Mary Lawson
Ed. Salamandra. Barcelona (2002), 254 págs.
Traducción de Gemma Rovira Ortega
(t.o.: Crow Lake )
Por la solapa del libro, sabemos que la autora nació en Ontario (Canadá), que vive en Londres con su marido y con sus hijos, y que ésta es su primera novela. En el epílogo, nos cuenta que en su libro hay personajes y ambientes reales y otros inventados. El resultado es de alta calidad. Una historia bien contada, alternando tiempo presente y tiempo pasado, a través de Kate, bióloga de la Universidad de Toronto, que ha recibido la invitación de acudir a la fiesta de cumpleaños, por la mayoría de edad de su único sobrino, en las tierras de Ontario donde transcurrió su infancia. Es la historia de Kate y de Luke, Matt y Bo, sus hermanos, marcada por el accidente en el que perdieron la vida sus padres y que supuso un cambio en todas sus pespectivas, con las tensiones y apuros consiguientes, contada desde el punto de vista de la narradora que, al final, se da cuenta de que la vida de sus hermanos en aquellas ásperas regiones no era tan negativa como pensaba.
Lo mejor de la novela es la relación entre los hermanos, en las que hay afecto, espíritu de sacrificio, en circunstancias adversas, aunque no se oculten las discrepancias. Es especialmente entrañable y lograda la figura de la pequeña Bo. También se describe con acierto y admiración el espíritu y las luchas de los agricultores pioneros en aquellas tierras despobladas, donde el matrimonio y la familia tienen gran peso. El contraste lo ofrece el ambiente urbano en el que se mueven la narradora y Daniel, otro profesor universitario, con el que mantiene una relación de hecho sin perspectivas claras de un compromiso serio. Los paisajes de Ontario están bien descritos y toda la novela tiene un toque de defensa y de respeto de la naturaleza. No faltan los toques de humor, en medio de las dificultades e incertidumbres en que crecen y maduran los cuatro hermanos.
Luis Ramoneda
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