| Santo Tomás de Aquino
en Suma contra gentiles
Las cosas sensibles, principio del conocimiento
racional, tienen algún
vestigio de imitación divina; tan imperfecta,
sin embargo, que son insuficientes
para darnos a conocer la sustancia
del mismo Dios. Como el agente produce
algo semejante a sí mismo, los efectos
tienen, a su manera, la semejanza de las
causas; pero no siempre llega el efecto a
asemejarse perfectamente a su agente.
Según esto, para conocer la verdad de
fe, que sólo es evidente a los que ven la
sustancia divina, la razón ha de valerse de
ciertas semejanzas, que son insuficientes
para hacer comprender de una manera
casi demostrativa y evidente dicha razón.
Es provechoso, sin embargo, que la
mente humana se ejercite en estas razones
tan débiles, con tal de que no presuma
comprenderlas y demostrarlas, porque
es agradabilísimo captar algo de las
cosas altísimas, aunque sea por una pequeña
y débil razón.
Como es imposible hallar razones demostrativas
para la clase de verdades que
está sobre la capacidad de la razón, no
se debe intentar convencer al adversario
con razones, sino resolver sus objeciones
contra la verdad, ya que la razón natural
no puede contradecir a la verdad
de fe. La única manera de convencer al
adversario que niega esta verdad es por
la autoridad de la Escritura, confirmada
por los milagros; porque lo que está sobre
la razón humana no lo creemos si
Dios no lo revela. Nos esforzaremos por
evidenciar la verdad que profesa la fe y
la razón investiga, invocando razones
demostrativas y probables, algunas de
las cuales recogeremos de los libros de
santos y filósofos, destinadas a confirmar
la verdad y convencer al adversario.
Después, procediendo de lo más conocido
a lo menos, pasaremos a exponer
la verdad que supera a la razón, resolviendo
las objeciones de los contrarios
y declarando, ayudados por Dios, la verdad
de fe con argumentos probables y
de autoridad.
Lo primero, al investigar por vía racional
lo que la inteligencia humana
puede descubrir de Dios, es examinar
qué le conviene como tal; a continuación,
cómo las criaturas proceden de
Él; y en tercer lugar, su ordenación a
Él como fin. En cuanto a lo que conviene
a Dios como tal, es necesario est
a b l e c e r, como fundamento, que Dios es
o tiene el ser. Sin ello, toda disertación
sobre las cosas divinas es inútil.
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