| Andrés Sánchez Robayna
El libro, tras la duna
Ed. Pre–Textos, Valencia (2002), 120 págs.
El autor, nacido en Las Palmas en 1952, pertenece a una corriente poética alejada de la llamda poesía de la experiencia, que aspira a algo más que al vuelo bajo y efímero de lo cotidiano, cercana a autores como José Ángel Valente, Octavio Paz, y a la poesía europea del siglo pasado. Frente a los maestros antes mencionados, en los que la influencia de las culturas orientales es mayor, en Sánchez Robayna tiene más peso la tradición platónica y agustiniana y la mística cristiana.
El libro tiene un marcado tono autobiográfico –toda poesía lo es, aunque no siempre se exprese de modo explícito–; sobre todo, de los años de formación del poeta, pero para trascender de lo cotidiano, de la historia y de los recuerdos y experiencias personales, a las preguntas sobre el conocimiento, el acontecer poético, la crisis del hombre contemporáneo, a través de imágenes muy variadas, en las que no faltan elementos tomados de los paisajes de su tierra natal –piedra, sol, noche, arena, mar, duna–, ni consideraciones de tono filosófico.
Se trata de un libro muy trabajado, como demuestran el ritmo, la musicalidad y la unidad del largo poema. Pero, al final de la lectura, surgen algunos interrogantes, porque Sánchez Robayna nos conduce por una visión más próxima a un nihilismo confusamente panteísta que a la trascendencia cristiana. Quizá la clave esté en que frente a la luz amorosa de la mística cristiana –del amor al Dios personal, Uno y Trino–, aun con sus noches y pesares, aquí prevalece la sombra, porque no hay persona con la que relacionarse, a la que amar, y sólo queda la oscuridad, una incierta nada que parece acoger todo.
Luis Ramoneda.
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