| Título: El busto del emperador
Autor: Joseph Roth
Ed.: El Acantilado. Barcelona (2003), 59 págs., 6 €
Traducción de Isabel García Adánez
(t.o.: Die Büste des Kaiser s)
Por Luis Ramoneda
Este breve relato, escrito en 1935, no tiene desperdicio. Las consecuencias del hundimiento del imperio austro–húngaro es el tema central de las obras de Joseph Roth (1894–1939). En esta, nos presenta la figura del conde Franz Xaver Morstin, de origen italiano, en un rincón de la antigua Galitzia, anexionado a Polonia después de la Gran Guerra, que se resiste a aceptar ese cambio. Hombre generoso con los habitantes de Lopatyny, su actitud idealista se manifiesta en el busto del viejo emperador Francisco José, que mantiene en la entrada de su casa hasta que las nuevas autoridades le obligan a retirarlo. Aún entonces hará una nueva pirueta para permanecer fiel a sus principios hasta su muerte.
Roth trata a su personaje un tanto estrafalario con ternura e ironía, pero a través de su conducta y de sus opiniones ofrece su punto de vista, lleno de lucidez, sobre los nacionalismos y sus consecuencias. El tiempo le dio la razón y la frase del dramaturgo austríaco Grillparzer que transcribe se cumplió al pie de la letra pocos años después con el nazismo: “De la humanidad a la bestialidad por el camino de la nacionalidad”. En ese sentido, el relato, que literariamente es excelente, no ha perdido vigencia en sus plantemientos de fondo y es una inteligente crítica a las actitudes nacionalistas radicales, xenófobas, racistas, a las fronteras. Roth, como el viejo conde, aprecia la variedad, la riqueza cultural, el respeto por las ideas de los demás, y pensaba que la monarquía austro–húngara había conseguido precisamente su deseo de que nadie se sintiera excluido: “los pueblos buscan en vano eso que llaman las virtudes nacionales, más dudosas aún que las individuales. Por eso odio las naciones y los estados nacionales. Mi vieja patria, la monarquía, era una gran casa con muchas puertas y muchas habitaciones, para muchos tipos de personas. Esa casa la han repartido, dividido, hecho pedazos. Allí no se me ha perdido nada. Estoy acostumbrado a vivir en una casa, no en múltiples compartimentos”.
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