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EL «CULTURALISMO» O RELATIVISMO POSTMODERNO (Santiago Fernández Burillo)

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El «culturalismo»,
o relativismo postmoderno

La actitud post-moderna valora la tolerancia universal y propone para ello una renuncia al fundamento; tan fundamentalista le parece el materialismo como el creacionismo. Este culturalismo se diferencia de las filosofías anteriores en que se esfuerza por saber de todo, pero sin afirmar ni negar nada.

Por Santiago Fernández Burillo *

 

 

Ciencias sociales y «cultura»


Después del marxismo, prolifera en medios académicos un materialismo atenuado, que denominaré «culturalismo». Más que una teoría es una mentalidad. El origen del culturalismo se debe, por una parte, al descrédito de la filosofía en el s. XX y, por otra, al auge de nuevas ciencias –provenientes, por cierto, de la filosofía–, que conservan interés humanístico, son las llamadas ciencias sociales. Para éstas, el ser humano debe ser estudiado como producto del medio sociocultural; cada sociedad tiene su cultura y conforma sus individuos a su imagen.

 

 

El relativismo postmoderno

 

Por otro lado, es hoy frecuente la creencia de que sobre cuestiones últimas no se puede saber nada. La verdad sobre el hombre y el mundo, sobre nuestro origen y destino, es impenetrable. Aún más: el intento de encontrar la verdad es pernicioso, porque propugna sistemas cerrados al diálogo y al consenso social, a la diversidad de opiniones, de opciones, de culturas, etc. La actitud post-moderna valora la tolerancia universal y propone para ello una renuncia al fundamento; tan fundamentalista le parece el materialismo como el creacionismo. Este culturalismo se diferencia de las filosofías anteriores en que se esfuerza por saber de todo, pero sin afirmar ni negar nada. Su ideal de persona culta es alguien con «acceso» a mucha información, pero sin convicciones. La idea del culturalismo es que hay que conocer todas las ideas, para no comprometerse con ninguna.

Al desinteresarse de la verdad objetiva, este culturalismo postmoderno refiere el valor de las cosas a las apreciaciones de una comunidad. Como el escepticismo de siempre, intenta cancelar el valor de la verdad. Pero es imposible; la verdad es solamente suplantada: no será ya la adecuación de nuestro pensamiento a la realidad de las cosas, sino la opinión o la sensación que se tiene dentro de un grupo. Aparecen así «subculturas» propias de comunidades restringidas, cada una de las cuales tiene "su" verdad (la comunidad de los universitarios, la de los consumidores, la de los homosexuales, etc.). Los valores de cada cultura son autónomos: no se pueden poner en relación ni comparar; cada cultura es un mundo aislado. El intento de enjuiciar los criterios del indígena, del gitano, etc., por parte de aquellos que no lo son, se considera etnocentrismo, una falta de respeto. Aparentemente el culturalismo permitiría una mayor comprensión de las culturas ajenas –y de las personas que pertenezcan a ellas– pero en realidad facilita el desinterés y la incomunicación, por el hecho de que se excluye a priori que tengamos verdaderos valores en común o que podamos compartir.



Valoración del culturalismo


El relativismo postmoderno nos merece una valoración negativa, debido sobre todo a las siguientes características:

 

Renuncia a la verdad. El culturalismo y el pensamiento postmoderno, como hemos visto, renuncian a la verdad en general y en particular a la verdad del fundamento. Tal renuncia siempre es grave, puesto que culmina en el relativismo subjetivista (subjetivismo puro) o incluso en el nihilismo (nihil = nada). Las consecuencias son tremendas, de ahí procede en buena parte el menosprecio de la existencia humana, de la vida de los no nacidos, de los ancianos y enfermos terminales o, en fin, de todas aquellas personas que parecen gravosas a la comunidad en que viven. En todo caso, la valoración de esta visión es la misma que merece el escepticismo. Desenmascararlo no es cosa trivial, sino cuestión de vida o muerte.

 

Politeísmo de valores. El culturalismo consagra un "politeísmo de valores" conducente a la incomunicación y contrario al progreso. Siempre una u otra cultura ha sido pionera en algo, en la historia, y las demás han progresado imitándola o haciéndola suya. Como forma de razonar, hay que reprocharle tres defectos que examinamos en seguida:

 

1º) Incurre en "circulo vicioso"; defecto, pues, de lógica

2º) Construye una pseudo-cultura, que bien podría llamarse cultura de la frivolidad; y

3º) Es estéril para las relaciones entre individuos y comunidades, ya que sólo desorienta (es confusionismo).

Examinemos con más detalle cada uno de estos argumentos:


1º) Como las sociedades evolucionan –se dice–, también los juicios de valor son variables. Ahora bien, esto introduce un relativismo general. En efecto, si lo que cada cual considera legítimo, y razonable (lo que llamaríamos lógico y sensato), son sólo creencias de época, nada podemos afirmar sin aceptar que nuestros juicios valen sólo por ahora, en este país, etc. Es decir, en un sentido absoluto no valen. La validez de todo pensamiento, de todo juicio, es provisional, y depende de su aceptación por los demás. Ahora bien, como la validez de los juicios de los demás depende también de los demás, la pescadilla se muerde la cola, estamos en un círculo vicioso del que no hay otro modo de salir que saliéndose de esa teoría. Además, con ella el progreso mismo sería inviable, porque sofocaría la aparición de esos hombres rompedores de juicios anquilosados, de esquemas "políticamente correctos", que son los innovadores, los que en rigor hacen progresar en humanidad. Si el valor de nuestro pensamiento depende del pensamiento de los demás, a su vez a remolque de las modas y estados de opinión..., hemos entrado así en el círculo vicioso donde nada es verdad ni mentira.

 

2º) Si –como se pretende– la filosofía es parte de una cultura (sus aspectos simbólicos), no será verdadera ni falsa, no orientará ni será importante. Lo mismo la moral y la religión. Para el culturalismo, la filosofía, como producto del medio social, va cambiando con él. Pero eso es una forma "educada" (digamos culta) de eludir las preguntas serias, la búsqueda de un sentido último. A partir de ahí, ya se puede jugar a la intrascendencia. La frivolidad pasará por ser la actitud lúcida de quienes "están de vuelta"; para quienes la cultura es simplemente actividad lúdica.

 

3º) Una "cultura" que adoctrina en la intranscendencia –que nos invita a la frivolidad, a no tomar en cuenta nada que no podamos ver y usar–, esteriliza la vida intelectual, la bloquea y deja la voluntad como aguja de brújula sin norte, sin orientación ni propósito sobre el cual edificar una personalidad. Tal pseudo-cultura debe ser denunciada como fraudulenta. Los fraudes alimenticios atentan contra la salud del cuerpo, los filosófico-morales atentan contra el espíritu humano.
 

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* Este artículo es la tercera parte de la primera lección -actualizada- del Curso de Filosofía Elemental, que el autor ha publicado en esta página web:

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RELACIONADOS:
CURSO DE FILOSOFÍA ELEMENTAL
LA DICTADURA DEL RELATIVISMO


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Arvo Net 15 septiembre, 2005


 

Enviado por Arvo Net - 15/09/2005 ir arriba

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