| Por Juan Ramón Jiménez
Premio Nobel de Literatura
JUANITO el preguntón, tres años, fijos ojos marrones, colorcito quebrado, ladeándole la cara a su madre hermosa para que lo mirara bien, le preguntaba por millonésima vez: "Mamá Pura, ¿dónde está Dios?"
"Hijo, qué fastidioso eres; ya te lo he dicho muchas veces que Dios está en todas partes."
"Sí, pero antes de estar ahí, ¿dónde estaba?"
"¡Ay, hijo, qué cansado eres, ya tú lo sabes, ya te lo he dicho muchas veces, quita!"
"Entonces, ¿Dios está aquí, y aquí, y aquí?" Y señalaba la perilla de la baranda, el florón del cielo raso, la poza del aljibe, la jaula del verdón, el aguamanil... Y la madre: "Si, hijo; sí, hijo, sí, hijo."
"Y ¿aquí dentro de este vaso también?"
"Si, hijo de Dios, ahí dentro de ese vaso."
Juanito volvió de pronto el vaso contra el velador y... "¡Lo cojí!"
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Juan Ramón Jiménez, La corriente infinita , Ed. Aguilar, Madrid 1961, pp. 328-329
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