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Metadatos y Metafísica
Antonio Orozco
Arvo.net, 22.07.2009
Los que manejamos un poco Internet y las páginas web, como ésta, sin ir más lejos, sabemos que además de los datos que el lector, usted, por ejemplo, ve en la pantalla, el constructor de la página web ha introducido otros datos que usted no ve. Se llaman «meta-datos». Están ocultos, pero a poco que averigüemos cómo es posible que los buscadores encuentren nuestra página web, incluso quizá antes que otras parecidas, sabremos que se debe al acierto de los «meta-datos». No es un misterio. No es difícil conocerlos. Están ahí. Se pueden ver, haciendo clik en alguna pestaña del navegador. Si usted no se molesta en averiguarlo, nunca lo sabrá. Le hablarán de meta-datos y no entenderá nada, es más, es posible que no quiera saber nada de ellos. Puede ser que se pase la vida navegando por Internet y se muera sin saber que ha sido posible en parte gracias a los meta-datos. Sin embargo, saberlo, le ilustraría sobre muchas cosas de cómo funciona la Red. Le abriría muchos interrogantes que usted libremente podría continuar desentrañando o no. Los que desprecian la Metafísica, y me refiero a la gran Metafísica que arranca de los clásicos griegos como Aristóteles, son sencillamente ignorantes de lo que las cosas «son». Se pueden quedar en la ignorancia del «ser» de las cosas y de lo que es absolutamente indispensable para explicar ese «ser» de las cosas, el «Ser Absoluto» , es decir, Dios. ¿Es difícil conocer que Dios existe? ¡No! Pero no debemos empeñarnos en buscarlo con métodos físicos, matemáticos o biológicos, sino «meta-físicos». La «meta-física» no es difícil, al menos en sus elementos básicos. Los niños tienen mente metafísica. No sólo se preguntan el cómo de las cosas, sino también el «por qué son» y «como se explica que sean». Son pocos los principios que deben conocerse y no es difícil conocer que el todo es mayor que la parte, que una cosa no puede ser y no al mismo tiempo y bajo el mismo respecto, que todo lo que llega a ser es causado, etc. Eso sí, hay que utilizar los principios de suyo evidentes y las experiencias inmediatas con rigor lógico. Sin precipitación y a ser posible con buenos maestros. Sólo sobre la base de una sencilla «meta-física», podemos iniciar una antropología sólida y desde ahí una ética racional. Todos somos metafísicos aún sin pretenderlo. También los que niegan la posibilidad de la metafísica. Los que cultivan la ciencia positiva, los fenomenólogos, los relativistas, los subjetivistas, todos. Lo que les sucede es que no se dan cuenta del momento en que se deslizan en el terreno metafísico y entonces incurren en contradicciones que un niño podría desbaratar con la «meta-física natural» que posee naturalmente la mente humana.
A la luz de lo que llamaría metafísica natural, algo así como el sentido común no ingenuo, los materialismos y subjetivismos en general aparecen con sus puntos débiles al desnudo. Surge un verdadero sentido ético de la vida, fundado en el natural señorío para el que ha sido creado el ser humano. Se comprende en su pleno sentido lo que se lee en la Sagrada Escritura: «Dijo Dios: Hagamos el hombre a imagen nuestra, según nuestra semejanza, y dominen en los peces del mar, en las aves del cielo, en los ganados y en todas las alimañas, y en toda sierpe que serpea sobre la tierra» (5). Nace la formidable pasión por la libertad íntegra, ancha y trascendente, con nervio teleológico, es decir, con sentido de larguísimo alcance, con un por qué y para qué divinos. La libertad aparece en su justo valor. Valor de medio para realizar la verdad, la bondad, la belleza, el amor, la justicia, en toda circunstancia, en cualquier situación, aunque para ello sea preciso empeñar la vida. Los mártires han sido --y siguen siendo-- no sólo los grandes testigos de la fe, también los grandes testigos de la libertad y de la razón.
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