| Nietzsche
cifró la esperanza humana en la voluntad de poder,
de la cual había de surgir el superhombre triunfante
sobre todas la flaquezas y miserias habidas en la historia.
La gran epopeya de J. R. R. Tolkien, "El Señor
de los Anillos", parece ofrecer un contrapunto interesante
para la reflexión, en un género literario afín
al utilizado a veces por el filósofo germano:
"En tiempos remotos fueron fabricados
en Eregion muchos anillos de Elfos, anillos mágicos
como vosotros los llamáis; eran, por supuesto, de varias
clases, algunos más poderosos y otros menos. Los menos
poderosos fueron sólo ensayos, anteriores al perfeccionamiento
de este arte: bagatelas para los herreros de los Elfos, aunque
a mi entender peligrosos para los mortales. Pero los realmente
peligrosos eran los Grandes Anillos, los Anillos de Poder.
"Un mortal que conserve uno de los
Grandes Anillos no muere, pero no crece ni adquiere más
vida. Simplemente continúa hasta que al fin cada minuto
es un agobio. Y si lo emplea a menudo para volverse invisible,
se desvanecerá, se transformará al fin en un
ser perpetuamente invisible que se paseará en el crepúsculo
bajo la mirada del Poder Oscuro, que rige los Anillos. Sí,
tarde o temprano (tarde, si es fuerte y honesto, pero ni la
fortaleza ni los buenos propósitos duran siempre),
tarde o temprano el Poder Oscuro lo devorará.
-¡Qué aterrador —dijo
Frodo.
Hubo otro largo silencio. Sam Gamyi cortaba
el césped en el jardín. Y el sonido subía
hasta el estudio. |