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ENTREVISTA A JOSÉ RAMÓN AYLLÓN
José Ramón Ayllón, profesor y conferenciante, autor de libros y novelas que hacen pensar. Con ocasión de una conferencia sobre fe y cultura, ante doscientos profesores de Religión. Me permito presentarle algunos interrogantes no insólitos.
EL SUBMARINO DE LA IGLESIA
Se cuestiona el futuro de la fe…
Mientras haya seres humanos, es seguro que habrá lenguaje, habrá leyes, habrá guerras y habrá fe: esa creencia en la divinidad invisible, a través de sus huellas visibles.
La fe y la cultura dominante se encuentran en supuesto conflicto.
Fe y cultura han formado buena pareja durante un largo milenio. Se podría decir que se han enriquecido mutuamente, con los papeles bien repartidos: la cultura representó el vestido y el vehículo para la expresión de la fe, y la fe aportó una enorme carga de sentido de la vida, como una iluminación de lujo en la caverna platónica. Pero esa larga armonía se rompió hace dos siglos.
¿Se puede identificar el origen de la ruptura de esa relación milenaria?
Voltaire y los ilustrados se propusieron acabar con la Iglesia. No lo consiguieron, pero la iluminación de la caverna disminuyó, paradójicamente, desde el Siglo de las Luces. Está claro que apuntaban a un mundo feliz, pero tuvieron pésima puntería. De hecho, nos han dejado la herencia de dos iluminados como Hitler y Marx, y la inmensa calamidad de las Guerras Mundiales.
¿Sería exagerado atribuir a la Iglesia una gran contribución cultural?
A poca historia que uno sepa, advierte que la Iglesia alumbró y alimentó durante siglos la cultura europea, y la salvó de ser abortada en el hundimiento de Roma. Dice Chesterton que, en el preciso momento en que el Imperio Romano iba a morir –como murieron Egipto y Persia, Asiria y Babilonia-, algo penetró en su cuerpo y transformó la barca de la Iglesia en un submarino. Bajo las aguas, el submarino aguantó el maremoto y volvió a la superficie siglos más tarde, recién pintado y deslumbrante, de nuevo con la cruz en lo alto.
Sin embargo, la gente joven ignora todo esto, y piensa que la Iglesia es retrógrada y oscurantista.
Cuando uno es hijo de la LOE y nieto de la LOGSE, puede pensar cualquier cosa. Lo cierto es que el submarino llevaba, entre su carga, el Derecho romano, la Filosofía griega y una espiritualidad capaz de inventar el románico, el gótico, el gregoriano, el Camino de Santiago, la Universidad... Por eso, lo más ridículo que puede decirse de una Iglesia que nos libró de tiempos muy negros, es que ella fue oscura y ahora quiere hacernos retroceder al oscurantismo.
Entonces, habría que recordar esas cosas a ciertos escritores de «novela histórica».
La verdad es que sí, pero me temo que no les interesa tanto la verdad como las ventas. Kent Follet, por ejemplo, recoge la crítica ilustrada y pinta la Edad Media como una época dominada por clérigos obtusos y degenerados. Por supuesto, sin molestarse en explicar cómo una banda de incapaces logró dominar el mundo durante tantos siglos. Más bien, uno juraría que los hombres que forjaron la asombrosa cultura europea solo pudieron ser personalidades muy notables. Por eso, la crítica falsa y visceral contra la Iglesia me recuerda unas palabras de Einstein: que es más difícil disolver un prejuicio que desintegrar un átomo.
Antonio Orozco
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