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CRISTO ES NUESTRA PAZ (S.S. Juan Pablo II)

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CRISTO ES NUESTRA PAZ

MENSAJE "URBI ET ORBI" DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
EN LA SOLEMNIDAD DE LA NAVIDAD, 25 DE DICIEMBRE DE 2001

¡Salvemos a los niños,
para salvar la esperanza de la humanidad!
Nos lo pide hoy con fuerza
aquel Niño nacido en Belén.


Cristo es nuestra paz

1. Christus est pax nostra!".
"Cristo es nuestra paz.
Él ha hecho de los dos pueblos
una sola cosa" (Ef 2, 14).
En el alba del nuevo milenio,
comenzado con tantas esperanzas,
pero ahora amenazado por nubes tenebrosas
de violencia y de guerra,
las palabras del apóstol san Pablo
que escuchamos esta Navidad
son un rayo de luz penetrante,
un clamor de confianza y optimismo.
El divino Niño nacido en Belén
trae en sus pequeñas manos, como un don,
el secreto de la paz para la humanidad.
¡Él es el Príncipe de la paz!
He aquí el gozoso anuncio,
que resonó aquella noche en Belén,
y que quiero repetir al mundo
en este día bendito.
"Os traigo la buena noticia,
la gran alegría para todo el pueblo:
hoy, en la ciudad de David,
os ha nacido un salvador:
el Mesías, el Señor" (Lc 2, 10-11).
En el día de hoy,
la Iglesia se hace eco de los ángeles,
y reitera su extraordinario mensaje,
que sorprendió en primer lugar a los pastores
en las alturas de Belén.

2. Christus est pax nostra!".
Cristo, el "niño envuelto en pañales
y recostado en un pesebre" (Lc 2, 12),
es precisamente nuestra paz.
Un Niño indefenso, recién nacido
en la humildad de una cueva,
devuelve la dignidad a cada vida que nace,
da esperanza a quien yace
en la duda y en el desaliento.
Él ha venido para curar a los heridos de la vida
y para dar nuevo sentido incluso a la muerte.
En aquel Niño, dócil e indefenso,
que llora en una gruta fría y pobre,
Dios ha destruido el pecado
y ha puesto el germen de una humanidad nueva,
llamada a llevar a cabo
el proyecto original de la creación
y a trascenderlo con la gracia de la redención.

3. Christus est pax nostra!".
Hombres y mujeres del tercer milenio,
que tenéis hambre de justicia y de paz,
acoged el mensaje de Navidad
que se propaga hoy por todo el mundo.
Jesús ha nacido para consolidar las relaciones
entre los hombres y los pueblos,
y hacer de todos ellos hermanos en él.
Ha venido para derribar
"el muro que los separaba:
el odio" (Ef 2, 14),
y para hacer de la humanidad una sola familia.
Sí, podemos repetir con certeza:
¡Hoy, con el Verbo encarnado, ha nacido la paz!
Paz que se ha de implorar,
porque sólo Dios es su autor y garante.
Paz que se ha de construir
en un mundo en el que pueblos y naciones,
afectados por tantas y tan diversas dificultades,
esperan una humanidad
no sólo globalizada por intereses económicos,
sino por el esfuerzo constante
en favor de una convivencia más justa y solidaria.

4. Como los pastores, acudamos a Belén,
quedémonos en adoración en la gruta,
fijando la mirada en el Redentor recién nacido.
En él podemos reconocer los rasgos
de cada pequeño ser humano que viene a la luz,
sea cual fuere su raza o nación:
es el pequeño palestino y el pequeño israelí;
es el bebé estadounidense y el afgano;
es el hijo del hutu y el hijo del tutsi...
es el niño cualquiera, que para Cristo es alguien.
Hoy pienso en todos los niños del mundo:
son muchos, demasiados, los niños
que nacen ya condenados a sufrir, sin culpa,
las consecuencias de conflictos inhumanos.
¡Salvemos a los niños,
para salvar la esperanza de la humanidad!
Nos lo pide hoy con fuerza
aquel Niño nacido en Belén,
el Dios que se hizo hombre,
para devolvernos el derecho a esperar.

5. Supliquemos a Cristo el don de la paz
para cuantos sufren a causa de conflictos
antiguos y nuevos.
Todos los días llevo en mi corazón
los dramáticos problemas de Tierra Santa;
cada día pienso con preocupación
en cuantos mueren de hambre y de frío;
día tras día me llega, angustiado,
el grito de los que, en tantas partes del mundo,
piden una distribución más justa de los recursos
y un trabajo dignamente retribuido para todos.
¡Que nadie deje de esperar
en el poder del amor de Dios!
Que Cristo sea luz y apoyo
de quienes, a veces contra corriente,
creen y actúan en favor del encuentro,
del diálogo y de la cooperación
entre las culturas y las religiones.
Que Cristo guíe en la paz los pasos
de quienes se empeñan incansablemente
por el progreso de la ciencia y la técnica.
Que nunca se usen estos grandes dones de Dios
contra el respeto
y la promoción de la dignidad humana.
¡Que jamás se utilice el nombre santo de Dios
para corroborar el odio!
¡Que jamás se haga de él
motivo de intolerancia y violencia!
Que el dulce rostro del Niño de Belén
recuerde a todos que tenemos un único Padre.

6. Christus est pax nostra!".
Hermanos y hermanas que me escucháis,
abrid el corazón a este mensaje de paz,
abridlo a Cristo, Hijo de la Virgen María,
a Aquel que se ha hecho "nuestra paz".
Abridlo a Aquel que nada nos quita
si no es el pecado,
y nos da a cambio
plenitud de humanidad y de alegría.
Y tú, adorado Niño de Belén,
trae la paz a cada familia y ciudad,
a cada nación y continente.
¡Ven, Dios hecho hombre!
¡Ven a ser el corazón del mundo
renovado por el amor!
¡Ven especialmente a donde más peligra
la suerte de la humanidad!
¡Ven, y no tardes!
¡Tú eres "nuestra paz"! (Ef 2, 14).

(©L"Osservatore Romano - 28 de diciembre de 2001)


 

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Contacto: webmaster@arvo.net
Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós
 

 

04/10/2005 ir arriba
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