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ALGUNOS TEXTOS DE BENEDICTO XVI SOBRE EL ARTE Y LA BELLEZA (Arvo.net)

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ALGUNOS TEXTOS DE BENEDICTO XVI
SOBRE EL ARTE Y LA BELLEZA

 

Ética y Estética, un binomio en debate y aparente conflicto.

 El 25 de noviembre de 2008, Benedicto XVI dirigía un Mensaje al Presidente del Consejo Pontificio de la Cultura, y a los participantes en la XIII Sesión pública de las Academias Pontificias con el tema "Universalidad de la belleza: estética y ética al contraste"

 «A diversos niveles, de hecho, emerge dramáticamente la separación, e incluso la confrontación, entre las dos dimensiones, la de la búsqueda de la belleza, comprendida aunque reductivamente como forma exterior, como apariencia que perseguir a toda costa, y la de la verdad y la bondad de las acciones que se llevan a cabo para realizar un fin. De hecho, una búsqueda de la belleza que fuese extraña o separada de la búsqueda humana de la verdad y de la bondad se transformaría, como por desgracia sucede, en mero estetismo, y sobre todo para los más jóvenes, en un itinerario que desemboca en lo efímero, en la apariencia banal y superficial, o incluso en una fuga hacia paraísos artificiales, que enmascaran y esconden el vacío y la inconsistencia interior. Esta búsqueda aparente y superficial ciertamente no tendría una inspiración universal, sino que resultaría inevitablemente del todo subjetiva, si no incluso individualista, para terminar quizás incluso en la incomunicabilidad.

 «Universalidad de la belleza: estética y ética al contraste, un argumento muy significativo para profundizar la relación, o mejor, el diálogo entre estética y ética, entre belleza y actuar humano, diálogo tanto más necesario cuanto más quizás olvidado o eludido.»

 Alude el Papa a «la necesidad y urgencia de un renovado diálogo entre estética y ética, entre belleza, verdad y bondad, nos es vuelto a proponer no sólo por el actual debate cultural y artístico, sino también por la realidad cotidiana»

 «He subrayado muchas veces la necesidad y el empeño de un engrandecimiento de los horizontes de la razón, y en esta perspectiva, es necesario volver a comprender también la íntima conexión que une la búsqueda de la belleza con la búsqueda de la verdad y la bondad.»

 «Una razón que quisiera despojarse de la belleza resultaría disminuida, como también una belleza privada de razón se reduciría a una máscara vacía e ilusoria.»

 DAR RAZÓN DE LA BELLEZA DE LA FE

 En el encuentro con el clero de la diócesis de Bresanona, el pasado 6 de agosto, dialogando precisamente sobre la relación entre belleza y razón, hacía notar que debemos mirar a una razón muy amplia, en la que el corazón y la razón se encuentran, belleza y verdad se tocan. Si este empeño es válido para todos, lo es aún más para el creyente, para el discípulo de Cristo, llamado por el Señor a "dar razón" a todos de la belleza y de la verdad de la propia fe. ¨

 Nos lo recuerda el Evangelio de Mateo, en el que leemos la llamada dirigida por Jesús a sus discípulos: "Brille así vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos" (Mt 5,16). Debe notarse que en el texto griego se habla de kalà erga, de obras bellas y buenas al mismo tiempo, porque la belleza de las obras manifiesta y expresa, en una síntesis excelente, la bondad y la verdad profundas del gesto, como también la coherencia y la santidad de quien lo hace. La belleza de las obras de que habla el Evangelio señala más allá, a otra belleza, verdad y bondad que sólo en Dios tienen su perfección y su fuente últimas.

 Nuestro testimonio, por tanto, debe nutrirse de esta belleza, nuestro anuncio del Evangelio debe percibirse en su belleza y bondad, y por ello es necesario saber comunicar con el lenguaje de las imágenes y de los símbolos; nuestra misión cotidiana debe convertirse en elocuencia transparente del amor de Dios para alcanzar eficazmente a nuestros contemporáneos, a menudo distraídos y absorbidos por un clima cultural no siempre propenso a acoger una belleza en plena armonía con la verdad y a bondad, pero siempre deseosos y nostálgicos de una belleza auténtica, no superficial y efímera.

 El valor perenne de un "bello testimonio"

 Esto ha surgido también durante el reciente Sínodo de los Obispos, convocado para reflexionar sobre el tema La Palabra de Dios en la vida y misión de la Iglesia. Diversas intervenciones han evidenciado el valor perenne de un "bello testimonio" para anunciar el Evangelio, subrayando la importancia de saber leer y escrutar la belleza de las obras de arte, inspiradas por la fe y promovidas por los creyentes, para descubrir en ellas un itinerario singular que acerca a Dios y a su Palabra.

 Via pulchritudinis

 En el Mensaje conclusivo, que se dirige a los Padres sinodales y a todos los creyentes, se reafirma la bondad y la eficacia de la via pulchritudinis, uno de los posibles itinerarios, quizás el más atrayente y fascinante, para comprender y alcanzar a Dios. En el mismo documento se recuerda la Carta a los Artistas de mi venerado Predecesor, el Siervo de Dios Juan Pablo II, que invitaba a reflexionar sobre el íntimo y fecundo diálogo entre la Sagrada Escritura y las diversas formas artísticas, del que han surgido innumerables obras maestras. En esta ocasión quisiera sugerir que se vuelva a retomar esta carta, a los diez años de su publicación, para hacerla objeto de una renovada reflexión sobre el arte, sobre la creatividad de los artistas, y sobre el fecundo y a la vez problemático diálogo entre estos y la fe cristiana, vivida en la comunidad de los creyentes.

 Me dirijo particularmente a vosotros, queridos Académicos y Artistas, porque ésta es precisamente vuestra tarea, vuestra misión: suscitar la maravilla y el deseo de lo bello, formar la sensibilidad de las almas y alimentar la pasión por todo aquello que es expresión auténtica del genio humano y reflejo de la Belleza divina.

 Quisiera finalmente manifestar a todos los académicos, y especialmente a los Miembros de la Insigne Academia Pontificia de las Bellas Artes y Letras de los Virtuosos en el Panteón, mi vivo aprecio por la actividad realizada, y expresar el augurio de un empeño apasionado y creativo, sobre todo en el campo artístico, para promover en las culturas contemporáneas un nuevo humanismo cristiano, que sepa recorrer con claridad y decisión el camino de la auténtica belleza. Con estos sentimientos os confío a cada uno de vosotros, como también vuestra preciosa obra de estudio e investigación creativa, a la protección maternal de la Virgen María, a la que con toda la Iglesia invocamos como Tota Pulchra, la Enteramente Bella, y de corazón le imparto a Usted, señor presidente, y a todos los presentes una especial Bendición Apostólica. (Vaticano, a 24 de noviembre de 2008)

Del encuentro del Santo Padre Benedicto XVI, con el clero de la diócesis de Bolzano-Bressanone, 6 de agosto de 2008:

 Sí, creo que las dos cosas van unidas: la razón, la precisión, la honradez de la reflexión sobre la verdad, y la belleza. Una razón que de algún modo quisiera despojarse de la belleza, quedaría mermada, sería una razón ciega. Sólo las dos cosas unidas forman el conjunto, y para la fe esta unión es importante. La fe debe afrontar continuamente los desafíos del pensamiento de esta época, para que no parezca una especie de leyenda irracional que nosotros mantenemos viva, sino que sea realmente una respuesta a los grandes interrogantes; para que no sea sólo una costumbre, sino verdad, como dijo una vez Tertuliano.

San Pedro, en su primera carta, escribió aquella frase que los teólogos de la Edad Media tomaron como legitimación, casi como encargo para su labor teológica: "Estad siempre dispuestos a dar respuesta a todo el que os pida razón de vuestra esperanza" (1 P 3, 15). Apología del logos de la esperanza, es decir, transformar el logos, la razón de la esperanza en apología, en respuesta a los hombres. Evidentemente, san Pedro estaba convencido de que la fe era logos, de que era una razón, una luz que proviene de la Razón creadora, y no una mezcla, fruto de nuestro pensamiento. Precisamente por eso es universal; por eso puede ser comunicada a todos.

Este Logos creador no es sólo un logos técnico —sobre este aspecto volveremos en otra respuesta—; es amplio, es un logos que es amor y que, por tanto, puede expresarse en la belleza y en el bien. En realidad, ya he dicho en otra ocasión que para mí el arte y los santos son la mayor apología de nuestra fe. Los argumentos aducidos por la razón son muy importantes, y no se puede renunciar a ellos; pero luego, a pesar de ellos, sigue existiendo el disenso.

En cambio, al contemplar a los santos, esta gran estela luminosa con la que Dios ha atravesado la historia, vemos que allí hay verdaderamente una fuerza del bien que resiste al paso de los milenios, allí está realmente la luz de luz. Del mismo modo, al contemplar las bellezas creadas por la fe, constatamos que son sencillamente la prueba viva de la fe. Esta hermosa catedral es un anuncio vivo. Ella misma nos habla y, partiendo de la belleza de la catedral, logramos anunciar de una forma visible a Dios, a Cristo y todos sus misterios: aquí han tomado forma y nos miran.

Todas las grandes obras de arte, todas las catedrales —las catedrales góticas y las espléndidas iglesias barrocas—, son un signo luminoso de Dios y, por ello, una manifestación, una epifanía de Dios. En el cristianismo se trata precisamente de esta epifanía: Dios se hizo una velada Epifanía, aparece y resplandece.

Acabamos de escuchar el órgano en todo su esplendor. Yo creo que la gran música que nació en la Iglesia sirve para hacer audible y perceptible la verdad de nuestra fe, desde el canto gregoriano hasta la música de las catedrales, con Palestrina y su época, Bach, Mozart, Bruckner, y otros muchos. Al escuchar todas estas obras —las Pasiones de Bach, su Misa en si bemol, y las grandes composiciones espirituales de la polifonía del siglo XVI, de la escuela vienesa, de toda la música, incluso de compositores menos famosos— inmediatamente sentimos: ¡es verdad! Donde nacen obras de este tipo, está la Verdad. Sin una intuición que descubre el verdadero centro creador del mundo, no puede nacer esa belleza.

Por eso, creo que siempre deberíamos procurar que ambas cosas vayan unidas, que estén juntas. Cuando, en nuestra época, discutimos sobre la racionalidad de la fe, discutimos precisamente del hecho de que la razón no acaba donde acaban los descubrimientos experimentales, no acaba en el positivismo. La teoría del evolucionismo ve la verdad, pero sólo ve la mitad de esa verdad. No ve que detrás está el Espíritu de la creación.

Nosotros luchamos para que se amplíe la razón y, por tanto, para una razón que esté abierta también a la belleza, de modo que no deba dejarla aparte como algo totalmente diverso e irracional. El arte cristiano es un arte racional —pensemos en el arte gótico o en la gran música, o incluso en nuestro arte barroco—, pero es expresión artística de una razón muy amplia, en la que el corazón y la razón se encuentran. Esta es la cuestión. A mi parecer, esto es, de algún modo, la prueba de la verdad del cristianismo: el corazón y la razón se encuentran, la belleza y la verdad se tocan. Y cuanto más logremos nosotros mismos vivir en la belleza de la verdad, tanto más la fe podrá volver a ser creativa también en nuestro tiempo y a expresarse de forma artística convincente.

Así pues, querido padre Hopfgartner, gracias por su pregunta. Tratemos de hacer que las dos categorías, la estética y la noética, estén unidas, y que en esta gran amplitud se manifieste la integridad y la profundidad de nuestra fe.

MENSAJE PAPAL: LA BELLEZA ABRE EL ESPÍRITU AL MISTERIO DE DIOS

Permalink: http://www.zenit.org/article-6461?l=spanish

Misiva al Meeting organizado por Comunión y Liberación en Rimini

 RIMINI, 20 agosto 2002 (ZENIT.org).- Un mensaje pontificio presenta al hombre contemporáneo la belleza como camino para descubrir la verdad de Dios.

«El fulgor de la belleza contemplada abre el espíritu al misterio de Dios», afirma el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado vaticano, en un mensaje enviado en nombre de Juan Pablo II al Meeting por la Amistad entre los Pueblos que organiza Comunión y Liberación en Rimini, localidad costera del Adriático italiano.

El encuentro reúne del 18 al 24 de agosto a cientos de miles de personas (la cifra se conocerá a su conclusión) en torno a 131 encuentros y conferencias, 23 espectáculos y 16 exposiciones artísticas, en torno al tema «El sentimiento de las cosas -- La contemplación de la belleza».

En referencia al tema, el mensaje pontificio explica que «la belleza posee una fuerza pedagógica propia para introducir eficazmente en el conocimiento de la verdad. En definitiva, lleva a Cristo, que es la Verdad».

«Cuando el amor y la búsqueda de la belleza brotan de una mirada de fe, se logra penetrar en lo más profundo de las cosas y entrar en contacto con Aquel que es la fuente de todo lo que es bello», añade.

«Nuestro tiempo tiende con frecuencia a pensar que la verdad como tal es ajena al mundo del arte. La belleza, además, según este planteamiento, afectaría sólo al sentimiento y representaría una dulce evasión de las férreas leyes que gobiernan el mundo. Pero, ¿es así?», pregunta el mensaje.

«La naturaleza, las cosas, las personas, si se miran con atención, son capaces de sorprendernos con su belleza --responde--. ¿Cómo es posible no ver, por ejemplo, en un ocaso de montaña, en la inmensidad del mar, en los rasgos de un rostro, algo que nos atrae y, al mismo tiempo, nos invita a profundizar en el conocimiento de la realidad que nos circunda?».

«Basta pensar en la potencia de atracción espiritual ejercida por un acto de justicia, por un gesto de perdón, por el sacrificio por un gran ideal vivido con alegría y generosidad», explica.

«En la belleza se manifiesta la verdad, que atrae a través del encanto inconfundible que emana de los grandes valores --aclara--. De este modo, el sentimiento y la razón se encuentran radicalmente unidos por un llamamiento dirigido a toda la persona. La realidad, con su belleza, permite experimentar el inicio del cumplimiento y parece susurrarnos: "Tú no serás infeliz, la pregunta de tu corazón se realizará, es más ya se realiza"». 

Por eso, explica el mensaje, la Biblia en el libro de la Sabiduría recuerda que «de la grandeza y hermosura de las criaturas se llega, por analogía, a contemplar a su Autor» (Cf. Sabiduría 13, 3). 

El texto pontificio concluye deseando que el Meeting de Rimini «pueda contribuir a difundir esa nueva manera de mirar las cosas enseñada por Jesús. De este manera, el arte puede convertirse en instrumento de evangelización, ayudando a promover una nueva estación misionera».

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 Etiquetas: Arte, Artistas, Belleza, Benedicto XVI, Estética
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