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«LA OLA» (Gustavo de Prado)

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LA OLA

Dirección: Dennis Gansel. Intérpretes: Jurgen Vogel, Frederick Lau, Max Riemelt, Jennifer Ulrich. Duración: 101 m. Género: Drama. Valoración: Mayores de 13 años.

El nazismo no volverá a Alemania. Eso piensan los alumnos. El profesor propone un experimento para analizar cómo pudo ocurrir. Escojamos un líder, obedezcámosle, el grupo es lo importante. Así empiezan. Cinco días después emplean la violencia. Han dejado de ser una clase para ser un salón de actos. Tienen una identidad. Un uniforme. Un saludo. Un símbolo. Son La Ola. Y van a arrasar la ciudad.

Dennis Gansel es un tipo astuto. Utiliza otras películas de reconocido éxito para actualizarlas y modelarlas a su gusto. En ellas inserta una fuerte carga de ideas y crítica. Napola era casi un plagio total de personajes y situaciones de El Club de los Poetas Muertos. Pero como lo ambientaba en una escuela para formación de líderes nazis, la copia pasaba desapercibida.
La Ola sigue conservando bastantes cosas de El Club de los Poetas Muertos pero su mirada recae más a menudo sobre Rebelde sin causa. Una película americana habría sido más efectista, más de acción. Habría invertido más tiempo en las gamberradas y peleas, en la violencia de los hechos. Incluso, a su favor, habría sido más dramática.
Pero es una película alemana y eso significa que está más interesada en las ideas, el proceso, la dinámica. No le interesa tanto lo que hacen como el porqué lo hacen. Desde esta óptica, el punto débil de La Ola son los personajes, convertidos en clichés: el que se educa en una familia de padres guays, el que lo hace en una de padres estrictos, el que lo hace en una desestructurada, el que lo hace en una donde pasan de él…

Los personajes son arquetipos, modelos que ejemplifican una idea. Les falta empatía con el espectador. No se puede decir que se trate de un defecto porque es una característica común, deliberadamente buscada del cine alemán. Gansel nos pide una cierta distancia, que no simpaticemos demasiado con los personajes para que, de este modo, podamos percibir la propuesta ideológica, el planteamiento de fondo.
Lo que hay detrás es la descripción de gran parte de la juventud actual: sexo, alcohol, drogas, discoteca, fiestas en la playa. Gente que lo ha recibido todo sin esfuerzo alguno por su parte. Una sociedad del ocio. Ninguna preocupación real salvo las elaboradas por la imaginación de cada cual.
En medio de esa situación, llena de vacío, el profesor propone algo que se parece a un juego pero que les aglutina. Y el vacío existencial se llena con la propuesta. No importa lo ridícula que pueda ser la ideología. Ni siquiera es necesario que tenga sentido. Los adolescentes hastiados se aferran a lo primero que alimenta sus mentes con una meta.
Ahí está la carga crítica de Gansel. Una crítica general a la educación que dispensan padres (el niño debe explorar los límites) e instituciones. Es la cuestión de quién debe educar y sobre qué temas. ¿Deben educar los padres? Y, si los padres no educan, ¿debe educar el Estado para sustituirlos? Si educa el Estado ¿no se convierte eso en una manipulación al proponer un pensamiento único? ¿Es legítimo porque fue elegido por mayoría? Y quizá, ¿no será la dictadura de la mayoría la peor de las dictaduras?

La única chica que no va a clase con el uniforme, lo hace porque el blanco no le queda bien. Más allá de una frivolidad es sentido común. Donde los demás han visto una finalidad, ella sólo ha visto un medio. Para los demás es el sentido de su vida, para ella es sólo un juego. Para la masa manipulada, la ideología política se ha convetido en un absoluto. La chica aún puede decir: la política es tan importante como un juego. Y en ese sentido es verdad que el modo en que ella quiere vestirse es más importante que cualquier pensamiento político. Porque como persona tiene derecho a opiniones propias por encima de la opinión pública.
Con un estilo realista, urbano, sucio, Gansel apuesta por un mensaje escasamente emocional que sólo alcanza el drama en la última secuencia. Es evidente su desencanto por la política actual. Es evidente su miedo por la posibilidad de un nuevo fascismo sea de izquierdas o de derechas. El director cree que una cosa lleva a la otra, que el continuo intervencionismo estatal acaba derivando en dictadura.
En realidad, caben bastantes más lecturas de la película porque plantea muchos temas: la responsabilidad de los padres, la de los profesores, los problemas sentimentales, la inmadurez afectiva… La vertiente política es solamente la más inmediata.
Como en aquella otra película alemana, Sophie Scholl, Gansel advierte contra todos aquellos interesados en hacer de la política un absoluto, sin darse cuenta de lo muy cerca que eso está de las fórmulas nazis. Y eso sigue ocurriendo cada vez con más frecuencia pues los Gobiernos, en vez de dedicarse a gestionar, pretenden imponer unas ideas. Es el subtítulo de la película: ¿Creías que no se podría repetir?

Gustavo de Prado
Arvo.net, 26.04.2010

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