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RITOS SACRAMENTALES EN EL NAZISMO (Lluís Pifarré)

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RITOS SACRAMENTALES EN EL NAZISMO

 Lluís Pifarré
Arvo.net, 14.09.2020

 

          Da la impresión de que nos vamos habituando de que los medios de comunicación nos informen periódicamente de matrimonios civiles contraídos por determinadas celebridades, utilizando palabras, gestos y rituales semejantes a los del matrimonio sacramental. Algo parecido podrá decirse pronto sobre la celebración de “bautizos civiles” que se han realizado en diversas comunidades del país en estos últimos meses, según hemos leído en varios periódicos nacionales. El diario “El Mundo”, en fecha del 4 de junio, no podía ocultar en su titular el tono de  satisfacción que tal evento  le producía: “Bienvenida a la democracia en el primer “bautizo civil de Madrid”; refiriéndose al “bautismo civil” del hijo de Cayetana Guillén-Cuervo. A primeros de julio, nos enterábamos de que “Una veintena de pueblos quiere imitar los bautizos civiles de “El Borge”, refiriéndose al “bautizo civil” de un bebé de dos meses en la comarca malagueña de la Axarquía, al que le pusieron por nombre David, o el celebrado en el mes de agosto en Valverde de Leganés en Extremadura, En estas celebraciones se utiliza, a menudo, una especie de mesa recubierta con un lienzo blanco a modo de altar, un sencillo ambón en el que se apoya un libro del que se leen frases de conocidos escritores, unas flores y hasta en ocasiones se encienden unos enhiestos cirios. También podríamos referirnos a las llamadas “comuniones civiles” en las que se celebra el paso de la infancia a la adolescencia, en una fiesta en el que el niño o la niña se revisten convenientemente, y se invita a los familiares y amigos para festejarlo con una suculenta comida familiar.             

Imitación “civil” de los ritos sagrados y de las fiestas religiosas, que se empezaron a utilizar en la historia moderna europea a partir de la Ilustración. En nuestras asignaturas colegiales nos llamaba la atención conocer los calendarios de inspiración pagana y mitológica, que habían efectuado la “Revolución Francesa” y el  Imperio Napoleónico, substituyendo al calendario cristiano. En el bachillerato  nos sorprendíamos con las utópicas pretensiones de August Comte, para imponer una “nueva religión natural” mediante el cambio de nomenclatura de los ritos, los templos y las solemnidades cristianas.         

En su exitosa obra La salvación viene de los judíos, el judío converso al catolicismo Roy H. Schoeman, nos dice que uno de los objetivos primordiales de la ideología nazi, consistió en secularizar y paganizar los ritos y símbolos religiosos, inspirándose en los dioses mitológicos nórdicos de la antigüedad, para introducir al neo-paganismo nazi a todo un pueblo de tradición cristiana.

Un ejemplo descarado de ello fue el asignarle el papel de “mesías” a Hitler, pues la fuerza de fondo de su III Reich, que movió a millones de soldados, multiplicó el material bélico y llenó de gasolina los depósitos de los tanques, consistió en prometer una época milenaria de indescifrable duración que desplazaría a la universal “redención cristiana” para que resurgiera este salvador de una nueva humanidad. Un supuesto “mesías”, un Führer, cuya agria voz resuena en los vídeos de The Occult Conspiracy: “Todas las fuerzas creadas se concentrarán en una nueva especie, la cual será infinitamente superior al hombre moderno”…los que ven en el Socialismo Nacional nada más que un movimiento político, no lo conocen para nada... es mucho más que una religión, es el deseo de crear de nuevo a la humanidad.” Y confirmando el paganismo subyacente en su ideología afirmará Hitler: “Se le devolverá el honor a las viejas creencias, a todo el conocimiento de la naturaleza, de lo divino, de lo demoníaco. Limpiaremos la costra cristiana y sacaremos a la superficie una religión peculiar a nuestra raza.”

El popular periódico nazi Veolkischer Beobachter, explicaba en noviembre de 1936, que en Colonia, los niños atendidos en la previsión social rezaban después de cada comida: “Gracias Führer, a ti por este sustento, protector de los jóvenes y de los viejos. Tienes penas, yo se, pero nada te importe. Mi corazón es contigo de noche y de día. Pongo mi frente sobre tu regazo, seguro estás mi Führer, porque eres grande. ¡Viva mi Führer!”.

El periódico oficial de las SS Das Schwarze Corps, en abril de 1939 publicó las declaraciones de varios ciudadanos alemanes en la que manifestaban lo que Hitler significaba para ellos: “Hitler es nuestro Salvador; es a él a quien le debemos orar” decía un teniente de las SS. Un dirigente de las juventudes hitlerianas afirmaba: “El Fuhrer es la expresión personal visible de lo que en nuestra juventud se representaba como Dios” “Nunca he sentido el Poder Divino tan cerca como en la grandeza del Fuhrer” decía una entusiasmada señora. Varias de ellas, consideraban a Hitler como el mesías de una nueva religión: “El Fuhrer nos ha dado no solamente una ideología política, sino también una religión.” “Cómo puedo poner en palabras lo que siento por mi Fuhrer... Lo veo ahora como cuando yo oraba a Dios en mi niñez.” “El Führer es el pan que necesita el alma. Quisiera decir abiertamente que la alta enseñanza del Führer es para mí una religión, ¡la religión alemana!”, “Adolf Hitler significa lo mismo que la palabra Dios significa para un cristiano fanático y ortodoxo”, “El retrato del Führer cuelga en mi oficina al igual que en la sala de dibujos de mi hogar. Cada vez que lo miro me hace experimentar sentimientos que la gente devota dice experimentar en sus oraciones más fervientes”...    

Los nazis no pretendían mantener en secreto lo que le esperaba al cristianismo si ellos conseguían la victoria bélica. En una reunión del “Movimiento de la Fe Alemana” en Hanover en 1937, su líder provincial, contestando a preguntas sobre qué se haría con las numerosas iglesias, aclaró: “Cuando la generación presente, todavía aferrada al cristianismo, haya muerto, las iglesias con valor histórico y artístico se mantendrán y se usarán para los festivales solemnes del pueblo alemán, pero naturalmente después de remover todos los símbolos. Ahora bien, las iglesias de segunda o tercera clase serán demolidas”.

El llamado “Frente de Trabajo” inició en 1934 la divulgación de su Almanaque del trabajo Alemán,  en el que se recomendaba a los padres que a sus recién nacidos les pusieran nombres de tradición aria que estaban impresos en el almanaque, advirtiéndoles de la inconveniencia de ponerles nombres que procedieran de la “extranjerización eclesiástica”. En noviembre de 1937, en la expropiada Iglesia católica de Guestrow, diez parejas de padres se reunieron allí para celebrar el llamado “bautismo ario” o “consagración del nombre” (Namensweihe), y juraron exigir a sus hijos una vida dispuesta al sacrificio para salvaguardar  la eternidad de la sangre alemana dentro de la comunidad de los alemanes.

En la ciudad de Linz sobre el Danubio -que Hitler soñaba convertir en el centro cultural del mundo-, durante la celebración de bautizos civiles el Asesor cultural del distrito, luego de una emotiva alocución, recitaba la fórmula de rigor al padrino: ¿Cómo ha de llamarse el niño? A lo que este respondía: Ha de llamarse Horst ¡Ha de llegar a ser como nuestro campeón y mártir Horst Wessel! Luego, el Asesor se dirigía a los padres: “Madre, sé para él la valiente preparadora del camino, padre, sé para él un fuerte camarada. Y tú niño, lleva orgullosamente tu nombre, no seas humilde y pequeño. Encuentra tu voluntad en la meta suprema de ¡Todo por Alemania” El mismo Hitler participó en alguna de estas ceremonias, como cuando hubo de “consagrarse el nombre” de Wolf Rediger, hijo de Rudolf Hess.

El Almanaque campesino alemán de 1935, brindó un ejemplo de esta intencionada sustitución del cristianismo. Cada una de las fiestas cristianas fue remplazada por una celebración pagana, motivando la protesta del obispo católico de la ciudad de Tréveris: “Estoy sorprendido y profundamente consternado por la publicación de este almanaque... que constituye un grave insulto a todos los sentimientos cristianos y católicos. Han desaparecido el Día de Todos los Santos, y la mención de todas las fiestas cristianas, y hasta los días de Navidad, Pascua de Resurrección y Pentecostés. El 6 de enero, Día de los Reyes Magos, ha sido sustituido por el “Día de los Tres Asires” El 22 de febrero, día de la fiesta del Trono de San Pedro, es la “Fiesta del Trono de Tor.” El miércoles de ceniza es el “Día de Cenizas de Voden.” El jueves santo, día de la institución del Santísimo Sacramento, se celebra el “Día de Consagración del Aceite de la Luz Nocturna.” El día de Pascua de Resurrección es el “Día de la diosa Ostara” (diosa germánica de la primavera). El día de la Ascensión es el “Día del Rescate del Martillo de Tor”... la vigilia de Navidad es el “Cumpleaños de Baldur, dios de la Luz, y la visita del Niño Yule…”

En su sermón de Año Nuevo de 1937, el obispo católico Monseñor Bornewasser, protestó por el intento nazi de eliminar la celebración de la Navidad: “La fiesta pagana de la Consagración del Fuego, la cual ha sido estimulada artificialmente, es un reto directo al mayor misterio de nuestra religión, el nacimiento de Jesucristo en la Santa Noche de Belén”. El periódico de las juventudes hitlerianas Fuhrerdienst (La Tarea del Líder) escribía en diciembre de 1937, “Ante la celebración del  Solsticio de Invierno, estamos preparando a nuestros jóvenes miembros para que celebren estas navidades libres de todas las excrecencias parasíticas que fueron sembradas en los corazones y mentes del pueblo alemán por las denominaciones cristianas”. En abril de 1939 el Dr. Karl Ruprecht dio una conferencia radial en Austria donde explicaba que en realidad la Iglesia se había apoderado de todas las costumbres populares de origen germánico contra todo derecho, y que la Navidad o la Pascua u otras festividades debían ser despojadas de su carácter cristiano artificial para retornar a su esencia de fiestas nórdicas. El obispo católico Franz Rudolf, en la Gaceta oficial de la Diócesis de Trier, respondía: “Los nazis, hasta ahora se habían ocultado tras una máscara, pero hoy se han quitado la máscara”

Las Juventudes Hitlerianas realizaban una serie de casamientos públicos para los cuales crearon su propio ritual: Cuando el Jefe territorial Guenther Blum casó al comandante de los tercios juveniles en la capilla de Allstedt, con las paredes cubiertas con banderas de la Juventud Hitleriana, en el órgano sonaba “La tierra crea lo nuevo” y el Jefe territorial, culminaba la consagración de la infancia, regalando a la pareja un ejemplar de “Mi lucha” como breviario en el transcurso de su vida. Un matrimonio famoso fue el celebrado por la Jefa de la Liga de las Jóvenes Alemanas, Hilde Koenigsbauer, quién se casó en el Consejo Deliberante de Munich Gotthold Dziewas, presidente de la Cruz Roja alemana. El jefe cantonal invocó: “a todas las mujeres de la liga, a los camaradas del esposo, a nuestras banderas y a la gigantesca fe que nos dio Adolf Hitler”. Después entregó los anillos y deseó una vida dichosa a los contrayentes.

 Al igual que el demonio trata de ofrecer una caricatura distorsionada y grotesca de Dios y de la religión verdadera; también la pseudoreligión alemana, trató de copiar los ritos cristianos con afán de suplantarlos. Para ello usurpó varios de sus símbolos y ritos, y los impregnó con sus significados de inspiración ocultista. Cuando entraron triunfantes en Viena, Hitler de inmediato se adueñó de la Santa Lanza, la lanza que se cree traspasó el costado de Cristo, guiado por la suposición de que su posesión le garantizaría, por obra de magia, el éxito en sus pretensiones de conquistar el mundo. También reprodujeron el uso cristiano de reliquias sagradas, como es el caso de la “bandera ensangrentada”, usada en el fallido intento de golpe de estado de 1923 conocido como “el putsch de la Cervecería”. Esta bandera manchada con sangre de los milicianos nazis muertos en el conato de rebelión, se consideraba sagrada y con poderes sobrenaturales, los cuales eran transmitidos a las nuevas banderas nazis cuando Hitler las tocaba con la bandera ensangrentada. Un rito que solamente él podía realizar tal como se puede observar en documentos cinematográficos que recogen las grandes concentraciones del estadio de Zepelinfeld en la ciudad de Nüremberg,

El ideólogo del partido nazi Alfred Rosenberg, escribía en su emblemático libro El mito del siglo XX, en el atacaba sin piedad al judaísmo y al cristianismo: “La principal influencia extranjera proviene del cristianismo eclesiástico, síntesis de corrupción sirio-judaico-etrusca. Las doctrinas de la Iglesia Católica, en la medida en que no son un remedo del pueblo germánico, no son sino trasposiciones bastardas de algunos mitos sirios y persas; pero los herejes han sido en todos los tiempos los nobles defensores de la raza y de la civilización contra ese Cristianismo. Todo lo que es de la Iglesia es malo, todo lo que se opone a la Iglesia es noble… “Hoy se despierta una nueva fe, el mito de la sangre... la fe de que la sangre nórdica está figurada en este misterio que ha substituido a los antiguos sacramentos y ha triunfado de ellos”.  

Das Schwarze Corps, en su editorial de junio de 1939, comentaba: “¿Quién de nosotros – que tenga verdaderamente sentido de la sangre – no siente en lo más hondo de su alma una profunda y singular vergüenza al hallar de improviso en sus andanzas por tierras de Alemania una imagen del Crucificado, frente al panorama de cumbres nevadas de los Alpes o en medio del paisaje majestuoso de la landa de Westfalia? Los dioses de nuestros antepasados tenían otro aspecto. Eran hombres y empuñaban un arma, que simbolizaba lo típico de la tendencia vital ingénita a nuestra raza: el hecho activo de la responsabilidad para consigo mismo. ¡Qué distintos eran los dioses de nuestros antepasados frente a de aquel pálido crucificado, cuya actitud pasiva y cuyo aspecto acentuadamente lastimoso expresan humildad y abnegación extrema, cualidades opuestas a la tendencia básica heroica de nuestro concepto de sangre”.

El ministro de propaganda del Reich Joseph Göebels, recomendaba en julio de 1940: “Se deberán organizar en las Jefaturas locales, cada dos semanas, las ceremonias necesarias en memoria de los caídos, para contrarrestar las ceremonias religiosas de las iglesias Católicas o Evangélicas. Al partido le está prohibido participar en esas ceremonias religiosas, puesto que se les ofrece la posibilidad de organizar las suyas propias”

Los templos obtenidos por usurpación fueron consagrados a los dioses paganos a o jerarcas del partido. Así la Iglesia de Torgau fue dedicada al Jefe nacional Rosenberg como templo nacional-socialista. Otros templos se decoraban con imágenes y pinturas del “Walhalla”, el paraíso de la mitología nórdica, y determinados espacios eran denominados “Casas de Thing” dedicados al culto y fe de los dioses por voluntad del partido. En Heidelberg, se restauró un antiguo santuario consagrado a Wotan y un templo romano dedicado a Mercurio. El secretario del partido Rudolf Hess, inauguró un templo-museo,  en un lazareto ubicado en la Pomerania, para que Hitler estuviera instalado en él durante su estancia en esta comarca. 

Roy H. Schoeman, en su libro mencionado anteriormente, nos describe los fervores ocultistas y esoteristas de la Gestapo, a través del Karl María Wiligut, que fue el mentor de Himmler el jefe de las SS. Wiligut alegaba tener una memoria ancestral, la cual le permitía “recordar” sus experiencias de vidas anteriores en el pasado. Esto le confería el poder de conocer de “primera mano”, la cultura esotérica en el glorioso pasado teutón del Tercer Reich a través de miles de años.

Wiligut, por ejemplo, enseñaba que la Biblia había sido escrita originalmente en alemán, y que Cristo era en realidad el dios germánico de la antigüedad Krist, adoptado y distorsionado más adelante como el Salvador del cristianismo. En Noviembre de 1933 Himmler, por recomendación de Wiligut, se apoderó del castillo de Wewelsburg al borde de un acantilado en Westfalia que data del siglo XVII , para convertirlo en el templo mayor de las SS. Este lugar sagrado incluía una biblioteca de 12.000 volúmenes de temas arios y un gigantesco comedor con una mesa redonda, estilo rey Arturo, reservada para Himmler y doce lugartenientes de confianza que recibían un escudo de armas. Cuando alguno de ellos moría, su emblema se incineraba en los fosos del Salón de los Líderes supremos y sus cenizas se colocaban en una urna sobre uno de los doce pedestales que allí se encontraban.

Llegados hasta aquí, no nos queda sino preguntarnos si ese mismo espíritu pagano y anticristiano que promulgó la ideología nazi, es semejante al que se está introduciendo de forma insidiosa en la actualidad, a través de diversos sectores políticos, culturales y sociales de nuestra sociedad occidental. En su posible confirmación, nos podríamos referir a las leyes antinaturales promulgadas por algunos gobiernos, al fenómeno de la explosión de numerosos grupos pseudomasónicos, espiritistas, teofosfistas, ocultistas… y su exitosa venta de libros de este género, al irenista movimiento de la New Age, con su rechazo del “cristianismo oficial” y sus utópicos  anhelos de la “armonía universal”, a los grupos interesados en nuevas técnicas agrícolas, mediante la veneración sagrada por la “madre tierra”, o quizá también, el hecho menos internacional, de que la Generalitat de Cataluña, ha editado y distribuido un “ritual litúrgico laico” para la celebración de bautismos, matrimonios y exequias. Desgraciadamente hay que reconocer, que amplios sectores de nuestra sociedad se van paulatinamente sumergiendo, tal como profetizó Nietzsche, bajo los dictámenes de un nuevo “paganismo nihilista”, que se inspira en viejas teorías y modelos que han fracasado estrepitosamente.
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