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Ágora
por Ángel Pacheco
Realmente el siglo XX nos ha dejado exhaustos, cansados y, en cierto modo, desesperanzados. Nos duelen todavía los campos de concentración, los Auschwitz, los gulags, los hospitales para disidentes, las ‘madres de las plazas de Mayo’ y, más lejano, pero no menos presente en la memoria, las inquisiciones y los sambenitos colgados a todos aquellos que no se movían de acuerdo con el pensamiento dominante. Y es que, a lo largo de la Historia, también en estos últimos veinte siglos y, de modo brutal en el que acabamos de dejar, hemos visto cómo los que eran perseguidos por el poder
establecido, pasaban a ser perseguidores cuando a ellos les ha tocado ejercer el poder.
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