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Jueves - 02.Octubre.2014

«LOS BEATLES» Y EL AMOR (Luis Olivera)


«LOS  BEATLES»  Y  EL  AMOR

«LOS  BEATLES»  Y  EL  AMOR



Los Beatles son ya unos clásicos, de los que todavía tenemos mucho que aprender. No pasan de moda, como tampoco lo hacen los temas de hondo contenido humano.

Luis Olivera
Periodista
Arvo Net, 14.02.2006

 

         Los Beatles son ya –sólo cuarenta años después-- unos clásicos de la historia de la música. La simplicidad de las letras de sus canciones es compatible con sus muchos significados. Y no es que tuvieran una “inspiración” especialmente grande, sino que más bien les movía su afán de perfeccionismo. Pero nadie puede dudar que ellos supieron transmitir los sentimientos más universales –clásicos--, con unas interpretaciones llenas de sencillez y eficacia.

Pero si algún tema expresa sus canciones, es la necesidad de la cercanía para mantener el amor: para quererse hay que rozarse, “…as long as I/have you near me”; por otro lado exponen su experiencia de tener el amor como alternativa universal al lenguaje de la violencia (“All you need is Love”). Porque, como también cantaron ellos, el trabajo cansa muy poco cuando se hace por amor; porque al final de esas fatigosas jornadas, “tú sabes que me siento bien al llegar a casa, You know I feel alright”). Porque allí está la familia, que es “un fantástico cuento de hadas” (Chesterton).

La vida moderna –y más en las grandes ciudades actuales-- no facilita que los integrantes de una familia estén mucho tiempo juntos. Y las otras formas de familia no son la solución, como dicen las frías estadísticas. Tal vez por eso hay más violencia en la vida del hogar y en el conjunto de la sociedad: vemos que las estadísticas de separaciones, de violencia doméstica y de delincuencia callejera se disparan. Y es que, como afirma el filósofo Alejandro Llano, “el modo de pensar aún dominante recoge los restos de las ideologías decimonónicas: todo lo serio en la vida se reduce a dinero y poder”. Para y por eso se trabaja, … y no se hace por amor, por donación desinteresada al otro, al ‘tú’. Todo se supedita a esos dos aspectos que, por ser tan limitados, no dan la felicidad, porque no llenan. Por eso Los Beatles son ya unos clásicos, de los que todavía tenemos mucho que aprender. No pasan de moda, como tampoco lo hacen los temas de hondo contenido humano.

Los Beatles: sus letras, su mensaje. El amor. Continúo: ellos proponen la necesidad del diálogo para arreglar los problemas. Hablando se entiende la gente. Porque no vale la pena pelearse, viendo la fugacidad de la vida (“Life is very short and there’s no time/ for fussing anf fighting”); que también es bueno  superar el egoísmo del ciego, que sólo ve lo que le interesa (“He’s a blind and he can be/just sees what he wants to see”). Un pensamiento tan clásico como el que no hay peor ciego que el que no quiere ver.

El grupo de Liverpool cantó que hay que saber rectificar continuamente el rumbo de la propia vida, y pedir perdón, superando los propios vicios egoístas. Todos nos equivocamos, porque no hay nadie que sea perfecto. Y tampoco se trata de pretender hacerlo todo uno sólo (“don’t carry the world upon your shoulders”), como si fuéramos Hércules en sus míticos trabajos. O considerar algo tan básico como el influjo de las condiciones climáticas sobre el estado anímico de las personas (“Here Comes the Sun”), pensarlo dos veces y hacer las paces.

Amor. Amor que se entrega en vez de contradicciones culturales y tensiones políticas. Ellos ofrecían la otra cara de la moneda: la optimista, la esperanzada. Cantaban la imposibilidad de comprar el amor (“I didn’t care too much for money”), que no tiene precio; la experiencia durable de la donación total, que eso es la esencia del matrimonio (”All my Loving”), frente a lo efímero del amor de “un día”, que deja el regusto amargo del egoísmo, de cosificar al otro, de usarlo y tirarlo.

Y la consecuencia de esa entrega, que provoca que el amor sea siempre nuevo (novios = os novos, los nuevos, en Portugal), a pesar del tiempo transcurrido: “When I think of Love / all something new”. Y que también cada día sea novedoso, que sorprenda, donde no cabe la rutina.

La producción discográfica de MacCartney, Lennon, Starr y Harrison no se ha agotado todavía. Y no me extrañaría que, dentro de cien años, su música se siguiera oyendo junto a las de Mozart, Bach o Beethoven. El peso de su memoria y de sus recuerdos en la vida de las personas perdurará, como dicen en temas tan conocidos como “Yesterday” o “In my Life”.

Y qué mejor final que la última frase de la canción  final del postrer disco que grabaron juntos “Los Beatles”, como una especie de resumen global de todo su arte. Los cuatro la cantan al unísono: “Al final, el amor que recibes es igual al amor que generas”, que das, que has dado (“And in the end/ the love you take/ is equal to the love you make”). Por eso hay que tomar la iniciativa, abrirse al ‘otro’: esa generosidad es la que llena. Por eso el cuarteto de músicos no es un residuo del pasado. Tienen magia porque hablan de lo único esencial.

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Enviado por Arvo Net - 14/02/2006



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