Sábado - 26.Mayo.2012

Grandes Secciones
Actualidad
Autores
Biología humana
Avances científicos de relevancia ética
Fe y ciencias
Ciencia
Filosofía
Teología
Espiritualidad
Religión
Derecho
Familia - educación
Etica
Valores
Cultura
Literatura
Interés por el lenguaje Interés por el lenguaje
Grecolatinos Grecolatinos
Sección «promesa» Sección «promesa»
Cuentos Cuentos
Escritos sobre la literatura Escritos sobre la literatura
El jardín de los clásicos El jardín de los clásicos
Otros clásicos Otros clásicos
El valor de la literatura El valor de la literatura
Narraciones breves Narraciones breves
Escritos de paco sánchez Escritos de paco sánchez
Escritos sobre obras maestras Escritos sobre obras maestras
Libros de creación Libros de creación
Los escritores y sus obras Los escritores y sus obras
Libros
Cine
Vídeos culturales
Testimonios
Archivo
Blog de N. López Moratalla
Los secretos de tu cerebro
Blog de A. Orozco
Blog informal. Notas. Avisos de Arvo.net.

CARMEN MARTÍN GAITE (María Ángeles Lluch)

ver las estadisticas del contenido recomendar  contenido a un amigo
Documento sin título

CARMEN MARTÍN GAITE

Toda la producción literaria de Martín Gaite refleja una preocupación esencial: la búsqueda de la verdad y la autenticidad por parte del hombre. Esta inquietud aparece retratada con un lenguaje coloquial...

La palabra salvadora


Por María Ángeles Lluch


“Cualquier cuento bien contado puede convertirse en el cuento de nunca acabar. Un cuento contado con verdadera afición, si no mediara la fatiga, no tendría por qué acabar nunca; sería un perenne estado placentero discurriendo hasta la hora de la muerte, única hora de la verdad , capaz de poner en cuestión y quebrar las infinitas posibilidades de la palabra” (Carmen Martín Gaite)

TAMBIÉN PARA ella llegó la hora de “la verdad”. Y la sorprendió en medio de su infatigable afán por vivir intensamente la existencia. Sólo por la espalda y sin avisar podía la muerte acabar con la vida de una mujer inmersa por completo en el mundo, sus gentes y sus problemas.

El pasado 23 de julio del año 2000, críticos literarios e hispanistas, lectores y amigos, despertamos con la noticia del fallecimiento de Carmen Martín Gaite . Había muerto como consecuencia de un cáncer galopante, aferrada a sus “cuadernos de todo” —en los que anotaba ideas para su obra— y rodeada por los papeles que estaba empleando para una próxima intervención pública: una jornada de literatura en los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo. Dejaba una vida intelectual intensa y una producción que abarca los más diversos géneros: narración, teatro, poesía, artículos periodísticos, ensayos, guiones de televisión — Santa Teresa o Celia —, así como traducciones y prólogos.

Miembro indiscutible de una generación de gran relevancia en el resurgir de la actividad literaria de España, la escritora supo, sin embargo, mantener siempre cierta independencia y reflejar su personalidad en su obra, dejando entrever así su peculiar visión del mundo y la literatura.

Buscar la verdad

Toda la producción literaria de Martín Gaite refleja una preocupación esencial: la búsqueda de la verdad y la autenticidad por parte del hombre. Esta inquietud no se recoge en su obra por medio de hondas y largas disquisiciones filosóficas. Aparece retratada con un lenguaje coloquial, mediante la creación de diversas situaciones en las que el ser humano se comporta de modo falso e incoherente. Uno de los ámbitos en el que la dimensión de este problema preocupa más a la escritora es el de la realidad temporal.

Sus personajes son, en numerosas ocasiones, prisioneros de una vivencia inauténtica del tiempo, que se traduce en la repetición monótona e impersonal de una serie de actos un día tras otro. Cuando la rutina afecta a la comunicación, las figuras quedan aisladas de su entorno. Sus mensajes no son auténticos, sino simples repeticiones automáticas de fórmulas preestablecidas, carentes de individualidad. El hecho de que la vida sea una sucesión monótona de acontecimientos, y la comunicación un intervalo de frases ya previstas y vacías, convierte a los personajes en unos seres prisioneros de la rutina, cuya ley inexorable no pueden eludir.

Están condenados a repetir por la fuerza de la costumbre unos actos que les son indiferentes, quedando aislados en un mundo interior insatisfactorio debido a la falta de comunicación con sus semejantes. Todo ello conduce a las figuras de Martín Gaite a desarrollar un inmenso anhelo de libertad, que tratan de satisfacer por diferentes vías de evasión: la intelectual, que se lleva a cabo por medio de la imaginación o del cine, y que suele resultar insatisfactoria; la física, que se produce por medio de una huida material del ambiente cotidiano, al que finalmente el protagonista debe regresar; y la que se podría calificar de evasión psico-fisiológica, a través de las alucinaciones provocadas por el alcohol, la droga o la fiebre.

Uso sincero de la palabra

Al no resultar ninguna de estas vías plenamente satisfactoria para superar la rutina y la soledad, Martín Gaite propone como único remedio salvador la utilización sincera de la palabra con un interlocutor ideal. En este sentido, la escritora mantuvo a lo largo de toda su vida unas ideas muy claras sobre la palabra hablada y escrita, ideas que reflejó coherentemente a lo largo de su obra. Su concepción sobre la literatura, su origen, funciones y final aparecen recogidas de modo explícito en El cuento de nunca acabar .

Según señala, el único medio satisfactorio para realizar y desarrollar los anhelos íntimos y la capacidad narrativa del ser humano es la conversación, la palabra oral dirigida a un interlocutor que se adapte a las necesidades, a la forma de ser del emisor. Que presente, en definitiva, una personalidad sensible capaz de captar y asimilar sus inquietudes. El principal problema radica en el hecho de que este interlocutor no siempre aparece y, en la mayoría de ocasiones, es un sueño casi imposible de conseguir. La rutina y la monotonía de las personas que habitualmente nos rodean, la prisa, el temor o la indiferencia impiden el establecimiento de una auténtica conversación. Encontrar el receptor ideal es una tarea ardua y, muchas veces, infructuosa. La existencia de una auténtica comunicación se ve además obstaculizada por el hecho de que no sólo se precisa la aparición de un interlocutor propicio, sino que este debe surgir en el momento oportuno, de tal modo que “si el interlocutor ideal no aparece en el momento adecuado, la narración hablada no se da”. Y, cuando esto ocurre, la escritora tiene claro que es por el camino de la imaginación por el que se debe buscar al interlocutor, “lo cual significa ponerse a escribir de verdad”.

Con estas palabras Martín Gaite señala de un modo muy claro el motivo que late en el origen de la narración escrita y la dedicación a la creación literaria. En este sentido, llega a afirmar que jamás hubiera existido la creación literaria si su capacidad comunicativa se hubiera visto totalmente satisfecha por medio de la conversación. Esta idea, sin duda discutible, subyace de un modo coherente en muchas de sus declaraciones y obras literarias.

Así, por ejemplo, podemos encontrar una transposición casi literal de estas ideas al caso de su propia vida, cuando refiere cómo se produjo la gestación de una de sus novelas más famosas, El cuarto de atrás : “La noche que se me ocurrió, porque se me ocurrió de noche, había tormenta con truenos y relámpagos, estaba yo sola en casa, porque mi hija había hecho una excursión a la sierra y tardaba en volver, y me empezó a entrar un insomnio muy malo, no sé, pensaba en cosas angustiosas y tenía miedo, lo que se llama un insomnio malo, el cual está narrado en el primer capítulo de la novela, aunque transformado, claro, mediante un tratamiento literario especial. Y pensé que si pudiera hablar con alguien, se me disiparía la angustia, pero como no tenía nadie a mano, se me ocurrió levantarme de la cama y ponerme a escribir. Y estando allí sentada, con la tormenta fuera y ya muy tarde, más de la una de la madrugada sería, pensé de repente: ¡Qué agradable sería que se presentara alguien a verme! Alguien que no tuviera prisa y que tuviera ganas de escuchar todo lo que necesitaría contar esta noche. Y en esto me dije: ¿Y por qué no? En un libro mando yo y puedo hacer que pase lo que yo quiera, convoco a un visitante y ya está, lo invento, lo hago venir. Y vino. Llamaron a la puerta y se presentó el hombre vestido de negro, se me apareció”.

Función terapéutica de la literatura

Para Martín Gaite la literatura tiene una función esencialmente terapéutica: suple la falta de un interlocutor y ayuda de este modo a superar la soledad esencial del individuo. Por otro lado, son numerosas las afirmaciones de la escritora en las que sostiene que la obra literaria ayuda a que el escritor se evada de un entorno poco satisfactorio. Esta evasión no obra sólo en la vida del autor, sino además en la del receptor del texto literario, que, gracias a las historias que recibe, se ve aliviado del peso de su vida cotidiana.

La autora considera también de gran importancia que el escritor disfrute al desempeñar su oficio. Al tratarse de un acto lúdico, carece de una finalidad práctica y, según refiere en algún artículo, debe ser una actividad divertida para el escritor. Este deleite, sin embargo, a pesar de ser una condición necesaria para la elaboración de una obra literaria, no supone un elemento que garantice la calidad de esta. Para la escritora, la literatura tiene otra función, también desde el punto de vista del receptor: divertir.

En Martín Gaite , todo constituye un tema de conversación y por eso también materia directa de la literatura. Tanto lo que se cuenta o se escribe como lo que se interioriza sin palabras, registrándolo en el pensamiento y la imaginación, es narración. El pensamiento adopta, en efecto, una forma narrativa desde el instante en que se une a la palabra y adopta un orden más o menos patente. Pero además, se vincula con la literatura, pues el pensamiento selecciona entre todos los acontecimientos aquellos que le parecen más relevantes.

El cuento tiene que acabar

¿Y por qué se da fin a una narración? Cuando la ausencia de un interlocutor adecuado en el momento preciso impide la conversación, el hablante se ve obligado a escribir. En este caso, los motivos que interrumpen su narración pueden ser muy diversos, si bien la muerte es, en último extremo, el fin definitivo. “Y más tarde o más temprano —dice—, el cuento tiene que acabar, pero es generalmente debido a interrupciones extrínsecas al texto que se está desarrollando”.

Este hecho motiva la identificación que en la obra de la autora se produce entre palabra y vida o, lo que es lo mismo, ausencia de palabra-muerte. En este sentido, en su novela Retahílas une indeleblemente vida y palabra cuando pone en boca de uno de los personajes las siguientes palabras: “Vivir es disponer de la palabra, recuperarla, cuando se detiene su curso se interrumpe la vida y se instala la muerte”.

Según todas sus palabras, debemos afirmar que Martín Gaite no ha muerto el pasado 23 de julio, porque continúa hablando desde su prosa viva y apasionada que refleja con mirada atenta los problemas de la realidad cotidiana.


Publicado en la revista Nuestro Tiempo
Octubre 2000
Edición autorizada de arvo.net

 

© ASOCIACIÓN ARVO 1980-2005
Contacto: webmaster@arvo.net
Director de Revistas: Javier Martínez Cortés
Editor-Coordinador:Antonio Orozco Delclós

 

04/07/2005 ir arriba
COMENTARIOS añadir comentario
Esta web no se hace responsable de los comentarios escritos por los usuarios. El usuario es responsable y titular de las opiniones vertidas. Si encuentra algún contenido erróneo u ofensivo, por favor, comuníquenoslo mediante el formulario de contacto para que podamos subsanarlo.
ir arriba

v01.99:0.40
GestionMax
TIENDA   Novedades   rss   contacto   buscador   tags   mapa web   
© ASOCIACIÓN ARVO | 1980-2009    
Editor / Coordinador: Antonio Orozco Delclós