Viernes - 25.Mayo.2012

Grandes Secciones
Actualidad
Autores
Biología humana
Avances científicos de relevancia ética
Fe y ciencias
Ciencia
Filosofía
Teología
Espiritualidad
Religión
Derecho
Familia - educación
Etica
Valores
Cultura
Literatura
Interés por el lenguaje Interés por el lenguaje
Grecolatinos Grecolatinos
Sección «promesa» Sección «promesa»
Cuentos Cuentos
Escritos sobre la literatura Escritos sobre la literatura
El jardín de los clásicos El jardín de los clásicos
Otros clásicos Otros clásicos
El valor de la literatura El valor de la literatura
Narraciones breves Narraciones breves
Escritos de paco sánchez Escritos de paco sánchez
Escritos sobre obras maestras Escritos sobre obras maestras
Libros de creación Libros de creación
Los escritores y sus obras Los escritores y sus obras
Libros
Cine
Vídeos culturales
Testimonios
Archivo
Blog de N. López Moratalla
Los secretos de tu cerebro
Blog de A. Orozco
Blog informal. Notas. Avisos de Arvo.net.

`EL CISNE´ DE JUAN MANUEL DE P (Juan Manuel de Prada)

ver las estadisticas del contenido recomendar  contenido a un amigo
Documento sin título

`EL CISNE´ DE JUAN MANUEL DE PRADA

Juan Manuel de Prada nos descubre sus sentimentos ante Jimena, su primera y prematura hija.

En la incubadora

Por Juan Manuel de Prada

Ahora el mundo se llama Jimena, y los planetas giran en su derredor, absortos y trémulos, custodiando su respiración. Mi primogénita ha nacido algo corta de peso, después de una cesárea que abrevió su gestación, y sus primeros días los consume en una incubadora que parece un invernadero para bonsais. A la hora asignada a las visitas, me enfundo una bata verde y penetro en el silencio religioso de la sala de prematuros, con la veneración del neófito a quien le son abiertas las puertas del tabernáculo. Jimena duerme, misteriosa como un jeroglífico, exiliada de nuestras zozobras, casta y voluptuosa como el cisne que ignora su belleza o el rocío que estremece la hierba. A veces manotea, como si espantase una telaraña, frunce el morrito o se desentumece con esa dulce fragilidad que tienen los cachorros, cuando el sol hiere las brumas de su letargo. Entonces aprovecho para examinarla más de cerca, y enumero sus dedos que copian los míos, dedos larguísimos y nostálgicos de una antigua pureza, como de mosaico bizantino, que quizá mañana se dediquen al arte. Las enfermeras, un ejército de hadas blancas que vigilan su sueño, me dicen que Jimena es mi vivo retrato, pero yo creo descubrir en su naricilla apenas formulada el respingo de la nariz de su madre, y en su mirada el rescoldo de la mirada de su madre, en la que tantas veces he visto volar pájaros fugitivos. Los días la irán completando poco a poco, irán poniendo lumbre en sus ojos y una canción de palabras en su boca, pero por el momento Jimena es un cuerpecillo apenas moldeado en el que cabe el tamaño de nuestra esperanza.

Ayer su madre la amamantó por vez primera. Sus labios, que aún no han aprendido a besar, se aferran con avidez al seno que se le brinda y lo vacían sin demasiados miramientos, como si allí dentro se guardase el elixir que la hace invulnerable, la luz que abrasa los gérmenes y limpia los pecados. Apretada contra el seno de su madre, Jimena se amodorra, pero enseguida retorna a su perezosa vigilia, y busca con la boca abierta el pezón que quizá destile, junto a la leche nutricia, alguna música de recóndita calidez que la apacigua y embriaga. Es entonces, mientras el sueño se derrama sobre sus párpados, cuando me acomete cierta forma de pudorosa envidia: madre e hija forman un cuadro tan armónico que no me atrevo a perturbarlas con palabras intrusas. Luego, cuando vuelvo con Jimena en brazos a la sala de prematuros, noto entre mis manos su liviandad de estrella, su tibieza ahíta, su respiración diminuta que desafía y ensordece el universo.

Las enfermeras vuelven a depositarla en la incubadora, y yo me quedo durante un rato vigilando su digestión, contando los latidos que estremecen su pecho, intentando adivinar en ellos algún secreto código morse. Más allá de las certezas que nos procura la ciencia, triunfa en mí algo semejante al atolondramiento. Durante nueve meses, uno se ejercita mentalmente en las tareas de la paternidad; pero cuando por fin la vida irrumpe ante nosotros, todas las sabidurías heredadas se desmoronan, y uno se queda perplejo y como paralizado ante esa niña que duerme en la incubadora, misteriosa como un jeroglífico, exiliada de nuestras zozobras, casta y voluptuosa como el cisne que ignora su belleza o el rocío que estremece la hierba. La vida que Dios regala es un enigma que excede nuestra capacidad de comprensión; y la única solución es entregarnos a ella con alborozo y pavor, con exultación y angustia, como los pájaros se entregan al aire que los sostiene. Ahora el mundo se llama Jimena, y a su protección encomiendo mis balbuceos de padre atolondrado.

__________

Publicado en ABC, 2.III.2002

 

© ASOCIACIÓN ARVO 1980-2005
Contacto: webmaster@arvo.net
Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

02/07/2005 ir arriba
COMENTARIOS añadir comentario
Esta web no se hace responsable de los comentarios escritos por los usuarios. El usuario es responsable y titular de las opiniones vertidas. Si encuentra algún contenido erróneo u ofensivo, por favor, comuníquenoslo mediante el formulario de contacto para que podamos subsanarlo.
ir arriba

v01.99:0.36
GestionMax
TIENDA   Novedades   rss   contacto   buscador   tags   mapa web   
© ASOCIACIÓN ARVO | 1980-2009    
Editor / Coordinador: Antonio Orozco Delclós