El Celibato Sacerdotal
NO SERÁ MODIFICADO PORQUE ES UN BIEN
PARA LA IGLESIA
Por Mons. Héctor Aguer,
Arzobispo de La Plata, Argentina (*)
Cada tanto hay alguna circunstancia que
plantea nuevamente, en ocasiones con una
gran publicidad, el tema del celibato
sacerdotal. Se plantea la vieja
pregunta, vieja porque entre nosotros ha
resonado tantas veces: ¿por qué no se
casan los curas?
La pregunta está mal formulada porque
habría que preguntar: ¿por qué la
Iglesia no ordena sacerdotes a hombres
casados? En realidad nunca se casaron
los curas y si uno se atiene a los datos
que nos brinda el Evangelio aquellos de
los Apóstoles que eran casados, del
único que lo sabemos seguro es de San
Pedro porque se menciona a su suegra,
ciertamente abandonaron todo para seguir
al Señor y desde temprano aquellos que
se consagraban al servicio de la Iglesia
y de la comunidad cristiana lo hacían en
estado de virginidad.
En Occidente, la Iglesia reservó el don
del sacerdocio, es decir la ordenación
para el ministerio sacerdotal, a
aquellos a quienes Dios otorga el
carisma del celibato. En la Iglesia
oriental hay otra disciplina y se ordena
también a hombres casados. Por ello,
eventualmente la Iglesia occidental
podría, repito, podría también ordenar
hombres casados pero ha decidido no
hacerlo fundada en múltiples razones de
conveniencia pastoral que son
elocuentísimas.
La Iglesia Católica piensa que es mejor
que el sacerdote católico sea célibe
primero porque refleja de un modo más
auténtico, más pleno y más claro la
figura de Cristo. Además representa, en
su entrega a la Iglesia, el amor
virginal y fecundo de Cristo por la
misma Iglesia. Llamamos a Cristo el
Esposo de la Iglesia. El sacerdote
representa a Cristo en esa función
esponsal respecto de la Iglesia,
respecto del Pueblo de Dios.
Por otra parte, la entrega total de
cuerpo y alma expresa disponibilidad
absoluta para el servicio del Reino que
no estará neutralizada por la necesidad
de ocuparse de la familia, de tener un
trabajo secular y tantas otras
cuestiones que lo implicarían al
sacerdote en un montón de problemas
mundanos.
Quisiera hacer notar que hay una
referencia ejemplar para con los esposos
cristianos. El celibato fielmente
observado es un estímulo y una razón
para que los esposos cristianos se
esfuercen en observar el don de la
castidad conyugal siendo fieles a su
mutuo amor. Por último hay una
referencia al Cielo. El sacerdote
consagrado en cuerpo y alma y fiel al
carisma del celibato que recibió está
anunciando el carácter definitivo de los
bienes futuros y lo caduco de las cosas
terrenas.
Uno puede observar que son cosas de una
gran finura espiritual pero muy bellas y
profundamente ciertas para la Iglesia.
Tan es así que la Iglesia a pesar de las
críticas, a pesar de que haya habido
defecciones o de que cada tanto aparezca
una confesión escandalosa o que se
descubre alguna infidelidad, insiste en
este valor del celibato sacerdotal.
Quisiera terminar este pequeño
comentario leyendo un párrafo del Papa
Beato Juan XXIII que dice así: «Nos
llega al corazón que alguno pueda
fantasear sobre la voluntad o la
conveniencia para la Iglesia Católica de
renunciar a lo que, durante siglos, fue
y sigue siendo una de las glorias más
nobles y más puras de su sacerdocio: la
ley del celibato eclesiástico y el
cuidado de mantenerla queda siempre como
una evocación de los tiempos heroicos
cuando la Iglesia de Dios debía combatir
y salir victoriosa por el éxito de su
trinomio glorioso que es símbolo de
victoria: Iglesia de Cristo libre, casta
y católica».