PABLO:
JUSTIFICADOS POR EL AMOR DE CRISTO
CIUDAD DEL
VATICANO, 19 NOV 2008 (VIS).-Benedicto XVI,
prosiguiendo la catequesis sobre San Pablo,
abordó en la audiencia general de hoy la
"cuestión de la justificación,
de cómo el ser humano se hace
verdaderamente justo a los ojos de Dios",
que ocupa un lugar central en las cartas del
apóstol.
Cuando Pablo encontró al
Resucitado en el camino de Damasco, dijo el
Papa, era "un hombre realizado,
irreprensible en cuanto a la justicia
derivada de la Ley", pero "la iluminación de
Damasco cambió radicalmente su existencia y
empezó a considerar los méritos adquiridos
durante una carrera religiosa integérrima
como "basura" frente al conocimiento sublime
de Jesús".
La epístola a los Filipenses
"ofrece un testimonio conmovedor del paso de
Pablo de una justicia fundada en la Ley y
adquirida observando los preceptos, a una
justicia basada en la fe en Cristo. (...)
Gracias a la experiencia personal de la
relación con Jesucristo Pablo sitúa en el
centro de su Evangelio una oposición
irreducible entre dos caminos alternativos
hacia la justicia: uno construido sobre las
obras de la Ley, otro fundado en la gracia
de la fe en Cristo".
Así, el apóstol reafirma a
los cristianos de Roma: "Todos pecaron y
están privados de la gloria de Dios, y son
justificados gratuitamente por su gracia,
mediante la redención
que está en Cristo Jesús y añade: "Afirmamos
que el hombre es justificado por la fe con
independencia de las obras de la Ley".
"Lutero -dijo el Papa-
tradujo justificados por la sola fe, (...)
pero antes de retomar este punto es
necesario aclarar qué es la Ley de la que
hemos sido liberados y cuáles son las obras
de la Ley que no nos justifican. Ya en
la comunidad de Corinto existía la
opinión, que vuelve siempre en la historia,
de que sería la ley moral y por tanto la
libertad cristiana sería la liberación de la
ética. (...) Es obvio que esta
interpretación es errada. La libertad
cristiana no es libertinaje, (...) no es
liberación de hacer el bien".
"Para San Pablo, como para
sus contemporáneos,
la palabra Ley significaba
la Torah en su totalidad, (...) que implica
(...) un conjunto de comportamientos que van
del núcleo ético a las observaciones
rituales, (...) que determinan
sustancialmente la identidad del hombre
justo, (...) como la circuncisión, las
reglas alimentarias, etc... Todos estos
preceptos que expresan una identidad social,
cultural y religiosa eran muy importantes"
en la época helenística donde imperaba el
politeísmo, e Israel se sentía amenazado en
su identidad y temía "la pérdida de la fe en
el único Dios y en sus promesas".
Por eso, era
necesario crear contra la presión
helenista, "un muro que protegiera la
preciosa herencia de la fe y el muro eran
los preceptos judaicos". Ahora bien, Pablo
tras su encuentro con Cristo comprendió que
"el Dios de Israel, el único Dios verdadero
se convierte en el Dios de todos los
pueblos, y el muro (...) entre Israel y los
paganos ya no es necesario. Cristo nos
protege del politeísmo y sus desviaciones.
Cristo nos garantiza nuestra identidad en la
diversidad de las culturas (...) y es El
quien nos hace justos".
"Ser justo significa
sencillamente estar con Cristo, ser en
Cristo y con esto basta. Los otros preceptos
ya no son necesarios. (...) Por eso, la
palabra "sola fide" de
Lutero es verdadera si no se opone a la
caridad, al amor. La fe es mirar a Cristo,
confiarse a Cristo (...) conformarse a
Cristo. Y la forma, la vida de
Cristo es el amor. (...) Somos justos en la
comunión con Cristo que es el amor. (...) La
justicia se decide en la caridad".
"Podemos pedir solamente al
Señor -concluyó el Papa- que nos ayude a
creer, (...) así creer se vuelve vida,
unidad con Cristo, transformación, (...) y
transformados en el amor a Dios y al prójimo
seremos realmente justos a los ojos de
Dios".
Saludos:
Queridos hermanos y
hermanas:
En la reflexión que estamos haciendo bajo
la guía de San Pablo, recordamos hoy su
doctrina sobre la justificación, que está en
el centro de su enseñanza. Él, que había
sido un ferviente cumplidor de la Ley
mosaica, al encontrarse con el Resucitado en
el camino de Damasco comprendió que todo
aquello que había considerado una ganancia
era, ante Dios, una pérdida. En efecto, la
justificación en Cristo es una acción
gratuita de Dios, sin merecimiento humano.
La Ley en sí misma es buena, proviene de
Dios, pero no tiene el poder de dar la vida
y se convierte en un obstáculo para quienes
la consideran necesaria con vistas a la
justificación, haciendo así inútil la única
vía para alcanzar la salvación, a saber: la
fe en Aquel que, clavado en la cruz, ha dado
una vida nueva por medio del Espíritu Santo
(cf. Ga 3,13-14). La Ley, dice San Pablo, ha
culminado en Cristo y tiene su máxima
expresión en el mandamiento del amor. Así,
pues, uno solo es el Salvador del mundo, que
relativiza todo lo demás, incluida la Ley.
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Algunas Nt:
Fil3,6-8
Gal 1,14
Gal 2,15-16
Rm 3,23-24)
Gal 5,14