Divina Liturgia de San Juan
Crisóstomo
Con
este bello y significativo nombre se
designa la celebración de la
Eucaristía según el Rito Bizantino,
el más ampliamente seguido en las
Iglesias del Oriente cristiano. Con
diferencias mínimas en el
ceremonial, esta forma de liturgia
es usada por los Ritos subsidiarios
del gran Rito bizantino, como, por
ejemplo el Rito Bizantino Rumano. La
Liturgia Bizantina recibe su
denominación de la antigua
Constantinopla o Bizancio, capital
del antiguo Imperio Romano de
Oriente, hoy Estambul (Turquía), y
se remite a los grandes Padres de la
Iglesia, San Basilio y San Juan
Crisóstomo, que configuraron la
liturgia y crearon sus principales
textos eucológicos, en concreto, las
plegarias eucarísticas.
La
Divina Liturgia de San Juan
Crisóstomo se celebra en una
atmósfera de gran belleza y sentido
de la adoración a Dios, realzada por
el canto de los ministros y del
pueblo, el iconostasio y el
ceremonial. En Oriente se tiene un
concepto muy rico de lo que es la
participación de los fieles, del que
se suele tener en Occidente, en el
que no pocas veces se ha olvidado el
carácter sagrado, o mejor santo, de
toda celebración litúrgica, y se
tiende a destacar la actuación del
pueblo o del ministro que preside,
como si ellos fueran realmente el
centro de la celebración. centro de
la celebración.
Otro importantísimo aspecto de la
Liturgia Bizantina es la sensación
que transmite de comunión entre la
Iglesia terrena y la
Jerusalén celeste,
convirtiendo, en realidad, la
celebración en la antesala o en la
participación anticipada en la
liturgia que se oficia eternamente
en la presencia de Dios y del
Cordero glorificado, liturgia
descrita en el Apocalipsis.
La Divina Liturgia de San Juan
Crisóstomo no difiere
substancialmente del Rito de la Misa
según la Liturgia Romana o según
otras formas de celebrar el
Misterio de nuestra fe. En ella
se distinguen perfectamente la
Liturgia de la Palabra, cuyo vértice
es siempre el Evangelio y
llamándoles a la conversión antes de
acercarse a recibir el Cuerpo del
Señor: “Lo Santo para los santos”.
Por cierto, este rito se encuentra
también en nuestra Liturgia
Hispano-Mozárabe. Sin embargo, la
Divina Liturgia de San Juan
Crisóstomo tiene una singularidad,
muy valiosa. Se trata de la
Preparación de los dones, antes
de comenzar la Eucaristía
propiamente dicha, en una mesa a la
entrada del Santuario. Se trata de
un rito que ilustra de antemano el
acontecimiento tremendo que va a
tener lugar en los dones del pan y
del vino, y de este modo dispone en
los ministros y en los fieles las
actitudes adecuadas.
Como Obispo de León, diócesis que ha
acogido en su Presbiterio y en la
comunidad eclesial, al presbítero de
la Iglesia local de Oradea
(Rumania), Reverendo P. Călin-Ioan
Băgăcian, llegado para atender a los
fieles rumanos y a todos los
católicos de Rito Bizantino según
las Normas de la Conferencia
Episcopal Española, doy gracias
al Señor por lo que considero un
gran regalo para todos nosotros, la
presencia de este hermano sacerdote
y de la Divina Liturgia de San Juan
Crisóstomo, a la vez que invito a
los fieles católicos a conocer, a
celebrar y a vivir el Misterio
de la fe
según
este venerable testimonio de la
Tradición de la Iglesia, que nos
remonta a los tiempos de la Iglesia
indivisa, con el deseo también de
que un día nos encontremos
participando del único Pan y del
mismo Cáliz del Señor todos los
creyentes en Cristo.
+ Julián López Martín
Obispo de León
***
Divina
Liturgia de San Juan Crisóstomo
Arzobispo de Constantinopla
Diácono: Bendice,
Señor.
Sacerdote: Bendito
sea el reino del Padre, del Hijo y
del Espíritu Santo, ahora y siempre
por los siglos de los siglos.
Coro:
Amén.
Gran letanía (de la Paz)
Diácono: En paz, roguemos
al Señor.
Coro: Señor, ten piedad
Diácono:
Por la paz que
es don de lo alto y por la salvación
de nuestras almas, roguemos al
Señor.
Por la paz del
mundo entero, por la prosperidad de
las santas Iglesias de Dios, y por
la unión de todos, roguemos al
Señor.
Por este santo
templo, y por los que a él vienen
con fe, piedad y temor de Dios,
roguemos al Señor.
Por nuestro
santo Padre el Papa (N), por nuestro
Metropolita (N), por nuestro Obispo
(N), por el colegio de presbíteros,
por los diáconos que sirven en
Cristo, por todo el clero y el
pueblo, roguemos al Señor.
Por las
autoridades y gobernantes de nuestro
país, roguemos al Señor.
Por
nuestro pueblo, por esta ciudad, por
todas las ciudades y comarcas, y por
los fieles que en ellas habitan,
roguemos al Señor.
Por un clima
favorable, por la abundancia de los
frutos de la tierra, y por los
tiempos pacíficos, roguemos al
Señor.
Por los que
viajan, por los enfermos, por los
oprimidos y cautivos, y por su
salvación, roguemos al Señor.
Para vernos
libres de toda desgracia, castigo,
peligro y angustia, roguemos al
Señor.
Ayúdanos,
sálvanos, ten piedad de nosotros, oh
Dios, y protégenos con tu gracia.
Haciendo memoria
de nuestra santísima Señora, la
inmaculada, bendita y gloriosa Madre
de Dios y siempre Virgen María, y de
todos los santos, encomendémonos a
nosotros mismos, y los unos a los
otros y nuestra vida entera a Cristo
Dios.
Coro: A Ti, Señor.
Oración de la primera antífona
Señor
Dios nuestro, sin par en el poder e
incomprensible en la gloria, sin
límites en la clemencia e inefable
en tu amor al hombre: pon los ojos
con ternura sobre nosotros y sobre
este santo templo, y multiplica tus
misericordias y tus bondades con
nosotros, que juntamente oramos.
Sacerdote: Porque
tú mereces toda gloria, honor y
adoración, Padre, Hijo y Espíritu
Santo, ahora y siempre por los
siglos de los siglos.
Coro: Amén.
Primera antífona
Coro:
Gloria al Padre y al Hijo y
al Espíritu Santo. Bendice, alma
mía, al Señor; y todo mi ser a su
santo nombre. Bendito eres,
Señor.
Pequeña letanía
Diácono: Una
y otra vez, en paz roguemos al
Señor.
Coro: Señor,
ten piedad.
Diácono: Ayúdanos,
sálvanos, ten piedad de nosotros, oh
Dios, y protégenos con tu gracia.
Coro: Señor,
ten piedad.
Diácono: Haciendo
memoria de nuestra santísima Señora,
la inmaculada, bendita, y gloriosa
Madre de Dios y siempre Virgen
María, y de todos los santos,
encomendémonos a nosotros mismos, y
los unos a los otros y nuestra vida
entera a Cristo Dios.
Coro: A
Ti Señor.
Oración de la segunda antífona
Señor
Dios nuestro, salva a tu pueblo y
bendice tu heredad. Guarda en paz a
tu Iglesia entera. Santifica a los
que aman el esplendor de tu morada;
exáltalos tú con tu divino poder, y
no nos abandones a nosotros, oh
Dios, que ponemos en ti nuestra
esperanza.
Sacerdote: Porque
tú eres bueno y tuyo es el reino, el
poder y la gloria, Padre, Hijo
y Espíritu Santo, ahora y siempre
por los siglos de los siglos.
Coro: Amén
Segunda antífona
Coro: Ahora
y siempre por todos los siglos de
los siglos. Amén. ¡Oh Hijo unigénito
y Verbo de Dios! Tú, que eres
inmortal, te dignaste, para
salvarnos, tomar carne de la santa
Madre de Dios y siempre Virgen
María. Tú, Cristo Dios, sin sufrir
cambio te hiciste hombre y, en la
Cruz, con tu muerte venciste a la
muerte. Tú, Uno de la Santísima
Trinidad, glorificado con el Padre y
el Espíritu Santo, ¡sálvanos!
Pequeña letanía
Diácono: Una
y otra vez, en paz roguemos al
Señor.
Coro: Señor,
ten piedad.
Diácono: Ayúdanos,
sálvanos, ten piedad de nosotros, oh
Dios, y protégenos con tu gracia.
Coro: Señor,
ten piedad.
Diácono: Haciendo
memoria de nuestra santísima Señora,
la inmaculada, bendita, y gloriosa
Madre de Dios y siempre Virgen
María, y de todos los santos,
encomendémonos a nosotros mismos, y
los unos a los otros y nuestra vida
entera a Cristo Dios.
Coro: A
Ti Señor.
Oración de la tercera antífona
Tú
que nos has concedido la gracia de
orar juntos uniendo nuestras voces,
y que has prometido oír los ruegos
de dos o tres reunidos en tu nombre,
accede ahora para nuestro bien a las
súplicas de tus siervos, danos en
este mundo la inteligencia de tu
verdad, y en el futuro la vida
eterna.
Sacerdote: Porque
eres Dios bueno y amigo de los
hombres, y mereces toda gloria,
Padre, Hijo y Espíritu Santo, ahora
y siempre por los siglos de los
siglos.
Coro: Amén.
Tercera antífona:
Coro:
Acuérdate
de nosotros, Señor, cuando vengas,
en tu reino.
Dichosos los pobres en el
espíritu, porque de ellos es el
Reino de los Cielos.
Dichosos los que lloran, porque
ellos serán consolados.
Dichosos los sufridos, porque
ellos heredarán la tierra.
Dichosos los que tienen hambre y
sed de la justicia, porque ellos
quedarán saciados.
Dichosos los misericordiosos,
porque ellos alcanzarán
misericordia.
Dichosos los limpios de
corazón, porque ellos verán a Dios.
Dichosos los que trabajan por la
paz, porque ellos se llamarán los
“Hijos de Dios”.
Dichosos los perseguidos por
causa de la justicia, porque de
ellos es el Reino de los Cielos.
Dichosos vosotros cuando os
insulten, y os persigan y os
calumnien de cualquier modo por mi
causa.
Estad alegres y contentos,
porque vuestra recompensa será
grande en el cielo.
Oración de la Entrada
Soberano
Señor y Dios nuestro, que has
dispuesto en los cielos órdenes y
ejércitos de ángeles y arcángeles
para la liturgia de tu gloria: haz
que a nuestra entrada se asocie la
de los santos ángeles, para que
celebren con nosotros y glorifiquen
con nosotros tu bondad. Porque tú
mereces toda gloria, honor y
adoración, Padre, Hijo y Espíritu
Santo, ahora y siempre por los
siglos de los siglos. Amén.
Entrada
Diácono: ¡Sabiduría!
De pie.
Coro: Venid,
adoremos y postrémonos ante Cristo.
¡OH Hijo de Dios, resucitado de
entre los muertos! ¡Salva a los que
te cantamos! Aleluya.
(En los días de semana)
¡Oh Hijo de Dios, admirable en tus
santos...!
Los troparios...
Oración del Trisagio
¡Dios
santo, que en lo santo encuentras tu
reposo, a quien los Serafines alaban
clamando el triple santo, a quien
glorifican los Querubines y adora
todo el ejército celestial! Tú
sacaste el universo de la nada al
ser; tú creaste al hombre a tu
imagen y semejanza, adornándolo con
todos tus dones; tú das sabiduría e
inteligencia a quien te lo pide; tú
no te desentiendes del pecador, sino
que has dispuesto una conversión que
lo salve; tú nos permites a
nosotros, tus humildes e indignos
siervos, presentarnos una vez más
ante la gloria de tu santo altar y
tributarte la debida adoración y
alabanza: acepta, pues, también de
nuestra boca de pecadores el canto
del trisagio, oh Dueño nuestro,
y visítanos en tu
bondad. Perdona nuestras culpas de
malicia y de fragilidad, santifica
nuestras almas y cuerpos, y
concédenos que santamente te demos
culto todos los días de nuestra
vida, por la intercesión de la santa
Madre de Dios y de todos los santos
en los que desde antiguo te has
complacido.
Sacerdote: Porque
tú eres santo, Dios nuestro, y a ti
te glorificamos, Padre, Hijo y
Espíritu Santo, ahora y siempre, por
los siglos de los siglos.
Coro: Amén.
¡Santo Dios,
santo Fuerte, santo Inmortal! ¡Ten
piedad de nosotros! (se repite este
himno tres veces).
Gloria al Padre,
al Hijo y al Espíritu Santo, ahora y
siempre por los siglos de los
siglos. Amén.
¡Santo Inmortal!
¡Ten piedad de nosotros!
¡Santo Dios,
santo Fuerte, santo Inmortal! ¡Ten
piedad de nosotros!
Lectura del Apóstol
Diácono: Estemos
atentos.
Sacerdote: Paz
a todos.
Lector: Y
con tu espíritu.
Diácono: ¡Sabiduría!
Lector: Lectura
de la carta...
Diácono: Estemos
atentos.
Sacerdote: Paz
a ti, lector.
Lector: Y
con tu espíritu
Coro: Aleluya!
Aleluya! Aleluya!
*Mientras
se canta el Aleluya, se inciensa la
sagrada Mesa en de rededor, el
santuario, los iconos y los
sacerdotes que concelebran.
Oración antes del Evangelio
Haz
brillar en nuestros corazones, Señor
que amas al hombre, la pura luz de
tu divino conocimiento, y abre los
ojos de nuestra mente a la
inteligencia de tu mensaje
evangélico. Infúndenos el respeto a
tus benditos mandamientos, para que,
sojuzgando las concupiscencias de la
carne, entremos en una vida según el
Espíritu, y te agrademos en todos
nuestros pensamientos y acciones:
porque tú eres la luz de nuestras
almas y de nuestros cuerpos, Cristo
Dios, y a ti glorificamos, con tu
eterno Padre y tu Santo Espíritu,
todo bondad y vida, ahora y siempre
por los siglos de los siglos. Amén.
Lectura del Santo Evangelio
Sacerdote: ¡Sabiduría!
Escuchemos en pie el santo
Evangelio.
Paz a todos!
Coro: Y
con tu espíritu.
Diácono: Lectura
del santo Evangelio según San (N).
Coro: Gloria
a Ti, Señor, gloria a Ti.
Sacerdote: ¡Estemos
atentos!
Y lee el santo Evangelio
Coro:
Gloria
a Ti, Señor, gloria a Ti.
Letanía de la súplica insistente
Diácono: Digamos
todos, y digamos con toda nuestra
alma y con toda nuestra mente:
Coro: Señor,
ten piedad.
Diácono: ¡Señor
Omnipotente, Dios de nuestros
Padres! Te rogamos: escúchanos
y ten piedad de nosotros.
Coro: Señor,
ten piedad.
Diácono: Ten
piedad de nosotros, oh Dios, según
tu gran misericordia, te rogamos,
escúchanos y ten piedad de nosotros.
Coro:
Señor, ten piedad (tres veces
se repite a cada nueva invocación).
Oración de la súplica
insistente
Sacerdote (en secreto):
Señor
Dios nuestro, acepta de tus siervos
esta súplica insistente, apiádate de
nosotros según tu gran misericordia,
y derrama tus bondades sobre
nosotros y sobre todo tu pueblo, que
de ti espera las riquezas de tu
piedad.
Diácono:
También te rogamos por
nuestro santo Padre el Papa (N), por
nuestro Metropolita (N), por nuestro
Obispo (N), y por todos nuestros
hermanos en Cristo.
También
te rogamos por nuestras autoridades
y gobernantes del país, por la paz,
salud y salvación de todos.
También te
rogamos por nuestros hermanos,
sacerdotes, monjes, diáconos,
religiosos y religiosas, y por todos
nuestros hermanos en Cristo.
También
te rogamos por la misericordia,
vida, paz, salud, salvación, favor,
perdón y remisión de los pecados de
los siervos de Dios y hermanos de
este s
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