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EL CRISTIANO, ESE PEQUEÑO TRAIDOR (Antonio Orozco )

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El cristiano,

ese pequeño traidor

Por Antonio Orozco Delclós
Arvo.net


El Martes Santo, el cristiano se mete en el Evangelio según San Juan 13,21-33.36-38:

Después de decir esto, Jesús se estremeció y manifestó claramente: "Os aseguro que uno de vosotros me entregará". Los discípulos se miraban unos a otros, no sabiendo a quién se refería. Uno de ellos -el discípulo al que Jesús amaba- estaba reclinado muy cerca de Jesús. Simón Pedro le hizo una seña y le dijo: "Pregúntale a quién se refiere". El se reclinó sobre Jesús y le preguntó: "Señor, ¿quién es?". Jesús le respondió: "Es aquel al que daré el bocado que voy a mojar en el plato". Y mojando un bocado, se lo dio a Judas, hijo de Simón Iscariote. En cuanto recibió el bocado, Satanás entró en él. Jesús le dijo entonces: "Realiza pronto lo que tienes que hacer". Pero ninguno de los comensales comprendió por qué le decía esto. Como Judas estaba encargado de la bolsa común, algunos pensaban que Jesús quería decirle: "Compra lo que hace falta para la fiesta", o bien que le mandaba dar algo a los pobres. Y en seguida, después de recibir el bocado, Judas salió. Ya era de noche. Después que Judas salió, Jesús dijo: "Ahora el Hijo del hombre ha sido glorificado y Dios ha sido glorificado en él. Si Dios ha sido glorificado en él, también lo glorificará en sí mismo, y lo hará muy pronto. Hijos míos, ya no estaré mucho tiempo con ustedes. Ustedes me buscarán, pero yo les digo ahora lo mismo que dije a los judíos: "A donde yo voy, vosotros no podéis venir". Simón Pedro le dijo: "Señor, ¿adónde vas?". Jesús le respondió: "A donde yo voy, tú no puedes seguirme ahora, pero más adelante me seguirás". Pedro le preguntó: "¿Por qué no puedo seguirte ahora? Yo daré mi vida por ti". Jesús le respondió: "¿Darás tu vida por mí? Te aseguro que no cantará el gallo antes que me hayas negado tres veces".

Generalmente el cristiano, en la primera frase que lee en el Evangelio se encuentra ya enganchado y le resulta difícil proseguir. Estamos en la Última Cena, en la que Jesús va a instituir la Eucaristía, la Nueva Alianza en su Sangre, el nuevo Sacrificio y el nuevo sacerdocio; además formulará el mandato imperativo del amor fraterno. Y hay un traidor en la mesa. ¡Un traidor! ¿Cómo es posible? ¡Es posible!, por increíble que parezca es posible traicionar a quien da su Vida por la salvación de la humanidad. ¿Seré yo el traidor? El cristiano sabe que puede serlo en este mundo en el que le pueden meter a uno en la cabeza que nada es verdad ni mentira.

Parece difícil poder llegar a ser un gran traidor. Se nos antoja que nuestra mediocridad no da para tanto. Pero el cristiano, a poco que reflexione se da cuenta de que… ¡ha traicionado tantas veces! Tantas cuantas ha cerrado los ojos a la infinita Sabiduría, que es infinito Amor. ¿Pudiera ser que la Voluntad de Dios fuese arbitraria, como ha inculcado a tantos Guillermo de Ockam desde el siglo XIV hasta la fecha? Es una insidiosa tentación entre creyentes. ¿Qué puedo hacer yo ante una voluntad caprichosa, arbitraria y con ganas de fastidiar? Cerrar los ojos, seguir la táctica del avestruz. Traicionar con la excusa de que no me parece que «eso» pueda ser la voluntad de Dios para mí, aquí y ahora. Él comprenderá. Soy una excepción, necesito un estatuto propio, individualizado. Con un poco de suerte, su arbitrariedad se pondrá a mi favor. Yo a lo mío.

Con mil extrañas sutilezas, razonadas sinrazones, puedo traicionar al Amor, saltarme Mandamientos que sólo han sido formulados para satisfacer mis más profundas aspiraciones de verdad, bondad y belleza y alcanzar la plenitud posible de mi vida temporal y eterna. Quizá he sido muchas veces un pequeño traidor. Pero las pequeñas traiciones al Amor, nunca son pequeñas. Si no, que lo diga un enamorado. «Dicen que no se siente la despedida / dile a quien te lo cuente / cielito lindo / que se despida / ay, ay, ay, ay…». Dile al Amor que no le traicionaste cuando decidiste que era mejor tu gusto que el suyo; dile que cuando elegiste tu capricho en lugar de su sabio y amoroso consejo no le traicionaste, ay, díselo, díselo. Dile que no harás como Judas, sino como Pedro, como María de Magdala, como Pablo, como Agustín, como tantos santos que fueron pecadores.

Aprovecha esta Santa Semana para desagraviarle con oración y penitencia. Subordina todos tus planes a la participación en la oración litúrgica –los Oficios del Jueves y del Viernes Santo-. Que sí, que mereces un descanso, pero tus traiciones por un lado y tu amor por otro, te instan a la penitencia, a la oración, al desagravio, para culminar en la celebración solemne del gran Misterio Pascual: tu salvación, su Resurrección, tu participación en la Muerte y en la Resurrección del Señor, tu vida eterna y también tu paz y felicidad en la tierra.
 

 

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Enviado por Arvo - 11/04/2017 ir arriba

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