Gabriel Insausti
Premio de poesía “Arcipreste de Hita” 2000.
Ed. Pre–Textos – Ayuntamiento de Alcalá la Real. Valencia (2001), 62 págs.
El poeta latino Horacio (65–8 a.c.) pasó los últimos años de su vida retirado en la finca de la Sabina que le regaló su protector y amigo Mecenas. Gabriel Insausti (San Sebastián, 1969), uno de los poetas más sugerentes de los últimos años, recrea en este excelente poemario la actitud del poeta, que ve próximo el final de su vida. Alejado de los éxitos políticos y literarios, independiente y escéptico, repasa su vida y la realidad circundante, con sosiego, con cierta ironía e indiferencia ante lo vano, con especial aprecio por los placeres cotidianos y por el sosiego de la vida campestre, y quizá con la vaga esperanza de perdurar a través de su obra literaria.
Llama la atención el dominio del ritmo por parte de Gabriel Insausti, hasta el punto de que consigue en castellano acercarnos a la versificación horaciana. Pero el mérito no está sólo en el dominio técnico, porque, además, el autor consigue plasmar intensamente las ideas y la personalidad del gran poeta latino. Poesía, por tanto, de alto nivel. Sirva como ejemplo el poema con el que arranca el libro: “Esta villa sabina que contemplo, / desde el huerto distante, ha sido antaño / morada de varones cavilosos / o hastiados de vivir. Y yo la habito / incierto de su don como un asceta / en su agreste caverna sin cuidados. / Sus arcos formidables se sostienen / sobre tosco ladrillo, y la techumbre / desnuda se diría de ornamento. / Tras el umbral en sombras, una cámara / recuerda de otro tiempo las lucernas / de bronce, los riquísimos mosaicos, / el eco de una voz. En ella admiro / la hosca terquedad de su presencia, / el modo en que ha vencido a sus autores”.
Luis Ramoneda.
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