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28/01/2006
Sábado, 28 ene (Radio Vaticano).- El
amor a la verdad como punto de
encuentro entre derecho y pastoral,
tema central del discurso de
Benedicto XVI esta mañana al
Tribunal de la Rota Romana, para la
inauguración del Año Judicial. El
Papa resalta que “la finalidad del
proceso canónico de nulidad del
matrimonio no es complicar
inútilmente la vida de los fieles,
sino sólo hacer un servicio a la
verdad”.
Benedicto XVI ha recibido esta
mañana en audiencia a los jueces,
oficiales y colaboradores del
Tribunal Apostólico de la Rota
Romana con motivo de la inauguración
del año judicial. El discurso del
Santo Padre se ha concentrado
fundamentalmente en el amor a la
verdad como punto de encuentro entre
derecho y pastoral.
El Papa ha retomado la Instrucción
Dignitas connubii, herencia del
amado predecesor Juan Pablo II,
sobre el procedimiento que se debe
seguir en las causas de nulidad
matrimonial. Esta Instrucción es una
especie de vademécum, que no sólo
recoge las normas vigentes en esta
materia, sino que las enriquece con
ulteriores disposiciones, necesarias
para la correcta aplicación de las
primeras. “La mayor contribución de
esta Instrucción -ha dicho el
Pontífice expresando su deseo de que
sea aplicada íntegramente por los
agentes de los tribunales
eclesiásticos- consiste en indicar
en qué medida y modo se debe
aplicar, en los casos de nulidad
matrimonial, las normas contenidas
en los cánones relativos al juicio
contencioso ordinario”.
De hecho las sentencias eclesiales
en esta materia inciden sobre la
posibilidad o la imposibilidad de no
pocos fieles de recibir la comunión
eucarística, como ha explicado el
Santo Padre. Un argumento, el de la
nulidad matrimonial, que ha surgido
repetidamente durante el reciente
Sínodo sobre la Eucaristía. En este
sentido los padres sinodales han
invitado a los tribunales
eclesiásticos a esforzarse para que
los fieles no canónicamente casados
puedan regularizar, lo más pronto
posible, su situación matrimonial, y
acercarse al banquete eucarístico.
Por otra parte, como ha recordado
Benedicto XVI, la legislación
canónica y la Instrucción Dignitas
connubii parecen poner límites a tal
empuje pastoral. Y en este contexto
de contradicción el Papa ha querido
concentrarse en lo que representa el
punto de encuentro fundamental entre
derecho y pastoral: el amor a la
verdad.
“El proceso canónico de nulidad del
matrimonio constituye esencialmente
un instrumento para constatar la
verdad sobre el vínculo conyugal. Su
finalidad constitutiva no es por lo
tanto complicar inútilmente la vida
de los fieles ni mucho menos
exacerbar la belicosidad, sino sólo
hacer un servicio a la verdad”.
Por lo tanto, para el Santo Padre,
cualquier sistema procesal debe
tender a asegurar la objetividad, la
tempestividad y la eficacia de las
decisiones de los jueces. En este
sentido es de fundamental
importancia la relación entre razón
y fe. Una segunda observación
subrayada por el Pontífice ha sido
que el objetivo del proceso es
buscar la verdad sobre la validez o
invalidez de un matrimonio concreto.
A este respecto, Benedicto XVI ha
indicado que la verdad buscada en
los procesos de nulidad matrimonial
no es una verdad abstracta. “Es una
verdad que se integra en el
itinerario humano y cristiano de
cada fiel. Por lo tanto es muy
importante que su declaración llegue
en tiempos razonables”.
En cuanto a la labor institucional
de la Iglesia en los tribunales, el
Papa ha señalado como obligatorio
que estén cada vez más cerca de los
fieles. Y además, “la sensibilidad
pastoral debe intentar prevenir las
nulidades matrimoniales durante la
preparación al matrimonio y
esforzarse para que los cónyuges
resuelvan sus eventuales problemas y
encuentren el camino de la
reconciliación”.
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