Llevo unos días revuelta...rebelde... con momentos en los que grito por dentro e intento que los alaridos no ensordezcan al personal cuando brotan y salen fuera. Y es curioso que las palabras retrocedan a un tiempo que ni he vivido: "No pasarán"..."Antes morir de pie que vivir de rodillas".
"Vivir de rodillas". Vivir...¡de rodillas!. Caigo que tantas veces nuestra existencia, sin apenas percibirlo, transcurre doblada ante sombras, baratijas, estatuillas perecederas... que son solo reflejo de la luz espléndida que emana de lo que nunca nadie nos puede arrebatar. No son palabras. La zozobra estaba ahí, latiendo. Como otras veces, las lectura corta de párrafos escritos por Benedicto XVI me devuelven la paz y me reconcilian con la Madre tierra...y también con los que la habitan.
"Los cristianos solo nos arrodillamos ante Dios, ante el Santísimo Sacramento, porque sabemos y creemos que en él está presente el único Dios verdadero, que ha creado el mundo y lo ha amado hasta el punto de entregar a su Hijo único"
De rodillas. Así quiero redactar este post. Frente a las entradas que escribo bailando... o de pie... o sentada por el cansancio... hay algunas en las que el alma está postrada y con la vista fija en el cielo. Pensaba, LE decía... cuántas cosas me puede arrebatar cualquier tempestad. Como un día hizo Descartes, intento que el listado sea lo más largo posible. No me falta, pero podría faltarme. Mucho: mi familia, mis amigos, el cobijo, el pan... la libertad de acción y de expresión, la salud, una melodía, un libro... Mucho. Tanto que puedo creer que me he quedado vacía. Todo lo perecedero puede perecer algún día. Todo lo que pasa, se pasa. Y no pasa nada porque alguna vez me pare a considerarlo. Me devuelve la cordura.
¿De rodillas? ¿Ante los poderes públicos? ¿Ante el brillo confuso del ansia inagotable de tener? ¿Por buscar ese podio de arcilla para que se me vea bien? De rodillas solo en adoración. Y ante Quien no se ha esfumado nunca. A pesar de que a veces no percibo Sus señales de humo.