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JOHN HENRY NEWMAN Y SU IDEA DE LA UNIVERSIDAD (Ian Ker)

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JOHN HENRY NEWMAN Y SU IDEA DE LA UNIVERSIDAD
La rica personalidad de Newman se adelantó a su época en cuestiones como las que aquí analiza Ian Ker, su conocido biógrafo de la Universidad de Oxford.

Una anticipación del siglo XX


Por Ian Ker


El primer escrito que Newman llevó a cabo tras su conversión tuvo por tema precisamente éste: la resistencia a dejar que los laicos jugaran el papel que les corresponde en la vida de la Iglesia.

Cualquiera que conozca algo sobre Newman sabe que iba muy por delante de su tiempo cuando abogaba por un grado mucho mayor de participación seglar en la vida de la Iglesia del que era frecuente en el siglo XIX. Como es bien sabido, es una de las principales formas en que se anticipó a la doctrina del Concilio Vaticano II. Sin embargo, no estará fuera de lugar considerar la cuestión: ¿Tiene el pensamiento de Newman sobre el laicado alguna relación con el fenómeno contemporáneo de los llamados «movimientos laicos»?

Buscando precedentes en Newman de la unión de los laicos en movimientos, uno no puede evitar recordar, en primer lugar, que, como anglicano, el propio Newman encabezaba un «Movimiento» formado por clérigos y laicos, y que llamamos Movimiento de Oxford o Movimiento Tractariano. Al principio era, sobre todo, un movimiento clerical, con una idea inicial de formar una sociedad de clero centrada en Oxford, pero extendida por todo el país. Sin embargo, Newman prefería mucho más la idea, menos estructurada, de un movimiento flexible, unido a una sociedad o asociación organizada formalmente. Se oponía fuertemente, en concreto, a cualquier clase de autorización formal por parte de un comité o tribunal de los Tracts for the Times (que él inició). En vez de eso, quería que los Tracts circularan mediante contacto personal y que fueran personalmente escritos por los individuos. Como dijo en la Apología, su principio era que «los movimientos vivos no salen de los comités». Lejos de que los Tracts fueran destinados sólo al clero, Newman estaba especialmente encantado de la contribución de su amigo John William Bowden , precisamente porque era un laico.

Los Tracts teológicos no eran la única forma de literatura que los tractarianos empleaban. Newman vio que el Movimiento debía tener un atractivo tanto intelectual como imaginativo. Y por eso él y sus colaboradores empezaron en seguida a publicar «Documentos de la Iglesia» o lo que él llamaba «pequeñas historias de los Apóstoles, Padres, etc... para familiarizar la imaginación del lector con una situación apostólica de la Iglesia». Esta clase de propaganda estaba claramente destinada tanto al laicado como al clero. Lo mismo era cierto de la Lira Apostólica , sección en verso del Bristish Magazine que él y Hurrell Froude habían concebido un año antes de que el Movimiento propiamente dicho comenzara, esperando presentar sus ideas religiosas mediante lo que Newman llamaba la «retórica» y «persuasión» de la poesía. Cuando los versos fueron publicados en forma de libro en 1836, Newman se sorprendió de su considerable éxito para hacer progresar las «ideas apostólicas», como dijo a su amiga, María Giberne , también muy implicada en el Movimiento. Newman deseaba que María probara a escribir «algunas historias apostólicas» para niños, y esperaba que ella pudiera colaborar con su hermana Jemima y su cuñada Anne Mozley . Lo que pensaba que era realmente necesario era «una biblioteca sobre todos los temas para las clases medias y el clero». En otras palabras, quería que el Movimiento fuera propagado por todos los medios posibles de escritura, tanto para el laicado como para el clero, y tanto para mujeres y niños como para hombres. Como la ficción se estaba convirtiendo en un medio particularmente efectivo de comunicación, y como las personas que ejercían el arte eran a me nudo mujeres (incluida la propia hermana de Newman , Harriet , una escritora con éxito de libros para niños) las mujeres laicas jugaban un papel importante en el Movimiento Tractariano. Si el gran poeta tractariano era un clérigo, John Keble , la gran novelista tractariana era una mujer, Charlotte M. Yonge .

Cuando Newman reflexionaba sobre los notables precursores del Movimiento, como Alexander Knox , teólogo irlandés, y el filósofo y poeta romántico Samuel Taylor Coleridge , le chocaba el hecho de que los dos eran «laicos, y eso es muy significativo», como lo era el caso del Dr. Johnson , «otro sorprendente ejemplo». Muchos de los miembros dirigentes del Movimiento Tractariano eran laicos, a menudo hombres relevantes en la vida pública. Era la ausencia de esta clase de fluida colaboración entre e! clero y el laicado lo que sorprendió a Newman tan desfavorablemente cuando se hizo católico.

Cuando la jerarquía romano-católica fue restaurada en Inglaterra en 1850, una tormenta de antipapismo afloró bajo la apariencia de la llamada «Agresión Papal». La respuesta de Newman a la campaña orquestada públicamente contra los católicos era muy interesante. Pensaba que podía ser explotada en su beneficio haciendo de ella una excusa para «levantar una gran organización, yendo por las ciudades, dando conferencias y discursos... escribiendo ensayos, críticas, etc...». Los jóvenes católicos, en concreto, debían unirse como lo habían hecho los tractarianos. En otras palabras, vio la posibilidad de otro «Movimiento», aunque esta vez le parecía verlo como algo más laico que clerical. Le parecía sentir que aquí estaba el comienzo potencial de otro movimiento como el Tractarianismo, siendo la ocasión otra vez la persecución de la Iglesia, aunque fuese esta vez una Iglesia diferente. Ahora las condenas de los Tracts for the Times , y la suspensión de los predicadores por las autoridades en Oxford, podían ir acompañadas de multas, prisión e incluso la deportación de los obispos católicos recalcitrantes. Pero, como en el pasado, Newman se dio cuenta con pesar de que los obispos no estarían a la altura de las circunstancias. Sin embargo, ahora su queja principal era que los obispos católicos ni siquiera habían intentado consultar al laicado acerca del mejor camino a seguir. Su propio obispo, estaba convencido, «tiene terror a los laicos y estoy seguro de que ellos podrían constituir hoy en día la fuerza de la Iglesia».

El mismo Newman se embarcó en una serie de conferencias públicas en junio de 1851, que tenían la intención de contrarrestar el tradicional prejuicio inglés contra el Catolicismo. Se publicaron en forma de libro como Conferencias sobre la presente situación de los católicos en Inglaterra. dirigidas a los hermanos del Oratorio . Estos «hermanos del Oratorio» constituían el llamado «pequeño oratorio», que era la confraternidad de los laicos tradicionalmente sumados a un Oratorio. De todas las obras y actividades de ellos, Newman consideraba esto como «lo más importan te de todo».

Hoy en día, los diversos movimientos laicos que afloran difieren mucho en cuanto a su estructura y organización; de una parte el Opus Dei, jerárquico y fuertemente unido, y por otra, una multitud de grupos de oración y comunidades pertenecientes al Movimiento de Renovación Carismática, de afiliación más flexible, más o menos estructurados, o incluso sin ninguna estructura.

La propia conexión de Newman y su interés en los movimientos laicos refleja hasta cierto punto esta variedad. Por un lado, deploraba los intentos de organizar el Movimiento Tractariano como una asociación organiza da o una sociedad con reglas y oficiantes, mientras que por otro lado, su propia vocación como sacerdote oratoriano le implicaba fuertemente en un grupo de laicos con un marco definido y vinculado a una comunidad sacerdotal dirigida, si bien de forma flexible, por una regla canónica.

Existen muchas personas actualmente en la Iglesia que ven los diversos movimientos de laicos como un equivalente contemporáneo de los primeros monjes o frailes medievales, o de los jesuitas de la Contra-Reforma, en cuanto a su labor de renovación de la Iglesia y evangelización del mundo. Quizás como conclusión podríamos decir que no sólo era la teología del laicado del Cardenal Newman una brillante y valiente anticipación de la Lumen Gentium , sino que su interés en que la Iglesia se convirtiera de nuevo en una Iglesia del pueblo y su aguda perspicacia del potencial apostólico de los laicos «agrupados», presagiaba tanto las «comunidades de base» como los movimientos laicos de la Iglesia del siglo XX.


Publicado en el nº 3 de la Revista Atlántida
Edición digital autorizada de Arvo Net.

 

 

 


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