FINALIDAD DE
LA SAGRADA ESCRITURA
San
Buenaventura
, obispo
(1221-1274)
(Breviloquio,
Prólogo: Opera omnia 5,
201‑202)
La
finalidad o fruto de la sagrada
Escritura no es cosa de poca
importancia, pues tiene como objeto la
plenitud de la felicidad eterna.
El
origen de la sagrada Escritura no hay que
buscarlo en la investigación humana, sino en
la revelación divina, que procede del
Padre de los astros, de quien toma nombre
toda familia en el cielo y en la tierra,
de quien, por su Hijo Jesucristo, se derrama
sobre nosotros el Espíritu Santo, y, por el
Espíritu Santo, que reparte y distribuye a
cada uno sus dones como quiere, se nos da la
fe, y por la fe habita Cristo en nuestros
corazones En esto consiste el
conocimiento de Jesucristo, conocimiento que
es la fuente de la que dimana la firmeza y
la comprensión de toda la sagrada Escritura.
Por esto, es imposible penetrar en el
conocimiento de las Escrituras, si no se
tiene previamente infundida en sí la fe en
Cristo, la cual es como la luz, la puerta y
el fundamento de toda la Escritura. En
efecto, mientras vivimos en el destierro
lejos del Señor, la fe es el fundamento
estable, la luz directora y la puerta de
entrada de toda iluminación sobrenatural;
ella ha de ser la medida de la sabiduría que
se nos da de lo alto, para que nadie quiera
saber más de lo que
conviene, sino que nos estimemos
moderadamente, según la medida de la fe que
Dios otorgó a cada uno.
La finalidad o fruto de la sagrada Escritura
no es cosa de poca importancia, pues tiene
como objeto la plenitud de la felicidad
eterna. Porque la Escritura contiene
palabras de vida eterna, puesto que se ha
escrito no sólo para que creamos, sino
también para que alcancemos la vida eterna,
aquella vida en la cual veremos, amaremos y
serán saciados todos nuestros deseos; y, una
vez éstos saciados, entonces conoceremos
verdaderamente lo que trasciende toda
filosofía: el amor cristiano, y así
llegaremos a la plenitud total de Cristo.
En esta plenitud, de que nos habla el
Apóstol, la sagrada Escritura se esfuerza
por introducirnos. Esta es la finalidad,
ésta es la intención que ha de guiarnos al
estudiar, enseñar y escuchar la sagrada
Escritura.
Y, para llegar directamente a este
resultado, a través del recto camino de las
Escrituras, hay que empezar por el
principio, es decir, debemos acercarnos, sin
otro bagaje que la fe, al Padre de los
astros, doblando las rodillas de nuestro
corazón, para que él, por su Hijo, en el
Espíritu Santo, nos dé el verdadero
conocimiento de Jesucristo y, con el
conocimiento, el amor, para que así,
conociéndolo y amándolo, fundamentados en
la fe y arraigados en la caridad, podamos
conocer lo ancho, lo largo, lo alto y lo
profundo de la sagrada Escritura y, por
este conocimiento, llegar al conocimiento
pleno y al amor extático de la santísima
Trinidad; a ello tienden los anhelos de los
santos, en ello consiste la plenitud y la
perfección de todo lo bueno y verdadero.
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