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GARCÍA MÁRQUEZ SE DESPIDE (L. Olivera - E. Eslava - H. Ospina) |
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SENTIDOS CLÁSICO Y MODERNO DE
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GARCÍA MÁRQUEZ SE DESPIDE
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El escritor y periodista colombiano Gabriel García Márquez
(1928) se está muriendo. Lo comprobarán si leen esta carta
de su puño y letra, que he encontrado en Internet por
casualidad y con tristeza.- Su última obra. |
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Por eso, Gabriel García Márquez
se ha retirado de la vida
pública. Debido a graves razones
de salud: sufre un cáncer
linfático. Ahora, parece que su
estado es cada vez es más grave.
Por eso, ha enviado una carta de
despedida a sus muchos amigos y
admiradores y, gracias a
Internet, está siendo difundida
por toda la web. Les recomiendo
su lectura, porque no tiene
desperdicio: es verdaderamente
conmovedor este corto texto
escrito por uno de los
novelistas hispanoamericanos más
brillantes de la segunda mitad
del siglo XX:
"Si por un instante Dios se
olvidara de que soy una
marioneta de trapo y me
regalara un trozo de vida,
posiblemente no diría todo
lo que pienso, pero en
definitiva pensaría todo lo
que digo.
“Daría valor a las cosas, no
por lo que valen, sino por
lo que significan.
“Dormiría poco, soñaría más,
entiendo que por cada minuto
que cerramos los ojos,
perdemos sesenta segundos de
luz.
“Andaría cuando los demás se
detienen, despertaría cuando
los demás duermen.
“Escucharía cuando los demás
hablan, y cómo disfrutaría
de un buen helado de
chocolate!
“Si Dios me obsequiara un
trozo de vida, vestiría
sencillo, me tiraría de
bruces al sol, dejando
descubierto, no solamente mi
cuerpo sino mi alma.
“Dios mío, si yo tuviera un
corazón, escribiría mi odio
sobre el hielo, y esperaría
a que saliera el sol.
Pintaría con un sueño de Van
Gogh sobre las estrellas un
poema de Benedetti, y una
canción de Serrat seria la
serenata que le ofrecería a
la luna.
“Regaría con mis lágrimas
las rosas, para sentir el
dolor de sus espinas, y el
encarnado beso de sus
pétalos...
“Dios mío, si yo tuviera un
trozo de vida... No dejaría
pasar un solo día sin
decirle a la gente que
quiero, que la quiero.
“Convencería a cada mujer u
hombre de que son mis
favoritos y viviría
enamorado del amor.
“A los hombres les probaría
cuán equivocados están al
pensar que dejan de
enamorarse cuando envejecen,
sin saber que envejecen
cuando dejan de enamorarse!
“A un niño le daría alas,
pero le dejaría que él solo
aprendiese a volar.
¡A los viejos les enseñaría
que la muerte no llega con
la vejez, sino con el
olvido.
“Tantas cosas he aprendido
de ustedes, los hombres...
He aprendido que todo el
mundo quiere vivir en la
cima de la montaña, sin
saber que la verdadera
felicidad está en la forma
de subir la escarpada. He
aprendido que cuando un
recién nacido aprieta con su
pequeño puño, por vez
primera, el dedo de su
padre, lo tiene atrapado
para siempre. He aprendido
que un hombre sólo tiene
derecho a mirar a otro hacia
abajo, cuando ha de ayudarle
a levantarse.
“Son tantas cosas las que he
podido aprender de ustedes,
pero realmente de mucho no
habrán de servir, porque
cuando me guarden dentro de
esa maleta, infelizmente me
estaré muriendo".
Gabriel García Márquez.
A sus espaldas
quedan 50 años exactos de novela
exuberante, poética y colorista,
y el Premio Nobel de Literatura
en 1982. Aunque Vargas Llosa
haya escrito de él que en su
obra, cerrada a la
trascendencia, “prisionero de sí
mismo, el hombre está
secuestrado de sí mismo”, esta
carta de despedida demuestra que
no es así: que se da cuenta de
quién es él y quién es Dios, de
la distancia que los separa
(“soy una marioneta de trapo”,
dice significativamente); y de
lo que está bien y lo que es
desdeñable. Hasta cuatro veces
se refiere a Dios en su carta de
despedida, cuando en sus obras
“la religión es equiparada a la
magia” (Ibáñez Langlois).
Un buen resumen,
para que los que todavía nos
quedamos en estos páramos
aprendamos a valorar las cosas
cotidianas, que parecen
intrascendentes pero que, al fin
al, son las que llenan la vida
de contenido: “los trozos de
vida”, “las rosas” aunque tengan
espinas, no mirar por encima del
hombro a la gente, saber
escuchar a los demás y los
helados de chocolate.
Luis Olivera
Periodista
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SU ÚLTIMA OBRA
GARCÍA MÁRQUEZ, Gabriel.
Memoria de mis
putas tristes.
Mondadori-Norma. Bogotá
2004. 109 págs.
Esta
novela corta tiene todos
los elementos para
convertirse en el
best-seller que es:
tamaño, longitud,
edición y estrategia
publicitaria –de la cual
forma parte el engañoso
título–, además de la
calidad literaria de
García Márquez.
Se trata de un engaño:
algún comprador morboso,
que solo esperaría el
relato sombrío de las
experiencias sexuales de
un caribeño, se
encuentra con algo más
en sus manos. Como dice
el personaje desde el
comienzo de la novela,
lo que se presenta es
“el principio de una
nueva vida a una edad en
que la mayoría de los
mortales están muertos”
(p. 10). El autor ofrece
la narración
autobiográfica de un
patético nonagenario que
manifiesta la “memoria
de mi grande amor” (p.
12), con una frase que
podría haber sido un
título más adecuado
-aunque menos rentable-
para esta narración.
Con ocasión de la
historia de amor, el
autor presenta algunos
temas de su arsenal
literario que ya
aparecían en obras
anteriores, de modo
especial en “Vivir para
contarla”. Por una
parte, alude a las
consecuencias de la
historia política
colombiana, en concreto
de los años sesenta: la
pobreza vergonzante, los
desplazamientos de
poblaciones,
cerramientos policiales,
muertes violentas y las
rigurosas censuras al
periodismo. También
renueva su provocadora
cruzada contra las
reglas idiomáticas,
ofreciendo nuevos
italianismos que se
suman a los que ya había
insertado antes en su
producción. Por otro
lado, en esta obra
literaria el
protagonista recomienda
libros, comenta piezas
musicales y menciona
algunas pinturas –como
había hecho antes, en su
autobiografía-, en una
interesante muestra de
fusión estética.
La obra presenta, sin
embargo, un trasfondo de
sensualidad machista y
paidófila que incluye la
descripción de un evento
sodomítico, la alusión a
una estadística
minuciosa (que llevaba
el protagonista) de las
“quinientas catorce
mujeres con las cuales
había estado por lo
menos una vez”, además
de la reiterativa
contemplación en el
burdel de la niña
descubierta –herencia de
Y. Kawabata-, que es el
tema de la novela.
Y si decía al principio
que el nombre y la
penosa publicidad de
esta novela eran
engañosos, me refería a
que, sin ser tan
explícita como sugiere
el título, ese ambiente
sensual es el recurso
que el autor utiliza
para hacer una denuncia
importante.
La novela delata la
terrible soledad a la
cual se auto-condena
quien reduce el amor a
genitalidad, aislándolo
del contexto de donación
total que el profesor
“Mustio Collado”,
después de “una
servidumbre que me
mantenía subyugado desde
los trece años” (p. 47),
comienza a descubrir al
inicio del nonagésimo
cumpleaños. Esa nueva
vitalidad, que hace
renacer el ciclismo, la
música y el canto, como
también la vetusta casa
y el decrépito gato de
Angora, demuestra que
nunca es tarde para amar
de verdad.
Euclides Eslava Gómez
Universidad de La Sabana
Arvo Net, 6/12/2004.
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García Márquez y Eros
Es interesante comparar
la vivencia del tema
eros en la reciente
novela, Memoria de
mis putas tristes,
de García Márquez (2004)
y la concepción que otro
latinoamericano tiene
sobre el mismo.
Por Helena Ospina
Catedrática, Facultad de
Letras UCR
Costa Rica
En una ponencia, “El
valor del cuerpo en
Octavio Paz”, presentada
en el Coloquio
Internacional de
Literatura
Hispanoamericana y sus
Valores en la
Universidad de La
Sabana, Colombia (setiembre
2004) por el Dr. Rafael
Jiménez Cataño, se
analiza, en la poética
del mexicano, su
antropología. Para Paz
–dice el Dr. Jiménez
Cataño- no se da persona
sin cuerpo, pero la
persona no se agota en
el cuerpo. El cuerpo es
trámite necesario para
alcanzar a la persona,
pero hay que
trascenderlo; siendo del
todo posible quedarse en
el cuerpo, sin
establecer una relación
auténticamente personal.
Encuentra, en una serie
de textos de La llama
doble de Octavio
Paz, la unidad de alma y
cuerpo como el carácter
fundante de la noción de
persona: “Cuando hablo
de persona humana no
evoco una abstracción:
me refiero a una
totalidad concreta. (…)
El alma…no sólo es razón
e intelecto: también es
una sensibilidad. El
alma es cuerpo:
sensación; la sensación
se vuelve afecto,
sentimiento, pasión”.
Paz es consciente del
origen griego y judeo-cristiano
de esta concepción de
persona. Pero discierne
la gran diferencia
existente entre esos dos
mundos: “el eros
platónico busca la
desencarnación, mientras
que el misticismo
cristiano es sobre todo
un amor de encarnación,
a ejemplo de Cristo, que
se hizo carne para
salvarnos. (…) En la
contemplación platónica
hay participación, no
reciprocidad: las formas
eternas no aman al
hombre; en cambio, el
Dios cristiano padece
por los hombres, el
Creador está enamorado
de sus criaturas. (…) El
amor humano, es decir,
el verdadero amor, no
niega al cuerpo ni al
mundo” (La llama
doble). En la
“unidad alma-cuerpo”,
característica de la
persona, Paz cifra
–afirma Jiménez Cataño-
la diferencia entre
erotismo y amor: entre
puro erotismo y
amor (porque todos los
atributos positivos del
erotismo pertenecen a la
plenitud del amor; pero
el “puro” erotismo es
justo lo que lo cierra
al amor). Paz ve al puro
erotismo como un cúmulo
de carencias porque “ni
el concepto de alma ni
el de persona y menos
aún el de libertad
aparecen en el erotismo.
(…) En el erotismo lo
fundamental es el placer
y generalmente el placer
sin procreación. El
erotismo colinda con la
muerte” (Paz, Pequeña
crónica…). “La
licencia sexual, la
moral permisiva: ha
degradado a Eros, ha
corrompido a la
imaginación humana, ha
resecado las
sensibilidades y ha
hecho de la libertad
sexual la máscara de la
esclavitud de los
cuerpos”. “El gran
ausente de la revuelta
erótica de este fin de
siglo ha sido el amor.
(…) verdadera quiebra
que nos ha convertido en
inválidos no del cuerpo
sino del espíritu” (La
llama doble). Una de
las descripciones más
elocuentes de frontera
entre erotismo y amor
que cita Paz es la del
pasaje del Ulises
de Joyce: “Hay una frase
en el monólogo de Molly
que no hubiera podido
decir ninguna mujer
enamorada: me besó
bajo la pared morisca y
yo pensé bueno tanto da
él como otro… No, no
es lo mismo con éste que
con aquél. Y esta es la
línea que señala la
frontera entre el amor y
el erotismo. El amor es
una atracción hacia una
persona única: a un
cuerpo y un alma. El
amor es elección: el
erotismo: aceptación.
Sin erotismo –sin forma
visible que entra por
los sentidos- no hay
amor, pero el amor
traspasa al cuerpo
deseado y busca al alma
en el cuerpo y, en el
alma, al cuerpo. A la
persona entera” (La
llama doble).
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Enviado por varios - 07/08/2005 |
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