opiniones filosóficas ya aceptadas e indiscutibles, como la
lógica aristotélica.
B) HOBBES
Nominalista (los universales no existen, ni en la mente, ni
en las cosas) y materialista radical (el mundo -todas las
cosas- es un mero repertorio de cuerpos cuya esencia es el
movimiento).
Adoptó el método de Padua: descomposición o resolución (analítico:
permite descubrir las partes que componen el objeto de estudio)
y composición (sintético: recompone el todo, demostrando como
el todo procede de las partes, que son la causa del todo).
Razonar es lo mismo que sumar y restar.
El objeto de la filosofía es todo cuerpo del que podamos concebir
que sea capaz de composición o descomposición. (92)
C) LOCKE
Idea es todo lo que pienso o percibo.
Desde el momento en que la mente, en todos sus pensamientos
y razonamientos, no tiene ningún otro objeto inmediato que
sus propias ideas, las cuales ella sola contempla o puede
contemplar, resulta evidente que nuestro conocimiento está
dirigido sólo a ellas. Creo que el conocimiento no es sino
la percepción del acuerdo y la conexión -o del desacuerdo
y rechazo- entre cualesquiera de nuestras ideas. En esto consiste
solamente.(93)
Las ideas provienen de la experiencia sensible. La mente es
como un papel en blanco, en el que la experiencia va depositando
su contenido. Niega el innatismo de las ideas, defendido por
Descartes y Leibniz.
Supongamos que la mente sea, como se dice, un papel en blanco,
limpio de toda instrucción, sin ninguna idea. ¿Cómo llega
entonces a tenerla? ¿ De dónde se hace la mente con esaprodigiosa
cantidad que la imaginación ilimitada y activa del hombre
ha grabado en ella, con una variedad casi infinita?[ ...)
A estas preguntas contesto con una sola palabra: de la experiencia.
He aquí el fundamento de todo nuestro saber, y de donde en
última instancia se derivan.(94)
La experiencia puede ser: Sensación (experiencia externa),
reflexión (percepción interna que opera con los materiales
obtenidos en la sensación).
Las ideas son simples y complejas (compuestas):
Las ideas simples (vienen de la experiencia directamente)
y muestran: las cualidades primarias (número, extensión, figura),
que son objetivas; las cualidades secundarias (olor, color,
sabor, ...), que son subjetivas.
Las ideas complejas (combinaciones de ideas simples):
• modos (afecciones de las substancias): triángulo, gratitud.
• substancias (ideas simples unidas): corporales y espirituales.
• relaciones (ideas simples comparadas): relación causa-efecto.
D) BERKELEY
Inmaterialismo (la materia no tenemos ni idea de lo
que puede ser) y espiritualismo (contra Hobbes).
Nominalismo: niega la existencia de las realidades representadas
por los conceptos o ideas de la mente.
Psicologismo: "Esse est percipi", las cosas son su
ser percibidas.
La existencia absoluta de cosas no pensantes, independientes
de la percepción que de ellas se tendría, yo no la entiendo.
Su esse es su percipi. No es posible que tengan existencia
actual fuera de las cosas pensantes que las perciben."
3 . DAVID HUME: VIDA Y OBRAS
Nace en Edimburgo (1711). Estudia en la universidad de esta
ciudad.
En 1734 viaja a Francia y se queda a vivir en La Fléche, donde
escribe el Tratado sobre la naturaleza humana (1739).
Regresa a las islas en 1737 y se instala en Londres. Publica
el Tratado, que es acogido por sus contemporáneos con total
indiferencia. Un año después intenta justificar esta obra
con un Resumen, sin lograr una reacción favorable, con lo
que abandona su proyecto.
A partir de este momento dedica sus esfuerzos a escribir ensayos
poco ponderados sobre moral, política, religión e historia,
con los que logra la celebridad que andaba buscando.
En un nuevo viaje a París como secretario de embajada (1763-1766),
trata a los ilustrados franceses: Helvetius, Montesquieu y
Rousseau.
Entre 1767 y 1769 es Secretario de Estado en Escocia. Pero
pronto abandona la actividad política y muere en la misma
ciudad que le vio nacer (1776).
Tratado sobre la naturaleza humana (1739).
Hume pretendía aplicar el método newtoniano a la mora.(96)
El subtítulo de la obra es suficientemente significativo de
sus intenciones y de su escaso rigor. Dice así: Ensayo de
introducción del método experimental de razonamiento en las
cuestiones morales.
Esta obra consta de tres partes: «Del entendimiento», <
Sobre las pasiones» y «Sobre la moral».
Investigación sobre el entendimiento humano (1748).
Abandona la idea principal del Tratado, pero no su empirismo
y su talante escéptico. En la Investigación Hume no trata
ya de construir toda una antropología y una moral, sino que
se limita a diseñar una nueva teoría del conocimiento, inspirada
en parte en ideas de los filósofos empiristas británicos y
en parte en ciertas nociones de Leibniz.
4. TEORÍA DEL CONOCIMIENTO DE HUME
Elementos del conocimiento: IMPRESIONES (conocimiento sensitivo)
e IDEAS (copias o representaciones de las impresiones). Toda
idea procede de una impresión. Sólo hay ideas si hay impresiones
que les correspondan. El límite de nuestro conocimiento son
las impresiones; para saber si una idea es verdadera, hay
que comprobar si procede de alguna impresión.
Todas las percepciones de la mente humana se reducen a dos
clases distintas, que denominaré impresiones e ideas. La diferencia
entre ambas consiste en los grados de fuerza y vivacidad con
que inciden sobre la mente y se abren camino en nuestro pensamiento
o conciencia.
A las percepciones que entran con mayor fuerza y violencia
las podemos denominar impresiones; e incluyo bajo este nombre
todas nuestras sensaciones, pasiones y emociones tal como
hacen su primera aparición en el alma.
Por ideas entiendo las imágenes débiles de las impresiones,
cuando pensamos y razonamos (..)
No creo que sea necesario gastar muchas palabras para explicar
esta distinción. Cada uno percibirá en seguida por sí mismo
la diferencia que hay entre sentir y pensar (..)
Hay otra división de nuestras percepciones que será conveniente
tener en cuenta, y que se extiende tanto a nuestras impresiones
como a nuestras ideas. Se trata de la división en simples
y complejas.
Las percepciones simples (impresiones e ideas) son tales que
no admiten distinción ni separación.
Las complejas son lo contrario que éstas, y pueden dividirse
en partes (..)
Nos limitaremos por ahora a establecer como proposición general
que todas nuestras ideas simples, en su primera aparición,
se derivan de impresiones simples a las que corresponden y
representan exactamente (..) Las impresiones simples preceden
siempre a sus correspondientes ideas; sin embargo, nunca aparecen
en orden inverso (...) y esta prioridad de lasimpresiones
constituye una prueba igualmente convincente de que nuestra
impresiones son causas de nuestras ideas, y no nuestras ideas
de nuestras impresiones. (97)
Nuestra certeza acerca de los hechos observados no se apoya
en un conocimiento de la naturaleza o la esencia de los hechos
mismos, sino en una creencia, y en una costumbre (mecanismo
psicológico por el que relacionamos necesariamente dos impresiones).
La certeza que tenemos se basa en la costumbre de haber observado
en el pasado lo que ocurrió primero y después.
Esperamos efectos parecidos a los que ya hemos experimentado.
Nos presentan un cuerpo que se parece por el color y la consistencia
al pan que hemos comido otras veces; lejos deponer la menor
dificultad en repetir la experiencia, esperamos, con una entera
certeza, recibir de él el mismo alimento y el mismo sustento.
Y de esta operación del espíritu es de la que yo querría conocer
bien el fundamento (...) La experiencia del pasado sólo da
testimonio de una manera directa y cierta para los objetos
determinados y para el tiempo preciso en el que se ha podido
juzgar; ¿con qué derecho se la puede transportar a otros tiempos
y a otros objetos, cuyo parecido con los precedentes puede
ser solamente aparente? Éste es un punto importante sobre
el que insisto. El pan que yo comía hace algún tiempo me alimentaba;
esto equivale a decir que un cuerpo dotado de estas cualidades
sensibles estaba entonces provisto de unas virtudes secretas
determinadas; pero, ¿se sigue de ello que otro pan deba nutrirme
también en otro tiempo, o que las mismas virtudes deban siempre
hallarse junto con cualidades parecidas? Esta consecuencia
no parece necesaria (..)
Aunque hayamos concluido en el ensayo precedente que razonando
a partir de la experiencia, el espíritu sigue un camino que
no procede de ningún argumento ni de ninguna operación del
entendimiento, sin embargo, no hay el menor peligro de que
este descubrimiento afecte nunca a los razonamientos fundamentalescamino
en cuestión no está fundamentado en unos argumentos en forma,
es necesario que lo esté en algún otro principio que posea
tanto peso y autoridad como la argumentación, y cuya influencia
dure tanto como la naturaleza del hombre ¿Cuál es este principio?
Esto es lo que merece ser buscado (...)
Este principio es la costumbre o hábito. Cada vez que la repetición
frecuente de un acto particular ha hecho nacer una disposición
a reproducir el mismo acto, sin que se mezclen en ello ni
el razonamiento ni ninguna operación del entendimiento, decimos
que esta disposición es efecto de la costumbre (..) después
de haber observado la relación constante de dos cosas, del
calor, por ejemplo, con la llama, o de la solidez con el peso,
el hábito nos determina a concluir la existencia de una de
estas cosas cuando la otra existe (..)
Así pues, ninguna inferencia experimental procede del razonamiento;
nacen todas de la costumbre. La costumbre es la principal
guía de la vida humana, ella sola es la que hace útiles nuestras
experiencias, mostrándonos, en la semejanza de las diferentes
series de acontecimientos, un porvenir semejante al pasado.
Sin su influencia, lo que conoceríamos en las cosas de hecho
no se extendería más allá de la memoria y de los sentidos;
nunca sabríamos cómo adaptar los medios a los fines, ni cómo
emplear nuestras facultades naturales para producir lo que
fuera; toda nuestra actividad y la parte más interesante de
nuestras especulaciones se reducirían finalmente a nada (98).
Conexión o asociación de ideas: existen leyes que rigen
la mente (SEMEJANZA, CONTIGÜIDAD en tiempo o lugar, y CAUSA-EFECTO)
y que originan la asociación de ideas.
Como todas las ideas simples pueden ser separadas por la imaginación
y unidas de nuevo en la forma que a ésta le plazca, nada sería
más inexplicable que las operaciones de esta facultad si no
estuviera guiada por algunos principios universales que la
hacen, en cierto modo, conforme consigo misma en todo tiempo
y lugar. Si las ideas estuvieran completamente desligadas
e inconexas, sólo el azar podría unirlas; sería imposible
que las mismas ideas simples se unieran regularmente en ideas
complejas -como suelen hacerlo- si no existiese algún lazo
de unión entre ellas, sin alguna cualidad asociativa por la
que una idea lleva naturalmente a otra. Este principio unificador
de las ideas no debe ser considerado como una conexión inseparable,
pues esto ha sido ya excluido de la imaginación; tampoco podemos
concluir que sin ésta no podría unir la mente dos ideas porque
nada hay más libre que esa facultad; tenemos que mirarlo más
bien como una fuerza suave, que normalmente prevalece y es
causa, entre otras cosas, de que convengan tanto los lenguajes
entre sí; la naturaleza ha indicado de algún modo a todo el
mundo las ideas simples que son más aptas para unirse en una
idea compleja. Las cualidades de las que surge tal asociación
y por las que es llevada la mente de este modo de una idea
a otra, son tres: semejanza, contigüidad en tiempo o lugar,
y causa y efecto.(99)
Existen dos tipos de conocimiento humano:
a) Relaciones de ideas (ej.: "el todo es mayor que la parte"):
la relación entre ideas es independiente de los hechos.
b) Cuestiones de hecho ("el sol sale por la mañana"): se basa
directamente en las impresiones.
Todos los objetos cuya investigación se propone la razón humana,
se dividen naturalmente en dos clases, la primera comprende
las relaciones de ideas, la segunda, las cosas de hecho. A
la primera pertenecen todas las proposiciones de geometría,
de álgebra y de aritmética; en una palabra, todas las que
son o intuitivamente o demostrativamente ciertas (..) Las
proposiciones de este género se descubren por simples operaciones
del pensamiento, y no dependen en nada de las cosas que existen
en el Universo. Aunque no hubiese ni círculo, ni triángulo
en la naturaleza, los teoremas demostrados por Euclides conservarían
igualmente su evidencia y su verdad siempre. En cambio, no
se establece así la certeza de las cosas de hecho, que componen
la segunda clase de los objetos sobre los que se ejerce la
razón: por grande que pueda ser esta certeza, es de una naturaleza
distinta. Lo contrario de cada hecho siempre es posible, y
como nunca puede implicar contradicción, el espíritu lo concibe
tan distinta y tan fácilmente como si fuera verdadero y conforme
a la realidad. El Sol saldrá mañana, y el Sol no saldrá mañana,son
dos proposiciones tan inteligibles y tan poco contradictorias
la una como la otra (..) Así pues, si hay una evidencia que
nos certifica las existencias reales y sobre la que se apoyan
unas cosas de hecho, que no son, ni presentes a los sentidos
ni registradas en la memoria, su naturaleza es un objeto muy
propio para excitar nuestra curiosidad (...) Los razonamientos
que hacemos sobre las cosas de hecho, parece que todos tienen
como fundamento la relación de causa y de efecto. Ésta es
la única que puede llevarnos más allá de la evidencia de los
sentidos y de la memoria.(100)
5. CRÍTICA DEL CONCEPTO DE CAUSALIDAD
Nuestro conocimiento de hechos queda limitado por impresiones
actuales o recuerdos actuales de impresiones pasadas.
En nuestra existencia contamos con que en el futuro se producirán
ciertos hechos (colocamos un recipiente de agua sobre el fuego,
contando con que se calentará). Nuestra certeza de lo que
sucederá en el futuro se basa en la causalidad (relación necesaria
entre dos fenómenos: causa y efecto).
Ahora bien, no tenemos impresión que corresponda a la idea
de relación necesaria entre los fenómenos; nunca hemos observado
la conexión necesaria. Lo único observable es la sucesión
de dos fenómenos. La conexión necesaria entre dos fenómenos
de la realidad es una suposición incomprobable.
Yo aventuraría aquí una proposición que considero general
y sin excepción: que no puede citarse ni un solo caso en el
que el conocimiento de la relación que hay entre la causa
y el efecto pueda obtenerse a priori; sino que, al contrario,
este conocimiento se debe únicamente a la experiencia, que
nos muestra ciertos objetos en una conjunción constante.
Presentad al mejor razonador que haya salido de las manos
de la naturaleza un objeto que le sea enteramente nuevo; dejadle
examinar escrupulosamente sus cualidades sensibles; yo lo
desafío, después de este examen, a que pueda indicar una sola
de sus causas, o uno solo de sus efectos. Las facultades racionales
de Adán acabado de crear, aun suponiéndolas de una entera
perfección desde el principio, no lo ponían en estado de poder
concluir, de la fluidez y transparencia del agua, que este
elemento podía ahogarle, ni de la luz y el calor del fuego
que sería capaz de reducirlo a cenizas.
No hay ningún objeto que manifieste por sus cualidades sensibles
las causas que lo han producido, ni los efectos que producirá
a su vez; y nuestra razón, privada de la experiencia, no obtendrá
nunca la menor inducción que se refiera a los hechos y las
realidades (..)
La investigación más exacta, el examen más profundo, no pueden
hacernos leer un efecto en su causa supuesta; porque el efecto
es totalmente distinto de la causa y jamás podremos descubrirlo
en ella.
Una piedra, o una pieza de metal, se halla sostenida en el
aire; quitadle su soporte, caerá; pero, considerando la cosa
a priori, ¿qué encontramos en la situación de la piedra que
pueda hacer la noción de hacia abajo más que la de hacia arriba,
o cualquier otra dirección? (..) Veo, por ejemplo, en un billar
una bola que se mueve en línea recta para ir a chocar con
otra que está en reposo; yo supongo, además, que se me ocurre
accidentalmente que el efecto del contacto o del impulso será
un movimiento producido en la segunda bola; y pregunto si
con el mismo derecho no hubiese podido concebir otros cien
sucesos completamente distintos, que hubiesen podido igualmente
resultar de esta causa ¿No podrían las bolas quedarse las
dos en reposo absoluto? ¿No podía la primera volver en línea
recta tal como había venido? ¿No podía volver siguiendo cualquier
otra dirección? Estas suposiciones no tienen nada absurdo
ni inconcebible (...)
En una palabra, todo efecto es un acontecimiento distinto
de su causa; no puede pues ser percibido en su causa, y las
ideas que de él nos queramos formar a priori serán arbitrarias.
E incluso cuando este efecto sea conocido, la relación con
la causa debe parecer igualmente arbitraria, ya que el entendimiento
concebirá siempre un gran número de efectos igualmente naturales
y que no repugnan. No hay, pues, ni un solo caso en el que,
sin la ayuda de la experiencia, puedan determinarse los acontecimientos
e inferir su existencia, ya en calidad de causa, ya en calidad
de efecto.(101)
6. CRÍTICA DEL CONCEPTO METAFÍSICO DE SUBSTANCIA
Podemos pasar de una impresión a otra, pero no de una impresión
a algo de lo cual nunca ha habido impresión. ¿Podemos asegurar
que haya algo -alguna realidad extramental- que sea la causa
de nuestras impresiones? No. Porque iríamos de una impresión
a una pretendida realidad de la que no tenemos impresión.
La creencia en la existencia de una realidad distinta de nuestras
impresiones es injustificable si utilizamos la idea de causa.
Me gustaría preguntar a esos filósofos que basan en tan gran
medida sus razonamientos en la distinción de substancia y
accidente, y se imaginan que tenemos ideas claras de cada
una de estas cosas, si la idea de substancia se deriva de
las impresiones de sensación o de las de reflexión. Si nos
es dada por nuestros sentidos, pregunto: ¿por cuál de ellos,
y de qué modo? Si es percibido por los ojos, deberá ser un
color; si por los oídos, un sonido; si por el paladar, un
sabor; y lo mismo con respecto a los demás sentidos. Pero
no creo que nadie afirme que la substancia es un color, un
sonido o un sabor.
La idea de substancia deberá derivarse, entonces, de una impresión
de reflexión, si es que realmente existe. Pero las impresiones
de reflexión, se reducen a nuestras pasiones y emociones,
y no parece posible que ninguna de éstas represente una substancia.
Por consiguiente, no tenemos ninguna idea de substancia que
sea distinta de la de una colección de cualidades particulares
(..)
La idea de substancia no es sino una colección de ideas simples
unidas por la imaginación, y que poseen un nombre particular
asignado a ellas, mediante el cual somos capaces de recordar
-a nosotros o a otros-esa coleccion.(102)
7. CRÍTICA DEL CONCEPTO DE YO
Según Hume, la experiencia se encarga de demostrar que el
concepto de yo que tienen los filósofos carece de fundamentación
empírica. Nunca puedo percibirme a mí mismo sin las interferencias
de las sensaciones de frío, calor, luz, oscuridad, amor u
odio, que experimento, y que tiendo a confundir con mi yo.
No puedo percibir ni mi existencia ni mi identidad.
El yo o persona no es ninguna impresión, sino aquello a que
se supone qué nuestras ideas e impresiones se refieren. Si
alguna impresión originara la idea del yo, tal impresión habría
de permanecer invariable a través del curso total de nuestra
vida. Sin embargo, no hay impresiones constantes e invariables.
Lo que llamamos yo no es otra cosa que un cúmulo de diferentes
percepciones -algo sin substancia-, que se suceden rápidamente
y que cambian continuamente.
Lo que llamamos mente no es otra cosa que un haz o colección
de diferentes percepciones, unidas por ciertas relaciones,
con la suposición falsa de que están dotadas de una perfecta
simplicidad e identidad.(103)
8. CRÍTICA DEL CONCEPTO DE DIOS
Para criticar la existencia de Dios, Hume utiliza un argumento
parecido: Dios no es objeto de impresión alguna. Los filósofos
anteriores habían utilizado la idea de causa para llegar a
demostrar la existencia de Dios. Al ser criticada la idea
de relación de causalidad, no podemos asegurar la existencia
de ninguna causa.
Si dais un paso más allá de nuestro mundo, sólo excitáis en
vosotros un humor inquisitivo, imposible de satisfacer jamás."(104)
La consecuencia lógica es una religión natural, como mucho.
La religión no va más allá de una especie de filosofía sobre
lo divino de corte empirista. Por tanto, incapaz de remontarse
fuera de las fronteras de la experiencia sensible.
Por eso también la moralidad depende de los sentimientos y
de los afectos. El bien y el mal tienen la relatividad de
lo útil y de lo meramente conveniente.
9. CONSECUENCIAS DE LA CRÍTICA DE LA METAFÍSICA
Sólo conocemos las impresiones: Fenomenismo.
Todas nuestras ideas simples, en su primera aparición, se
derivan de impresiones simples a las que corresponden y representan
exactamente (...) Las impresiones simples preceden siempre
a sus correspondientes ideas; sin embargo, nunca aparecen
en orden inverso (...) y esta prioridad de las impresiones
constituye una prueba igualmente convincente de que nuestra
impresiones son causas de nuestras ideas, y no nuestras ideas
de nuestras impresiones. (105)
No conocemos ni una sola realidad exterior distinta de nuestras
impresiones, ni una substancia pensante como sujeto de las
mismas: Escepticismo.
Dado que nada hay presente en la mente sino las percepciones,
y que todas las ideas se derivan de algo que con anterioridad
se hallaba ya ante la mente, se sigue que nos es imposible
concebir o formar una idea de algo que sea específicamente
distinto a las ideas e impresiones. Dirijamos nuestra atención
fuera de nosotros cuanto nos sea posible; llevemos nuestra
imaginación a los cielos, o a los más extremos límites del
Universo: nunca daremos realmente un paso fuera de nosotros
mismos, ni podremos concebir otra clase de existencia que
la de las percepciones manifiestas dentro de esos estrechos
límites. Éste es el Universo de la imaginación, y no tenemos
más ideas que las allí presentes (..) Lo más que podemos aventurarnos
a concebir objetos externos y supuestos como especificamente
distintos de nuestras percepciones, consiste en formarnos
una idea relativa de ellos, sin pretender la comprensión de
los objetos relacionados.(106)
El escéptico sigue razonando y creyendo hasta cuando no puede
defender su razón mediante la razón y, por la misma regla,
se ve obligado a asentir al principio concerniente a la existencia
de los cuerpos, aunque no pueda pretender sostener la veracidad
de tal principio con argumento filosófico alguno. La naturaleza
no le ha dejado a este respecto opción alguna, pensando sin
duda que se trataba de un asunto demasiado importante para
confiarlo a nuestros inseguros razonamientos y especulaciones.
Podemos muy bien preguntarnos qué causas nos inducen a creer
en la existencia de los cuerpos, pero es inútil que nos preguntemos
si hay o no cuerpos. Éste es un punto que debemos dar por
supuesto en todos nuestros razonamientos.(107)
NOTAS
86. HUME, Investigación sobre el entendimiento humano, IV.
87. HUME, Investigación sobre el entendimiento humano, IV.
88. HUME, Investigación sobre el conocimiento humano, IV.
89. HUME, Tratado sobre la naturaleza humana, Introducción.
90. HUME, Tratado sobre la naturaleza humana, Introducción.
91. FRANCIS BACON, Opus maius, VI, 1.
92. HOBBES, De Corpore, I, 1, 8.
93. LOCKE, Ensayo sobre el entendimiento humano, IV, 1, 1-2.
94. LOCKE, Ensayo sobre el entendimiento humano, 11, 1, 2.
95. BERKELEY, Principios del conocimiento humano, 1, 3.
96. La idea de que atribuimos siempre iguales causas a idénticos
efectos (ley de asociación de
ideas por relación de causa-efecto) la toma Hume de los Principia,
en los que Newton explica las leyes
que son necesarias para la investigación de la Naturaleza,
y la traslada por las buenas a las cuestiones
morales. En efecto, en la segunda regla de los Principia se
lee: «En cuanto sea posible, hay que
adscribir las mismas causas a idénticos efectos. Por ejemplo,
a la respiración humana y animal, a la
caída de los cuerpos en Europa y en América, a la luz en la
Tierra y en los planetas» (NEWTON,
Principia Mathematica Philosophiae Naturalis, III).
97. HUME, Tratado sobre la naturaleza humana, I, I.
98. HUME, Investigación sobre el entendimiento humano, IV,
V.
99. HUME, Tratado sobre la naturaleza humana, I, IV, 10-11.
100. HUME, Investigación sobre el entendimiento humano, IV.
101. HUME, Investigación sobre el entendimiento humano, IV.
102. HUME, Tratado sobre la naturaleza humana, 1, 1, 4.
103. HUME, Tratado sobre la naturaleza humana, 1, 1, 4.
104. HUME, Diálogos sobre la religión natural, IV, II.
105. HUME, Tratado sobre la naturaleza humana, I, I.
106. HUME, Tratado sobre la naturaleza humana, I, II, 6.
107. HUME, Tratado sobre la naturaleza humana, I, IV, 2.
©1993 Victor Mani
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