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DERECHO DE INTERVENCIÓN (Emilio V. Nouel)

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ARVO NET: MUNDO, HOMBRE Y DIOS



LA CANCILLERÍA
AL SERVICIO DE LOS TIRANOS

“No se me puede seguir prohibiendo la entrada a la casa de mi vecino si éste está matando a sus hijos con un hacha. No puede haber moral europea, cristiana y europea, mientras subsista el principio de no intromisión”.

Emilio V. Nouel
Miércoles, 14 de septiembre de 2005

Joseph Roth 1

En la antesala de la Asamblea de la ONU, en la que se hará un balance de la aplicación de la loable pero quimérica Declaración del Milenio y se discutirá la reforma de la organización, el canciller venezolano, dice la nota de prensa, “advirtió sobre la peligrosa tendencia, en sectores hegemónicos dentro de la ONU, de pretender convertir el tema de los Derechos Humanos en una suerte de nuevo Consejo de Seguridad, un club sumamente selecto, con una visión muy particular de lo que son estos principios”. Imaginamos que la disconformidad va dirigida contra la propuesta de creación de un Consejo de los DDHH, en la que esta materia dejaría de ser controlada por los países perpetradores de violaciones y las sanciones serían más eficaces.

Esta declaración del ministro favorito del tirano cubano, trasluce una vez más, lo que hemos venido señalando acerca de la concepción “muy particular” y aberrante, a mi modo de ver, que el gobierno venezolano tiene sobre los derechos humanos y sus garantías.

Los bolivarianos, abiertamente, lo han dicho sin pudor. Al igual que con el concepto de soberanía, en el de los derechos humanos ellos defienden la idea de que cada quien puede tener su propia noción, a lo humpty-dumpty 2 ; que en esta materia existiría una “especificidad” que sería legítima y defendible. Lo que para unos es un acto condenable, para otros pudiera no serlo, alegan. Si los fundamentalistas islámicos ven bien y natural que las mujeres sean seres de segunda, sin derecho a la educación o al goce sexual (ablación del clítoris en algunos casos), nadie tiene derecho a reprobarlo, ése es su derecho cultural y religioso.

Pretender entonces establecer normas de alcance universal sobre la dignidad humana, la libertad y los derechos civiles y políticos, así como mecanismos internacionales efectivos que los tutelen, con la posibilidad concreta de sanciones en el marco de la multilateralidad, es crear, según R. Araque, una suerte de grupo selecto, un Consejo de Seguridad que no tendría derecho alguno a vigilar el cumplimiento de los compromisos en este campo.

Esta alarmante perspectiva va a contravía de todo lo que en esta materia se ha avanzado en nuestra civilización global. En nombre del “relativismo cultural” se pretende justificar cualquier barbaridad contra la dignidad de la persona humana.

Por otro lado, esta posición de Rodríguez se levanta sobre el concepto absoluto, ya demodé, de soberanía. Este implicaría que si en un país un gobernante está haciendo, por ejemplo, una limpieza étnica (Caso Yugoslavia), es decir, un genocidio, nadie, ni los organismos internacionales, podría intervenir. Los crímenes atroces cometidos en Ruanda, Chechenia o Kosovo, que han conmovido la conciencia del mundo, serían, de acuerdo con la óptica del canciller, asuntos nacionales en los que inmiscuirse significaría violación de la sacrosanta soberanía.

Esta concepción de soberanía, sin duda, debe calificarse de salvaje. En el mundo de hoy ya no es ético, ni siquiera beneficioso, sostenerla. La soberanía, entendida en tales términos, es ausencia de límites y de ley, y tarde o temprano lleva a la confrontación y hasta al conflicto bélico. Además, sirve también de burladero de los autócratas.

En la actualidad es inaceptable permitir que el gobernante de un país masacre a su pueblo y los demás permanezcamos inertes. Hay un derecho y un deber de injerencia, que incluso está consagrado en instrumentos jurídicos internacionales. Como dice el filósofo André Glucksmann: “Cuando un régimen somete a su población al suplicio, las sociedades democráticas tienen sin duda el derecho de intervenir mediante la palabra y la escritura; mediante la asistencia, desde luego; a través de presiones diplomáticas o financieras, por supuesto; y con las armas, si es necesario”. Pero lo que resulta más incongruente de todo este asunto es que en el plano interno, los bolivarianos se olvidan del celo relativista o de la pluralidad que exhiben en el ámbito mundial. Cuando se pretende uniformarnos y lavarnos el cerebro con el pensamiento único y las ideas indigestas que divulgan a través de medios manipulados, el relativismo hipócrita que se defiende más allá de nuestras fronteras, desaparece del lado de acá.

A la cancillería venezolana, la defensa de los derechos humanos, sean políticos, sociales o económicos, le tiene sin cuidado. Cuando engañosamente contrapone los políticos a los sociales (la propuesta de Carta social interamericana es un ejemplo), acusando a los demás de que desdeñan a los últimos, se evidencia su juego demagógico fraudulento y su vocación antidemocrática. Los DDHH le interesan sólo cuando se trata de defender los de los suyos, al igual que lo hacen, porque les conviene, los fundamentalistas islámicos en los países occidentales, pero no en los suyos.

Ahora que se pretende rescatar la credibilidad de la ONU en materia de DDHH, creando un Consejo más reducido y profesional (Propuesta de K. Anan), los bolivarianos de Venezuela lo cuestionan y montan un espectáculo para llamar la atención, haciendo una vez más un papelón que da vergüenza ajena..

¿Por qué al canciller le interesa tanto que las tiranías de Fidel Castro, Irán o Mugabe estén en ése Consejo? ¿Para qué sigan impunes sus crímenes? Ciertamente, en nombre del relativismo y la soberanía, cualquier monstruosidad es posible. Los bolivarianos lo están demostrando. Pero que nadie se engañe: todo esto es una careta que sólo persigue esconder su verdadera naturaleza autoritaria.

1 Escritor judío austríaco, lo han llamado “el profeta de la desgracia” porque advirtió lo que ocurriría con el nazismo. Es famosa su frase de 1933: “La inteligencia europea está capitulando”.

2 “Cuando uso una palabra, ésta significa exactamente lo que yo quiero que signifique, ni más ni menos” (Alicia en el país de las maravillas).



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Arvo Net 14 septiembre, 2005

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