Por Sunsi Estil-les Farré
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Arvo Net, 19.03.2007
Si digo que el día del padre es
todos los días, no miento. El mismo
argumento se utiliza para pasar por
alto el día de la madre, el día de
los enamorados, el día de la mujer
trabajadora, el día del estudiante…
y el del maestro, el día de los
abuelos ¡dos veces padres!... Pero
no es menos cierto que los seres
humanos nos servimos de este estilo
de eventos, resaltados con colores
en el calendario, para mantener vivo
el recuerdo… por lo menos una vez al
año.
“¡Felicidades, papá!”. A los papás
jóvenes hoy os toca abrir un
paquete, tal vez envuelto en papel
de seda, con un corazón donde el
pequeño de la casa ha escrito lo
mejor que ha sabido “Te quiero
mucho, papá”. Te ha costado
disimular la emoción y tragas
saliva. Quizá hayas dicho “me voy al
baño” para llorar a gusto sin que
nadie te vea. Y el pequeño aporrea
la puerta porque le falta el beso.
Desaparecido en combate. Dicen que
los hombres también lloran, pero
menos. A las mamás, en cambio, no
nos importa ser el escaparate de
nuestras emociones y que se nos
escape una lágrima en público.
Es posible que hoy recuerdes
aquellas horas que el periodista
Joan Barril describe como “esa
sensación de mueble incómodo que
alguien ha puesto en la sala de
partos (…) resignado a que los
momentos capitales de nuestra
condición de padres tengan que ser
vividos en la más absoluta de las
soledades”. Cuando nació el “moco”
de la casa ya nada fue como antes.
Descubriste que, a partir de ahora,
la noche tiene fases; que tu mujer
ya no es tan tuya y debes
compartirla con un biberón cada tres
o cuatro horas, con pañales húmedos
que hay que cambiar, con llantos
imprecisos que estallan previa y que
sólo tu mujer sabe descifrar- “le
duele la barriga o tiene hambre o no
concilia el sueño”-; que se acabaron
las cenas románticas e interminables
porque el bebé tose y el aparato
este que se han inventado delata
todo lo que sucede en su dormitorio
pintado de azul o rosa o amarillo o
verde… ¡se acabaron los
estereotipos!; que ya no hay sábado
de cine sin programar, ni escapadas
aunque sean de dos días. Quizá
llegaste a pensar que tres son
multitud y no entendías el arrebato
de tu mujer que, a pesar de sus
ojeras violetas que le llegaban
hasta los pies, miraba embobada al
bebé. La cuestión es que el instinto
materno arraiga enseguida. Porque
lleva una ventaja de nueve meses;
los que ha llevado al hijo en su
vientre. El instinto paterno ha de
superar esa ausencia física y
sensorial. Se desarrolla más
despacio. Dicen los psicólogos que
no alcanza su plenitud hasta que el
niño cumple 4 o 5 años. No deja de
ser un alivio saberlo, pero alguno
puede pensar que podrían habérselo
explicado con antelación. Se hubiera
sentido menos marciano en su propia
casa.
El pequeño “intruso” ya camina, ya
se cargó varios ceniceros de cristal
y aquella figurilla de porcelana que
comprasteis en el viaje de novios,
ya come solo y ya va a la escuela.
Hoy es la primera vez que has leído
algo escrito por él, de su puño y
letra; un garabato en el que se
intuye el mensaje que cambia
radicalmente la vida de los seres
humanos: “Te quiero mucho…”. Y yo
también te quiero; te he querido
primero. Antes de que nacieras.
Contigo y por ti he descubierto que
“la mejor escuela de la ciudad no
compensa los mejores momentos de
silencio de dos personas que crecen
en escalas diferentes”; que “los
niños no quieren ser hijos de un
director general, sino de un padre
que les enseñe el funcionamiento de
los hormigueros, el nombre de las
estrellas, el control de los
músculos, la exactitud de las
palabras, la riqueza de la duda, las
normas de la tolerancia, las
primeras canciones, los límites del
poder y el poder de la alegría”
(Joan Barril)
A todos los padres:¡Felicidades!.
Por intentar ser mejores padres, por
haber aprendido a cambiar pañales,
dar biberones, por llegar a casa
temprano para hacer los deberes
juntos o darme un beso de buenas
noches, por cerrar el periódico o
apagar la tele cuando intuyes que
necesito hablar, por los madrugones
de los sábados para acompañarme a
los partidos, por jugar conmigo a la
Play en lugar de tumbarte en el
sofá, por explicarme por qué no
cuando me dices que no … ¡por querer
a mamá!... por todo lo que queda aún
por llegar pero sé que cuento
contigo.
Disculpen si aprovecho para
felicitar a mi padre, que ya es
abuelo ¡padre de padres!.
Felicidades, papá. Nada sería lo
mismo si tú no fueras como eres, si
mi padre no hubieras sido tú.
Sunsi Estil-les Farré
Diari de Tarragona
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